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Full text of "Minerva de la juventud espanola / por Juan Manuel Ballesteros. Tomo 3."

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JUVENTUD ESPAÑOLA. 



POR EL LICENCIADO 



.dúo de la Real Academia de Ciencias naturales de 
Madrid , y correspondiente de las de medicina v cirugía 
de Barcelona, Cádiz , Sevilla y Valladolid , Medico 'j. q 
del real colegio de sordo -mudos de esta corte. 



TOMO III. 



Labor improbas omnia vincit. 

El trabajo continuo lo vence todo. 




CON REAL PERMISO. 



MADRID: ABRIL DB 1834. 
Imprenta de D. Tomas Jordán, calle del Prado. 



(3) 



EL REAL GABINETE TOPOGRÁFICO 
DEL RETIRO. 



El Padre. Queridos niños: el justo de- 
seo que me anima de contribuir por to- 
dos los medios que estén á mi alcance á 
vuestro adelantamiento é instrucción, hace 
que no omita ocasión alguna de presen- 
taros cuantos modelos y obras insignes sean 
capaces de escitar en vosotros aquél no- 
ble anhelo de saber, que haciendo vuestra 
felicidad contribuya á la gloria de vuestra 
nación , defendiéndola al mismo tiempo, 
y encaso necesario, de los que tan injusta- 
mente la vituperan. La patria es el ídolo 
de los hombres sensibles. 

Habéis de saber, queridos niños, que 
los éstrangeros, bien sea por una preocu- 
pación á favor de las cosas de su pais, ó 
mas bien por la mas completa ignorancia 
de las preciosidades que el nuestro con- 
tiene , nos juzgan sin misericordia^ echán-¿ 
donos en cara una falta general de obrad 
de toda clase, de gusto y de mérito. 

Por este motivo quiero yo que véais 
todo cuanto haya digno de verse, para que 



... .Í4) 

conozcáis la injusticia con que nos critican* 
Ademas, en el discurso de vuestra vida os 
puede acontecer el tener que viajar por 
paises estrangeros; y eu este caso, antes de 
observar las maravillas de otro pais fuera 
ridículo no hubierais visto las del vuestro. 
Si así os sucede, estoy bien seguro de que 
no hallareis tanto que admirar en las obras 
de pais estrangero; solo sí tendréis mucho 
que rebajar en sus pomposas y exageradas 
descripciones. 

Con el fin que os acabo de indicar ve- 
nimos hoy al Retiro á visitar el Real Ga- 
binete topográfico, establecido ahora nue- 
vamente en el patio principal de este Real 
Sitio, en local destinado por la munificen- 
cia de nuestro difuuto Monarca. El primer 
objeto que al entrar va á fijar vuestra 
atención es el Jardín artificial, obra del te- 
niente coronel de artillería don León Gil 
de Palacios, director del establecimiento. 

Alejandro. Papá, si no nos hubiese V. 
dicho que todo esto era artificial , hubie- 
ra creído que todas esas plantas creciati 
en ese mismo sitio, al ver lo propias que 
están. 

Enrique. Y yo lo mismo ; pero los dos 
jarrones de flores que hay sobre los pila- 



res de las verjas , esos sí que no serán ar- 
tificiales. 

El Padre. Todo es artificia!, hijos mios; 
y la misma admiración que os causa, prue- 
ba la perfección con que está ejecutado 
También debéis admirar la exactitud con 
que en tan corto espacio están representa- 
das las bellezas de los jardines en que se 
ostenta la naturaleza con todo su esplen- 
dor. Cuadros trazados simétricamente, es- 
maltados de diversas flores, y en cuyo cen- 
tro se hallan situadas dos fuentecitas con su 
pilón, en el que viven pececillos de diver- 
sos colores. Las entretegidas cañas que por 
los claros dan salida á variedad de florecí* 
lias, como pasionarias y jazmines, que Jas 
revisten agradablemente. La gruta rústica 
y el banco de césped completan la ilusión 
de esta obra maestra. 

Eugenio. Papá, mire V. también allí 
qué racimos de uvas cuelgan del empar- 
rado. 

El Padre. En efecto, para que nada 
falte tenéis también los árboles frutales y 
otros varios aquí en primer término de di- 
versas castas, en los que hay diestramen- 
te colocadas mas de veinte y cuatro mil 
hojas. 



(6) 

Reparad igualmente cuánto contribuye 
al buen efecto que produce este jardín la 
vista topográfica con que está termina- 
do , y que representa la inmensa cadena de 
montañas , lindes eternos de las dos Cas- 
tillas. Esta magnífica perspectiva que con- 
templan los ojos con placer está embelle- 
cida con las producciones vegetales pro- 
pias de cada terreno, y con los pueblos 
comprendidos en su distrito, como asimis- 
mo el monasterio del Escorial. 

Enrique. Veamos ahora toda esa co- 
lección de cuadritos que hay alrededor de 
la sala. 

El Padre, Esos cuadritos, en número 
de sesenta y ocho, representan los pasages 
mas interesantes de la peregrina historia 
del ingenioso hidalgo,... 

Alejandro. ¿ Don Quijote de la Man- 
cha, verdad Papá ? 

El Padre. Cabalmente; vosotros ya ha- 
béis leido su inimitable historia, y ahora 
podéis observar con qué perfección están 
representados , y con qué propiedad. Pero 
el verdadero primor consiste en que están 
abiertos átigera, y colocados sobre ese fon- 
do encarnado que sombrea las figuras , y 
Jas hace resaltar los claros del papel. Justo 



(7) 

era que los primores de todo género se em- 
pleasen en representar y embellecer esta 
producción de nuestro Cervantes, cuya fa- 
ma durará eternamente. Este delicado tra- 
bajo está ejecutado por Doña Catalina Bra- 
bo, quien lo regaló á la Reina María Lui- 
sa de Borbon, 

Venid ahora, hijos mios , á ver este 
curioso tocador, no por la rareza ó pre- 
ciosidad de los materiales empleados en su 
construcción, sino por el partido que el ar- 
tista ha sabido sacar del único y humilde 
material de que está construido , tales son 
las cañas comunes. Todo este trabajo ha re- 
querido una paciencia y un cuidado in- 
menso; lo que se infiere de la multitud de 
piececitas de que consta, y el buen gusto 
con que están casadas. La cara posterior 
no es menos admirable, y en ella tenéis 
el nombre del artista que lo ha traba- 
jado. 

Eugenio. Miguel Magraner , francis - 
cano: en Valencia, año de i827.= Mire V. 
á pesar de ser solo de cañas qué bien ob- 
servadas están las proporciones de la ar- 
quitectura. 

El Padre* Entrad ahora , niños mios, 
en el grandioso salón nuevamente ador- 



(8) 

nado y restaurado, y lleno de recuerdos 

gloriosos en nuestra historia. 

Este es el salón llamado de los Reinos, 
porque aquí se reunieron los diputados de 
cada uno de los que componian la Monar- 
quía Española 9 cuyos escudos de armas 
veis pintados alrededor del salón. 

En este salón fue abolida la pragmá- 
tica sanción de Felipe V, á cuya abolición 
debemos la dicha de ver sentada en el so- 
lio de Isabel la Católica á su digna Nieta 
y Sucesora. Ahora se ve destinado á con- 
tener los prodigios artísticos de Jos espa- 
ñoles por los ínclitos monarcas, cuyos re- 
tratos veis al frente bajo aquel pabellón. 

Aquí primeramente se ofrece á vuestra 
vista la ciudad de Valladolid , reproducida 
completamente en pequeño en ese exactí- 
simo modelo, obra del director de este ga- 
binete. 

Eos niños* \ Qué bonito ! ¡tantas casitas, 
tan pequeñitas, y qué bien colocadas! 

Eugenio. Papá, ¿ cómo se llama aque- 
lla puerta tan bonita y tan bien imitada á 
piedra? 

El Padre. Es la puerta de Madrid ; es- 
ta es la Catedral; ese san Agustín; aquel 
san Benito, convento famoso de benedicti- 




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( 9 ). 

nos , # y aquel otro edificio es la chancí- 
llela. 

Alejandro. Papá, ¿cómo se llama ese 
magnífico paseo ? 

El Padre. Ese es el campo grande, hi- 
jo mió. 

Enrique. Papá, ¿qué rio es este que se 
vé aquí? 

El Padre. Ese es el rio Pisuerga , y 
estas son las esguevas que atraviesan varias 
calles de la ciudad. 

Todos. ¡Qué bonito! ¡Qué calles tan 
bien marcadas , qué bien colocadas las ca- 
sitas ! 

El Padre. Sí, hijos mios, están coló* 
cadas según realmente existen , así como 
los edificios mas notables , indicada la di- 
rección de las calles, paseos, entradas, ar- 
rabales, y todo lo que puede contribuir á 
la verdadera propiedad. 

Volved ahora la vista á este precioso 
modelo del Real Monasterio de san Loren- 
zo del Escorial , obra del Rey Don Feli- 
pe II para perpetuar la memoria de la cé- 
lebre victoria de san Quintin. La mages- 
tad y grandeza del edificio, tan perfecta- 
mente reproducida en este primoroso mo- 
delo , obra del director de este gabinete, 



(10) 
os dá una idea' del poder y preponderan- 
cia de la España en el reinado de aquel 
Monarca. 

Eugenio. Cuánto me alegro de ver si- 
quiera este modelo de un edificio tan cé- 
lebre. ¿No es aquí donde está el pan- 
teón en que se entierran los Reyes de Es- 
paña? 

El Padre. Aquí está el panteón , hijo 
mió, la preciosa biblioteca que encierra 
las hermosas producciones de la ciencia y 
del arte en los noventa mil volúmenes im- 
presos , y los diez mil manuscritos, y en- 
tre los que se encuentran las obras maes- 
tras de los profesores de aquella época en 
las artes. Son tantas las preciosidades en 
este suntuoso edificio, que fuera para muy 
despacio el indicarlas; tal vez algún dia se 
presente ocasión de describíroslas, esto es 
tocante á lo interior, que en cuanto á las 
fachadas y aspecto general del edificio, sin 
necesidad de descripción os basta ver este 
modelo. Veamos ahora el del antiguo al- 
cázar de Madrid, fundado por don Alfon- 
so VI , y luego reedificado por el Empera- 
dor Carlos V. 

Enrique. Papá, ¿este edificio estaba an- 
tes en Madrid ? 



El Padre. Sí , estaba en el mismo sitio 
que ocupa ahora el Real Palacio, que fue 
edificado por haber perecido el primitivo 
alcázar en una noche de Navidad por un 
violento incendio. Aquí hay otro magní- 
fico modelo de un sitio que ya vosotros de- 
béis conocer. 

Eugenio. Yo á lo menos ya lo he co- 
nocido. 

Alejandro. Y yo también , que es la 
Casa de Campo. No veis allí la laguna, aquí 
la capilla , el caballo de bronce y esos bo- 
nitos paseos donde nos ha contado papá al • 
gunas historias tan curiosas. 

El Padre. Si lo vais reconociendo cotí 
cuidado, notareis la esactitud de este mo- 
delo, que comprende todo el ámbito de la 
Real Casa de Campo, y aun mas de lo com- 
prendido dentro de las tapias , pues aquí 
podéis ver el parador que está contiguo, si- 
tuado á la estremidad del puente de Segó- 
via. Este modelo está ejecutado por el re- 
ferido señor Palacios , y representa la Casa 
de Campo según su último estado, con to- 
das las mejoras y obras proyectadas por 
S, M. la Reina Gobernadora. 

Venid ahora á contemplar el modelo 
de un monumento que si se hubiera llega- 



(12) 
do á ejecutar según el plan y los demás 
adornos accesorios que exigiese el sitio don- 
de debía colocarse, sería uno de los mas be- 
llos de la capital. 

Este bonito templete que veis, debia 
estar situado en la plazuela de Oriente del 
Real Palacio para perpetuar la memoria del 
rescate del cautiverio de Francia del Rey 
don Fernando VII (Q. E. G. E.), y á este 
suceso aluden los bajos relieves y demás 
adornos que tiene. Este monumento fue 
ideado por don Isidro Velazquez, arqui- 
tecto de S. M. , como asimismo aquel otro 
que está allí enfrente, y hace juego con él, 
destinado á perpetuar la memoria de las 
víctimas sacrificadas por los franceses en el 
memorable dia a de mayo de 1808. Ese 
magestuoso obelisco debia estar situado so- 
bre el mismo terreno humedecido con la 
sangre de las víctimas en el hermoso paseo 
del prado. 

Eugenio. Papá, los cimientos para este 
obelisco, y aun las primeras piedras, ¿no 
son esas que se ven ahí en frente del Tí** 
bou conforme vamos á Madrid á la de- 
recha ? 

El Padre. Sí, hijo mió, y es una lásti- 
ma que no se haya llevado á efecto la cons- 



( 13 ) 

truccion de tan hermoso obelisco , y que 
veamos : 

En áspero cimiento convertido 
El cenotafio de piedad patricia. 

Las figuras que le adornan represen- 
tan el patriotismo , la virtud , la constan- 
cia y el valor, estando ademas embellecido 
con los retratos de Daoiz y Velarde, las ar- 
mas de esta villa, y otros adornos alusivos. 

Hijos mios, ya llegamos á contemplar 
el principal objeto de nuestra venida y la 
obra maestra que tanto honor hace á la na* 
c¡on, y en particular á su autor el referido 
señor Palacios. Este grandioso modelo que 
miráis con admiración, representa la ca- 
pital de las Españas, Madrid , ejecutado de 
real orden en i83o en el espacio de 23 
meses. En él está reducido el natural á la 
proporción de media línea por vara; y este 
modelo se puede decir que es una mara- 
villa del arte, por la perfección, delicadeza 
y esactitud con que está ejecutado. Para 
convenceros de esta esactitud , no tenéis 
mas que elegir un edificio notable que os 
sea bien conocido, y este os servirá de 
comparación , pues cada edificio considera- 



J( 14 ) 

do aisladamente es un modelo completo y 
acabado. 

alejandro. \ Ay, Papá, qué bien veo to- 
do el retiro! Mirad aquí el estanque gran- 
de , muy cerca de él el chinesco, enfrente 
el otro caballo de bronce, mas allá la casa 
rústica, y en aquel altóla elegante noria y 
Jas tortuosas rias en donde vimos los her- 
mosos- cisnes cuando nos llevó Papá á lo re- 
servado en el primer paseo por el retiro ( i ), 
la magnífica puerta de Alcalá y la elegan- 
te plaza de toros. 

Enrique. También veo yo la nueva ca- 
sa de fieras con todas sus jaulas según las 
examinamos una por una cuando fuimos 
con Papá al segundo paseo por el reti- 
róla), el hermoso observatorio, el conven- 
to de Atocha, los campos santos de la puer- 
ta de Atocha , el jardin botánico y el pra^ 
do; ¡todo, todo qué propio! 

El Padre. No solo comprende este mo- 
delo los edificios contenidos dentro de Jas 
tapias que circundan la población, sino los 
que están estramuros; pero que por su 
proximidad tienen relación con el objeta 



(i) Véase el cuaderno número 3*° del primer tomo. 
(2) Véase el cuaderno número 4»^ del primer torno. 



principa!; y asi, desde aquí no solo veis los 
campos santos que ha dicho Enrique, sino 
el hermoso paseo de las delicias y hasta el 
embarcadero. Venid ahora por este otro la- 
do, y después de examinar el Real Palacio y 
demás edificios que predominan por este 
lado, tended la vista por toda la orilla del 
rio de Manzanares, cuya corriente está tan 
bien figurada como asimismo los puentes,, 
lavaderos y demás castiquillas. 

Enrique. ¡Qué bonita vista hace toda 
la ropa que hay en los tendederos! 

Alejandro. Y para que nada falte, has* 
ta las bancas de las lavanderas; míralas 
aquí qué péqueñitas, y qué perfectamente 
imitadas. 

Eugenio. Venid por aquí: desde enci- 
ma de esta gradilla sí que se ve todo gran-* 
demente y se domina toda la población; 
mirad aquí la puerta de san Vicente, mas 
allá la de san Bernardino, el seminario de 
nobles, el hermoso palacio de Liria, el gran 
cuartel de Guardias de Corps, el magnífico 
convento de lasSalesas viejas, y todos, to- 
dos los edificios chicos y grandes; ¡qué obra 
tan admirable! 

Todos. ¿A que acertamos cuál es nues- 
tra calle y nuestra casa ? 



(16) 
Eugenio. Yo ya la veo; fijaos en la 
Puerta del Sol, mirad la casa de Correos, 
la fuente que está delante de la Iglesia del 
Buen Suceso , y observareis las calles del Car- 
men y la Montera. 

Alejandro y Enrique. Sí, sí: ya la ve- 
mos. ¡Qué hermoso modelo! 

El Padre. Desde ahí encima podéis 
disfrutar una perspectiva que se suele de- 
cir á vista de pájaro que contempla los edi« 
ficios en diminución hasta la tierra, juz- 
gando de las diferentes alturas y de la di- 
rección de las calles. El mirar de este modo 
á Madrid solo podéis hacerlo en este modelo, 
pues aunque os subieseis á una torre ele- 
vada no lograríais el objeto completamente. 
Mas según voy viendo, vosotros no queréis 
salir de aquí, os estaríais contemplando es- 
ta grande obra toda la mañana; vamos ya á 
examinar este otro modelo no menos mag- 
nífico. 

Enrique. Papá, este es elmodelo de un 
palacio, V. nos dirá ahora dónde está el pa- 
lacio verdadero. 

El Padre. En ninguna parte, hijo mió, 
pues empresa tan colosal no llegó á verifi- 
carse. Cuando se quemó el antiguo palacio 
ó alcázar de Madrid , como ya os he dicho 



(17) 

se trató de construir un palacio digno de 
los monarcas de España, y se encomendó él 
desempeño de tan grandiosa idea al abate 
don Felipe Jubarra, el que manifestó sus 
proyectos por medio de este grandioso mo- 
delo, de un palacio que si se hubiera He- 
gado á realizar no tendría igual en toda la 
Europa. La fachada principal habia de te- 
ner setecientos pies de largo y cuatrocien- 
tos de ancho, y en todo el edificio debía ha- 
ber veinte y tres patios y treinta y cuatro 
entradas. Pasan dedos mil las'columnas que 
veis distribuidas en todo el edificio, y son 
muchas las estatuas que le adornan. 

Alejandro. Papá, venga V. por aquí 
dentro, que se ven los patios y todo lo in- 
terior, que 66tá tan bonito como por defuera. 

El Padre. Por los cortes del edificio se 
ve lo interior de los magníficos salones, 
la biblioteca, la real capilla y todas las de- 
mas dependencias de un palacio magnífico 
bajo todos aspectos, pues todas las oficinas 
necesarias habían de estar comprendidas en 
su recinto. 

Dejemos ya este modelo, y considerad 
finalmente el de la casa de vacas del real si- 
tio de Aranjuez, el de un navio de guerra 
de setenta .cañones , y los del real Museo 

TOMO III. 2 



(18) 

y la casa de Correos, que aun están sin con- 
cluir. 

Enrique. No nos vayamos sin \tv lo 
que hay en aquel cuartito de las puertas 
vidrieras. 

El Padre. Ese es utx gabinetito adorna- 
do competentemente y con su bonito vela- 
dor, y dos primorosas sillas para si SS MM. 
gustan descansar un rato cuando \ienen 
á ver el establecimiento. 

Eugenio. Siento salir de este sitio* pues 
estaria con gusto mucho tiempo mirando to- 
das estas cosas. 

El Padre. Regularmente no será esta 
la única visita que hagamos á este estable- 
cimiento, pues según tengo entendido aun 
se va á enriquecer con otros objetos precio- 
sos, y en este caso será preciso que vea¡stodo 
lo que haya de nue\>o Hay esperanzas muy 
fundadas de que este establecimiento, con 
la protección que se merece y el celo del 
director, sea algún dia el depósito de todo 
lo mas perfecto y digno de servir de m ráe- 
lo que prodúzcala laboriosidad de nuestros 
artistas. 



(19) 
SECRETOS ÚTILES. 



■ 

Modo de pintar en el cristal. 

Hijos mios, todos los días vemos anun- 
ciados en los diarios, maestros que prome- 
ten enseñar en muy pocas lecciones á pin- 
tar en el cristal , aunque el discípulo no ten- 
ga ninguna idea de dibujo; y mas de una 
vez me habéis manifestado deseos de apren* 
derlo vosotros: yo que me complazco en 
alimentar una inclinación tan grata á mi 
corazón como es el deseo de saber ¿ no pue- 
do menos de daros alguna instrucción con 
la que podáis conseguir pintar en el cris- 
tal lo que gustéis, cuyo método es como 
sigue: 

Tómese una estampa grabada en negrcí,* 
por ser las que prueban mejor, procuran- 
do ademas que el papel no tenga mucha 
cola, lo que se conoce fácilmente notando 
sise cala pronto cuando se humedece. Cór- 
tese todo el margen blanco de la estampa, 
y báñese en agua caliente. Tómese un cris- 
tal bien blanco del mismo grandor de la es- 
tampa, y después de haberle calentado un 



(20) 

poco, se baña por un lado con una capa de 
trementina deVenecia, que se va estendien- 
do con un pincel suave; en seguida se sa- 
ca la estampa del agua, se seca con un lien- 
zo y se coloca sobre el cristal de modo que 
el grabado caiga sobre la trementina, y se 
va sentando poco á poco, picando las am- 
polletas con una aguja para que salga el aire. 
Estando la estampa así pegada, se mojan los 
dedos en agua y se va frotando y arrollan- 
do el papel , quitándole todo hasta que no 
quede sobre el cristal mas que el grabado 
con la ligera telilla del papel pegada á la 
trementina. 

Luego se coloca en un caballete en con- 
tra de la luz y se va pintando por detras 
con colores molidos al olio corno usan los 
pintores, llenando los claros del color cor- 
respondiente sin hacer caso de la sombra, 
pues la suple el grabado que hay en el cris- 
tal. Ya que se haya acabado de pintar se co- 
loca el cristal horijzontalmente para que los 
colores se sequen sin correrse. Guando la es- 
tampa esté bien seca se coloca en su cuadro, 
poniendo un cartón por detras, y pegando 
unas tiras de papel por las junturas para que 
no entre el polvo. 



(21) ^ > m 

Modo de dibujar prontamente toda clase 
de plantas y de hojas. 



Tómese una hoja de papel bastante del- 
gada y báñese con aceite de linaza ó acei- 
te común; déjese así empapada durante tres 
ó cuatro días, al cabo de los cuales se pasa» 
rá por encima de una luz que tenga buena 
llama, hasta que quede completamente ahu- 
mada. Ya que esté bien ennegrecida, se co- 
loca la hoja ó rama que se quiere dibujar 
entre dos hojas de este papel así preparado, 
se cubre todo con un papel mas fuerte y se 
frota con un cuerpo duro y pulimentado 
para que el negro del papel se quede en to- 
dos los contornos y nerviaciones de la hoja. 
Hecho esto, se pasa 5 la planta á otros papeles 
blancos, y frotando de nuevo ó comprimien- 
do por algún tiempo, se obtienen en ambas 
caras del papel la impresión completa de 
la planta que se queria dibujar. 



HISTORIA NATURAL. 



División de los tres reinos. 

■ 

Por espectáculo riela naturaleza enten- 
demos; todos los objetos que hieren nuestros 
sentidos, y que componen el vasto conjunto 
de cuanto vive y siente ¿ i qüeíse llama Uni- 
verso. Mas la tierra es la que principalmen- 
te debemos contemplad Demasiadas cosas 
hay alrededor de nosotros para escitar nues- 
tra admiración y nuestro amor al Criador, 
sin que tengamos necesidad de imaginar 
otros mundos en los que brillen su poder y 
su bondad. 

El planeta en que habitamos nos ofre- 
ce animales, vegetales y minerales; y á esto 
se puede reducir todo nuestro Universo. 

Los animales son unos seres que tienen 
la facultad de moverse por sí mismos. A la 
cabeza de todos los animales se coloca el hom- 
bre, porque él solo tiene la facultad de dis- 
tinguir el bien y mal moral, y ser libre en 
la elección de uno y de otro. Su conciencia 
es la regla que le dirige en sus acciones, ala- 
bándole cuando procede bien, y vituperan- 



(23) 

dolé cuando obra mal. Mas la razón no es 
el único móvil de su conducta: el mismo 
instinto que preside á los movimientos de 
los animales, preside en muchas circunstan- 
cias á su conservación; porque suele suce- 
der que se determina independientemente 
de todo examen y toda reflexión* 

Dios que ha dado al hombre un alma 
racional, le ha dado también un cuerpo que 
le distingue eminentemente de todos los 
demás animales. Lleva su cabeza derecha, y 
sus miradas, que parece desdeñan á la tierra, 
se dirigen hacia el Cielo como hacia la mo- 
rada que le está destinada; ó si alguna vez 
las dirige á la tierra, es señal de que se re- 
coge en sí mismo para escuchar atento lá voz 
de la conciencia y de la razón, jQué grartde-í } 
za la del hombre si presta atención á ella! 
¡Y qué bajeza si la olvida! En el primer ca- 
so se acerca á la divinidad 9 y en el segun- 
do seenvilece aun mas que los otros anima- 
les que no tienen conocimiento de lo que 
son. 

Hijos mios, lo mas difícil de todo cuan- 
to os pueda presentar es averiguar los secre- 
tos impulsos del corazón humano, para ani- 
marlos , detenerlos , ó dirigirlos á fines de- 
terminados y provechosos. Aquel péndulo 



( 24 ) 

vital es esencialíslmo para el buen orden de 
todos los demás movimientos, de los que es 
centro y réguJad.pr.,Pero él en sí mismo hier- 
ve en irregularidades y contradicciones. Ei 
hombre es lo mejor entre lo bueno, y lo 
peor entre lo malo; y por ambos respectos 
es el primero de los animales. En los demás 
el instinto mancomuna y amolda los ape- 
titos y costumbres de todos en cada especie. 
En el hombre la razón varía, y multiplica 
los caprichos y diferencias del genio en to- > 
dos y cada uno dejos individuos. Por esto 
es un enigma incomprensible, y tanto mas 
oscuro cuanto mas libre. Y por esto es su 
pecho un laberinto, del que no hay Theséo 
que salga, porque no hay hilo de Ariadna 
qjie pueda alcanzar á conducirlo en sus tor- 
tuosidades y mudanzas. 

El hombre es hijo del cielo y de la tier- 
ra; es decir, participa de un alma espiri- 
tual y de la materia. Esta lo arrastra , y 
aquella lo eleva, y por lo mismo se ven de 
hecho unidas y hermanadas las cosas que 
parecen mas opuestas, Aqui se ve en el pro- 
pio sugeto la violencia y la apatía, el ardor 
y la pereza, la irresolución y el gran deseo, 
Ja arrogancia y cobardía, la timidez y el 
arrojo, el error y la ciencia , la crueldad y 



(* 25 ) . . 

la ternura, la virtud y el vicio, la obstina- 
ción y la inconstancia, el amor y el odio, 
la confianza y la envidia, el abatimiento y 
la jactancia., el cariño y el mal trato, la al- 
tivez y la miseria, la debilidad y el heroís- 
mo. Los mayores personajes de la historia 
equilibran á lo mas sus defectos con sus 
prendas. Animal contradictorio en la justa 
espresion de Lavater, pasa en un instante 
como Alcibiades de un estremo á otro: y 
así Caiígula fue el mejor de los esclavos y 
el peor de los déspotas. ¡Hombre indefini- 
ble, enemigo de todos, de todo y de tí mis- 
mo, renuncia el privilegio de la razón, ó 
enfrena y no apacientes con ella tu locura ! 
Mándate , que este es tu legítimo imperio; 
y con esto serás racionalmente libre, á di- 
ferencia de los brutos que obedecen ciegos 
y forzados del instinto. 

Es cierto que no todos tienen las mis- 
mas disposiciones naturales para el efecto; 
pero de ahí viene también la virtud y el 
mérito, y la precisión de distinguir los va- 
rios temperamentos del alma según el pre- 
dominio de la afección ó el de la inteligen- 
cia, de cuyos temperamentos ya os hablaré 
otro dia, suspendiendo por hoy hablaros 
mas del primer animal, y dirijiéndome á 



(26) 

aquellos que no siendo guiados sino por un 
ciego impulso al que obedecen por necesidad 
y que dan el nombre de instinto. 

Si la razón es igual proporcionalmen- 
te en todos los hombres , el instinto no es 
el mismo en todas las bestias, antes bien 
se distinguen varios grados que las alejan 
mas ó menos de la especie humana. Si es 
una verdad que por este instinto, tanto los 
grandes como los pequeños se inclinan á 
procurar su conservación, á multiplicarse, 
á proporcionarse el placer y huir el dolor, 
lo que les es común con el hombre, ¡qué 
distancia no se observa por otra parte en- 
tre el instinto de un insecto á quien se ten- 
dría por una planta, y el de un perro , un 
mono y un elefante! Acariciemos á un insecto 
y aun pez, y pareceráp insensiblesá nuestras 
caricias. Mas acariciemos á un perro 5 ¡con qué 
signos tan amables nos manifestará su re- 
conocimiento! Hagámosle bien, y nunca se 
le olvidará ; en todas ocasiones nos proba- 
rá su cariño con espresivas demostraciones, 
y aun perderá su vicia por salvar la núes* 
tra. Si colocamos una marmota al lado de 
un mico, ¿podremos creer que la ley del ins- 
tinto es una misma en todos los animales? 
¿Y el elefante no se dirá en algunos casos 



que participa de la razón é instinto del 
hombre? 

Mas si el instinto de los animales nos 
ofrece tantas variedades mas ó menos pro- 
nunciadas, ¿qué diré yódelas calidades 
que los distinguen, de los gustos que los 
dominan y de los hábitos que pueden con* 
traer ? 

¡Qué admirable diversidad de facultades y 
de sentimientos en sus especies! El valor es 
el patrimonio del león, la ferocidad del ti- 
gre, la fiereza del águila, la impetuosidad 
y la docilidad del caballo, la fidelidad con- 
viene al perro, la perfidia al gato, la indus- 
tria al castor, la crueldad con la astucia al 
lobo, la dulzura á la oveja, la cobardía á la 
liebre, la timidez y la ligereza al ciervo, la 
paciencia al buey, la astucia á la zorra , el 
espíritu de imitación ai mico , la obstina- 
ción al burro, la prudencia á la serpiente,* 
la ternura á la tortolilla, &c. No diré na- 
da de los peces, cuyos caracteres no ofrecen 
sin duda menos contrastes y variedades, pe- 
ro que se diferencian de los animales que 
viven sobre la tierra por la resistencia casi 
insuperable que oponen al que intenta do- 
mesticarlos: y aunque todas estas cualida- 
des de tan diferentes especies de animales 



(28) 
se hallan reunidas en el hombre, éste no 
se deja arrastrar en sus ocupaciones por el 
impulso de necesidad que dirije las de los 
bruto?. 

Los vegetales son producciones de la 
tierra que les provee del jugo necesario á 
su existencia. Están adheridos á aquella por 
raices mediante lasque el jugo nutritivo se 
introduce en el vegetal, sube y se distribuye 
en todas sus partes por medio de venas y ra- 
mificaciones. ¡Qué de plantas, desde aquel 
soberbio árbol que esconde su cim^ en los 
cielos^hasta el musgo imperceptible qué cu- 
bre las piedras de su verde color! ¿Quién 
podrá enumerar y descubrir sus innumera- 
bles especies? ¿Quién podrá decir todos 
sus usos? ¡Qué abismo para el ingenio hu- 
mano, el modo con que los vegetales se mul- 
tiplican! Así como hay animales pacíficos y 
otros maléficos, hay vegetales útiles á la sa- 
lud del hombre, y otros que la destruyen. 
Así como entre los primeros se hallan es- 
pecies que solo viven haciendo la guerra á 
los otros, existen otras entre los segundos 
que solo viven devorando otras plantas, ó 
quitándoles una parte de su alimento; así 
como los panales de las abejas tienen sus 
zánganos, ios campos tienen sus plantas pa- 



(29) 

rasitas que todo lo devoran, y no son bue- 
nas mas que para ser arraneadas y echadas 



al fuego. 



Los minerales son sustancias terrestres 
mas ó menos compactas, que se han formar- 
do en lo interior de la tierra por una reu- 
nión de partes de la misma naturaleza, de 
modo que no pueden separarse unas de 
otras sin gran violencia. En los minerales 
se comprenden los metales y todas las cla- 
ses de piedras, desde las mas preciosas á las 
mas comunes, desde el diamante hasta el 
pedernal. El oro, la plata, el cobre, el hier- 
ro , el plomo , el estaño , el mercurio , &c> 
son metales. El oro es el mas duro y el mas 
brillante;* esto, agregado á otras propieda- 
des que le caracterizan, ha hecho que siem» 
pre sea preferido á los demás que no las tie- 
nen tan eminentes. Por esta razón desde 
tiempo inmemorial los pueblos se han con- 
venido en usarle para los cambios del co- 
mercio, y le han dado treinta veces por lo 
menos mas valor que á los otros, 

Los demás metales, sin gozar de la mis- 
ma ventaja , son muy recomendables á cau- 
sa de su conocida utilidad, pero el hierro 
es por su dureza de un uso mas común 
que los otros. La dureza, el brillo y el co- 



(30) 
lor son las cualidades que dan mas realce 
á las piedras preciosas. Esto es lo que da 
tanto valor al diamante y á otra9 piedras, 
aunque el primero solo debe tener la tras- 
parencia de una gota de agua limpia. 




(31) 

HIGIENE. 
Artículo 3.° ejercicio. 



Hijos mios, no hay cosa mas útil á la 
salud que el ejercicio, por cuya razón los 
antiguos hacían de la gimnástica la base de la 
educación nacional. Los griegos educaban 
á su juventud en todo género de ejerci- 
cios : los romanos á imitación de aquellos 
establecieron un campo de Marte, á donde 
iba la juventud á buscar la fuerza y la sa- 
lud. Para conservar la salud se necesita la 
circulación de las fuerzas, y por consiguien- 
te de los humores. Los efectos que produce 
en el cuerpo la inacción, es concentrar la 
acción en el epigastrio, produciendo debili- 
dad, y el movimiento por el contrario dis-^ 
tribuye con igualdad las fuerzas, la acción 
en todos los órganos dándoles vigor; y por 
eso dijo Celso que la inacción debilita el 
cuerpo, y que el trabajo le fortifica, que la 
primera acarrea una vejez prematura y que 
el segundo prolonga la adolescencia. 

El ejercicio fortifica el cuerpo, sostiene 
la salud y da al espíritu mas disposición y 



(32) 
libertan. La falta de ejercicio es causa de 
obstrucciones en las visceras , y de que el 
sistema nervioso adquiera una movilidad y 
sensibilidad estraordinaria; por lo que no 
es de estrañar que sean tan frecuentes las 
obstrucciones de glándulas en los que tie- 
nen una vida ociosa y sedentaria, y que las 
afecciones nerviosas , la hipocondría, el his- 
terismo, &c. , sean el patrimonio de los ni- 
ños criados entre la abundancia y los pla- 
ceres. La vida ociosa no solo produce en- 
fermedades, sino que hace al hombre inú- 
til para la sociedad, y es el origen de todos 
los vicios y de cuantas calamidades aflijen á 
la especie humana. 

Una de las que Phocion llamó virtudes 
es el amor al trabajo. Sola la actividad y el 
tesón tienen el privilegio de aspirar á la 
gloria de sobresalir y ofrecer á los otros el 
estéril gusto de admirar los progresos , que 
de otro modo se reputarían por milagrosos 
ó imposibles. Para vosotros, hijos mios, de- 
be ser un precepto riguroso el consejo sa- 
bio de Polybio á Scipion II, que le inspira* 
ba odio á los placeres de Roma , apartán- 
dole del ocio , de la disipación y lujo que 
desdoraban la noble juventud de aquella 
decadente república. Los placeres, le clecia 



( 33 ) 

Pablo Emilio á su hijo, absorven la aten- 
ción, roban el tiempo y ofuscan las poten- 
cias. Su abuso no deja lugar, ni ganas, ni 
fuerzas para coslí buena. El trabajo mental 
exige un cuerpo sano, el que se enerva, Jníf^ 
tiliza ó pierde las aptitudes que tenia. \ Jó* 
venes , economizad las vuestras para ém-*- 
picarlas bien, para lucirlas* para esteno 
derlas ! 

La ociosidad, hijos míos, es á los ojos 
del mundo un verdadero crimen ó pecado 
contra naturaleza , es por consiguiente fu^ 
nesto y fecundo origen de fílales y vicio?. 
Por esto las leyes desterraban de la Lacede- 
raonia á los ociosos y poltrones, como lo 
hicieron en EspártM con Neucüdes, reunido 
antes todo el pueblo para inspirarle mas 
horror á la indolencia y holgazanería. Esta 
lo corrompe todo, dice Plinio: causa ma* 
estragos que la guerra, dice J avenal. Minos 
hizo feliz á Creta prohibiendo la ociosidad, 
como la mas contraria á las buenas costum- 
bres. En el Perú antiguamente no se per- 
mitía á nadie fijar su domicilio sin que tu- 
viese una conocida ocupación; y muy re- 
cientemente los Estados-Unidos entre las 
medidas que han tomado contra las emi- 
graciones europeas, es el no admitir aque- 
TOMO iíl. 3 



(34) 

líos que no tengan oficio ni beneficio. ¡Jó- 
venes, trabajad para estar robustos, para ser 
buenos, para ser felices! La historia de casi 
todas las naciones atestigua que el lujo y la 
ropflpiqie, enervando al cuerpo y corrompien- 
do! jas costumbres, han ocasionado la deca- 
dencia y ruina de los imperios, producien- 
do revoluciones las mas vergonzosas. Tam- 
bién es cierto que á dicha causa se debe la 
degeneración d® la especie humana, la que 
solo podrá prevenirse poniendo un ante- 
mural á nuestros vicios y malas costumbres, 
y haciendo que desde la infancia tengan los 
hdmbres una buena constitución, con lo que 
se conseguirá que haya ciudadanos fuertes 
y virtuosos que .pongan á salvo y hagan 
prosperar a la nación. Los niños, aunque 
débiles, se ponen robustos y resisten las vi- 
cisitudes de climas y estaciones, con tal que 
se procure hagan ejercicio al aire libre; coa 
lo que se consigue también formar su cor- 
razon y talento , dando mejor dirección á 
las pasiones humanas, pues dándosela al 
trabajo se ha conseguido muchas veces mu- 
dar las mas fuertes y viciosas inclinaciones. 
El ejercicio mas saludable es el que se 
hace al aire libre, poniendo en acción el ma- 
yor numero de las partes del cuerpo, y el 



(35) 
que es proporcionado al estado de fuerzas 
del individuo: tal es el paseo, la equitación, 
la carrera, el baile, la esgrima, la caza, el 
juego de pelota, el de calva, la barra, vo- 
lante, bolos; y también se puede colocar aquí 
el que se hace en el juego del villar, y aun 
el de leer en alta voz* Estos ejercicios no 
solo favorecen la igual repartición de fuer- 
zas en todos los órganos, dando al cuerpo 
vigor y agilidad, sino que también recrean 
el alma produciendo en ella sensaciones 
agradables. 

El ejercicio que consiste en subir y ba- 
jar una escalera muchas veces con carga ó 
sin ella , y con mas ó menos velocidad, es 
un ejercicio tanto mas saludable cnanto 
que agita á la vez todas las partes del cuer- 
po, y tiene ademas la ventaja de poderse 
practicar en todo tiempo y cuando hay que 
privarse de los ejercicios indicados. 

El verdadero ejercicio no consiste én 
ir eti coche ^ sino en poner en movimiento 
el cuerpo sin fatigarle demasiado* El coche 
conviene solo á las personas muy débiles y 
á los ancianoSé La equitación es tan con- 
ducente para la salud, como agradable* Con* 
viene á los convalecientes, á los débiles con- 
serva y restablece él equilibrio entre el es** 



(36) 
tómago y la cutis; y Sydenham mira al 
ejercicio de á caballo como uno de los re- 
medios mas eficaces para la curación de va- 
rias enfermedades. Sin embargo, el ejerci- 
cio, así de á caballo como á pie, no debe ha- 
cerse inmediatamente después de la comi- 
da ó mientras se ejerce la digestión, y siem- 
pre será mas útil antes de comer que des- 
pués. E!; ejercicio será proporcionado á la 
constitución de los sugetos yá la estación. 
Los pitukos^^ los niños y los nerviosos é 
irritables deben hacer mas en las estaciones 
frías y húmedas, .que no los sanguíneos, los 
biliosos, atraviliarios y los viejos, los cuales 
deben hacer muy poco en las estaciones 
ffias y secas, y en las secas y calientes. 

Las jóvenes que por su condición ó fa- 
cultades no puedan ir á caballo, ni hacer uso 
délos juegos de que hemos hecho mención, 
pueden reemplazarlos por medio del baile, 
pues tiene la ventaja, respecto de los demás, 
que dá aire al cuerpo y estension al peqhd 
por la precisión que hay de doblarse y en- 
derezarse con frecuencia. El baile es el ejer- 
cicio que mas conviene á las mugeres, y es 
para este sexo lo que el andar á caballo pa- 
ra; los hombres. 

Convenidos en que el ejercicio es el 



(37) .„, 

mejor elemento de la salud, que la vida ac- 
tiva es el asilo mas poderoso de la virtud 
y la egida de aquella, saquemos de él tanta 
utilidad para la salud como felicidad puede 
resultará la sociedad. Consideremos á los al- 
deanos ocupados todo el dia en sus trabajos, 
y veremos que cantan en medio de ellos y 
que gozan de salud , mientras que los ricos 
de las ciudades, descansando entre placeré?, 
se ven oprimidos de mil males. "La gota, 
»dijo Lafontaine, está en las ciudades, y la 
»araña en los campos." El trabajo, hijo de 
la necesidad, es el padre de la salud y bien- 
estar. Sin embargo , para que los trabajos 
conserven y vigoricen la salud , se necesi- 
ta que sean proporcionados al estado de 
las fuerzas, porque si son escesivos acaban 
demasiado, y la vejez se anticipa. Estos efec- 
tos se deben á una concentración fuerte y 
habitual de fuerzas en lo interior, y es fal- 
so lo que han querido persuadir algunos 
egoistas de que el hombre que tiene que 
ganar su sustento á fuerza de trabajo viva 
mas tiempo que los ricos que recogen el 
fruto de sus sudores: semejante modo de 
pensar lleva sin duda el fin de consolar á 
los pobres, á quienes la fortuna ha condena- 
do á trabajar toda su vida, y de persuadir- 



(38) 

les á que de este modo vivirían mas tiem- 
po y con salud. Este sistema, inventado aca- 
so para acabar de destruir toda la sensibi- 
lidad en el corazón del rico y eximirle de 
hacer bien , pos debe producir un efecto 
contrario; la persuasión de que los hom- 
bres , obligados á trabajar mucho toda su 
vida, son viejísimos á los 6o años, y es ra- 
ro el que vive mas tiempo, en ve? de que 
aquellos que han sabido hacer uso de los 
favores que les ha dispensado la fortuna, 
llegan á los 8o. Si, hijos mios, compadez- 
cámonos de los pobres cuya escasez Jes re- 
duce á la durísima necesidad de trabajar 
toda su vida; socorrámoslos y ayudémosles 
compartiendo con ellos su trabajo: no nos 
olvidemos que el hombre no nació para es- 
tar ocioso, que la naturaleza nos ha conde- 
nado á que trabajemos, ó mejor diría nos 
ha hecho un bien, queriendo que al mis* 
mo tiempo que ayudemos á nuestros seme«* 
jantes seamos ayudados por ellos, 

Destierro é industria. 

Cualquiera que sea el rango y la fortu- 
na de vuestras familias, amiguitos mios, 



nunca despreciéis á \g$i hombres que ejer^ 
cen profesiones laboriosas. Estofc hombres 
son útiles, y todo lo que es útil debe esti- 
marse. ¿Qué seria de nosotros si no hubiese 
labradores, albañiles, carpinteros, herrero?, 
tejedores y demás obreros laboriosos cuyo 
trabajo suple nuestro descanso, proporcio- 
nándonos todo lo que es de primera nece- 
sidad? Ademas habéis de notar que alga- 
nos de estos hombres manifiestan en el ge-* 
ñero de industria que ejercen una inteli- 
gencia y un ingenio que casi elevan el arte 
mecánico á la dignidad del arte liberal, co- 
locando al artesano en la misma línea que 
al artista, 

Por otra parte, aunque un oficio no tu- 
viese mas ventaja que la de hacer subsis- 
tir honradamente á una familia desprovis- 
ta de otros medios, el que le ejerce ¿no 
tiene justos títulos á la consideración de los 
demás? Tened bien presente esta máxima. 
* & E1 que no es hombre de bien puede en- 
vilecer el estado mas floreciente , pero el 
»mas humilde no envilece al hombre hon- 
rado," Puede suceder muy bien que aquel 
que menos lo piensa se encuentre en cir- 
cunstancias en que el saber un oficio haga 
su felicidad. Todo lo que llevo dicho ha si- 



do únicamente corcel fin de referiros la 
siguiente historia. 

Jacobo de Rosales solo tenia trece años 
cuando sus padres emigraron con él, y se re- 
tiraron á un pequeño estado de Alemania. 
Sus bienes habian sido secuestrados, y no le 
quedó al conde de Rosales mas dinero que 
el que habia podido llevar consigo, y que 
no bastaba á mantener á su familia ni si- 
quiera dos años. La educación de Jacobo, que 
tuvo muy buenos principios, se interrum- 
pió á pesar de que su padre la continuaba 
lo mejor que podía, á lo que el joven se 
prestaba con ardor. Era ya bastante juicio- 
so para conocer la posición de sus padres, y 
no ignoraba que bien pronto se verían fal- 
tos de recursos. "Las pesadumbres han al- 
iterado la salud de mi padre (dijo él), y no 
>>podrá trabajar : á mí me toca ahora soste- 
ner á mi familia; pero para esto no pue- 
«do contar eselusivamente con lo que sé de 
»Iatin, de historia, de geografía y de mate» 
»máticas; hay aquí otros que saben masque 
»yo, y es preciso que halle recursos en mis 
»brazos y en mi industria. Bueno que sea 
»hijo del conde de Rosales, mas digno seré 
»de este nombre si haciéndome trabajador, 
»consigo mantener á mi familia sin moles- 



»tar á nadie." Así raciocinaba Jacobo, Al 
lado de la casa en que vivía se hallaba es- 
tablecido el taller de un ebanista, que tenia 
un hijo un poco mayor que él. Un dia Ja- 
cobo trabó conversación con él, y le hizo va- 
rias preguntas acerca de su oficio, hacién- 
dole notar que algunas nociones de geome- 
tría podrían serle útiles, y ofreciéndose á 
darle lecciones, como él por su parte se 
prestase á enseñarle el uso de la sierra , del 
escoplo y del martillo. Este tratado fue con- 
cluido, y he aquí ya á nuestros dos jóvenes 
comunicándose mutuamente su saber. Jaco- 
bo tenia una destreza maravillosa, y no tar- 
dó en adelantar á su maestro, de modo que 
el ebanista estaba admirado, y un dia al 
acabar de examinar una obra de Jacobo le 
dijo: "Es una lástima que solo hagáis esto 
»por un mero recreo, pues si quisieseis tra- 
bajar para mí yo os pagaría muy bien. y> 
Se alegró infinito al oir esta proposición, mas 
no se atrevió á responder sin haber antes 
consultado con su padre. Este era un hom- 
bre despreocupado, y después de reflexio- 
nar por algunos momentos, dijo : dos cosas 
me pueden suceder, ó quedar arruinado pa- 
ra siempre, y en este caso, ¿porqué he rlg, 
impedir á mi hijo que siga un oficio que 



(42) 
asegurará su existencia? ó recobrar toda mi 
fortuna, y en este otro no puede menos de 
ser una esperiencia muy útil á Jacobo el ha- 
ber vivido algún tiempo del trabajo de sus 
manos. " Jacobo obtuvo , pues , permiso de 
aceptar las ofertas del ebanista , con la condi- 
ción de no abandonar del todo sus estudios. 
Nuestro artesano se portó de modo que su 
jornal siempre fue en aumento, y llegó á me- 
jorar la situación de sus padres; y consi- 
guiendo obtener mas inteligencia y buen 
gusto que sus maestros, perfeeionaba la for- 
ma, la composición y la elegancia de los 
muebles en unos términos que el taller se 
fue acreditando de día en día, 

Tres años habian trascurrido de esta 
suerte, cuando un dia que el príncipe rei- 
nante pasaba por delante del almacén del 
ebanista le llamó la atención la nueva y ele* 
gante forma de una cómoda que habia á la 
puerta, y entró para verla y enterarse mejor, 
Jacobo entonces le fue enterando de todos 
los secretos, de modo que el príncipe esta- 
ba admirado, ''¿Quién ha inventado y cons- 
truido este precioso mueble?" preguntó.— 
Este joven, señor, respondió francamente 
el ebanista. Yo compro la cómoda, replicó el 
príncipe; y agarrando un libro que había 



(43) 

sobre un banco, preguntó: ¿quién 6e halla 
en estado de leer á Horacio en vuestro obra- 
dor? Este mismo joven, señor, contestó el 
ebanista; y aquí está mi hijo, al que ha en- 
señado la geometría. Entonces el príncipe 
miró atentamente á Jacobo, y dijo: " Esto es 
»muy estraordinario , joven: espero me di- 
»gais quién sois." "Señor, yo me llamo Ja* 
»cobo, y soy hijo de un emigrado." "No 
»quiero saber mas" contestó el príncipe, y 
volviéndose al ebanista le dijo: "Amigo, si 
»asocias este joven ó vuestros intereses, os 
*>epqargo la construcción de los muebles de mi 
quinta de Vendel." Este mandato del prín- 
cipe no se echó en el olvido, sino que fue 
seguido de otros muchos , atrajo comprado- 
res al taller de Jacobo, y fue el origen de la 
fortuna de los asociados. En fin, el conde de 
Rosales logró volver á su patria por una fe- 
liz amnistía , y Jacobo tuvo el gusto de com- 
prar á su padre la posesión de que le ha- 
bían despojado, y en el dia es padre de fa- 
milia, y estoy seguro de que sus hijos no 
desdeñan á los artesanos laboriosos. 



(44) 
MORAL. 

ARTICULO 4. 

De la piedad filial. 

Las dulces inspiraciones de la piedad 
filial hacen palpitar fuertemente el corazón 
de los niños al oir el nombre de padre y 
madre: estos dulces nombres infunden res- 
peto, reconocimiento, amor y confianza. 
Un hijo nunca debe olvidar el bien que re- 
cibe de los padres; el beneficio de la vi- 
da, los cuidados de la infancia, la solici- 
tud , la fatiga , el desvelo de la que le ha 
dado á luz y alimentado con su leche, la 
indulgencia y celo del que ha trabajado pa- 
ra educarle y preparar su porvenir, y los 
buenos ejemplos que ha recibirlo. Todas 
estas cosas indican que en esta palabra pie- 
dad filial se da á entender que los padres 
representan á Dios en la tierra , y que es 
preciso honrarlos, servirlos y obedecerlos. 

Cuando lleguen á viejos y estén enfer- 
mos , se les cuidará trabajando en todo y 
por todo para ocurrir á sus necesidades; 
aunque tengan alguna flaqueza, se les debe 



(45) 

disimular; y si alguno la nota , se les debe 
disculpar, pues respetando serás respetado. 
El hijo virtuoso es un velo que cubre la 
desnudez del padre ¿, y un escudo que pro- 
tege la debilidad de la madre; porque cuan* 
do el arroyuelo corre limpio y traspa- 
rente sobre la arens, uadie se inquieta por 
saber si su orígeq fue claro ó turbio. 

El hijo que se avergüenza del estado 
humilde desús padres, se deshonra; á sí 
mismo, porque se proclama ingrato , or- 
gulloso é indigno de mejor fortuna. Y esto 
sin que gane nada, porque en el momea* 
to que el burro se pone los jaeces del ca- 
ballo, le descubren las orejas, y le vuelven 
á la carga y á los palos. 

En cualquier evento estemos siempre 
prontos á rendir honienage á aquellos sin 
los que ni seríamos nada, ni podríamos po-> 
seer cosa algiína. Merezcamos sobre todo su 
bendición, porque el que no obtiene la 
bepd,icion d^ sus padres * no debe esperar 
el favor del cielo ni de la tierra. 

El hijo ingrato, el hijo impío es recha- 
zado como un insensato incurable , como 
un ser monstruoso. ¡Desgraciado de él cuan- 
do sea padre! En su vejez no se atreverá á 
reclamar unos derechos que ha descono- 



cido; los respetos de sus hijos cubrirán de 
remordimientos su frente encanecida \ y 
no se atreverá á bendecir á su propia pos- 
teridad por temor de acarrearla alguna 
desgracia. 

Pensamientos diversos sobre la misma 

materia. 

La piedad filial es una virtud del co- 
razón que no puede estar oculta. Semejan- 
te al fuego, que Comunica su calor y su luz 
á todo lo que le rodea * se manifiesta exte- 
riormente en el porte * en las palabras* en 
las acciones y en toda la conducta * des- 
plegando un respeto y un amor siri lími- 
tes. ¡Feliz el que puede retribuir á la vejez 
de un padre y de una madre los cuidados 
que les ha merecido en su infancia; y mas 
feliz aun aquel que les vuelve hasta sus son- 
risas, sus caricias y sus afectos ! 

El que corta los árboles que su padre 
ha plantado, venderá la casa que ha edi- 
ficado, y hará otras cosas peores. La pie- 
dad filial produce los mismos sentimien- 
tos y los mismos afectos en todos los cli- 
mas. La piedad filial ha enriquecido á mu- 
chos pobres , y nunca ha arruinado á nin- 



. ( 47 ) 

gurí rico; ha inspirado á muchos talentos, 
y nunca ha cortado el vuelo del ingenio; 
ha conquistado muchos corazones á la vir- 
tud , y á nadie ha viciado; ha hecho mu- 
chos afortunados, sin causar el menor in- 
fortunio. Amar y honrar á sus padres du- 
rante la vida, sentir y llorar su muerte, es 
cumplir con las leyes fundamentales de la 
sociedad humana y de la naturaleza. El 
que así lo cumpla, ha seguido dignamen- 
te la honorífica carrera de la piedad filial. 

Anécdota d la piedad filial. 






El fuego del monte Etna* después de 
haber destruido todos los obstáculos y roto 
todos los diques .! que se oponían á su pa- 
so, se esparcía un día con impetuosidad 
por todo el contorno. Su torrente llevaba 
por da quiera el terror, la desolación y el 
espanto : los sembrados , los plantíos de laé 
inmediaciones, las casas, las selvas, las co- 
linas cubiertas de verdor, todo era presa de 
su elemento. Apenas las llamas habían em- 
pezado á derramarse, cuando se sintió en 
Catania un violento temblor de tierra, y las 
llamas penetraban ya en la ciudad. Enton- 
ces cada uno* según sus fuerzas y su valor 



le permitían, procura librar sus mas pre- 
ciosos objetos: gime uno bajo la enorme 
carga de su dinero; otro está tan aturdido 
que corre á coger las armas, como si hu- 
biera de pelear con el fuego; otro, abruma- 
do con el peso de sus riquezas, adquiridas 
tal yez por sus crímenes, no puede dar un 
paso, mientras que el pobre corre Jligero 
con su mísera maletilla : en fin ^ cada una 
huye y procura llevarse lo que mas es- 
tima. 

Mas no todos \consiguen salvarse: el 
fuego devora á los mas lentos en huir, y 
á los que una sórdida avaricia retiene lar- 
go tiempo: los que creian ya haber esca- 
pado del rigor del incendio, en un mo- 
mento son envueltos por las llamas, y pier- 
dan el fruto de sus penas, sus riquezas, y 
demás despojos preciosos, que sirven de 
pasto a las llamas que en su furor no per- 
donan ni aun á los que están animados 

por la piedad. 

Amphinome y su hermano ven á su 
padre y á su madre ancianos y achacosos 
que habian llegado casi arrastrando hasta el 
umbral de la puerta de su casa á tiempo 
que ya las llamas habian prendido en ella. 
Estos dos jóvenes corren á ellos, los toman 



en sus brazos , y sienten aumentarse sus 
fuerzas con esta preciosa carga. [O turba 
avara! No te fatigues en llevarte tus teso-* 
ros; echa una ojeada sobre estos dos hijos 
que no tienen otros que su padre y su ma- 
dre. Caminan por entre Jaa llamas , como si 
el fuego hubiese prometido preservarlos^ 
¡ O piedad ! la mayor de Jas virtudes y la 
mas recomendable á los hombres ! Las lla- 
mas los respetan, y se retiran por doquie- 
ra que ellos dirigen sus pasos. ¡ Dia fausta 
á pesar de sus desgracias! Aunque el in- 
cendio egercia su furor en todas partes, loa 
dos hermanos atravesaron las llamas como 
en triunfo, y cargados con tan piadoso 
peso, llegaron sanos y salvos á parage se-» 
guro. 

Estos dos hermanos se hicieron tau cé- 
lebres por esta hazaña que Siracusa y Ga- 
tania se disputan el honor de haberles da.r 
do el ser, y las dos ciudades han dedica- 
do templos á la piedad filial en memoria 
del espresado suceso., 

Un crimen castiga otro crimen. 

Tres caminantes se encontraron un te- 
soro, le repartieron entre sí, y continuaron 
TOMO ni. 4 



(50) 

su camino , hablando sobre en qué le em- 
plearían, mas habiéndoseles acabado los ví- 
veres, se convinieron en que el mas joven 
iría á comprarlos al pueblo inmediato. El 
joven partió, y por el camino Se decia á sí 
propio: Ya soy rico, pero lo sería aun mas 
si no se hubieran hallado conmiso esos dos 
hombres al encontrar el tesoro. Me han qui- 
tado mis riquezas, ¿no pódria yo recobrar- 
las? Esto me sería fácil envenenando los 
víveres que voy á comprar; á la vuelta di- 
ré que ya he comido en el pueblo: mis 
compañeros comerán sin recelo, mueren 
y todo es mío. 

Entretanto los otros viageros decían: 
lástima es que ese joven haya venido con 
nosotros. Hemos tenido que repartir con él 
lo que á nosotros nos hubiera enriquecido. 
El vá á volver, tenemos puñales, estamos 
solos en el campo y..... 

El joven voRió con los víveres empo- 
zonados, sus compañeros le asesinaron, co- 
mieron de los manjares y murieron en se- 
guida. 

Ved aquí , hijos mios , como un crimen 
castiga otro crimen, así como una virtud es 
el germen de otra virtud y de la dicha. 



(51) 
EDUCACIÓN DEL BELLO SEXO. 



Cuidado de los enfermos* 

Nada hay mas conforme al deseo de la 
humanidad y al espíritu del cristianismo 
que el cuidado que se tiene de las personas 
afligidas de alguna dolencia.. Si es uno de 
los primeros deberes de los pastores ecle- 
siásticos el visitarlas y animarlas con sus 
exhortaciones, y aun proporcionar medios 
de curación á aquellas á quienes la indi- 
gencia impide procurárselos, todos los de- 
mas católicos de cualquier clase y condi- 
ción no están menos obligados á cumplir 
en cuanto pudieren con esta obra de mi- 
sericordia. He aquí por lo que muchos prín- 
cipes y otros varios personages; opulentos, 
animado* de una verdadera piedad , han 
abierto asilos cómodos y numerosos á k 
humanidad pobre y doliente. Por este mo- 
tivo tan poderoso un gran numero de vír- 
genes cristianas, renunciando á las esperan- 
zas del siglo, se han dedicado en ellos á 
las mas trabajosas y repugnantes ocupa- 
ciones. 



El cuidado de los enfermos no perte- 
nece solamente á los que se han dedicado 
á él esclusivamente ; nadie está exento de 
los deberes que impone á todos la cari- 
dad cristiana. Pero aquellos son mas es- 
trechos aun para las esposas y madres de 
familia. Así como fuera inútil probar esta 
verdad, no lo será observar de paso que 
las funciones de una esposa á la cabecera 
del lecho en que padece su marido , y las 
de una madre respecto de sus hijos enfer- 
mos , tienen siempre mejor resultado que 
las desempeñadas por personas estrañas. 
En efecto 5 ¿ cómo se pueden comparar Jos 
servicios de una muger asalariada con 
aquellas atenciones llenas de delicadeza^ 
con aquella tierna solieimdjde .-, una, buena; 
esposa Ót0MMfk madre á la que todo in- 
quieta, y ; xp§ $aben hablar únicamente 
aquel lengüage; que consuela y anima el 
corazón del objeto de su ternura? Si todo 
el mundo conoce la influencia de nuestra 
situación moral sobre nuestro cuerpo r na- 
die puede ignorar que un esposo enfermo, 
«i es asistido por su esposa, y un hijo es 
consolado y dirigido por su madre | están 
mas próximos á su curación, que los que 
carecen de tan interesantes desvelos, y na- 



<(S3) - 

da costosos para el amor. El que 9e dedi- 
que á cuidar los enfermos, ya sea por pre- 
cisión ó ya voluntariamente, debe tener pa- 
ciencia, y no acobardarse del furor ó las 
quejas de un infeliz agoviado por los pa- 
decimientos. No debe alarmarse á la vista 
de una enfermedad horrible, de una he- 
rida espantosa, ni al olor infecto de una 
úlcera antigua. Debe preparar las medi- 
cinas que el médico ha recetado cuando 
su composición no exija conocimientos su- 
periores ; hacérselas tomar al enfermo, y 
ayudarle en sus movimientos. Renovar el 
aire mefítico de lo interior del lecho, ha- 
ciendo entrar el puro de afuera, tomarle 
el pulso de cuando en cuando para poder 
responderá las preguntas del médico. Mas 
estos servicios no son ios mas importantes; 
se debe ademas exhortarle á la resignación, 
é inspirarle palabras piadosas y consola- 
doras, y leerle alguna cosa que le distraiga 
de sus dolores. Evítense los discursos inúti- 
les y empalagosos que fatiguen su atención, 
o le acarreen pesadumbre por la compa- 
ración que haya entre los placeres que dis- 
frutan los demás , y los dolores que él pa- 
i * ir 

cíete. 

Vale mucho mas que las jóvenes sepan 



, . ( 54 ) 

desempeñar bien estas tareas, que el que 
sepan cantar y bailar diestramente , porque 
aunque carezcan de algunas alabanzas fri- 
volas, serán por otro lado recompensadas 
con la estimación de sus madres y perso- 
nas que las conozcan, y he aquí el funda- 
mento de su elogio y de su buena repu- 
tación. 

Otro precepto del cristianismo que tam- 
bién conviene inculcar á la juventud es el 
de ia obligación de la limosna, y esta obli- 
gación no se debe enseñar sin que la acom- 
páñela práctica. En vano se les diría que el 
hacer el bien es una obligación «agrada , si 
no se les acostumbrase á verificarlo cuando 
se presenta la ocasión. Hay muchos modos 
de cumplir este importante precepto, ya 
aliviando a los pobres según nuestras facul- 
tades nos lo permitan, ya consolándolos ó 
ayudándoles en sus necesidades por otros 
medios. Así es que la obligación de la li- 
mosna comprende no solo á los desprovis- 
tos de bienes temporales , sino á los ricos 
con mucha mas razón por estar mas bien 
provistos de recursos. No hay un deber 
mas recomendado en la ley evangélica: pa- 
rece que éste solo los comprende todos, 
«cjue es el único capaz de aplacar la cólera 



(55) 
Divina , y de merecer Jas recompensas tan- 
to espirituales como temporales. 

INSTRUCCIÓN PUBLICA. 

Nada se necesita tanto en un reino co* 
tno la buena educación de la juventud. To- 
dos los gobiernos ilustrados han conside- 
rado siempre el cumplimiento de esta má- 
xima como una de sus primeras obligaciones; 
y la esperiencia de todos los siglos demues- 
tra que sin la cultura conveniente del en- 
tendimiento, las naciones son víctimas de 
la discordia , de la flaqueza y del desorden 
hasta un grado , que ó las aproxima á un es- 
tado de absoluta idiotez comoel délos salva- 
ges 5 ó al de corrupción y desvarío que sue- 
le originar el abuso del saber; y en uno y 
otro caso se rompen igualmente, aunque 
por diversos motivos, todos los vínculos mas 
sagrados del orden natural y civil. Única- 
mente la buena y esmerada educación pue- 
de preservar á las sociedades de estos esco- 
lios en que sin ella están siempre espuestas 
á estrellarse. 

Convencidos los hombres dedicados á 
mejorar la educación, de la evidencia de es- 
tas verdades, se ocupan hace muchos años 



én preparar, digámoslo así, la entrada al 
estudio de las Ciencias , simplificando y ame* 
nizando los métodos con que se ensenan las 
humanidades ¿-que' son y serán siempre el 
camino que conduce al hombre desde la in- 
fancia á los conocimientos mas elevados , á 
los grandes arcanos de la religión y de la 
política \ que son los dos polos de la felici- 
dad particular de \m individuos , y de la 
general de las sociedades. 

La buena educación moral y literaria^ 
dicen los hombres mas célebres de la anti- 
güedad, suaviza las costumbres, estrecha mas 
el vínculo de la sociedad, y ha formado en 
todos tiempos y épocas buenos padres de fa- 
milia, amigos fieles, escelen tes subditos, y 
ciudadanos de probidad. En cuanto á la edu- 
cación moral no hablaremos mucho porque 
nosotros profesamos una religión santa, una 
religión augusta, y tenemos un maestro su- 
perior á todos los filósofos de la antigüedad-. 
Nada es comparable con la moral sublime 
de Jesucristo; y así todos nuestros desve- 
los deben reducirse á proporcionar á los jó- 
venes unos conocimientos mas estensos que 
los que saben comunmente adquirir. Es ne- 
cesario que sepan, como he repetido mu* 
dbas veces, sus obligaciones para con Dios, 



para consigo mismos, y para con los demás 
hombres» 

Ya se deja entender que un maestro 
que funda su sistema de enseñanza sobre 
una base tan sólida, conoce distintamente 
3os confines que separan la región de la fi- 
losofía de la región de la revelación , para 
que la educación literaria no falte á la pri- 
mera ni perjudique á la segunda, antes bien 
camine de acuerdo y como hermanada con 
ambas. Las letras, las verdaderas son un fir- 
me apoyo de la religión y de la prosperi- 
dad de los estados; y la ignorancia, igual- 
mente que el mal método en los estudios, 
solamente sirven para acarrearnos males sin 
cuento, males imponderables* 

Nosotros, midiendo la capacidad de los 
jóvenes por la instrucción que recibimos 
de nuestros mayores^ los creemos incapaces 
de poder dedicarse simultáneamente á va- 
rios objetos, y después que han aprendido 
á leer mal, y escribir peor, se les hace con- 
sumir tres ó cuatro años eselusivamente en 
la gramática latina. ¿Ysobre unos cimientos 
tan sólidos, se pretende levantar el grao 
edificio de la sabiduría humana? De aquí 
uace generalmente el mal gusto de los qu<e 
•dedicados después i facultades mayores fc$ 



(58) 
falta la voluntad ó el tiempo para emplear- 
se en los estudias agradables, que son el or- 
namento de todas las ciencias. 

No hablemos á nuestros pedantes de 
geografía, de cronología é historia, de gra- 
mática castellana, de lengua griega, Scc. Es- 
tas en la opinión de unos son cosas imper- 
tinentes que no se necesitan para ser buen 
filósofo, buen teólogo y buen humanista; 
y en la de otros es imposible enseñarlas á 
los jóvenes en el tiempo que estudian ei 
latín. 

Se pudiera decir que los que así se pro- 
ducen son por lo común del número de 
aquellos que habiendo tenido en sus pri- 
meros años una pésima educación literaria, 
imbuidos en el mal método por qué estudia- 
ron , están creídos que no se puede saber 
mas ni mejor que como ellos aprendieron, 
ni se acuerdan de aquel dicho de Séneca: 
Ignoramos lo necesario por haber apren- 
dido lo superfino. Pero los que en sus tier- 
nos años lograron una buena educación li- 
teraria, ó después á costa de fatigas se han 
formado así mismos; los que están conven- 
cidos de la íntima unión y enlace de las le- 
tras humanas, y de cuanto dicen Cicerón y 
Quintiliano sobre este punto: los que pe- 



(59) 

netran la fuerza de aquel axioma , pocos 

preceptos , y mucha práctica ; estos no 

estragarán Ja enseñanza simultánea de los 
varios ramos de literatura , y lejos de creer- 
la nociva ü origen de la superficialidad ó 
confusión, la reputarán por un medio útilí- 
simo para amenizar la aridez de los estudios 
de las lenguas , y hacer ¡mas sólidos los co- 
nocimientos de todos ellos , ayudándose mu- 
tuamente unos á otros. Pero solo me con- 
tentaré con preguntarles., ¿si sus discípulos, 
que no cuidan de otra cosa, llegan á apren- 
der -el latín? 

Mas aunque el número de los que así 
piensan es mucho mayor que lo que debía- 
mos prometernos de los progresos actuales 
del entendimiento humano , confesemos 
que nunca han faltado ni faltan principal- 
mente en nuestros diassugetos particulares, 
y corporaciones celosas que se han dedica- 
do á la enseñanza de la juventud, y han he- 
cho ver prácticamente que los jóvenes, si 
son conducidos por un método de estudios 
bien arreglado, pueden sin mucho dispen- 
dio de tiempo adquirir todos aquellos co- 
nocimientos propios de su edad , lográndo- 
se esto muy ventajosamente en los nuevos 
colegios de humanidades. 



-Los niños son capaces de discurrir or* 
dañadamente hasta un punto que no se ima- 
ginan aqaellos que nunca los han observa* 
do sitio muy de paso. ¿No se ven de ma- 
nifiesto su comprehension y sagacidad en la 
travesura y los ardides con que se manejan 
desde los tres ó cuatro años? ;No se vé 
igualmente en aquellos pocos en quienes un 
sistema racional, fruto del esmero de algu- 
nos padres ó maestros ha hecho prodigios 
en determinados ramos? Nosotros somos por 
lo general injustos con los niños, achacan- 
do á su ineptitud ó incapacidad lo que es 
efecto de la nuestra , porque no sabemos 
bajándonos hasta ellos darles una educación 
metódica y proporcionada. Procedemos ca- 
si siempre por estreñios ó dejándoles per- 
der en el ocio el precioso tiempo de la pri- 
mera edad , ó sobrecargándolos con ta- 
reas que enervan á un tiempo el vigor de 
sus cuerpos y la energía de sus almas, En 
una palabra, ó los hacemos brutos por- 
que á nada los enseñamos, ó á fuerza de es- 
tudios ^ para que no están todavía aptos, los 
volvemos estúpidos ó charlatanes. ¿Y no 
es este un mal sobre que se ha reflexionado 
muy poco, después de tantos años como la 
experiencia diaria nos le está señalando? 



(61) 

Penétrense de uña vez los maestros ¿fe que 
en la educación de los jóvenes todo el arte 
consiste en saber aprovechar las disposi- 
ciones y los instantes ; y que asi como en 
la mecánica la complicación escesiva de las 
máquinas disminuye la fuerza que se em- 
plea, así también en la enseñanza la escesiva 
complicación de las reglas disminuye la 
fuerza intelectual, es decir , la, estension y 
profundidad del talento. En suma, que el 
método y no los años hace toda la costa en. 
la adquisición de las letras. 

El método le indica la misma naturaleza. 
El mal está en que no se les enseñan á los 
jóvenes las cosas lógicamente, es decir, po-7 
niéndolos en las circunstancias y haciéndolos 
discurrir. Ya hemos dicho que piensan mas 
de lo que se cree: ¿por qué, pues, no ana- 
lizar con ellos todo loque se les enseña, pa- 
ra, que en lo sucesivo sepan con fundamen- 
to, y no de memoria solamente cuanto seles 
ha enseñado? E! cultivo escluido de la íiier 
moría es el tirano mas cruel de la mayor 
parte de los niños, y el sistema que ener- 
va en gran manera la profundidad del ta- 
lento. ¿Se pretenderá hacerlos sabios á fuer-* 
za de especies multiplicadas , y por la ma- 
yor parte inconexas para el entendimiento? 



(62) 
Ya se sabe que el objeto de la primera ense- 
ñanza no es tanto dar á los jóvenes todos los 
conocimientos que les han de servir algún 
dia, cuanto indicarles, proporcionarles el 
camino de que los alcancen por sí mismos 
á costa de su meditación, y de un discer- 
nimiento propio y claro: solamente así po- 
drán en adelante saber con fundamento. Los 
planes, pues, de educación que de hoy mas 
se formaren en España, deberán cimentar- 
se en los principios naturales del racioci- 
nio, ordenados en una lógica gramatical, ó 
tina gramática lógica, pues sin estos prelimi- 
nares un curso de buenas letras, en lugar 
de un cursó de ideas, lo será meramente de 
palabras. 

Los nuevos colegios de humanidades 
podrán contribuir á que España recobre 
bien pronto la opinión que tiene perdida 
para con los estrangeros en esta parte, y re- 
cibirá algún dia todo junto el fruto de las 
tareas de los particulares aplicados, gene- 
ralizándose la instrucción en todos sus ra- 
mos. ¿Quién será capaz de reducir á cálculo 
la utilidad que puede traer aun reino un 
solo hombre dedicado á la enseñanza pu- 
blica ó privada, siempre que se dirija por 
los principios que quedan insinuados? Es- 



(63) 

tos establecimientos tienen por objeto prin- 
cipal (y tal fue la mente del legislador al 
mandarlos instituir) el restaurar entre no- 
sotros el buen gusto literario^ tan decaído 
y estragado por la calamidad délos tiempos, 
Ja lectura de libros estrangeros y el despre- 
cio de los escritores nacionales. Si tan bené- 
fica institución la debimos á S. M., el difun- 
to Soberano, por el ministerio de Gracia y 
Justicia, no dudemos que por el de Fomen- 
to se les dará el impulso vigoroso y unifor^ 
me de que sean susceptibles. 




(64) 
GEOGRAFÍA, 



La Gran Bretaña. 

El Padre. Eugenio, ya me dijistes en 
otra lección que las islas Británicas las for- 
maban dos graneles, situadas en el Occéano 
Atlántico, y otras mas pequeñas, que en 
ellas se comprenden los tres reinos de In- 
glaterra, Escocia é Irlanda, designados ge- 
neralmente con el nombre de Inglaterra, ó 
Gran Bretaña. Ahora quisiera que me di- 
jeras en cuanto se valúa la población eu- 
ropea de este reino. 

Eugenio. Si señor, la población europea 
de la Gran Bretaña asciende áai,326,75i 
habitantes, á saber i 2,387,788 para la In- 
glaterra , 6,84.6,949 para la Irlanda , y 
2,062,014 para la Escocia. (3 fichas.) 

El Padre. Isabel, clime tu algo del cli- 
ma de la Gran Bretaña, 

Isabel. Papá, el clima de este país es 
por lo general insalubre á causa de su gran- 
de humedad y sus continuadas, y densas nie- 
blas. A escepcion de bosques y viñedos en 
Jas demás producciones ; la tierra es fértil, 



(65) 
sobre tocio en prados artificiales , en que se 
alimentan numerosos rebaños y abundan- 
tes caballos de una hermosa raza , que se 
aprecia mucho en lo general. En casi todos 
estos países se coge aceite, y en todos car- 
bón de piedra. La agricultura ha llegado en 
este reino al mas alto grado de perfección. 
Los ingleses son por lo general muy indus* 
triosos y con una inclinación decidida al co- 
mercio. (4 fichas). 

MI Padre. Eugenia, ¿cuál es la religión 
que profesan los ingleses ? 

Eugenia. La religión dominante en los 
ingleses es la llamada anglicana, que n& es 
otra que la doctrina de Lutero; sin embar- 
go, casi la totalidad de los irlandeses siguen 
la religión católica. (2 fichas). 

El Padre. ¿Qué género de gobierno es 
el de la Inglaterra? 

Enrique. El gobierno monárquico re- 
presentativo, es decir, un gobierno com- 
puesto del rey, los lores ó principal noble- 
za del reino y que es hereditaria, á la que se 
dá el nombre de cámara alta , y la cáma- 
ra baja 6 de los comunes compuesta de 453 
miembros elegidos de las provincias y ciu- 
dades de los tres reinos, y en la sanción de 
las leyes es necesario el concursa de las tres 

TOMO II k S 



(66) 
gerarquías. El rey, que convoca el parlamen- 
to cuando lascircunstancias lo exigen, con- 
serva el derecho de declarar la guerra, 
como hacer la paz, alianzas ó tratados de 
Comercio, levantar tropas de mar y tierra 
&c. &c. (4 fichas). 

El Padre. Alejandro , ¿Qué rango 
ocupa éntrelas potencias de Europa la In* 
glaterra? 

Alejandro. E! primero , Papa. 

El Padre. ¿Y á qué debe esta supe- 
rioridad ? 

Alejandro. A la clase de gobierno que 
la rige, á la estension ele sus relaciones co«- 
merciales, á la actividad de su industria, 
y sobre todo al estado floreciente de su 
marina que la hace dueño de los mares. 
(3 fichas). 

El Padre. Eugenio, ¿qué posesiones 
cuenta el reino unido de Ja Gran Bretaña 
ademas de las que hemos dicho tiene en la 
Europa? 

Eugenio. Las posesiones de que es due- 
ño en las demás partes del mundo son in- 
mensas, y estas son las que alimentan en 
continua actividad al comercio de Ingla- 
terra. En el Asia es dueña de la India y de 
una multitud de islas considerables; en Amé- 



rica posee el Canadá y muchas islas con una 
parte de la Guayana; en África el cabo de 
Bueña-Esperanza y algunas islas que aun 
Je pertenecen ; en la Occeania la nueva 
Gales meridional y la tierra de Yan-die-* 
men. (4 fichas.,) 

El Padre. Isabel ¿ cómo se divide la In- 
glaterra propiamente dicha? 

IsabeL En 6, circuitos que se subdivi- 
den en 33 condados* 

El Padre. ¿Y qué entiendes tú por cir- 
cuito? 

IsabeL Es. el que indica la estension en 
que se halla sometida á la jurisdicción de 
un tribunal % cuyos jueces se presentan su- 
cesivamente dos veces por año en cada uno 
de los condados de su jurisdicción para ad- 
ministrar en ellos !a justicia. 

El cuadro siguiente indica loa circui- 
tos y su división en condados. 

Circuitos. Condados. Capitales* 



York York. 

Northern 6 \ Durliam - •••• Diu^ha. 

del Norte / ^ ort h UI »n-eirland ' .. . . Nueva Cástle. 

6 conldosA^r Ca * rer ' V ' \ Lancastcr. 

VVessraior^Iand. ...... Renda). 

CumfesrJand . . . . . . . CaijUaíet 



Circuitos* 



(68) 



Condados. 



Capitales* 



WarWÍck WarWÍck. 

íidland 6 I ™ h • V¡ Leícestérí 

dei Medí-; S 6 ^;---' »™ h y 

terráneo. \ *? Um % 1 ™™- | •$ V I,ot,M, í han 

* condadosJ ; m ^ ln ' W**? 

1 I lAulttand Daklian. 

\ Noríhampton . Norrhamptou 

ÍBuckíngharn. ....... Backingham. 
Bedfort; ... . . .. Bedfort. 
Humgtigdon Hungfigdon. 
Cambridge Cambridge. 
Sulíolek. . ,. . , Ypswieh, 

Nerjblek. .......... Norwicli, 

l Hertford Herford. 

Homme. \ Kssex Chelmsford. 

^Kent Cantor berj* 

Surrey. Guildford. 

Fussex Chíchester. 

Berch. Reading. 

WoVpejAcrr: .... . . Woreester. 

Gloucester . . ¿ Gloucester. 

Oxford. / Oxford Oxford, 

¡8 condados. \^ Iormiout - ...... . . Monmout. 

Hereford. . . Hercford. 

Shrop. . SltreWsbury* 

StafFord. .....V Stafíbp. 

Ham. . ........... Wimchester. 

Western ó I ^ ibt Saiísbury. 

del Oeste, {^ orch • • Dorchester. 

6 condados. P °mracrset. - • • . . . : . . Bath 

Uevon Exefer. 

Cornwal Launccster. 

El condado del mediodía , cuya capital 
es Londres, es el asiento del tribunal su- 
premo de policía, no hace parte de ningún 
circuito. 



(69) 

El Padre. Enrique, ¿dónde está el 
principarlo de Gales? 

Enrique. En las costas del oeste. 

El Padre ¿Y cuántos condados com- 
prende? 

Enrique. Doce, Papá, seis al norte, y 
seis al mediodía: Cacrrnarthen sobre el Toqví 
es su ciudad principal. El título deeste prin- 
cipado pertenece al primojénito de los re- 
yes de Inglaterra. (2 fichas.) 

Ei Padre. Alejandro, ya dijimos que 
Londres era la capital de la Gran Bretaña, 
dirne ahora qué tiene mas de particular que 
las otras ciudades de este reino tan flore- 
ciente, 

Alejandro. Papá, Londres es el asiento 
de la Monarquía inglesa, el centro del co- 
mercio y de la fuerza de esta nación situa- 
da en las riveras óe\Tdmesis^ la costituyen 
un hermoso, grande y seguro puerto, hasta 
donde suben los navios de mas porte á una 
distancia de aS leguas del mar. Entre los 
edificios mas notables se cuentan el palacio 
de Westminster, la iglesia de san Pablo, la 
bolsa y la gran columna erigida en memo- 
ria del horroroso incendio que en 1666 re- 
dujo á cenizas toda la población. 

El Padre. ¿Cuál es ei numero deba* 



(70) 

hitantes en que se valúa esta hermosa ca- 
pital? 

Alejandro. En 1,2174,600. (6 fichas). 

El P&dre. Bien, hijos mios<, estoy sa- 
tisfecho de vuestra aplicación 5 no ene daréis 
el disgusto de veros retroceder en ella , an- 
tes ú que me proporcionareis de rlia en dia 
mayor placer con vuestros adelantamientos; 
y por hoy no os pregunto mas pudiendo pa- 
sar vosotros solos á entreteneros por vía tle 
diversión eíi tofñar conocimiento de todas 
las poblaciones de que me habéis hablado 
en el mapa que tmeis á la vista, y en otra 
lección contiuuáreáVos preguntando sobre 
la misma materia para completar Vuestras 
nociones en ella. 




(7l) 
EDUCACIÓN DE SORDO-MUDOS. 

Teoría de los artículos. 

Por las lecciones que anteceden hemos 
visto cou placer qne los sordo-nuidos go- 
zaban de la preciosa ventaja de espresar 
aunque una á una todas sus ideas; pero sus 
frases carecían de la precisión y exactitud 
que sabe darles el niño menos instruido. 
Ño sabia decir mas que cuchillo > mesa b 
animal, &c M y nunca el cuchillo b la mesa 
y el animal. No solamente carecía su len- 
guaje de las gracias que le prestaría el uso 
de los artículos, sino aun de la exactitud 
que exige el sentido de las proposiciones 
para ser claras y limpias como el mismo 
pensamiento, cuya espresion debe ser siem- 
pre su transparente imagen; esto no podia 
conseguirlo sin los artículos, y es llegado el 
tiempo de enseñárselos. 

Nada se presentaba á los sordo-mudos 
en la naturaleza por modelo del artículo, 
como lo había habido para los nombres y 
para las cualidades ; porque ninguna cosa 
podía representar ni figurar esta parte de 
la oración que sirve para determinar el 



nombre apelativo, haciendo que en vez ele 
clase denote individuo: clasifica el género 
en especies, y estas en individuos. Se les pe- 
dia hacer escribir las palabras un, «ha, é$~ 
le, el, la, estos, los, las. Pero ¿dónde estaban 
Jas cosas? habla que vencer una dificultad 
nueva y que 'observar una trusa esencial, y 
es que no se usan artículos en las lenguas 
sino para los objetos que forman multitud,, 
y que por consiguiente pueden ser conta- 
dos; pero no se cuenta lo que es único. Lo 
esencial ante todas cosas es hacerles notar 
que no habíamos podido antes darles la 
idea de los nombres propios y apelativos. 
Recurrimos de nuevo á la lección de los 
géneros y especies, considerando tres indi- 
viduos tomarlos en la ciase de perros, el 
uno era el de casa, el que mas veces que 
Otro nos suministraba ocasión de 'clesignar- 
le con una palabra que no permitía con- 
fundirle con los otros, y decirnos el perro, 
cuando pasaba cerca de nosotros alguno de 
que queríamos hablar, decíamos este perro 
que pasa*, y la palabra este, restringida aun por 
*?l que pasa , hacia un individo distinto, y 
que no se podía confundir ya con la clase; 
pero si queríamos hablar de perros de una 
manera general y «oda-raen te." como de una 



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ne delante de los nombres españoles la mis» 
ma latitud que la falta de artículo entre los 
ingleses, porque bajo de un solo individuo 
comprende una especie entera. 

¿Cómo hacer entender á los sordo^mü* 
dos esta metafísica! ¿y colmo si no la enten- 
dieran podríannos esperar que hiciesen apli* 
caciones exactas de este aHteulol Es pre- 
ciso que por mucho tiempo se haga cotí 
ellos loque un maestro que enseña á es- 
cribir á un discípulo; le dirije y traza él 
mismo, guiando con la suya la mano novi-» 
cia los caracteres á que quiere habituarle. 

Para conseguir que los mudos com pren- 
dan bien la fuerza de estos artículos es me- 
nester cuidar por mucho tiempo de afir- 
mar de todos los individuos de una espe- 
cie lo que se quiere que el discípulo afir- 
me de uno solo, representando la especie 
entera determinada solamente por el artí- 
culo indicativo* Diciendo, lodos los hora- 
bres son mortales 5 se les enseña á decir el 
Jiomhre es mortal ¿ todos los tigres son crue- 
les y ellos dicen el tigre es cruel. 

Para dar á este artículo los demás va- 
lores que tiene , se ha de tener cuidado de 
aplicarle á las acciones de que tratamos li- 
gándole á tocios los nombres que no tienen 



(75) ■ 

otro particular, haciendo de él un especie 
de asá, y no permitiéndonos hablar de nin- 
gún objeto sin ciarle este artículo, que le 
empleamos sobre todo para generalizar. 

¿Pero la teoría de los artículos la com- 
prenderán fácil "medie? ¿No podremos te- 
mer que den á esta palabra un valor de- 
masiado importante ó q**izá no suficiente? 
¿Cómo asegurarnos 'de que el artículo no 
representa pana ellos mas que para no- 
sotros, que no afecta mas que la estension 
de un nombre si a afectar sú compren- 
sión, es decir, sin añadir ni quitar lana idea 
á las que Forman toda la significación del 
nombre? Esta exactitud es muy necesaria 
para que se contenten con algunas presun- 
ciones sobre el conocimiento de los artí- 
culos. Los sordo-mudos, cuando ltega este 
caso, ya tienen alguna \óm de las cifras-, y 
en esta ocasión las llamaremos en nuestro 
'socorro. 

Pongo en la mesa unas tastanas , hs 
cuento, y encima de cada una escribo en la 
mistna mesa una castaña. Tomo otra y la 
llevo á una mesa distinta, y escribo esta 
castaña. Llevo otra á una tercera mesa, y 
escribo por encima la castaña. Conduzco 
ú'im sordo- ~rnu*!o á la segunda mesa, y mo$- 



(76) 
trándole la castaña, le hago fijar mas la 
atención en la palabra esta que le ponía á 
la vista \ y sin apartarnos de esta mesa le 
señalo la castaña de la primera mesa, que 
está á alguna distancia para distinguirla. 
Le hago entender que la palabra un sirve 
para contar los objetos y distinguirlos su- 
ficientemente para que no los confundie- 
se con otros que no son de su especie, en 
logar que este distingue un objeto de otro. 
Pido al discípulo la castaña que acaba de 
ver por la palabra esta, y le hago compren- 
der que este tercer procedimiento con res- 
pectó á un mismo objeto se manifestaba por 
el artículo la. Después escribo estas tres 
frases. Mamiel^toma «na castaña 9 , Manuel, 
pone esta castaña sobre la mesa-, Manuel r 
ha tirado la castaña por tierra. 

El artículo un se aplica á un objeto des- 
conocido en sí> aunque no lo sea la especie 
á que corresponda. Este se dice del mismo 
objeto cuando se le tiene á la vista. El se 
dice no solamente del objeto que es cono- 
cido, sino que no puede confundirse con 
otro, ó porque ha sido ya determinado por 
lo que precede, ó va á serlo por lo que si- 
gue. Tal es el uso de este artículo cuando 
se torna en su significación propia y natural. 



(77) , 

Pero también se toma muchas veces en 
una significación lo mas estensa posible , á 
saber, cuando el nombre á que precede no 
enuncia ningún individuo particular, pe- 
ro si bajo de un individuo ia especie ente* 
ra, como cuando se dice: el hombre ha na- 
cido para el trabajo. La estremada dificul- 
tad de esta teoría impone la ley de multi- 
plicar sus ejercicios. Ven que ningún nom- 
bre de objeto está sin alguno de estos tres 
artículos, creen que es necesario á todos los 
objetos y á los nombres que llamamos pro- 
pios, y que confundían aun con los nom- 
bres comunes. La dificultad que ofrece el 
conocimiento de este error y de tranfor- 
marle en ideas exactas, jne obliga á ensa- 
yar desde luego la verdadera idea de los 
nombres propios. Valiéndome para ello de 
los trabajos que tenian en sus colecciones, 
de individuos, y de tener especie en la na- 
turaleza* Saben los nombres de todas las 
personas que los rodean, se los hago escri- 
bir. Saben también algunos de ciudades. 
tales como Sególa r Val ladolid, Madrid* 
capital de España, Roma¡ capital del ama- 
do católico, &c. 

Es necesario esplicailes la naturaleza 
del nombre común, y lo hago por medio 



(78) 
de una abrazadera, escribiendo unos deba- 
jo de otros los nombres de todos los obje- 
tos de que se compone una ciudad, como 
casas, calles, plazas , iglesias, edificios pú- 
blicos, murallas , &c. &c. No hay dificul- 
tad en comprender que todo lo que encer- 
raba todos estos objetos en su circuito era 
una ciudad; que todo esto se hallaba en Se- 
govia , Valladolid , Madrid y Roma, que 
estos objetos eran comunes á todos estos 
pueblos; que todos debían tener igualmen- 
te un nombre común; que este era la pa- 
labra ciudad, pero que este nombre no era 
propio de ninguno de estos lugares, y que 
haber de conocerlo sin indicarlo de otro 
modo que por la palabra ciudad, no era 
hacerlo conocer, pues que era necesario á 
cada cual de las llamadas ciudades darle un 
nombre particular, y que este nombre era 
el propio de cada uno; que estos nombres 
propios eran Segovia, Valladolid, El mis- 
mo procedimiento empleo para los sugetos 
cuyos nombres les son desconocidos , ha- 
ciéndoles observar que, como las ciudades, 
tienen todos igualmente en su ser objetos 
que en cada una de ellas eran las mismas. 
Una cabeza, brazos, manos, un estómago, 
un vientre, los muslos, piernas y pies-, que 



(79) 

á todo este conjunto se habia dado el nom- 
bre de hombre^ y que en todo individuo en 
que se halla todos estos miembros , se le 
denominaría con la misma palabra; que to- 
dos los sordo-mudos, cuyos nombres esta- 
ban escritos en el encerado, eran de consi- 
guiente hombres, que esta palabra es el 
nombre coman á todos, pero que no se 
reconocerla ninguno sino se le daba mas 
que aquel nombre, y que es necesario uno 
que no convenga mas que á cada uno de 
ellos, que es el propio de uno, y les hago 
ver que los nombres escritos antes eraii 
propios, 

¿Cuántos Manueles, Pedros, Antonios» 
se les preguntará, veis aquí? Un soloManueí^ 
un solo Pedro, y un solo Antonio , contes- 
tan ellos. ¿Sepodria decir un , uno cuando 
nunca se habla de ellos? No, sin duda, no 
dice un Manuel porque no se puede decir 
el Manuel, porque no se dice jamas el de 
un objeto é que no se puede aplicar un en 
ninguna ocasión. 

(Se continuará') 



(80) 

Continuación á la biografía de los ciegos 
célebres en las ciencias, 

Santiago Schegkius nació en Shorn- 
dorf en el ducado de Witeniberg ; enseñó 
por espacio de tres años con el mejor éxi- 
to la filosofía y medicina en Tubinge. Ha- 
biéndose quedado ciego , le fue tan poco 
sensible la pérdida de la vista, que reusá 
las ofertas de un oculista que quería me- 
dicinarle para recobrársela j por no verse, 
decia él, obligado áver otra vez tantas co- 
sas que le parecían odiosas ó ridiculas. Te- 
nemos varios tratatados suyos sobre diver- 
sos puntos de filosofía, de medicina y de 
controversia. Murió en Tubinge en ]58¿\ 

Juan Fernando nació ciego en una de 
las provincias de la Bélgica , de padres espa- 
ñoles, que aunque muy pobres, vencieron 
á fuerza de trabajos unos obstáculos tan 
contrarios para la carrera de los estudios. 
Se hizo poeta , lógico, filósofo, y ejercitán- 
dose al mismo tiempo en la música, llegó á 
ser tan superior en este arte que por solo 
la prodigiosidad de su memoria componía 
trozos de música que apenas se hubieran 
odido hacer con la pluma. 



Asconio Pediano, historiador, que vi- 
vió muchos años privado de la vista , es- 
cribió durante ellos con mucha elegancia 
tratados de gramática, en los que no se en- 
cuentra ningún vestigio ni de su edad ni 
de su dolencia. Conservamos buenos co- 
mentarios suyos sobre algunos discursos de 
Cicerón. 

En los anales de la ciudad de Praga 
leemos que un ciego Scita con quien se en- 
contró Carlos IV, emperador y rey de Bo- 
hemia, cerca de Nuremberg, le conoció an- 
tes de ser electo á pesar de ir de incógnito, 
y que le respondió con mucha exactitud á 
todas las preguntas que le hizo sobre la su- 
cesión de los reyes de Bohemia y sobre el es- 
tado que tendria el rey no en lo sucesivo. 

Lo que se ha dicho de este príncipe 
que había arruinado su casa por conseguir 
el imperio, y que en seguida le arruinó pa- 
ra restablecer su casa , no es mas que una 
paráfrasis de la última respuesta del ciego 
Scita (i). 

Uldarico Schomberg nació en Alema- 



(i) Claret ín annaiíbus urbís Pragensis mirabíle exem- 
plum de coeco vaticinante, qood ita se habet: Garolus IY 
antequám ín regem roinanoruiri elígeretur, propé Noriin- 

TOMO III. 6 



( 82 ) 

nia á principios del siglo XVII, y habién- 
dose quedado ciego á la edad de tres años 
de resultas de las viruelas 9 se dedicó con 
mucha aplicación al estudio de las bellas le- 
tras, que profesó con honor en Altorf , en 
Leipsic y en Harnburgo, Scc. 

Hermán Torrencio nació enSwolles en 
el Over Yssel á mediados del siglo XV, fue 
proíesor de retórica eu Groninga, y enseñó 
mucho tiempo en su pueblo nativo las be- 
llas letras ; murió sobre el año i520. Este 
ilustre ciego dejó un grandísimo número 
de obras escritas en latín, entre las cuales 
hay un diccionario histórico y poético que 
se reimprimo en París en el año 1 54-1 , y 
que después ha sido aumentado sucesiva* 



Lergara aaiíl csecum quendam «alione Scyíham, vaticíniis 
clarum, quoübet d¡e non nisi ad unaní qucstionem res- 
pondenteni. Euru p^rionatus salutavit Caroius ajens: Sal- 
ve, si ex Dco es; si non es, milla sit tibí salas. lile vero 
respondít: Ex. Deo saín ; tu vicissim> salve. Carole % Mar- 
ehio Moraviea mox futuras romanorum ex. Commuíatis 
nitro cilroque verbis, interroga vií litteras, slve ut alis vo~ 
lunt, duabus vocibus barbaris expresít : Jais, a /#.'//, ma, 
easdemqueinterpretalis est : Joannern, Carolum, Vences- 
laum, Sigisniundum, Aibertum , Ladisbum, Georgiura, 
Uiadislaum , Ludoyícum , Ferdinandum, Maxiümianuro, 
Aibertum. (Sed ultima Huera historlse, non responda Ru- 
dulpho secundo imperat. Augusto feiiciter regnante). Tura 
Caroius : Quid fiet postea ? Et caecus, id quid fuit antea. 



mente en las ediciones siguientes por Car- 
los Etienne y Federico Morel. En fin, este 
diccionario fue el que dio origen al deMoreri. 

Juan Pablo Lomazzo nació en Milán en 
i538, era ya muy hábil en la pintura y en 
las bellas letras cuando perdió la vista á la 
edad de 17 años. Escribió mucho sobre la 
pintura siendo ciego, que lo fue 4$ años. 
Su principal obra, que goza de mucha es- 
timación , tiene por título: Idea del tem-* 
pío della pittura^ Milán 1590, in 4.° 

Salinas, natural de Burgos, perdió la 
vista á la edad de 8 años. Fue un hábil 
helenista "y un sabio matemático. Sus prin- 
cipales protectores lo fueron el Papa Pa- 
blo IV y el Duque de Alva. Murió en 1 56o. 
Tenemos un tratado de música en latin, 
impreso en Salamanca en i592, en folio; y 
una traducción en versos españoles de algu- 
nos epigramas de Marcial. 

Blas Francisco, conde de Pagan, nació 
en Remies, junto á Marsella, en 1604, 
fue militar desde sus mas tiernos años. Se 
encontró en la batalla del paso de los Al- 
pes y en los atrincheramientos de Sufa (1), 



(1) Ciudad capital de un marquesado del mismo nom- 
bre en los estados del duque de Saboya. 



(84) 

y Luis XIII le colmó de honores. En el si- 
tio de Montamban perdió un ojo de un ba- 
lazo, y el otro en Portugal, siendo aun 
muy joven; y cuando le acababan de ha- 
cer mariscal de campo, vino á establecerse 
á París, donde se entregó con ardor al es- 
tudio de las matemáticas , y gozó de gran 
concepto entre los ingenieros y los astró- 
nomos. El tratado de fortificación que com- 
puso mucho antes de haber perdido la vis- 
ta, se imprimió en 1645 , y pasó por la 
mejor obra que se habia publicado hasta 
entonces sobre esta materia, hasta que se 
publicó el de Van han o. 

También compuso una Teoría de los 
planetas y de las ¿oblas astronómicas , y 
una relación histórica del rio de ¿as ama- 
zonas, en 8.°, sumamente curiosa y rara. 

Bourchenu de Valbanois nació en Gre- 
noble en el año ¿ 65 1 , y quedó ciego muy 
joven, poco tiempo después del combate 
naval de Solhay a, donde se halló; mas es- 
te inesperado accidente no le impidió pu- 
blicar la Historia del Del finado en a vo- 
lúmenes en folio. Habia hecho profundas 
investigaciones sobre su pais, y nos dejó 
igualmente un noviliario del Delfinado. 

Próspero Fagnani era considerado ea 



( 85 ) , . , 

Roma como el oráculo de la Jurispruden- 
cia. A él le debemos un largo comentario 
sobre las decretales, escrito por orden del 
Papa Alejandro VII en 3 volúmenes en 
folio, año de 1 66 1 . Lo que hay mas es- 
traordinario, dice el historiador de su vi- 
da, es que un ciego haya podido formar 
las tablas de esta importante obra, que ca- 
da nna de por sí es una obra maestra. 

Francisco Malaval nació en Marsella en 
el arroda 1627, y perdió la vista á la edad 
de 9 meses. Después de haber hecho esce- 
len%es estudios, se entregó principalmente 
á 1os autores místicos , y fue uno de los 
partidarios mas acérrimos del quietismo y 
del mol mismo. Su obra titulada Práctica 
fácil, &c., fue censurada en Roma, y sin 
duda le favoreció su ceguera para el error 
en que habia caiclo, pues reconocido de 
él, se retractó poco tiempo después, y ob» 
tuvo en seguirla por la mediación del Car- 
denal Bona la dispensa para ordenarse de 
sacerdote aunque ciego. Tenemos un gran 
número de obras suyas impresas en Ams- 
terdam y en Colonia , que en el dia están 
enteramente olvidadas, de modo que no 
se conoce quizá mas que sus poesías , y es- 
tas escritas tambieo con un espíritu ascéti- 



(86) 

co que las hace mas agradables á las per- 
sonas piadosas que á las gentes de buen 
gusto. 

Claudio Comiers nació en Embruña 
profesó las matemáticas en París, y traba- 
jó algún tiempo en el diario de los sabios. 
Son pocas las materias á cuya instrucción 
no sé dedicase; escribió de medicina, ma- 
temáticas , física y de controversia, y eran 
muy superiores á su siglo los muchos co- 
nocimientos que tenia de la filosofía y otras 
ciencias, como se puede ver en su discur- 
so sobre los cometas. ( Véase el Mercurio 
de Francia de enero, año de 1 68 i .) 

Se estiman mucho sus tres discursos so* 
bre el arte de prolongar la vida , que es 
una especie de sátira contra los redactores 
ele la gaceta de Holanda. Estos discursos 
son curiosos y justamente deseados por el 
conjunto gracioso de historia y de física, 
de que están adornados. Claudio Comiers 
murió en París en el hospicio de los tres- 
cientos, año de i6g3. 

(Se continuará*) 



(87) 
MOSAICO. 



Lo que honramos con el nombre de 
paz no es mas que una tregua , por la que 
el mas débil renuncia á sus pretensiones 
justas ó injustas, hasta que halle ocasión de 
hacerlas valer á mano armada. 



El proyecto mas vasto de todos es ei 
de formar un partido. 



Es señal de ferocidad y de bajeza in- 
sultar á un hombre en la ignominia, prin- 
cipalmente si es pobre \ pues no hay in¥a- 
mía de la que la miseria no haga un sen- 
timiento de piedad. 

La moderación de las personas felices 
proviene de la calma que íes da su buena 

fortuna. 

■ i » i. 

El interés habla todas las lenguas , f 
desempeña todos los papeles de varios per* 
sonages aun los del desinteresado. 



.(88) 
Entre los atenienses estaba prevenido 
por la ley que el hijo á quien su padre no 
hubiese enseñado algún género de industria 
ó arte, no estuviese obligado á dar ali- 
mentos á su padre en su vejez. 



Las mugeres de Iberia tenían la eos-* 
tumbre de exponer públicamente las telas 
que habían labrado todos los años, y los 
varones honraban mas á la que se distin- 
guía en esta exposición. 



Entre los indios se condenaba á muer- 
te al que privaba á un artífice de las ma- 
nos ó de la vista. 



Általo Phtlometor , rey de Asia , tenia 
gran placer en descansar de las fatigas del 
gobierno, cultivando un huertecillo que 
tenia. 

Alejandro Magno dio un edicto para 
que nadie se atreviese á sacar su retrato, 
excepto Apeles con sus colores, Praxiteles 
en mármol, y Lisipo en bronce. 



(89) 
Philon, arquitecto, fue tan elocuente qué 
no admiró menos al público ilustrado de* 
Atenas con sus obras que con su elocuen- 
cia. 

. _ 

i, 

La pintura estuvo en tanta estimaci&ft* 
en Sicione y en toda la, Grecia, que por 
decreto de los magistrados á todos los jó- 
venes de disposición se les enseñaba te pirttp 
tura como la primera de las artes liberalé&j 



Un americano se ha propuesto cons- 
truir un jardin geográfico, trazando físi- 
camente en el terreno todas las partes co- 
nocidas del universo, é indicar distinta y 
minuciosamente todos los pormenores qué 
exija su descripción. 



-■Ji ( 



En la capital de las Rusias se estable- 
ció en 24 de octubre de í83i una escue- 
la tegnoiógiea de artes y oficios, en la que 
se instruyen y alimentan á espensas del es- 
tado ciento treinta y dos. discípulos. Las 
ciencias tegnológicas , la construcción de 
máquinas, la química y la física son objeto 
de un estudio especial. Los alumnos que se 



distinguen están exentos de la quinta y de 
eastigos corporales. Pueden -ejercer una in- 
d^stria cualquiera sm aprendizaje, y este 
privilegio Jes sirve á sus hijos mientras 
ejercen la misma índusma* Ademas de es- 
^ colegiales los (tetnis ptimts pueden 
aprovecharse de Ja instrucción que se da 
eq:et,est^blecimieríto. Los obreros pobres 
tegffberi lecciones dé dibujo los domingos y 
í?$ íie^tas. Este establecimieüto está dotada 
competen cernen te. 



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(90 



LA COTOBRA 

■• i: 



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¿Sabéis Elvina que hace ya diez dias 
que D. Antonio no ha venido á visitará 
muestra mamá, y me temo que no vucP 
Ya á poner mas los pies en esta casa? 

--Y por qué mi querida aya? 

— Por qué? porque el otro dia cuan* 
dolé encontramos en paseo le digisteis al* 
guna cosa desagradable, pues yo conocí en 
su rcstro que se habia ofendido. : 

- -Yo dar que sentir á D. Antonio, que 
es tan bueno y me regala tantos juguetes| 
Ah! ¡Dios mió, cuanto lo siento! 

—Ciertamente que sientes cuando m 
ocasiona disensión en casa por .algún? 
palabra que profieres sin reflexión; mas Joí 
que yo veo es que llorando la inconsecuen- 
cia de la víspera caes al otro dia en nuevas 
faltas. 

--¿De veras, aya mía? respondía El vi- 
na juntando sus manirás. No he dicho una 
palabra al bueno de D. Antonio que piie* 



(90 

da enfadarle; estoy segura de ello* 

— ?Qué sabes tú, querida niña? ¿Cono» 
ees acaso el valor de las expresiones que 
repites para preveer los efectos, que pue- 
den ocasionar? 

— Ah! es verdad! no bahía caído en elfo, 
•-Y he aquí, niña, como á pesar de tu 
buen corazón puedes causar muchos daño». 
—Pues bien , replicó El vina con despe- 
cho, ya que una no puede hablar sin que la 
regañen , no volveré á abrir la boca; y le- 
vantándose amohinada se acercó al balcón* 
A los seis años de edad el mal humor 
se disipa fácilmente; así es que El vina se 
distrajo al instante con los carruages que 
p ;$abaii r los elegantes que iban y v( nian, 
los titiriteros, los vendedores y todo lo 
que anima una de las calles mas, principa* 
les y ruidosas d§ Madrid,-- Ah! he aquí el 
birlocho del Sr % de S. Esteban que se para 
en casa de la marquesa f veamos si me mi- 
ra al tiempo de bajarle, 

Y la linda Elvira permaneció detrás 
de las vidrieras con ¡os ojos fijos en la 
puerta de la marquesa, hasta que viendo 
retirarse el birlocho exclamó,- Ah! el Se- 
ñor de S. Esteban se queda hoy á comer 
encasa de nuestra vecina." 



Era el caso que hacia ya seis meses 
que tenían pendiente un pleito entre el 
Sr. de S. Esteban y el marido de la mar» 
quesa. Esta, con el fin de terminar el ne- 
gocio y reconciliarlos, de acuerdo con su 
padre habia citado secretamente al Señor 
de S. Esteban para entenderse con el so- 
bre los medios de terminar el negocio de 
nn modo amistoso. 

El vina, como todos los niños mima- 
dos, eomia á la mesa con su madre y con 
todos los convidados. Aquel mismo dia el 
Barón vino a quedarse a comer diciendo 
que su esposa habia tenido que salir jun- 
tamente con su padre, a ciertos asientos y 
que el no queria estar solo. La madre de 
Elvina le recibió coq agrado; y en la mesa 
tanto por política como por interés le pre- 
guntó el estado de su pleito. 

En verdad que no m nada, respQndió 
el Barón: no he visto al Sr. de S. Esteban 
desde que estamos indispuestos, solo nos 
entendemos por medio de procurador, y 
el suyo me ha diclío el otro dia que esta- 
ba de viaje, y por mucho lierapo -Oh! no 
Señor, dijo Elvina, no está de viaje; si le 
he visto entrar esta mañana en vuestra ea- 
sa,-¿En mi casa? sin duda os engañáis niria, 



porque hace mucho tiempo que no pone 
los pies en ella desde que 

—No la escuchéis, interrumpió la ma* 
dre de Elvina, no sabe lo que se dice, ha» 
brá visto á otro sugeto, y cree que era el 
Sr. de S Esteban. 

—No, no mamá , le conozco muy bien; 
ha estado hoy en casa del Señor y el bir- 
locho con el caballo gris parados á la puer- 
ta , y sino que lo pregunte en su casa. 

••Vamos, cállate, replicó su madre, 
las niñas no deben mezclarse en la con- 
versación. 

Elvina se levantó antes del fin de la 
comida envidiando la edad de su hermana 
mayor que la daba derecho para escuchar 
y hablar todo el tiempo que estaba en la 
mesa. Esta hermana mayor que decía El- 
vina acababa de cumplir los diez y seis, 
años, y toda la familia se ocupaba ya en 
proporcionarle un marido: un sugeto fre^ 
cuentaba la casa que reunía cualidades po- 
co comunes y que sin ser estremadamente 
hermoso podia pasar por un hombre agra- 
dable. La desgracia estaba en que Julián, 
hermano de Leontina y de Elvina, ridicu- 
lizaba á Don Joaquin , que así se llamaba 
el novio, por mortificar á su hermana^ 



porque en lo interior hacía justicia ai 
amable pretendiente. 

Cuando El vi na pasó á la sala encon- 
tró á D. Joaquín que esperaba que su ma- 
má acabase de comer para ofrecerla un 
palco en la ópera. El vina al oir la palabra 
palco en la ópera sintió palpitar su cora- 
razón. -Ah! si quisiese Vmd. pedir á ma- 
nía que me llevase consigo á la ópera!, es-; 
toy segura que no le diria á Vmd. que no; 
y Elvina al decir esto tomó la actitud mas 
graciosa como en tono de súplica. Si úú 
consiste mas que en pedírselo, respondió 
D Joaquín 9 . por mi parte ya está hecho; 
mas temo que diga que no , pues sé que 
quiere que os acostéis temprano.--No, ma- 
má no os lo negará,.. . ¡ os quiere tanto--* 
¿De veras, querida niña? dijo D. Joaquín, 
tomándola en sus rodillas, y vuestra her- 
mana me quiere?- Leontina?- Si la amable 
Leontina.-- Ah! yo lo creo que os quiere 
mas que á nadie: todo el dia está dispu- 
tando con Julián por causa de Vrnd. ¿De- 
veras? dijo D Joaquín.- De veras, replicó 
Elvina regocijada al ver que la hablaban 
y escuchaban como si fuese una muger; 
^ayer mismo tuvieron una gran disputa 
después de comer, "Tu. ..-quienes hacernos 



creer que éstas loca ( la decía Julián) ah! 
Dios mío! nosotros sabemos muy bien por 
lo que tu lé aínas; tú á ío que tienes carinó 
es á su caudal, á su título, á la carretela y 
á los caballos que ha hecho traer de Lon- 
dres; y en parte tienes razón, porque él por 
sí maldito lo que vale.- ¡Basta! exclamó Dorí 
Joaquín bajando á El vina al suelo: yo le 
pfobaré que si no soy el mas amable, tam- 
poco soy el mas süfridd. Ah! señor qué 
tiene Vmd. preguntó Élviná asustada al 
ver la cólera pintada en sus ojos. -Hola! mi 
iriayorazgo, mis bienes es lo que aquí se 
estima, irepetia paseándose precipitada* 
menté por ía sala : yo estaba confiado 
en el amor de Leontina y éh la amistad 
áe sus padres: ¡pobre de mi, que engañado 
estaba! Mas aun es tiempo, gracias á Dios* 
de no ser el juguete de la vanidad de esta 
familia... ¡Por mi coche y mis caballos!.,, 
decia al tiempo de salir; mas reparando en 
Elvina qiie la estaba rnir árido atónita, vol- 
vió atrás y le entregó el billete del palco, 
encargándola que se le diese á su madre 
y la digera que sentía mucho no poder 
acompañarla. 

Elvina , que no entendía una palabra 
de cuanto pasaba, fué á contar ingenua* 



(97) 

mente á su madre lo que había dicho á 
D. Joaqnin, y lo enfadado que éste se habia 
puesto sin saber por qué* 

— Ya decia vo, exclamó Julián seña- 
lando á Elvina, que seria cosa de esta 
Cotón illa^ que forma castillos en el aire con 
su manía dé parlar lo que no entiende En 
Verdad que merecía que todas las maña* 
ñas la diesen unos azotitos para enseáaria 
á contar lo que habia oído d día anterior. 
¿Sabe Vttít. madre lo que ha hecho \í&cñ 
ocho dia>? Obligó que se despidiese al po« 
bre Francisco contando las necedades que 
dijo el dia qne se embriagó bebiendo á su 
salud \ porque si el pobre hombíe come- 
tió esa falta fué para celebrar el cumple- 
años de la niña , que por su maldito vicio 
de charlar nos ha privado de un criado 
antiguo y fiel. El Barón ^á ahora á su casa 
á armar una quimera acerca de la visita 
que ella dice haber visto: mas no es esto lo 
peor, sino que hoy me obliga á darme de 
estocadas con mi futuro cuñado , porque 
yo conozco á D. Joaquín, v no es sugeto 
capaz de perdonarme el haber pensadode él 
de ese modo. Se lo prevengo á Vmd. madre: 
sino se pone orden en esto, esta Cotorra os 
Ta á indisponeí con todos nuestros amigo*. 



(93) 

~CótortáW. Cotorra!..., exclamó Elvina 

inspira ocio.- Si , Cotorra! replicó su herma- 
no ; y si continúas de esa suerte, te prome- 
to que te has de quedar con el nombre. 
, Al oir tan terrible amenaza EJvina 
huyó al aposento de su aya , la que al ver- 
Ja llorar tan amargamente adivinó que la 
habían reñido, porque la niña de miedo 
no se atrevía á hab!ar.~Vaya, otra nueva 
indiscreción tenemos, dijo el aya ; la niña 
con quién estuvistes disputando ayer sobre 
la hermosura de su madre habrá ido á 
contar que digiste que se daba colorete, y 
he aqui lo suficiente para hacerla enemiga 
mortal de vuestra mamá. I 

—No es eso, no es eso, dijo Elvina.— 
Ah! vamos, ya caigo respondió la aya; sin 
duda es por la anciana doña Tomasa, á la 
que preguntasteis muy seria que si la to- 
caba aquel dia afeitarse, solo por repetir 
lo que habíais oido decir á vuestro herma- 
mano de tan fea muger. Dicen que está 
furiosa contra él ; y que le ha negado la 
entrada en su casa. 

—No, no es por eso, respondió Elvina 
sollozando.- La aya fué pasando revista á 
todas las inconsecuencias de Elvina sin 
poder atinar con la causa del llanto. La 



xnm, venciólos males que resultaban terna 
'vives deseos de corregirse; mas el- mote 
de Cotorra la desesperaba tanto mas, que 
todos los de casa autorizados con el ejem- 
plo de su madre no la ciaban otro título; 
sus compañeritas y amigas la llamaban así 
hasta en el paseo ; y como Eivina conocía 
que lo hacían con malicia, se enfadó y no 
quiso alternar con ellas»— Pues bien, tanto 
mejor, decia con aspereza, estándome sola 
no tendré que oir ni repetir los disparates 
de nadie. Se hallaba tan satisfecha con su 
despecho y orgullo, que puede que no hu- 
biera salido de él sino por la mas. inespe- 
rada circunstancia* 

Un tio de Eivina, militar instruido j 
leal, se vio comprometido de tal modo por 
asuntos de gobierno , que llegó á verse 
proscripto con motivo del triunfo del 
partido contrario, y entonces corrió á bus- 
car un asilo en casa de su hermana. Eran 
tan vivas las diligencias practicadas en bus- 
ca suya, qne podia ser funesta la menor 
indiscreción, por loqueen asamblea de 
familia se acordó que siendo Eivina la 
única que podia revelar tan importante 
secreto , era preciso sacarla de casa todo el 
tiempo que hubiese peligro de que arres* 



f Í-Oft) 

tasen a1 coronel , y que era indispensable 
llevarla á la de algún amigo ó á un co« 
legio. 

Eligí lo va el colegio, ) qué momento 
tan terrible aquel en que se lo anunciaron 
a Elvina ¡ Separarse de su madre siendo 
aun niña y tes iendo tanta necesidad 
de sus auxilios! Dejar la casa que la había 
visto nacer, y los hermanos que aunque 
la reñían la acariciaban aúü mas, era cosa 
para llorar mucho tiempo. 

— Por qué me separa Vmd. de su lado? 
decia á su madre bañando su mano coa 
sus lágrima*. Trabajo todo lo que me man- 
dan, leude córfemp» mi mje-tro de piano está 
muy contento conmigo, yo no he de ha- 
cer níasta el colegio, y á pe?ar de e*to no 
la veré á Vmd. áh! Dios mió, Dios mio..i 
q*iédes...gra...cia,,,;da....soy ! y los sollozos 
la impedían hablar. 

- Es preciso, hija mía, la respondía su 
madre procurando contener su emoción.... 
Cree que necesito mucho valor para ha- 
cer este sacrificio; pero tú carácter me 
obliga á él.— Yo me corregiré, yo os lo 
prometo, decia Elvina asida al vestido de 
su madre: déjeme Vmd. en casa. 

El motivo que obligaba á su madre 



(iot) 

á proceder de este modo era demasiado 

era ve para que cediese á sus instancias. 
Hicieron subir á Elvina al coche, á pesar 
dé sus gritos; y aquella misma noche se 
acostó en un gran dormitorio ocupado por 
camas con niñas que en su vida habia vis- 
to. Cualquiera que sea la edad y condi- 
ción de una miíger debe cansarla gran sen- 
timiento al verse separada de su ma- 
dre y dentro de un colegio. 

A El vina, ademas de este sentimiento 
ée le juntó el producido por la ironía de 
eus condiseípulas. Los criados de su casa 
por vengarse de que se les habia reñido á 
causa dé sus indiscreciones, no tardaron 
mucho en decir el nombre que se le daba, 
y elv bochornoso título de Cotorra andaba 
en boca de todas las colegialas , que cuan- 
do tenían algo que decirse íntimamente la 
echaban de su lado. A pesar de tan repetidas 
humillaciones aun le faltaba saber la ma- 
yor, y una casualidad virio á descubrírsela. 
Sü aya venía todas las mañana* al colegio 
para saber de ella y traerla alguna cosa de 
parte de >u madre; estos regaliros veuian 
acompañados de una carta , porque E¡vi 
na entendía ya muy bien el manuscrito. 
Un dia su aya por una equivocación la 



trajo un billete dirigido á Julián, en el que 
se hablaba de las esperanzas que habia de 
que su tio saldría pronto del escondite, en 
virtud de la amnistía que se acababa de 
publicar. 

Elvina, después de haber leido el bi- 
llete pidió esplic^ciones á su aya , la qué 
turbada por su imprudencia dijo mas de 
lo que era menester, suplicando á Elvina 
que guardase el secreto. Para dar á cono» 
cer mejor á la niña cuánto importaba 
guardarle, ia dijo que de él pendia la vi- 
da de su tío, y concluyó que el único mo- 
tivo de su venida al colegio habia sido por 
que no lo contara según tenia de costum- 
bre. 

— ¡Creerme capaz de delatar a mi tio! 
exclamó Elvina con el acento de la ver- 
güenza y de la indignación. Ah! yo les 
probaré que sé callar, y que no tengo mal 
corazón. En seguida encargó mucho á su 
aya que no digese á su madre nada de 
cuanto habia pasado » á fin de no inquie- 
tarla. 

Su madre vino á visitarla muchas ve* 
ees , en las cuales Elvina no dejó traslucir 
nada de su secreto, hasta que al ver un dia 
venir á su madre muy alegre coa ánimo de 



(io3) 

llevarla á su casa , saltando á su cuello k 
dijo. " *_ ¿Pues que está ya salvo mi 

tio? 

— a GalIa ! ¿Con que tú lo sabias , hija 

mia? 

—Si señora 5 sabía que estaba oculto 
en el cuarto de Julio; mas también sabía 
que era preciso no revelarlo á nadie —¿Y 
á nadie se lo has dicho? ¿ni á mi siquie- 
ra ?— Entonces hubiera Vmd, creido que 
lo mismo se lo diría á los demás contestó 
Elvina deshaciéndose en lágrimas. Yaya lo 
que he llorado....Si supiera Vmd. el sentí» 
miento que he tenido... 

—Tanto mejor, hija mia, que así no 
darás que sentir á nadie. Después su ma- 
dre abrazándola dio orden de que llevasen 
á su casa todos los muebles de Elvina.-- 
¿ Qué? mamá , ya uo me separaré de 
Vmd? 

—No, hija mia, á menos que no vuel- 
va la Cotorra , porque lo que es con esta 
me es imposible vivir. 

—La Cotorra ya no la volverá Vmd. á 
ver, respondió Elvina sonriéndose, pues 
ha muerto de pesadumbre. 

En efecto la Cotorra ha desaparecido; 
de esta historia no queda mas que una jo- 



(io4) ; f 

Ten hermosa, discreta y cíe talento ? pa 
prueba de la proposición de un famoso au- 
tor para los niños de qne !os defectos de 
inteligencia, solo los corrige el corazón» 




(,oS) 



U LOCA DEL LUXEMBURGO. 



En nna de las hermosas mañanas fiel 
mes de mayo* tiempo en que la naturaleza 
renovándose parece que se adorna de sus 
atavíos de fiesta, Madama de Nevéis esta* 
ba sentada con sus cuatro hijitas bajo de 
uno de los castaños del Luxembjrgo. 

Entonces el Sol aun no despide aquel 
vivo calor del que se huye en los ardoro- 
sos meses de Julio y Agosto ; sus rayos son 
templados y benéficos, y atravesando el 
frondosa ramage de los árboles llegan á 
nosotros frescos y perfumados. He aquí 
porque la prima veía es tari apetecida, per 
que las golondrinas vuelven de lejauas 
tierras, porque los pajaritos cantan , y por 
que Madama de Nevers estaba sentada con 
sus cuatro niñas bajo uno de los del Lu- 
xemburgo. 

En este delicioso lugar no sucede lo 
que en las Tullerias, en donde una multi- 
tud de atolondrados que apiñados unos 
contra otros se ven continuamente deteni- 
dos y aun sofocados por otros muchos, que 



(ic6) 

los que rodean y que llevando dirección 
contraria los empujan y molestan por to- 
das partes, y se hallan siempre envuelto» 
en la confusión; no sucede asi en el Lu- 
xemburgo, aqui por una parte se ven ni- 
ños rodar aros de sonoras y cascabeles, cu- 
yas madres los siguen con paso grave y 
mesurado, recreándose con las puerilidad- 
des que en otro tiempo fueron también sus 
delicias; allí se divisan jóvenes estudiosos 
leyendo sentados sobre algún banco las 
obras de los sabios, mas allá un anciano 
achacoso apoyado en el servicial brazo de 
su fiel criafo, y que parece aumenta su 
vida con la alegria que adquiere al respi- 
rar el aire puro que le rodea , de un lado 
va un perro errante y corno á la ventura 
por haber perdido su duefio ; y de otro se 
oyen los muchos pajaritos que trinan in- 
censantemente, queriendo cada cual invi- 
tarse en sus respectivos cantos , tal es el 
Luxemburgo en una hermosa mañana del 
mes de Mayo; tan encantadora contem- 
plación fué interrumpida de repente. Ma- 
má, mamá dijo una de las niñas mirad á 
aquella Señoritaque viene hacia nosotras 
y Adelaida se arrimó á su madre como si 
tuviera miedo. . 



^ ( 10 7) 
Aquella Señorita no tenia nada en su 

trage que la distinguiese de las demás. Lle- 
vaba un vestido blanco y un sombrero dé 
paja adornado con cintas verdes. ¿Pues 
porqué Carmen se había asustado? Es por 
que la Señorita desde lejos habia frun- 

■ cido sus negras cejas y la habia hecho un 
gesto amenazador* y Adelaida se habia re- 
fugiado en los brazos de su madre. 

La Señorita se acercaba apresurada- 
mente. Cuando estuvo junto á Madama de 
Nevers y de sus dos hijas, quiso arrojarse 
sobre ellas como para contenerla una mu- 
ger que la acompañaba ; pero ella se de- 
tuvo de repente, y á su demostración hos- 
til sucedió súbitamente una violenta car- 
cajada de risa , después se puso á bailar 

1 al rededor de Madama de Nevers, con la 
ligereza de ün pájaro y después que hubo 
bailado se hilneó de rodillas como para ha- 

* r cer oración; pero levantándose con preci- 
pitación tomó humildemente la mano de 
Madama, y estrechándola contra su corazón, 
dijo» Oh! yo estoy muy mala; no es así 
Señora? Compadecedme , compadecedme y 
no me olvidéis en vuestras oraciones» 

Retrocede , pálida , trémula , los cabe- 
llos erizados, apoyándose contra el tronco 

% 



(io8) 
de un árbol , cubriéndose los ojos con la 
mano, como que quería sustraerse de al- 
gún horrib e espectáculo.*-" Déjame , dé- 
jame, exclamó, que te he hecho para en- 
contrarte en todas partes? Dios mió! Dios 
mió! Tened piedad de mí!" 

En seguida se arrojó al suelo boca aba- 
jo, y prorrumpió en profundos gemidos. 
Madama de Nevers se apresuró á levantar- 
la y la hizo sentarse á par de sí. Mas la 
pobre Señorita habla pasado de tan dolo- 
rosa irritación, á un estado de insensibili- 
dad completa y se durmió á el lado de 
Madama de Nevera/ 

Esta singular aparición habla escitado 
hasta el mas alto grado la curiosidad de 
la madre y de las niñas. Mientras que la 
infeliz descansaba á su lado preguntaron 
á la muger que la acompañaba, y de cu- 
yas manos se habia escapado. 

—Ahí Señora, respondió ella, es una 
historia, tan triste como verdadera. Diez 
años hace que esta infortunada no tenia mas 
que siete y medio! Era la niña mas guapa 
que se pudiera ver. A un carácter dulce y 
modesto reunía laboriosidad , inteligencia 
y viveza por lo que aprendia al instante 
cuanto queria, siendo tan buena que sus 



amiguitas la tenían envidia. Por desgracia 
Lucía que así se llamaba la desgraciada, 
tenia un hermano de muy malas ideas, y 
un dia que su hermana había salido con 
su madre, dijo para sí: 

•-"Mi hermana Lucia es una cobarde 
que de todo tiene miedo. Cuando un gato 
maya, cuando el aire mueve una puerta, 
cuando. uu grillo canta, cuando una mosca 
vuela, cuando una mariposa se quema 
en la luz , se pone á temblar como 
un azogado. Esto es un defecto, y un 
defecto muy feo, que es menester que 
yo la cure de su miedo. Se dio una palma- 
da en la frente y discurrió.".— Ya di con el! 
le tengo: encontré el remedio infalible pa- 
ra que mi hermana no tenga mas miedo. 
Corre á la habitación de su madre y pilla 
una de las muñecas de cartón que sirven 
para tener los sombreros. La hizo con tin- 
ta sus correspondientes barbas, bigotes y 
cejas, y la puso una peluca vieja. Encon- 
tró en el guardarropa de su padre vestidos 
viejos que hacia tiempo no servían , vesti- 
dos antiguos que Lucia nunca habia vi?to. 
Disfrazó ía muñeca, lá pasó al través una 
varilla de hierro para figurar los brazos y 
tiesa en un palo la puso junto al lecho de 



;( M °) 

«ti hermana. Habla salido también con su 
idea que aun él mismo tuvo miedo por un 
instante de su obra, porque la muñeca 
se habia convertido en una horrible fan- 
tasma, con sus grandes brazos estendidos 
bajo una capa amarilla, su cara horrorosa 
é inclinada sobre la camita que parecía 
que se preparaba á devorar á la criatura 
cuando viniese á descansar.— Ah , ah! mi 
hermana si que queda curada de esta he- 
cha p dijo Gustavo regocijado. 

En este momento Lucia y su madre 
entraban juntas." Aquí están , dijo el, que 
agena esta Lucia de lo que la espera. Les 
•ale al encuentro, salta á su cuello abra- 
cándolas con gran demostración de a- 
pnistad. 

" Di hermana mia , esclamó agarrando- 
la de la mano, ¿quieres jugar al escondite? 
Aunque esta proposición no agradase tal 
vez á Lucía, la aceptó por no contradecir 
á su hermano. — Está bien dijo él, estas muy 
complaciente hoy, yo te quiero mucho. 
Vamos Lucía ¿quién se queda? Quédate tu, 
yo, yo me esconderé ¿no es así? Lucía con- 
vino en todo. 

Se subió derecho al cuarto de su her- 
mana y se metió debajo de la cama en dis* 



("O 

posición de verla cuando entrase y poder 
juzgar del efecto que la fantasma produci- 
ría sobre ella. Después que tuvo tomadas sus 
medidas dio la vos de Vengan. 

Lucía f partió, reia y cantaba, es la úni- 
ca ocupación de vuestra edad niñas mias 9 
escuchó de nuevo para adivinar de donde 
habia salido el primer grito, pero su her- 
mano bien pronto dio otro distinto y en- 
tonces segura de encontrarle donde estaba, 
se dio prisa á ir á su cuarto. 

La puerta estaba cerrada, Lucía la abrió 
fácilmente á cuyo punto Gustavo con la 
voz mas bronca gritó* ";que te agarro^.* y 
los ojos de Lucía se encontraron con la ter- 
rible fantasma. Entonces fue tan grande su 
terror que efectivamente se creyó amena- 
zada por tan horrible peligro y perdiendo 
todas sus fuerzas cayó de espaldas desma- 
yada. 

En vano Gustavo procuró hacerla vol- 
ver en sí; durante una hora estuvo por 
muerta y cuando volvió en sí fue en el es- 
tado en que la veis hoy dia.... loca.... ¡ Sí 
loca niñas mias ! ¿Sabéis qué es estar loca? 
pues es no tener ni razón , ni alma , ni pa- 
dres, ni amigos, ni fortuna, ni felicidad, 
nada , nada en una palabra* 



Su madre murió bien pronto de pesa- 
dumbre y al morir maldijo á su Gustavo. 
Cuando la muger acabó de hablar. Mad. de 
Nevers advirtió que la pobre loca acababa 
de escapársela furtivamente por correr tra§ 
de un gorrión que la habia despertado de 
«Vi letargo revoloteando por encima de su 
cabeza.,.. ¡Oh ! señora, alguna desgracia nos 
\a a suceder r dijo la muger corriendo tras 
de Lucía. 

Mas en vano apresuró sus pasos , la lo* 
ca llegó antes que ella al estanque y se ar- 
rojó cabeza abajo, Cuando la sacaron ya 
, habia muerto..., JJn jóyen que estaba aíli 
cerca, dio qn grito golpeándose el pecho; 
era el hermano de Lucía á la que habia re- 
conocido, [Desdichado!; dijo él, yo soy el 
qye la he muerto ; y despareció como ago- 
viadq por el pesQ de h malclicioo ma- 
ternal/ 

Veis ninas mías, dijo Mad. á sus cua- 
tro hijas que sollozaban \ veis cuan peligro- 
so es jugar coq pl miedo, Hijas niips procu- 
rad vosotras po espantar nunca á vuestras 
hermanas. Yo no Ja maldeciría pero si una 
desgracia igual sucediese á alguna de voso- 
tras , me moriría de pesar como la madre 
de Lucía, 



(..3) 



LA JOVEN BRAMINÁ. 



Subiendo un día por el Ganges á la 
hora apacible en que todo empieza á ser 
reposo 5 calma y delicia en la naturaleza á 
la hora en que el ruiseñor de las Indias en- 
tona dulces conciertos para celebrar losiilti- 
roos rayos del sol poniente, cuya claridad 
fenece con su canto, Nara Monny vio una 
pira y se estremeció porque le habian aségu- 
radoquelos ingleses habian conseguido abo- 
lir los sacrificios terribles en qtieuná mnger 
en la ílor de su vida, espira en medio de las 
llamas sobre el cadáver de su marido, vio 
después que se acercaba una joven brami- 
na que iba á consumar la Sultia (\) é in- 
molar $n existencia en medio de horribles 



(i) Los ingleses han hecho inútiles esfuerzos 
hasta el diar paa abolir los odiosos sacrificios lla- 
mados Sultias exigiendo que la muger que se que- 
me sea con su pleno consentimiento y si se escapa 
de la pira encuentra protección en sus leyes. Mas 
estas medidas represivas han obtenido muy poco 
resultado, ¿ 



("4) 

tormentos ; por el recuerdo de un amor tal 
Tez no correspondido. Nara Mouny la co- 
nocía ya , y Jas lágrimas humedecieron sus 
ojos y á pesar de la muchedumbre que la 
rodeaba no pudo menos de acercarse á ella 
y preguntarle «si no echaba de menos á sus 
hijos». 

¿Qué quieres tu Brama? respondió ella 
tu eres el único que veo conmovido al pen» 
sar en mi suerte. Nos prometen la felicidad 
en el cielo y en la tierra nos reservan eter- 
na i nfainia, Ja elección no puede ser dudo- 
sa» y la jóvten viuda quedó por algunos 
instantes poseída de la mas profunda me- 
lancolía, «mas déjame, continuó , no me 
quedan mas que algunos instantes sobre la 
tierra y deben consagrarse á aquella que 
me debe su vida». 

Entonces haciendo que tragesen á una 
niña, recostada en una cunita perfumada 
con flores de malica, le dio mil besos y Iq 
ofreció su pecho; así que la inocente cria- 
tura acabó de beber el néctar con que tan 
sabrosamente recibía el sustento de los pe- 
chos de su joven madre, y que tan pronto 
se iba á agotar, miró á su madre con aque- 
lla dulce sonrisa que es un lenguaje celeste 
entre madre é hijo \ la bramiria la volvió á 



colocar en su cunita fijando en ella unas 
miradas en las que se leia el amor de una 
madre que daría mil vidas por su hija, y 
toda la agonía de una pobre mugerá la que 
no dejan siquiera un instante para saciarse 
de sus caricias. 

Guando la joven viuda con su amoro- 
sa sonrisa mezclada con torrentes de lágri- 
mas hubo hablado á su hija por medio de 
aquel mudo lenguaje tan entendido de ellas 
dos, hacia algunos meses, le dirigió la si- 
guiente despedida como si la pobre niña 
hubiese podido entenderla. 

¡ A Dios hija ! mañana tendrás á 
Brama por padre y por madre á la natura- 
leza que alimenta los pajaritos del campo; 
mas cuando te sonrías no será una madre 
la que corresponda á tu dulce alegría! 
-—¡Cuando llores no será tu madre la que 
enjugue tus lágrimas ! ¡que el viento apa- 
cible de la tarde las enjugue por mí!~ Di- 
cen qne voy al cielo á unirme con tu pa- 
dre, mas mi cielo se cifra en estar junto á 
tu cuna f para una madre no hay otro, ah! 
empiezas tu carrera f - tu madre ha con- 
cluido la suya. Cuando seas mayorcita hija 
roía, será preciso que aprendas á compa- 
dece^ los males de los demás ; porque este 



(ii6) 

es el destino de la muger; amar y sufrir 
para consolar. Ya que seas una bella y so- 
bresaliente joven será tu primera virtud la 
piedad consoladora que es la única cosa 
que queda á los hombres de todos los bie- 
nes que Brama les da ó la fortuna les deja 
en los dias funestos de la vida. Ea hija mia 
sonrrie siempre como lo haces ahora á to- 
dos los que te rodeen.,.. Las lágrimas mas 
solitarias guárdalas para tí: llora y ruega, 
mas lejos de los hombres. Oh] si yo hu- 
biera podido verte hermosa , acariciada y 
rodeada de amor. , te diría,- llora, en mi se- 
no y resígnate sobre mi corazón! mas tu no 
tendrás una madre y nadie te amará como 
esta te hubiera amado, Amable niña, llega- 
rá el fin de tu primavera, serás madre á 
tu vez; que tu esposo no te llame al cielo 
tan prontamente, Que no tengas que con- 
templar una sonrisa como Ja que yo con- 
templo!,... Escucha , ya me llaman, pero 
escucha bien.... Cuando seas madre di á 
tu hija. »La virtud mas santa de la muger 
es la de siempre perdonar.** 

Nara M@uny np tuvo valor para cir 
mas, y se alejó con un profundo dolor; ya 
comenzaba á navegar otra vez sobre el 
Q?Pg e s cuando llegaron á sus cidos los ge- 



míelos de la víctima con fundidos entre el 
estrepitoso ruido de los címbalos y del tam 
tam. 

Isabel, Mamá, ¿con que en esa? tier- 
ras queman á las mugeres? 

La madre, Ellas son Jas que se que« 
man hijas mías* 

Eugenia, ¡Ellas mamá! Si hijas mias 
en las tierras donde ocurrió la historia que 
acabáis de oir, una muger á quien se mue- 
re su marido se arroja á una hoguera que 
se le ha preparado para que el fuego la 
consuma * y se arroja gustosa porque va 
persuadida de que de este modo hace un 
gran bien á su marido y complace á su 
dios de tal guerte, que si deja de sacrifi- 
carse haciéndose cenizas y no quiere sufrir 
los graves tormentos que precisamente tie~ 
ne qué padecer consumiéndose por las lla- 
mas, queda deshonrada viviendo en medio 
de cuantos la conocen, 

Isabel. Áy mamá yo no quiero ca- 
sarme y que se muera mi marido antes que 
yo si he de ser quemada,» JKTumá, Hija mia, 
no, nuestras leyes y la santa religión que 
profesamos no permiten que se apodere 
de nuestro espíritu un error tan grande 
como aquel en que están las gentes donde 



. (''8). 

se queman las mugeres si mueren sus ma- 
ridos , y este es un error que se mira como 
una verdad donde la preocupación y supers* 
ticion enemiga de la religión de Jesu* Cris- 
to domina y de que debemos procurar 
huir si quiere introducirse en nuestras eos* 
tambres. 




r»9) 



EJEMPLO 

DB UNA JOVEN SORDO-MÜDA Y CIEGA 

EN EL REAL COLEGIO 

DE SORDO-MUDOS DE PARÍS. 



Se halla en dicho colegio una intere- 
sante señorita llamada Morisseau que tiene 
la desgracia de ser á la vez sorda, muda y 
ciega; se quedó sorda y por consiguiente 
muda en su mas tierna edad; pero solo es- 
tá ciega desde la edad de trece años. Ya 
habían empezado á enseñarla á leer y es- 
cribir y á conocer el valor de algunas pa- 
labras 9 cuando la sobrevino la cegueía en 
cuyo caso su educación quedó paralizada 
por algún tiempo, de modo que olvidó ca- 
si todo lo que sabia. Mas adelante siendo 
*u maestro Massieu recordó algunos de los 
conocimientos que se habían borrado de su 
memoria y adquirió otros nuevos , ya con 
la ayuda de los caracteres en relieve que se 
usan en el colegio de ciegos ya por medio 
de coloquios por los signos mímicos y con 
la ayuda del tacto. Expresa sus ideas por 
signos y colocando la mano sobre la suya, 
se le hacen sentir las formas del alfabeto 



manual. Su situación religiosa se ha desar- 
rollado mucho ejerciendo una feliz influen- 
cia en su porvenir. Desde que ha hecho la 
primera comunión , la serenidad y la ale- 
gría están pintadas en su semblante ^di- 
ce que es feliz y un dia que una de las 
maestras le preguntaba la causa, respondió 
pienso en Dios, ¡es tan bueno! La imagen 
de la felicidad futura ocupa su pensamien- 
to y alegra su coraron. Es de una índole 
apacible y sumamente curiosa por lo que 
siempre mantiene relaciones con sus com* 
pañeras; no se fastidia, últimamente invi- 
tándola á que se fuese á acostar se admiró 
que fuese ya hora, diciendo á su manera 
* el tiempo pasa tan velozmente" Esta in- 
feliz es un monumento vivo del poder de 
los sentimientos morales y religiosos sobre 
el destino del hombre. Quisiéramos descri- 
bir aquí con toda exactitud este fenómeno 
digno de excitar la admiración. 






HIGIENE. 






Del sueño y de la vigilia. 

El sueño es el silencio de los sentidos 
y de los movimientos voluntarios; depen- 
de en gran parte de la tensión moderada 
del diafragma. Las fuerzas que están acu- 
muladas en el centro epigástrico ó cavi- 
dad del estómago, se esparcen mediante él 
sueño á los órganos que se ven privados 
de ellas, y de este modo es como se des- 
cansa después de un sueño apacible y tran- 
quilo. Después de trabajos eseesivos , de 
largas meditaciones ó de pasiones violen-^ 
tas, el diafragma retiene la acción que le 
han comunicado los órganos, se fija, y -có- 
mo las fuerzas no se distribuyen á estos di- 
versos órganos, se permanece en un esta- 
co de lasitud que no permitiendo dormir; 
solo es un sueño imperfecto. Parece, pues, 
que lo que impide el sueño es el esceso 
mismo de debilidad en los órganos, y por 
eso los viejos que tienen ya agotadas éus 
fuerzas duermen muy poco, cuando los ni- 
ños, cuyas fuerzas van de dia en dia en au- 



(i 22) 

mentó, apenas hacen otra cosa mas que 
dormir. 

El sueño natural depende en gran par- 
te de una tensión moderada del diafragma; 
pero si este órgano está muy irritado ó las 
visceras epigástricas retienen demasiada ac- 
ción, el celebro, cuya actividad depende 
en gran parte del estado del diafragrha 
conserva la tensión que constituye el esta- 
do de vigilia y no se puede dormir. Asi es 
que todo cuanto sea capaz de determinar 
una cierta porción de fuerzas hacia el cen- 
tro y producir una tensión moderada en el 
diafragma causará el sueno natural. Las 
comprensiones del celebro y las alteracio- 
nes de su organización, no producen Vi- 
no un sueño moderado que termina en la 
> apoplegía. La gana de dormir que sienten 
todos los animales después de haber comi- 
do, depende de que dirigiéndose las fuer- 
zas hacia el epigastrio, en virtud de la di- 
gestión faltan en las demás partes del sis- 
tema. 

El frió da sueño, y un hombre que se 
quede dormido al raso muere por lo co- 
mún como el grado dé frió sea el ocho ó el 
nueve bajo de cero , en vez de que puesto 
en acción puede aguantar impunemente uu 



(l3t3) 

frió que señale el termómetro con el gráb- 
elo setenta por bajo de cero. Cuando el sue- 
ño es efecto de causas naturales y se guar- 
da todo aquel tiempo que necesita el cuer- 
po, restablece sus fuerzas, le pone ágil y 
le deja dispuesto á nuevos ejercicios. En el 
sueño se suspenden el ejercicio de los sen- 
tidos estemos y el de los movimientos vo- 
luntarios: el pulso es lento, la respiración 
menos frecuente que en la vigilia : el mo- 
vimiento peristáltico del estómago é intes* 
tinos mas débil. La circulación de la san- 
gre y de los humores se hace con lentitud: 
las secreciones y escreciones se disminuyen, 
y sobre tedo la transpiración: las fuerzas se 
distribuyen insensiblemente y en las debi- 
das proporciones por todas las partes: los 
nervios y los músculos recuperan su acti» 
vidad y cesa el sueño. 

La vigilia es opuesta al sueño; como que 
es la acción de los sentidos y de los movi- 
mientos libres, si es muy prolongada alte- 
ra «el orden de las funciones é impide que 
el cuerpo repare sus pérdidas continuas. 
La vigilia escesiva no es menos perjudicial 
á la salud que el sueño escesivo, pues per- 
turba el órgano de las funciones; y hace 
¡que se esfuercen los órganos que necesitan 

3 



0*4) 

descansar, poniéndolos en un estado de 
tensión sumamente perjudicial. 

La naturaleza ha destinado Ja noche 
para dormir y no hay nada mas contrario 
al orden de las cosas , y por consiguiente 
á la salud, que hacer de la noche dia. Las 
vigilias nocturnas arruinan con prontitqd 
los temperamentos mas bien constituidos, 
como lo prueba el rostro pálido y abatido 
de aquellos que hacen de la noche dia y 
del dia noche. Nadie se aparta impune- 
mente de la naturaleza; de modo que el 
que no va dirigido por sus leyes no dejará 
de padecer males : ella misma está dicien- 
do al hombre que debe descansar de no- 
che; pues el sueño es en ella mas tranqui- 
lo y profundo, todo está en silencio y los 
órganos estemos no están tan espuestos 4 
las impresiones de los objetos, como sucer 
de de dia, tiempo en que la luz, el calor, 
el frió y el ruido de varias otras causas 
afectando los órganos de los sentidos , se 
opondrán al sueño é impedirán que sea 
tranquilo y restaurador. 

La duración del sueño debe fijarse se- 
gún la edad, el temperamento 5 la estación 
y el pais que se habita. Los niños , los jó- 
venes y las mugeres deben dormir mas que 



(1*5) 

los hombres de una edad media y avanza- 
da. Los pituitosos deben dormir menos que 
los biliosos y atrabiliarios, y los gordos me- 
nos que los flacos. En invierno se duerme 
mas que en ninguna estación. En tiempo 
caliente y seco se debe descansar y dormir 
mas que en caliepte y húmedo; porque se- 
gún notó yp Hipócrates el sueño humede- 
ce al cuerpo y la vigilia le deseca. La es- 
cuela de galerno \i§ áicho y *$ep(em &órr 
mire saf est juvwi seriique" dormir siete 
horas es suficiente al viejo y al mozo* Ma§ 
Otros doctores no aprueban este consejo y 
dicen, que el viejo no necesita dormir tan- 
to como el joven, que al primero le bas- 
tan seis ó siete horas mientras que el se- 
gundo necesita de ocho i nueve, Otros han 
notado que los individuos mas viejos ha- 
bían sido grandes dormilones, dormían ca- 
da noche de diez á once horas» y les iba 
perfectamente. 

La siesta ó sueno después de comer es 
provechosa á los que se levantan muy tem- 
prano , y debe ser á lo mas de una hora, 
En los países calientes es útil la siesta por 
razón de libertarse con ella los hombres 
del calor del mediodía y porque el sueño 
dirige á la región epigástrica parte de las 



(1*6) 
fuerzas necesarias para la digestión que se 
hallaban por razón del calor en el órgano 
esterno. Lo mejor de todo es privarse de la 
siesta , acostarse temprano y levantarse de 
madrugada. 




MORAL. 

Del ainor fraternal. Deberes mutuos de 
los hermanos. 



Qué dulces, qué rápidos son 
los momentos que los hermano* 
disfrutan en sus tiernos años, bajóla 
protección de sus ancianos padres. 

{Chateauhianf). 



Un hermano!,.. Es mas que un amigo, 
es una parte de nosotros mismos, hay en é! 
un sentimiento de afecto particular que 
participa de la piedad filial * aunque con 
mas libertad y menos respeto. El hermano 
menor paga al mayor con su cariño la 
protección que esté le concede. Esta dulce 
igualdad que reina entre los hermanos, es- 
ta -feliz intimidad, la costumbre de estar 
juntos, todo concurre á entretener en ellos 
aquella deliciosa harmonía producida por 
la misma sangre, la cuna y el mismo gene- 
ro de vida. Esta simpatía es tan fuerte y tan 
natural que hace sean muy raros los asesi- 
natos entre hermanos y si la historia hace 
mención de Eteocles y Polinice también 
nos muestra por otra parte dignos egem- 



píos, y la tierra unión de muchos herma- 
nos aun sobre el mismo trono como Luis 
y Gariomaíi. 

Este nombre hermano excita en la edací 
madura los mas dulces recuerdos pues es pre- 
sa la felicidad y la existencia de familia. El 
que tenga la desgracia dé perder á los auto- 
res de sus dias, 6 experimentar algunos re- 
veses de fortuna á quien hallará capaz de 
tnitígar sus penas ^ de consolarle y reani- 
mar sus esperanzas? Regularmente es ira 
hermano. Un hermano, según la espresiori 
de un amable poeta es un amigó dado por 
la naturaleza. Que dignó de lastima es el 
que desconoce este don precioso, que pla- 
ceres Sé reitsa. ¿Adonde hallará uú confi- 
dente mejor á quien confiar sus penas? 
Los hermanos primogénitos participan en 
cierto modo de los deberes de los hijos : sos- 
teniéndose en el camino de la. vida» deben 
amanse y auxiliarse mutuamente. 

Que desgracia para ün hermano ó herma- 
ha el tener ojtró que se porte mal con ellos. 
En este caso es precisó armarse de toda la 
paciencia y lio Volver mal por mal, pues con 
esto no se conseguiria que el estraviado en- 
trase en sus deberes. 

Para el primogénito es un deber y al 



( ía 9) 
mismo tiempo un placer el ser un segundo 

padre cielos otros hermanitos, ayudarlos, 
protegerlos y darles buen ejemplo. El mas 
joven debe recompensar estos desvelos con 
su afecto y reconocimiento. Los hermanos 
unidos forman una liga que resiste á los 
mas poderosos esfuerzos \ la familia pros- 
pera porque traba jando de concierto dos ha- 
cen mas que cuatro que trabajan separados; 
Si un brazoóuna pierna no ayuda á la otra 
mal podremos andar ó trabajar- Ved la vi- 
vienda construida por todas las hormigas que 
se entienden y obran en común y es uu 
trabajo prodigioso. Mas dispersad la famW 
Ka y no se verá otra cosa que miembros 
aislados y pobres. Tenganse presen- 
tes estos beneficios originados de la ben- 
dición que Dios concede á la unión y afec- 
to fraternal. Este afecto que empieza casi 
con la vida es Uno de aquellos que deben 
sobrevivir á todos los demás sino se rompe 
violentamente por algún vicio ó por funes- 
tas disensiones y aun en este ultimo caso 
quedan los vínculos de la sangre que nada 
pueden y que pueden estrecharse tarde ó 
temprano. He visto mas de un egémplo de 
reconciliaciones obradas per ellos. Si dos 
hermanos desunidos se encuentran después 



(i3o) 
de largas discordias hay una fuerza interior 
que los inclina unoacia otro y si uno deellos 
abre involuntariamente los brazos, el otro 
se precipita en ellos y sus dos corazones 
quedan unidos. Y comohahian de resistir 
á los recuerdos de la infancia que se presen- 
tan de repente á su espíritu, los juegos de 
la primera edad, el hogar paterno, las cari- 
cias en el blando regazo de una madre y la 
indulgencia del padre que ha olvidado tantas 
faltas; estos pensamientos, como no han de 
hacer palpitar á un corazón que no esté del 
todo pervertido, como no ha de renovar en 
él, los primeros efectos que ha sentido? 
Un acídente o un obstáculo puede di- 
vidir por algún tiempo las aguas de un 
ai royuelo , ma$ asi que se ven libres , su 
inclinación natural las mueve á reunirse y 
correr juntas, Hay tanta mas fé en el poder 
de los vínculos de la sangre cuanto que 
hacen sentir su influencia aun entre parien- * 
tes que están mas distantes que los herma- 
nos. Solo el titulo de pariente da derecho 
al reconocimiento pues parece que en una 
necesidad, en ellos se ha de encontrar ayu<- 
da y asistencia mirando los intereses como 
de familia. A$i ? Dios ha ordenado las cosas 
maravillosamente, que nuestro bien y pros- 



peridad están siempre conjuntos con el 
cumplimiento de nuestros deberes y nues- 
tra felicidad pende de ser buen pariente ó 
buen hermano. 

Los antiguos habían establecido la 
máxima deque era rara la concordia entre 
parientes, mas la máxima contraria es mas 
verdadera en el dia. Los Caines ^on muy ra- 
ros y caria dia van desapareciendo las anti- 
guas enemistades de familia originadas de 
la barbarie de los siglos pasados. Cada una 
juzga una locura el romper con unos seres 
á los que se debe sienlpre estar unido, ¿á 
quien se hade hacer bien sino se hace á un 
hermano ó hermana?. Que no cesen de man- 
tener aquella, mutua armonía que consti- 
tuye su felicidad , que sean indulgentes, 
que eviten toda injuria, toda querella, 
toda disensión entre sí. Lo que un hermano 
posee superfluo es el patrimonio de su 
hermano que se halla necesitado. Una her- 
mana en el infortunio es casi una madre 
y nadie puede oir con indiferencia la tier- 
na voz de una hermana, de aquella amable, 
inocente y constante amiga de nuestra 
niñez ? Ah ! cuando se ha mamado la 
misma leche y se ha dormido en una mis- 
ma cuna , cuando la naturaleza ha impreso 



la semejanza en los semblantes y los dotes 
en el alma , es difícil, es imposible aborre- 
cerse. La amistad entre los hijos de un mis- 
mo padre no es una inclinación cualquiera 
que seamos dueños de seguir ó no ; es un 
precepto de la naturaleza, Bernardino de 
St. Pier re, dice, de todas las amistades nin- 
guna hay que pueda compararse á la amis* 
tad fraterna. 




PAGAR EL MAL CON EL BIEN. 



Hijos míos* la mas hermosa , la mas 
noble y la mas difícil de todas las virtudes, 
es el nacer biert á nuestros enemigos. El 
que tiene VaíoiV para hacer bien al que no 
le hizo fcino mal ^ encuentra fácil el ejer- 
cicio de todas las cíenlas virtudes Sin duda 
que parece casi imposible teneí inclina- 
ción á hacer jbien á aquel que no se ocupó 
sino en hacernos maK Hacadle bien no obs- 
tante; reprimios hasta ese punto y bien pron- 
to os alegrareis de haberlo hecho; entonces; 
conoceréis todo el precio de la victoria que 
habéis ganado sobre Vosotros mismos; os 
estimareis en mas y tendréis derecho á ello, 
Aderttas Os habréis vengado de vuestro ene- 
migo del modo mas noble y de la manera 
única que es permitido vengarse; al mismo 
tiempo lanzareis de vuestro corazón el en- 
cono \ y os contemplareis de tai modo supe- 
riores á vtiestro enemigo,, que ya no po- 
dréis aborrecerle. Si su corazón no está en- 
teramente depravado * no podrá menos de 
haceros justicia v y aun de tener hacia vos- 
otros en adelante tan buenos sentimientos^ 



(i3 4 ) 

como malos eran los que antes había, teni- 
do: si no viene á buscaros, parecerá mas 
despreciable á los ojos de todos. En, fin el 
apólogo siguiente grabará para siempre en 
vuestras almas ¡a nobleza de este senti- 
miento generoso. Un padre de familia, car- 
gado de años y de riquezas, quiso arreglar 
de antemano la sucesión, y dividir entre 
sus tres hijos el fruto de su trabajo. Des- 
pués de haber hecho tres partes iguales; 
"toe queda, dijo, un diamante de gran pre- 
cio , lo destino á aquel de vosotros que 
sepa merecerle mejor por una acción noble 
y generosa; y os doy tres meses de término 
para obtenerle." Se dispersan los tres hijos: 
vuelven á reunirse al tiempo prescrito, y 
el mayor cuenta lo que sigue: 

Padre mió, en mi viage hallé á un estran- 
gero que sé veia en circunstancias que le 
obligaron á confiarme toda su fortuna; 
rio tenia seguro alguno mió por escrito, 
ni hubiera podido producir prueba, ni el 
menor indicio del depósito ; mas jó 
se lo volvi fielmente: esta fidelidad ¿no es 
una cosa digna dé elogio? Tu hiciste lo que 
debias hacer: el que fuese capaz de proce- 
der de otra manera , debería morirse de 
vergüenza, porque la probidad es un deber: 



tu acción es de justicia , mas no de genero- 
sidad. 

El hijo segundo se esplicó en estos tér- 
minos: yo me encontré, durante mi viage, 
á la orilla de un lago, en donde acababa 
de caerse un niño , que se hubiera ahoga* 
do sin mi: le saqué, y le salvé la vida en 
presencia de los habitantes del lugar : ellos 
podrán testificar la verdad del hecho. Sea 
enhorabuena , interrumpió el padre ; pero 
en esta acción no hay mas que humanidad. 

En fin, el último de los tres hermanos 
toma la palabra: padre mió, dice, yo en- 
contré á mi mayor enemigo que estraviado 
en la oscuridad de la noche , se habia que- 
dado dormido á la orilla de un abismo; 
al menor movimiento que hubiera hecho 
al tiempo de despertar no podia menos de 
precipitarse: su vida estaba en mis manos y 
por lo mismo puse todo cuidado en des- 
pertarle con las precauciones convenientes 
y le saque de este fatal peligro. 

¡Ah hijo mió! esclamó el buen padre 
Con entusiasmo y abrazándole 9 á tí sin dis- 
puta es debido el diamante. 



BIOGRAFÍA. 



Hortensia, hija de Hortensia famoso ora^ 
dor romana 9 se distinguió por su elocuen- 
cia en una ocasión memorable. Los triun- 
viros, magistrados de Roma, habian impues* 
to cierta contribución á las damas para 
acudir á una necesidad pública. Sea que la 
cuota fuese demasiada ó que las damas no 
quisiesen pagarla, murmuraron mucho y 
resolvieron obtener su abolición. Mas te- 
miendo qqe el abogado á quien encargasen^ 
6u causa , fuese parte interesada, determi- 
naron escoger entre ellas mismas para es- 
te empleo á la que juzgasen con mas ta- 
lento y la elección, recayó en Hortensia Esta 
se presentoante eltribnnal de los triunviros 
con la mayor entereza y hablando en favor 
de sus conpaneras, hizo valer sus intereses 
con tanta energia y elocuencia que obtuvo 
la rebaja de una gran parte deja cuota, 

Madama Leprince Beaumout: No se 
puede hacer mayor elogio de e»ta señora 
que el decir que sus obras andan en ma- 
nos de todo el mundo. H6 aqui los títulos 
de sus principales produciones. El triun- 



(»3 7 ) 

fo de la verdad. Educación completa. El ai- 
macen de los niños. El nuevo almacén &c. El 
almacén de las jóvenes adolescentes y la ins- 
trucción á las señoritas que entran en el 
mundo, qqees continuación de la obra prc* 
cedente. Cartas de Madama de Montier. Car- 
tas diversas, 

Todas estas obras reúnen ademas del recreo, 
de la delicadeza y sencillez del estilo, una 
fecundidad de invaginación, una elección 
admirable de asuntos y una sabia econo- 
mía de moral todo al alcance de los jóve- 
nes lectores á quienes quiere instruir, 

i. a Al principio de la minoridad de 
Don Enrique I gobernó el reino Doña 
Berengela su hermana mayor, é inmediata 
sucesora, con tanta felicidad, que nuestros 
historiadores no hallan espresiones para 
ponderar su buen gobierno. Ella reunió á 
las virtudes características de su sexo, 
otras las mas recomendables para man- 
dar con acierto, cuales eran una gran 
prudencia en los negocios , mucho celo por 
k justicia , con que entrenó á los malos y 
sosegó á algunos señores que gustaban de 
bullicios; favoreció á los virtuosos y le- 
trados, y contribuyó con sus propios bie- 
nes á los gastos públicos» 



EDUCACIÓN DEL BELLO SEXO. 



ARTICULO 5 o . 

La vigilancia activa que se debe egercer 
en la casa no es por cierto la cualidad do- 
minante de muchas señoras de alta clase 
que creerian envilecerse mezclándose en 
los pormenores de aquella y en enmendar 
á un criado que sea mas exacto en el cum- 
plimiento de sus deberes. Yo quisiera que 
estas mugeres tan negligentes y orgullosas 
hiciesen un viageá los paises estrangeros y 
verían qqe la limpieza puede pasarse sin el 
lujo, mas no el lujo sin la limpieza. Mas 
como no se puede verlo todo ni estar en 
todas partes, es necesario elegir buenos 
criados y después de escogidos no dejarlos 
de la mano de modo que siempre se con- 
serven mas atentos en el cumplimien-* 
to de su obligación. Como es imposible 
á una ama de casa juzgar por sí mis- 
ma del carácter, costumbres y duali- 
dades de un criado que se presenta á 
su servicio, importa mucho asegurarse 
de antemano por informes exactos é 



O 39) 

im parciales. No debe fiarse de las recomen- 
daciones interesadas de personas conocidái, 
porque suele acontecer que, ya sea por 
humanidad ó bien por reconocimiento, dan 
buenos informes de un criado al que sin 
embargo no quisieran admitir á su servi- 
cio. 

Otras veces por motivos de curiosidad 
procuran que queden recibidos para saber 
lo interior de Jas casas. El modo de juzgar 
bien de las personas de uno y otro sexo 
que se admiten á servir es informarse isi 
han estado sirviendo á un mismo amo du- 
dante mucho tiempo, y por su muerte ó por 
algún viage se ven obligadas á buscar otra 
colocación, entonces se pueden presumir 
sus buenas circunstancias, y mucho mas si 
«us amos eran personas de categoría y pro* 
bidad. Si el caso es diferente, es decir que 
ha servido en muchas partes, entonces no se 
debe hacer caso de los certificados que trai- 
gan, sino ir en persona á tomar informes 
de las personas á quienes ha servido. Una 
sencilla conversación decidirá mas que 
todos los certificados del mundo, porque no 
tendrán reparo en decir cosas confidencial- 
mente que no se pueden confiar al pa- 
pel. 

4 



(i4c) 

Ik confianza que debemos tener en ui* 
criado, es decir en una persona testigo de 
riuestras acciones y algunas veces deposi- 
taría de nuestros secretos, nos obliga á to- 
mof las precauciones mas severas antes de 
recibirle en nuestra casa. Ya que esté re- 
cibido á pesar de los buenos informes que 
hayan dado, no se les debe dejar entera- 
mente de la mano, pues tal vez sus buenas 
cualidades las debe al cuidado que tenian 
con él én la otra casa , y pronto se he- 
cha ria á perder si advertía que susnuevos 
señores no reparaban en su conducta. Asi 
es para nosotros un deber indispensable 
inclinarle á la piedad y á la virtud con 
nuestros egemplos , cuidar de que cumpla 
con las obligaciones que el cristianismo 
nos impone; porque sus principios religio- 
sos y sus buenas costumbres soq tas mas 
éeguros garantes de su fidelidad que pode-, 
mos tener. Estemos seguros de que si 
cump'e bien sus deberes para con Dios se 
mostrará celoso en cumplir los que con 
nosotros han contraido. En el comporta- 
miento con los criados debe observarse un 
termino medió, asi como no es justo des- 
preciarlos^ tampoco es buena la familiaridad 
con ellos, y no se debe imitar á aquellas 



mugeres imprudentes que nada ocultan á 
sus criadas. ¿Que autoridad se puede con- 
servar sobre una persona asalariada á quien 
se ha tratado como á un igual y á la 
que se han hecho confianzas de amigo ? 
Ah! bien pronto en lugar de mantenerse 
á una distancia respetuosa , se aproximará 
tanto que será imposible alejarla y tal vez 
llevará la insolencia hasta tal punto que 
abandone una parte de sus ocupaciones, 
tengamos que hacerlas nosotros, y pagarle 
su salario. 

No serán estos los únicos consejos que 
dé yo á mis lectoras, mi único deseo, el 
mas ardiente de mis votos es proporcio- 
narles la felicidad doméstica que tanto se 
merecen. 

(J*e continuara). 



EDUCACIÓN PRIMARIA* 



ARTICULO 4,* 

La esfera en que viven los discípulos, 
se debe ensanchar en lugar de reducirla* 
Se ha de procurar por su bien obtener ven- 
tajas de todo, hasta de su trato ligero con 
otros niños mal educados ó de toscos mól- 
dales, acostumbrándoles de esta suerte á 
conocer eí mal y sus resultados, mas ó me- 
nos funestos: para precaverse del veneno, 
es menester distinguirle entre las otras sus- 
tancias. Sometiendo este pasajero é inevita- 
ble roce á una activa vigitaneia , aprende- 
rá insensiblemente á hacer la oportuna di- 
ferencia entre las buenas y l^s males cuali- 
dades, y á preservarse de los malvados y 
perversos que encontrará tan á menudo en 
la sociedad. 

Acostúmbrese al niña á espresarse con 
claridad en todo lo que diga. Si se le quie- 
ren enseñar muchas cosas á Ja vez, las a- 
prenderá mal, ó no aprenderá nada: ocúpe- 
seles mas bien del fondo de las cosas que 
de las formas ó apariencias. 

Empléense todos los resortes del talen- 



. 043) 

to y de la previsión para que se desarrolle 

en ellos aquel espíritu que concibe y ordena 
y el que aplica y rgecuta ; el primero ca- 
racteriza á los teóricos 5 y el segundo á los 
prácticos. Hay hombre que concibe ideas 
generales, pero que le falta el ingenio para 
los detalle* de egecucion, y otro excelente 
para los pormenores, le falta la fuerza de 
invención , ó sea el genio y las ideas gene- 
rales; el que reúna lo uno y lo otro, rea- 
lizará felizmente todos sus proyectos. 

Todo lo que pertenece al orden moral 
y á los usos de la sociedad no debe presen- 
tarse al instante al niño, porque aun no es- 
tá en estado de entenderlo. Así mismo se 
debe procurar que adquieran fuerza antes 
que finura y gracia , es menester asegurar 
los cimientos y las paredes de un palacio an- 
tes de hermosear la portada, La gracia es á 
la fuerza como la hermosura á la bondad. 

Hágaseles comprender que el cuidado 
que deben tener de la limpieza y aseo no 
debe ser inspirado por la vanidad, sino 
fundado en el interés de su salud, en el res- 
peto que el niño se debe á sí mismo, y en 
el sentimiento natural de la decencia, na- 
da de vanidad, nada de ostentación. Procu- 
rar que se conserven sanos de cuerpo , de 



corazón y de espíritu, y do que parezca que 
lo están. ¡ Cuántos maestros hacen precisa- 
mente lo contrario! La educación debe se- 
guir á la naturaleza en su marcha arregla- 
da y progresiva: la naturaleza nunca se pre- 
cipita- A pesar de las preocupaciones de 
ciertos padres ansiosos de gozar fuera de sa» 
zon de los progresos de sus hijos , nunca 
ha de acelerarse el paso, si es que no se les 
quiere dar tan solo un barniz brillante, pro- 
pio para seducir y engañar por el pronto. 
Esto no impide que se escuchen las obser- 
vaciones de los padres de familia , aprove- 
chándose de sus consejos cuando parezcan 
sabios y útiles. Nada debe desperdiciarse en 
la educación, en especial de aquellos niños 
que descubren malas inclinaciones. Toda la 
maestría consiste en disponer Jas cosas de 
un modo que de un carácter, cuyos prime- 
ros delineamentos aparezcan desagradables 
y feos, no quede otra cosa que una inflexi- 
bilidad de principios, una npbleza de serir 
timientos, y una energía infatigable que en 
todo caso les hagan superiores á cualesquier 
revés de la suerte. 



(i 4 5) 
DE LA EDUCACIÓN DOMESTICA 

V DE LA 

EDUCACIÓN PUBLICA. 



La cuestión de prefereneia entre estas 
dos especies de educación se suscita diaria- 
mente aun con ardor. Nosotros opinamos 
que para resolverla con acierto se debe ele« 
gir un término medio , es decir combinar 
los elementos de la educación doméstica ó 
de familia, con los dé la educación públi- 
ca ó social á fin de evitar en lo posible los 
inconvenientes de la una y de la otra en 
particular. Es menester que á las apacibles 
virtudes que se adquieren en la educación 
doméstica, se reúnan las adquiridas en la 
vida publica y social. En la educación 
de familia los niños están mas al abrigo 
del contagio de las malas costumbres, mas 
la educación común ofrece mas medios 
¿de cultura y de instrucción de las muchas 
relaciones que ella entretiene, nace aquel 
rozeque suaviza la aspereza de su carácter 
y por el que desaparece aquella corte- 
dad que conserva aun en su edad adulta, el 



(i46) 

niño que se ha educado siempre bajo el te- 
cho paternal. Lo mejor es que se sometan 
sucesivamente á la educación doméstica y 
pública/ 

Los efectos de familia son buenos sin 
duda y se deben fomentar en los niños, mas 
nada puede reemplazar los saludables efec- 
tos que resultan de la frecuencia diaria de 
un gran numero de individuos de diversa 
edad, índole y circunstancias. Los niños 
educados en Jos establecimientos públicos 
adquieren conocimientos que los pueden 
ser útiles en el resto de su vida. Se condiir 
cen por sí mismos en la sociedad, mientras 
que es preeisp conducir á los que han esta- 
co siempre al lado de sus padres. Se habi- 
túan mejor á los deberes recíprocos, que son 
la base de la sociedad , los que han estado 
reunidos en gran número y han sido go- 
bernados por unas mismas leyes. Los hom- 
bres mejor educados son los que primera- 
mente se han instruido con las impresiones 
benéficas de la educación doméstica y han 
acabado de formarse en la admósfera de la 
educación pública. 



047) 

HISTORIA NATURAL 



De la rosa. 



Yo quiero cantar la estación nueva 
coronada de flores y la rosa de la prima- 
vera. Amigos, acompañad mi canto. La 
rosa es el puro aliento de los dioses, la aJe- 
gría de los mortales , el mas bello adorno 
de las gracias en la estación florida de los 
amores y las mas caras delicias de Venus. 
Ella causa todo el desvelo de los poetas, 
las musas la hallan llena de atractivos co- 
giéndola en medio de las espinas. ¡Qué 
agradable es tener en la mano esta flor 
consagrada á Jos amores y respirar su dul- 
ce fragancia ! La rosa es deliciosa en las 
mesas , en los festines y en las fiestas de 
Baco. /Qué cosa hay buena sin las rosas? 
En el lenguaje de los poetas ía Aurora se 
presenta con dedos de rosas, las ninfas con 
brazos de rosas, y Venus de color de rosa. 
La rosa es útil á los enfermos, sirve para 
embalsamar los muertos; resiste Ji\ tiempo 
y conserva siempre su primer olor hasta 
te vejez. Hablemos ahora de su origen: 



fe. . 

cuando la mar produjo de su espuma en 
sangrentada á la hermosa Venus y la mos- 
tró brillante sobre sus tranquilas ondas, 
cuando Palas que se complace en el ruido 
de las armas, splió armada de la cabeza de 
Júpiter , entonces esta flor nueva y bri- 
ilknte embelleció la tierra. Todos los dio- 
ses quisieron contribuir á su desarrollo, y 
pegándola con su bebida, al momento esta 
agradable flor se elevó magestuosamente 
sobre su tallo, espinoso. 

A estas palabras de Anacreonte se pue- 
den añadir otras muchas de diversos auto- 
res que á porfía alaban á la rosa. Plinió la 
llama reina de las flores y adorno de los 
jardines. En todo tiempo esta flor encan- 
tadora ha sido objeto de las mas risueñas 
ideas, de las comparaciones mas tiernas y 
de los emblemas mas voluptuosos. Los poe- 
tas siempre se han quejado de la corta du- 
ración de esta amable flor, que semejante 
á la hermosura, el mismo astro que la ve 
florecer por Ja mañana la encuentra por la 
noche consumida por la vejez, Pronta á se- 
carse al viento mas ligero la han hecho 
emblema de la inocencia y la virginidad. 
Catulo se ha servido de esta comparación 
con njucha gracia y delicadeza en su epi- 



. p. - 

¿alarmo dé Manlio y de Junia ; y ha sido 
imitado por Ariosto, Ercilla, Camoens, Ad* 
dison y otros. 

j En otros tiempos la rosa adornaba él 
carro de triunfo, la fiesta nupcial y la urna 
fúnebre. Las rosas son también el símbolo 
del amor y del placer ; los amantes felices 
están unidos con cadenas de rosas, y los 
pintores y poetas ciñen de rosas á las gra- 
cias, á las ninfas y á las pastoras. Los ro- 
manos tenían mucha pasión por las rosas 
y hacían- gastos considerables por tenerlas 
en el invierno, en el tiempo mismo de la 
república no estaban contentos, dice Paca- 
to, si aun en el invierno no nadaban las 
rosas sobre el vino falerno que les presen- 
taban , las copas, la frente de los convida- 
dos y la sala del convite estaban llenas de 
rosas. Horacio nunca las olvida en las des- 
cripciones de sus convites agradables, la 
mas dulce recompensa del amores una ro- 
sa, la que como la mas bella de las flores, 
fue consagrada por la antigüedad á Venus, 
madre de los placeres, la mas bella y agra- 
dable de las diosas. 

Ningún arbusto pued^ competir con 
el rosal y sus flores por su elegante forma, 
suave olor y efecto pintoresco? deben con- 



(i5o) 

Servarle con justo título el primer rango 
en nuestros jardines, en los que se emplea 
para toda clase de adornos. En todas par- 
tes se halla bien colocado, ya sea en las 
platabandas ó ya mezclado en los bosques- 
cilios con otros arbustos de flores. Tam- 
bién se pueden guarnecer de rosales los 
cuadros enteros , y dejándolos crecer sola-*- 
mente hasta los tres pies de altura. Mas si 
se quiere sacar todo el partido posible de 
este arbusto es preciso mezclarle entre jaz- 
mines y otras flores, sin permitirle que pa- 
se de dos ó tres pies de elevación. 
^ Los jardineros florista* cuentan hasta 
cien variedades de rosas, de las que una 
tercera parte solo da flores sencillas. Los 
colores de las rosas son cuatro principa- 

1*1111 
es, amarillo, blanco , rosa verdadero y 

rojo. Amarillas hay muy pocas , blancas 
abundan algo mas , y un gran número de 
rojizas y de su verdadero color. En estos 
dos últimos colores hay muchas varieda- 
des, desde el claro color de carne hasta el 
encarnado mas subido, y desde el rojo muy 
decaido hasta la encendida púrpura. Mayor 
variedad hay todavia en la estructura de 
los rosales , en el olor de las flores, en su 
tamaño y en la época de su desarrollo. Hay 



rosales sm espinas, otros que están siem- 
pre verdes, unos cuyas hojas exbalan un 
olor agradable, otros que las tienen mo- 
teadas. Hay rosales con las flores serai par- 
tidas, algunos que las tienen prolíferas, es 
decir, de cuyo seno sale segunda flor; las 
hay también que florecen dos veces al año, 
otras que duran cari tpdo él, y otras en 
fin que solo se entreabren. Ningún arbus- 
to reúne diferencias tan singulares, tan 
variadas y tan interesantes. El rosal sólo 
puede formar una colección numerosa , en 
la que cada dia de primavera, y aun pu- 
diera decirse de todo el año , se encuen* 
tran cosas gratas y nuevas. 

Los griegos, según dice Plutarco, ha- 
bian dado á la rosa el nombre de rodos, 
por su olor delicioso, los latinos rosa, los 
árabes nard y naron. Se conoce en Ale- 
mania y Francia con el nombre de rose, 
en Bohemia con el de rousa , en Inglater- 
ra rose, en Holanda roozen, y en España 
é Italia con el de rosa. 

Se han empleado diversos medios para 
clasificar y distinguir las diferentes espe- 
cies de la rosa, unos, como Plinio el natu- 
ralista, las han divido en silvestres y -.do- 
mésticas i otros, como Teofrasto, se han ser- 



(i5a> 

vido del mayor ó menor numero de sus* 
hojas , de su disposición , de su superficie, 
de su color y olor ; Linneo ha formado su 
primera división de las rosas por la forma 
del botón, que considera como oval re- 
dondo ó arredondeado. Por lo demás á mm 
tacion de Teofrasto, de Bouline , de Tour- 
i^efort , y como lo han adoptado después 
Jussieu , Goüan y Lamark , con otros cé- 
lebres botánicos; se sirve para caracteres 
secundarios de la forma y número de las 
tojas , del porte de las plantas y del color 
de los pétalos. 

Al adoptar el plan del célebre natura- 
lista de Üpsal, no por eso nos limitaremos 
a hablar de él solamente. Tournefort colo- 
ca la rosa en la octava sección de la clase 
veinte y una de árboles y arbustos con flo- 
res rosáceas y la llama rosa. Linneo con- 
serva la misma denominación y la coloca 
en la icosandría, poligínia, es decir, entre 
las flores, cuyos estambres numerosos es- 
tan adheridos al cáliz , y que tienen igual- 
mente un gran púmero de pistilos. 

Es bueno saber que en el sistema 
sexual de Linneo, los estambres son los ór- 
ganos masculinos, y los pistilos los feme- 
ninos , y que se llaman hermafroditas las 



(i 53) 

plantas que reúnen ambos sexos como la 
rob\ También se debe saber que en la bo- 
tánki solo se conocen las flores simples, 
porque las compuestas ó por mejor decir' 
las dobles solo son resultado del cultivo, y 
se llaman monstruos, pero estas especies 
neutras son las mas lindas y que mas pom- 
pa manifiestan, porque todos los estam- 
bres están sustituidos por petalos. 

El cáliz de la rosa está formado por 
«na hoja dividida en cinco partes , la in- 
ferior es carnosa , globulosa y campanifor- 
me, los segmentos son laminpsos, dos tie- 
nen alternativamente apéndices á los lados 
y los otros dos carecen de él, el quinto 
unas veces tiene uno solo y otras ninguno. 
La corola Se compone de cinco pétalos 
ovales acorazonados é insertos en el cáliz. 
El pétalo, que es la parte colorada de la 
flor, se divide en lámina, que es toda la 
estension de su aparte superior, y en uña 
que es la parte inferior por donde está ad- 
herido al cáliz. Esta flor "tiene muchos es- 
tambres cortos capilares insertos en el cue- 
llo del e^liz y terminados por anteras de 
tres ángulos ; tiene muchos gérmenes si- 
tuados en el íondo del cáliz , y cada uno 
con un estilo corto, belloso, coronado por 



(iS 4 ) 

un stigma obtuso. La base carnosa del cá- 
liz se cambia después en un fruto colorado, 
persistente, coronado, en el que están con- 
tenidas las simientes oblongas, bellosas, y 
fijadas á los lados del cáliz. Los tallos es- 
tan por lo regular guarnecidos de aguijo- 
nes, y las hojas son aladas y con una ho- 
\a impar. 

En otro artículo se hablará de las va- 
riedades, cultivo y virtudes de las rosas. 




LA ROSAv 



Apólogo* 



La purpúrea rosa que oculta largo tiem- 
po en el jardín entre las verdes hojas, re- 
posa durante la noche solitaria é ignorada, 
sobre su tallo maternal , se eleva fresca y 
risueña asi qii€ ve brillar hacia el oriente 
los rayos del sol; á la vista de este astro 
encantador , abre sus pétalos colorados y 
odoríferos, en los que la diligente abeja 
viene susurrando á absorver las lágrimas 
de la aurora* Mas entonces si una mano 
discreta no tiene cuidado de cogerla, si so- 
bre su tallo casi seco esper i menta los colo- 
res del mediodia , la estrella brillante de 
la tarde la encuentra sin color y sin vida, 
y el viajero atónito no adivina si aquello 
fue una rosa. 

Tal es una joven virgen mientras que 
custodiada por una madre tierna y vigilan- 
te, cierra su corazón á los amorosos de- 
seos; mas si las voluptuosas miradas de na 
joven amante encienden en su seno los fue- 
gos del amor, y si discreta y temerosa se ve 

6 



(i 56) 

tensada á disimular los tormentos que pa» 
dece , ¡infeliz! se consume y pierde su her- 
mosura , y para siempre vuela lejos de ella, 
la florida estación de los amores. 



Décima de un joven á una señorita que lé 
dio una jtor , cuyas hojas por fuera 
eran rosadas y por dentro blancas. 

Señora, es tu fiel pintura 
la florecita graciosa ; 
por fuera color de rosa 
por dentro candida y pura : 

Asi la sabia natura 
engalanó tu beldad* 
con prendas en esta edad 
escasas sobre manera; 
la vergüenza por de fuera * 
por dentro la honestidad. 



0*7) 

GEOGRAFÍA. 



El padre. Eugenio « dime algo de no- 
table acerca de la Escocia. 

Eugenio. Esta parte de la Gran Breta* 
ña, que los antiguos llamaban Caledonia, 
confina con la Inglaterra del N. E; al S. O. 
desde la embocadura de Tweed hasta la 
del Sark en el golfo de Solway , siguiendo 
el Tweed hasta Carkam, llegan al Cheviot- 
hill, continúan por la cumbre de los mon- 
tes Cheviots hasta las fuentes del Jed , se 
junta al Lddel^ al cual acompaña por es- 
pacio de a á 3 leguas hasta su confluencia 
con el Esk> y termina al encontrar el Sark. 
Los demás límites de la Escocia lindan con 
el mar; al E. con el del norte, y al N. y al 
O. el atlántico (4 fichas]. 

El padre. Alejandro ¿que hay que no- 
tar en la parte mas occidental de la Es- 
cocia ? 

Alejandro. Que las aguas del atlántico 
*se han ido internando de tal modo por to- 
das estas partes y formando infinitas penín- 
sulas de las que hablaremos otro dia , de- 
teniéndose al pie de sus elevadas montañas 



(i 58) 
como sino las hubieran podido forzar ni 
destruir y dejándolas casi aisladas. 

El padre. ¿Y sucede lo mismo en la 
parte oriental? No señor, todo lo contra- 
rio, en esta parte no se halla ninguna isla 
y las penínsulas Tarba, Cromarty y Fif$ 
no son mas que otros tantos promontorios 
formados por ramificaciones muy marcadas 
de las cordilleras que cubren la Escocia, 
(3 fichas). 

El padre. Isabel ¿como evalúan la su* 
perficie de este reino? Por su mayor an* 
chura, tomada desde Peterhead hasta Ap* 
plecros tiene 44 leguas, y su mayor estén- 
sion d^ N. á S. de 77* su superficie Cua- 
drada la dan algunos en 3,900 y según una 
noticia que se presentó al consejo de agri- 
cultura su cálculo no subía mas que á 2,45 1 
leguas ó en 7,666,40© hectáreas inclu- 
sas las islas: las 2,041,020 cultivadas, las 
5,625, 1 20 sin cultivo, y 260 ocupadas por 
los r o; y los lagos que son en gran núme- 
ro especialmente en la parte septentrional; 
ofreciendo las vistas mai pintorescas el con- 
traste de la multitud de lagos con la dispo- 
sición de sus rocas y montañas coronadas 
de bosques en sus cimas , pero de todos 
ellos los que merecen particular menciou 



(i5y) 

son el Lochy y el Ness, que parece que 
estaban destinados por la naturaleza á unir 
el mar del norte con el atlántico -atrave» 
6ando la Escocia, y el arte lo ha realizado 
por el canal Caledonio reuniendo los dos 
mares y este canal y el de Forth y Clyde 
marcan los límites de las tres divisiones 
naturales y muy distintas de la Escocia 
en* Meridional 9 Central y Septentrional 
(6 fichas). 

JE l padre. Enrique, ¿en cuánto* con- 
dados se divide la Escocia? 

Enrique. En treinta y tres, cuyos nom* 
bres y población con como sigue : 

División Septentrional. 

Islas Oreadas y Sbetlan. *..... 53 5 i2>4 

Caithness. ..••••,........ 3^,238 

Sutherland •....-. 23.840 

Ross-y-Cromarty. 68,8^8 

Invernes. ..... ... . ...... . . 90,157 

División Central. 

Naim 9,006 

Elgin ó Murray 3 1,1 62, 

Banff. . , 43 ? 56i 



Aberdeen. r55,387 

Kincardinc . . , . . 29,1 18 

1* oríar, ••..•••....••,..... 11 3.4. 3o 
.reren. •••••••••••••...»., l3o^p5o 

ArgyJe. 97,3i6 

.unte. ......... f . , . . ••••. 1 3,797 

Dumbarton. ,,.,.,. ,.,,..., 2,7,317 
Stirling. # ..... 9 f . , -, , . 9 , 9 f f 65,376 

Clackmannpn. . , , f . . ,. :j . , 9 . . , i3,¿6j 

Kiurqss ;'.,,,',,.,..., ^,763 

■TJie. « . f . . . 9 f . 9 9 p f . , 9 • f t f f 1 14,506 

División Meridional. 

Linlithgow. »,.•*,..>,»•«.,, 22,685 

Edimburgo ó Mid-Iothiam. . . , 1 9 1 9 5 r 4 

Haddington, , ,; , . f .,....;. . 35,i27 

Berwick. , , f . r ' f 9 p .\ , , , , . . ¿ 33 9 38S 

Roxburg. f ? . , , , . y* ....... , 40,89! 

Seljdrk. p x>t% vK9-i..9,*f % % %+•?<• 6,637 

Peebles. ...,,,,,,.,,.,,... 10,046 

Lañarla . , . , , , , 9 , . , . ; -, . , 9 . 244,387 

Reufrew. ,*.,,.* ... , , 9 , „ 9 . 112,1^5 

Ayr. .... , .... .,...., . 9 # . , 12^,299 

Durnfríes, , , , , , , ., 9 f , . , . f ■ , . ; 70,878 

Kirkcpdbright, ,..,,.,....., 38,9o3 

De estos el condado de Invernas se ha- 



(i6i) 
Ua situada la mitad en la división Septen- 
trional y la mitad en la Central: los de 
Dumbarton y de Sterling tienen algunas 
porciones de sus distritos en la división 
Meridional. (6 fichas). 

El padre. Eugenio, ¿que temperatu- 
ra goza la Escocia? 

Eugenio. A su posición se atribuye la 
gran variación que se nota en su clima: en 
invierno se goza de una temperatura mas 
benigna que ningún otro pais continental- 
situado bajo la misma latitud, aunque esta 
estación es mas larga en Escocia que aque- 
llos. En verano la intensidad del calor ce- 
de á las continuadas brisas. Este pais, co- 
mo todo el que es montañoso está sujeto á 
continuadas lluvias, (3 fichas). 
, El padre. Alejandro , ¿cuales son la 
producciones de la Escocia ? 

Alejandro. Son casi las mismas que las 
de Inglaterra, pues aunque antiguamente 
los terrenos llanos estuvieron cubiertos de 
bosques de encinas y abetos, en el dia es«* 
tos y las tierras bajas situadas al pie de los 
montes Grampianos, en la división meri- 
dional se cultivan y con mucho esmero tri* 
go, cebada .centeno, avena, guisantes, ha- 
bas, patatas, nabos, alfalfa y heno, lino y 



cánamo; progresando últimamente el cul- 
tivo de las huertas, en las que han logra- 
do que se dé muy bien el manzano. 

Los carneros y el ganado mayor indí- 
gena encuentran buenos pastos en este pais 
montañoso , cuyo principal recurso es el 
ganado lanar, que aunque es mas peque- 
ño en general que el de Inglaterra las car- 
fíes son mas sabrosas. ( 5 fichas ). 

El padre. Eugenio, ¿ no se dedican los 
escoceses á la pesca ? 

Eugenio. Si señor, y con tanto interés 
que la pesca de la costa occidental ha sido 
de la mayor importancia para la Escocia 
por espacio de mocho tiempo \ y el estable- 
cimiento de una compañía cuyo objeto es 
hacer mas productivo este ramo, hace es- 
perar que.su beneficio será también pro- 
vechoso para la Gran Bretaña. 

Eutre los peces que dan aceite puede 
citarse el mole, cuya pesca ocupa mucha 
gente: algunas veces aparecen ballenas en 
las costas de las Oreadas, Shetland y He- 
bridas. Los salmones y merluzas se cogen 
en abundancia en el puerto de Vik 9 y las 
truchas, salmonetes y anguilas se pes- 

con profusión en muchos de sus rios. 

fichas, j 



<"►«-» » i 



El padre. Alejandro, ¿cuando empe- 
&S á florecer la industria etr escocia? 

Alejandro. A los cincuenta años cerca 
después de la unión con la Inglaterra. 

El padre. ¿Y cuando se verificó estó 
fteunion del reitfo de Escocia ai de Ingla- 
terra? En el año de 1707, después de una 
0stinada lucha para sostener á sus sobera- 
nos f se sometió y reunió á la corona de 
Inglaterra; pero sin perder el título de rei- 
fxo que conserva aun en el dia. 

El padre Alejandro r los escoceses has& 
la reunión que me has dicho no cultiva- 
ban mas linó que el que necesitaban pa- 
ra su uso fabricándose ellos mismos el 
lienzo, ¿en que consisten los adelantos del 
dia? 

En qué actualmente se conocen todo^ 
los géneros de industria y especialmente 
en los condados de Aberdeen , deNairn , de 
Fife y de Forfar, se ha hecho tan común 
el uso de las máquinas de vapor para los 
hilados que dichas máquinas han llevado 
al mas alto grado de perfección las manu- 
facturas , esportándolas á las indias occi- 
dentales y otros varios puntos. Pero entre 
los progresos de su industria lo que mere- 
ce citarse con particularidad son las fra- 



(i6 4 ) 

gjjas, y especialmente la de Carrón ,, cuyo 
establecimiento es el mas vasto que se co- 
noce en Europa , pues no solo se estrae en 
él el hierro del mineral 9 sino que alli mis-, 
|iio recibe todas Jas formas posibles. 

La América y las colonias británicas 
$on los principales mercados para la quin-? 
calla escocesa. También se labra la .madera 
con todas las variedades. La estension de 
su comercio está en razón, de ios progresos 
de su industria. La Escocia importa frutos 
coloniales 9 y el producto de sus -manufac- 
turas las da en cambio de las materias pri- 
meras de que está .poco surtida. Por últi- 
mo, en Escocia de las 841,474 casas habi- 
tadas por 447,960 familias, las i3o ? 699 se 
ocupan en ja labranza, las 190,264 en las 
manufacturas y el comercio. ( 6 fichas), 
, El padre 9 Isabel, ¿cuál es el idiomaf 
general de que usan los escoceses, sus usos 
y costumbres ?j 

Isabel. La lengua vulgar de los mon- 
tañeses es el gaelico, los usos y costumbres 
así como los trages de los habitantes de los 
llanos se parecen a los de los ingleses. ($ 
fichas). 

JE l padre, Eugenio 9 cuál es la religión 
de Escocia ? 



Eugenio. La primera que se conoció 
en Escocia fue la de los druidas 9 mas la 
religión católica se estendió por toda la Es- 
cocía y fue la dominante hasta el reinadq 
de Jacobo V, y en 1 592 por una acta for- 
mal del parlamento se instituyó la religión 
presbiteriana por la que dividieron la Igle* 
sia en quince sínodos, setenta y ocho pres- 
biteriatos y ochocientos noventa y nueve 
parroquias. Su principio fundamental es la 
igualdad entre los pastores, y cada parro» 
quia tiene uno ó mas de ellos. Los minis- 
tros de un cierto número de parroquias 
contiguas forman un presbiíeriato * el cual 
juzga y sentencia los asuntos eclesiásticos de 
su distrito. Los sínodos se componen de 
varios presbiteratos y juzgan las disensión 
nes de estos sometiendo sus actas á la asam- 
blea general. Esta compone, el tribunal su- 
perior eclesiástico de cuyas decisiones no 
hay apelación. Consta de 36 1 representan- 
tes de los presbiteriatos de las universida- 
des y de las villas realengas cuyos indivi- 
duos se eligen anualmente \ y dicho tribu* 
nal forma la ley á aquellas iglesias Fuera 
de estas se tolera en Escocia el culto de to* 
das las demás religiones, viéndo c e iglesias 
católicas en tas ciudades principales y en 



(i66) 

los países mas al norte subsiste casi como \á 
dominante. (6 fichas). 

El padre. Enrique, ¿cuales son las 
principales ciudades de la Escocia? 

Enrique. Al norte las principales son 
Invcrness buen puesto, Vick puerto pe- 
queño pero de mucha pesca. Santandré. 
Aberdeen considerable puf su universidad 
y ¿us fábricas de lienzos y medias. Dundée 
abundante en fábricas de cordages, hilos y 
cueros. Per th muy notable por las curiosi- 
dades que hay en sus inmediaciones, Dum* 
ferling posee muchas fábricas de tegidos. 
Culloden población inmediata á Inverness 
célebre por la batalla que ganó en 1746 
el duque de Cumberland á los escoceses ar- 
mados por la causa de los estuardos sus an- 
tiguos soberanos y que los mandaba el nie- 
to de Jacobo II. 

Al mediodía se encuentran Edimburgo 
sobre el golfo de Forth capital de la Escocia 
con 82,68a habitantes. Glascow la mas im- 
portante después de Edimburgo y superior 
á esta en la población y hermosura. Hin- 
ross Sterling plaza fuerte Dumbarton. Gre- 
nnoch buen puerto, Berwik plaza fuerte y 
con astillero , y Kello bella ciudad con al* 
gun comercio (5 fichas). 



(i6 7 ) 

El padre. Eugenio ¿cuáles son los ríos 
principales que riegan la Escocia.? 

Eugenio. El Forth, Olyde, el Tuy, el 
Spey y el Tweed. 

Otro dia hablaremos algo de la Irlan- 
da para adquirir un verdadero conocimien- 
to de las tres partes que constituyen las is- 
las Británicas, hoy es ya hora de que nos 
retiremos, á estudiar para mañana, encar- 
gándoos muy particularmente os eutereis 
bien de las lecciones de geografía si queréis 
sacar todo el partido posible de la lectura 
de los periódicos políticos, llamándoos por 
ahora la atención de la Escocia é Irlanda 
según las nuevas peticiones que han presen- 
tado á las cámaras, la ciudad de Abercleea 
por, la primera relativa al sistema de patro- 
nage clerical y parroquial vigente en tpda 
la estension de la Escocia según se ha visto 
al hablar de este reino cuya asamblea ge- 
neral de la iglesia de Escocia se verifica en 
el mes de mayo , y la segunda suplicando á 
la cámara que no consienta nunca en la se- 
paracion de la administración ni de la le- 
gislatura entre la Irlanda y la Gran Breta- 
ña cuya separación cree. el jurado de Tip- 
perary (Irlanda) resultaría la ruina de am- 
bos paises^ 



(i68) 

EDUCACIÓN DE SORDO-MUDOS. 
Continuación del artículo. 



Aunque hemos hablado ya del artícü* 
lo el la los ¡ volvemos á tocar este puntó 
para su mayor inteligencia, siendo preci- 
so para la exactitud del lenguage, 
' El articulo el la los * sirve para gene- 
ralizar y determinar. Cuando digo el hom- 
bre piensa ) entiendo el hombre en gene¿- 
ral; el rey ha salido esta mañana t la pa* 
/labra rey está determinada al rey de Espa- 
ña &c. Véase la diferencia que hay entre 
¿el usó del mismo artículo y juzgúese de la 
•turbación de un discípulo que no cono- 
ciese el verbo ni la preposición f en cuyo 
«caso están los infelices sordo-mudós. 

Si se puede dar sin trabajo una expli- 
cación vaga del artículo, no se puede ha- 
cer conocer su usó al áordo mudo sino con 
la ayuda de ejemplos bien apropiados* eri 
-los que el entendimiento solo puede dudar 
«entre dos sentidos perfectamente distintos 
y por consiguiente bien fáciles de discer- 
nir como ahora veremos. 

Nuestro discípulo conoce ya el uso del 



(i6 9 ) 
trtícuJo uño unos que excita en su enten- 
dimiento la idea de una cuantidad indeter- 
minada. Ahora le ponemos aquí en oposi- 
ción con el articulo el los á fin de expli- 
carlos mejor uno por otro. 

Se dibujan en grupo un gran número 
de caballos 6 se escribe solamente el ñora- 
hm de caballo muchas veces. Incluyo una 
gran parte de estos nombres en una línea 
circular al rededor de la cual escribo unos 
caballos. El sorda-mudo al ver caballos 
fuera del circulo comprende sin trabrajo 
que las palabras Unos caballos solo abrazan 
tina parte de la especie. Trazo ahora mu- 
chos circuios semejantes á aquel al rede- 
dor del cual hemos escrito: unos caballos. 
Las mismas palabras están aun repetidas al 
rededor de cada uno de estos grupos-, otro 
circulo los abraza á todos sin dejar nada 
afuera. Se hace notar al discípulo esta; úl- 
tima circunstancia y se escribe ai rededor 
del gran círculo los caballos. 

Con dos ó tres ejemplos de estos no 
cabe duda que el sordo-mudo entenderá es- 
ta primera distinción entre ambos artículos. 
¿Queréis ahora un signo para cada uno? 
pues escríbase unos caballos y los caballos 
y el discípulo que conoce la diferencia de 



esras expresiones la expresará con su? 



signos. 



Los ejemplos comparativos del cuadro 
siguiente, borrarán de su espíritu hasta Id 
mas ligera señal de incertidumbre : 

Los corderos son mansos. 

Amonio ha comprado unos corderos 

Si el discípulo , al leer estos dos ejem~ 
píos no da á entender por sus signos que 
el primero abraza la generalidad de la es-* 
pecie de la que solo se indica una parte 
en el segundo; si se teme que no se haya 
penetrado bien de la diferencia de los dos 
artículos v invístase en el segundo ejemplo, 
Antonio ha comprado unos corderos ?; y re- 
pitiendo el signo por el que ha expresado la 
genaralidad pregúntesele si por estas pala- 
bras unos corderos se conprende toda la es- 
pecie. Responderá que solo se entiende por 
1/7205, una parte de los corderos. 

Pasando al ejemplo opuesto se le pre- 
guntará si los corderos solo designan algu- 
nos corderos ó si solo son mansos alaunos 
corderos y contentará que todos lo son. De 
este modo se le puede hacer corregir por 
sí mismo las faltas qué se escapen en el uso 



(i 7 O 

de los artículos. Los ejemplos en que he- 
mos sustituido el singular al plural le ha- 
rán conocer que el artículo indica la gene- 
ralidad por sí mismo é independiente del 
plural. 

El cordero es manso, el tigre es cruel. 

Puede ser que guiado de la anología de 
estas frases con las que acaba de ver, lea 
el cordero es manso exactamente como ha 
leido los corderos son mansos. Tal vez no- 
te una contradicion al ver un nombre en 
singular con el articulo el indicando la 
generalidad cuyas dificultades se le disipa- 
rán indicándole por medio de un 6Ígno 
que las dos frases son perfectamente equi- 
valentes. 

Los exemplos del tercer párrafo exigen 
alguna pregunta mas 

Los niños aplicados no se cansan jamas 
T): Todos los niños ? 
R* No i los aplicados solamente. 

Ya se debe haber observado que en el 
lenguage del discípulo, el signo de todos 
viene no solo después del sustantivo, sino 



después del adjetivo que determina este 
sustantivo. El sordo-mudo se expresará 
pues así : 

Niños aplicados todos 

En cuanto á la frase opuesta se le hará 
la pregunta siguiente: 

D. He visto yo á todos los niños f 

R. iVb, niños aplicados. 

D. Todos los niños aplicados» 

R. No, unos niños aplicados* 

Cuando se haya familiarizado por me- 
dio de numerosos egercicios en el uso del 
artículo ya en singular, ya en plural, ya 
en sentido general v ya contraído por un 
adjetivo se le mostrará el mismo artículo 
determinado por la preposición de. 

Aquí será bueno variar el procedimieh* 
to. Es cierto que es por grados insensibles 
por los que el mismo artículo que sirve 
para generalizar parece cambia de papel 
para determinar. Mas lo? casos son muy su- 
tiles para que el sordo*mudo los conozca y 
entenderá mejor la pronunciada oposición 



'(«7») 

de los dos extremos. Veamos como se le 
puede hacer entender esta frase : 

Los libros de Pablo están bien encuader- 
nados. 

Pablo tiene libros, tu sabes. Estos libros 
están bien encuadernados. 

El caballo , de Juan es hermoso. 

Juan tiene un caballo ; tu sabes. Este ca- 
ballo es hermoso. 

En fin , se Je dirá que debe servirse 
del artículo el lo s 9 todas las veces que se 
pueda añadir los signos correspondientes 
á estas palabras este.... estos.... tu sabes-*.. 
Como se verá mas adelante. 



(*74) 
MOSAICO. 



Anciano no pienses en el amor, Acuér* 
cíate que el viento de la tarde no hace 
abrirse á las rosas , que solo se abren al cé* 
firo de la mañana, 



Bella Aglae, si el amor compara tu her-» 
mosura á la de la rosa, escucha también 
la voz de la sabiduría que te muestra lai 
fragilidad de esta reina de las flores, unsj 
fiel imagen de tu fugitiva hermosura* 



mmm 



Decía el filósofo Analixa» que la mejor 
prerogativa de los soberanos es la de que 
nadie puede escederlos en hacer biep ? 



mmm 



¿Por qué la rosa es mirada como la 
reina de las flores? Por Ja delicia de su 
perfume f la gracia de su forma, y la viva- 
cidad de sus colores; asi no hay cosa mas 
amable sobre la tierra como un niño bo~ 
nito v- virtuoso. 



0?s) 

El infame Juan Smtierra, último du- 
que de Normandia y después rey de In- 
glaterra , al querer apoderarse de los esta- 
dos-de Ricardo Corazón de León, su her- 
mano, fue vencido por este último y obli- 
gado á pedir perdón. i; Os perdono le dijo 
Ricardo , y no quiero acordarme de vues- 
tras faltas ; vos por el contrario acordaos 
de tal modo que nunca olyideis que os he 
perdonado." 



mm 



Ves aquella á que los vientos no pue- 
den privar de su perfume ; aprende ahí á 
conseryar tu virtud en pjedjo de las agita- 
,ciope$ de I3 y ida. 



i Una joyen no pierde pada por ser mo- 
¿lesU^es jan botón de rosa de la primave- 
ra queaup po se %$ acabado de desplegan 



En pinchas cas#s de educación de Pa- 
rís han adpptadp el método de pintar en 
las paredes carias geográficas. Últimamen- 
te, han pipiado una que tiene 48 pies cua- 
drados y qu ella no hay nombre ninguno 



para que los discípulos los suplan de me* 
moria. Las ciudades principales están mar- 
eadas con puntos negros; los diferentes rei- 
nos los distinguen líneas de colores,.' y la 
mar pintada de azul verdoso. 



Un hablador vino á contar á cierto su- 
geto á quien apenas conocía , un secreto de 
grande importancia y le encargó que no lo 
dijese. "No tengas cuidado le respondió 
este , pues seré tan callado como tú," 



" Que yo muera sino me vengo de tí * 
decía á Euclides, discípulo de Sócrates un 
hermano irritado ! Que muera yo respon- 
dió Euclides sino te obligo á abjurar tu re- 
sentimiento y volverme tu amistad. 



Hay menos ingratos que descontentos, 
porque hay mas pretendientes que em- 
pleos. Acababa de vacar un empleo muy 
grande, y se presentaron once personas á 
pretenderlo. Dijo uno al que lo, había de 
dar : Vais á hacer feliz á un hombre: No 
digáis tal , respondió el sugeto y voy á ha- 



.■f'77) 

cer un hombre ingrato y dejar á diez des- 

contentos. 



Un niño siente las punzadas del dolor 
antes que pueda gozar el favor de los piar 
ceres. Asi el tierno rosal lleva espinas ano- 
tes de dar flores. 



El pudor debe defenderá la hermosura 
como la espina á la rosa ; ni una ni otra 
tienen valor en cuanto pierden el fiel guar- 
dador que les dio naturaleza. 



Jóvenes , que un solo amante posea 
vuestro corazón, la rosa vive apenas un dia 
porque da acogida á todos los céfiros. 



(, 7 8) 

Real orden para que se recomiende el catón 
metódico de Seijas* 

Ministerio del Fomento General del Reí- 
lio.— Excmo* Señor:— .He dado cuenta á S. M. la 
Reina Gobernadora de una^ exposición de don Jo- 
sé González Seijas, maestro de primeras letras en 
esta Corte, en solicitud de que se recomiende á las 
escuelas y demás establecimientos de insirucion 
primaria del Reino el catón metódico que fia pu- 
blicado para enseñar áleer; y S, M., conformán- 
dose con el parecer de esa Inspección General, se 
ha dignado conceder al interesado la gracia que pi- 
de» De Real orden lo participo á V* E. para co- 
nocimento de la Inspecion y demás efectos corres* 
poadientes. Dios guarde á V# £« muchos años* 




(e**v<Z¿&<4¿' i^t/c^t/a^ c¿üt^mu/-n</ / 



PINTURA DEL MES DE MAYO. 

El mes de mayo presenta en nuestros 
climas templados las mas dulces armonías 
de la vida. La aurora coronada de rosas abre 
en los cielos las puertas del Oriente, y anun- 
cia á los seres sensibles la mañana del dia. 
El céfiro que se eleva corriendo sobre los 
anchurosos mares , hace ondear sus azula-? 
das aguas , los mirtos de las costas , las fío- 
res de la pradera, y los brillantes colores 
de la rosa. Legiones de insectos revestidos 
de matizadas túnicas levantan los terrones 
que cubren sus subterráneos, y regocijados 
de ver la luz, se esparcen susurrando de 
alegría por las plantas que les están desti- 
nadas. En las colinas resuena el balido de 
Jas ovejas, y en los valles el mugido de los 
bueyes. Las aves construyen sus simétricos 
nidos en lo espeso del ramage, mientras que 
la cogujada hace resonar en los campos sus 
cánticos de alegría. El sol se presenta con 
todo su esplendor, y á cada grado del arco 
que recorre' en los cielos brotan nuevas vi- 
das y nuevos amores. En la atmósfera , en 
las aguas y hasta en la concavidad de los 
peñascos se oyen voces que llaman, y ecos 
que responden : hasta la misma noche tiene 
sus conciertos. El ruiseñor, amigo de la so- 
ledad y del silencio, modula á la claridad 
de la luna sus cánticos melodiosos , sin que 



el lamentable -eco del cárabo obscuro que 
ayes despide entre la breña inculta , y el 
triste ahu Mido del buho, sirvan mas que pa- 
ra dar mayor realce á aquella melodiosa ar- 
monía: tnientras que el monótono cuclillo 
vuela de un árbol á otro, solitario, y corno 
prófugo de la vida social: la tonolilla bus- 
ca la dulce compañía de su semej inte, es- 
citando continuamente con sus arrullos les 
sentimientos nías amorosos. El heraldo de 
Ja primavera hace repetir á los ecos lejanas 
sus alegrías, sus penas y sus amores; todo 
esto animado noche y dia, en la luz ven 
la sombra. Cánticos melodiosos, ruidos con- 
fusos, dulces murmullos, hacen que resue- 
nen las selvas, los musgos , las yerbas , los 
pastores y las florestas/La vida animal di- 
versificada bajo mil formas , se esparce eíi 
todo nuestro hemisferio desde las ardientes 
arenas de Zara , en las que el horrible Ge- 
rastes se enrosca con su odiosa hembra , y 
en las que se oyen de noche los amorosos 
rugidos de la pantera : hasta los escollos de 
Spitzberg, en los- -que los caballos marinos 
están formados por batallones, tomando ei 
sol con sus hijos, y en los que los osos blan- 
cos , cebándose entre hielos flotantes en el 
tiadáver dé la ballena, disputan con fauce 
ensangrentada al audaz europeo los últi- 
mos límites del imperio del dia, de la tier- 
ra y de los marea. 




^J^ ?ze<?¿¿z ^^^^¿¿^^^¿^.^g^í^^^^ ¿^ rc¿&<?¿¿¿¿?<f 



C&?Z飿*¿¿e/<L£¿¿Z<3. 



EL GUINDO DE LA ALDEA O LA 

credulidXd del vulgo. 



No ha mucho tiempo que tuve que sa* 
lir de la capital para asistir á una fiesta cié 
familia que se había de celebrar en Un pue- 
blecito algo distante de éíia. Una fiesta dé 
una familia numerosa respetable y patriar- 
cal, y que tiene por cabezas á dos ancianos 
venerables, que parece que han transmi- 
tidoá su posteridad la robustez de su cuer- 
po y la serenidad de su alma. Yo que 
gusto tanto de estas fiestas que se ven rara 
vez en Jas grandes ciudades, fui ele los pri- 
meros convidados que llegaron; otros mu- 
chos fueron llegando aquel mismo dia, 
pero eran ya las ocho de la noche, hora 
en que todo ti mundo se acuesta en aquel 
pueblo, y todavía no habian llegado dos 
de mis principales amigos; quise quedar- 
me á esperarlos y entonces el amo de casa 
me entregó la llave del gabinetito en que 
tenia sus libros ; le di las buenas noches, y 
entrando en el gabinete andaba recorien^ 
do á la luz de la vela los títulos de los |i¿ 

i , 



i8c) 

bros para saber cual escogerla , cuando oí 
dar unos golpeeitos en la ventana que caia 
al patio principal de la casa. Abro y veo 
un viejo agoviado y mal vestido que mi- 
rándome con ojos espantados me dice: 

» Señor, V.es recien venido, y asi le avi- 
so que no pase por detras de la iglesia de 
este pueblo porque es muy peligroso. Ha- 
bía alli antes un guindo muy hermoso 
donde el diablo venia á encaramarse. Yo 
por haber pasado por alli me he vuelto 
loco," y se marchó sin hablar mas pala- 
bra. 

AI otro dia tuve gran cuidado de ir- 
me á pasear detras déla iglesia para ver 
el sitio donde existió el guindo del diablo, 
y averiguar lo que había dado margen á 
la visita del loco. Encontré á un padre de 
familias que leia á sus niños los cuenteci- 
tos de la Minerva y. se reían como unos bo- 
bos. Ya veis amiguitos que vuestro perió- 
dico va á todas partes, tanto á las grandes 
capitales , como á las aldeas mas ocultas. 
Asi que acabó la lectura, le salude y le dije. 
Es verdad , señor , que ha habido en este pa- 
rage un guindo célebre? — Verdad , es, me 
respondió él-- ¿y dicen que el diablo venia 
á encaramarse en él? — ¡Oh ! dijo sonden- 



¿fose, esa es otra historia — ¿Sí Vd. tuviera 
la bondad de contármela? — De buena ga- 
na respondió , y mandando á sus niños á 
jugar me contó lo que vais á leer. 

Cuando yo era muchacho , este terre- 
no donde ahora nos hallamos* pertenecía á 
un labrador de jeste pueblo llamado el 
tio Gerónimo; y entre varios arboles que 
tenia plantados habia un guindo tan fron- 
doso, que daba unas guindas que ni Ádan 
ni Eva las comieron mejores en el paraíso 
terrenal* El tio Gerónimo tenia gran cuidado 
de su árbol y de la fruta, no tanto por é! co- 
mo por sus hijos y sus amigos, y así para que 
los pájaros no se la comiesen * hizo lo que 
luego veréis* 

(Jn dia pasaban un par de viejas por 
delante del guindo y alzaron los ojos á 
mirarle., porque entonces era tiempo de 
la fruta , y estaba casi encarnado de tanta 
como tenía* Mas apenas hablan mirado 
cuando echaron á correr gritando :" Áh 1 
Dios mió, que el diablo en persona se está 
comiendo las guindas del tio Gerónimo! 
Todos salían de sus casas á ías voces y se- 
guían á las viejas para informarse de lo 
que podía ser , hasta que ellas se pararon 
de puro cansadas y asustadas. Entonces ses 



(182) , 
formó al rededor suyo un gran corro de 
hombres mugeres y niños, y todos pregun- 
taban; pero qué es esto? Jesús! que es lo 
qne habéis visto? una de las viejas al^o 
mas vuelta en si, pero con voz trémula y 
volviendo de cuando en cuando Ja cabeza 
hacia el guindo, esclamó. Hemos visto al 
diablo en el guindo del tio Gerónimo. 
Verdad es que no llevarnos puestos los an- 
teojos pero esta es la prueba de que era 
Lucifer; pues sino fuera una cosa tan visi- 
ble y tan clara, nosotras en nuestra edad y 
con nuestra vista no hubiéramos podido 
distinguirla. 

¿Y qué señas tiene ese diablo? preguntó 
uno de los circunstantes. Tiene, replicó la 
vieja, una cabeza negra como de macho 
cabrio y en ella fijos dos cuernos enros- 
cados como dos tirabuzones; sus o;os bri- 
llan corno las ascuas y hacen estremecer, 
al llegar aqui la vieja hizo la señal de la 
cruz y prosiguió diciendo ; su boca es lo 
mismo que la de un horno y sale de ella 
senperteando una lengua de fuego por entre 
dos filas de dientes largos y puntiagudos 
como cuchillos de cocina. Su aliento apesta 
á pez, á resina y á azufre. — Ah ! Dios mió, 
que miedo digeron los niños agarrándose á 



(i83) 

sus madres —Su cuerpo, continuó la viejs, 
es negro y peludo como de oso; sus pata$ 
son tan gordas como el cuerpo y tiene una 
cola larguísima con la que da latigazos de 
cuando en cuando, — Y os ha dicho alguna 
cosa, preguntó uno del corro?— Muchas 
nos ha dicho respondióla otra vieja; y luego 
dijo positivamente. Soy el diablo, y cuando 
se reia hacia ■Hi.hi.hi.hi ! todos los aldea- 
nos empezaron á encomendarse á Dios, ya 
pedir misericordia, tos niños prometieron 
á Dios si los libraba de las garras del dia- 
blo, no desobedecer mas á sus padres , no 
hacer mas gestos al maestro en la escuela, 
no ser ya embusteros, glotones , ni... en fin, 
ser unos muchachos perfectos , porque el 
miedo hace prometer grandes cosas. 

A pesar de estas precauciones no esta- 
ban tranquilos los habitantes porque llega^ 
ha la noche y no sabian que partido tomar. 
El mas valiente de e'los hizo una proposi- 
ción para que reuniendo las armas que 
pudiese haber en el pueblo, atacasen al dia- 
blo en su posición. Brabo! esclamó á una 
voz toda la aldea, porque toda ella se halla- 
ba alli. Cosas como estas no sucederían en 
el dia, niños mios, porque ya hay mas ins- 
trucion. Tuvieron que echar suertes para 



ver quien iba por las armas, pues ninguno 
se atrebia á menearse de allí, cayó la suerte á 
dos de los mas cobardes , que temblando 
apenas daban un paso cuando retrocedían 
hacia ia tropa con presteza. En fin, habién- 
dolos amenazado los otros que los iban á 
apedrear sino cumplían su deber, camina- 
ron temblando como unos azogado^ tapán- 
dose las orejas por no oir los gemidos del 
diablo, y con los ojos casi cerrados en cuan- 
to poclian andar sin tropezar con las pie- 
dras y con los arboles. Al cabo de un cuarto 
de hora volvieron con cuatro antiquísimos 
fusiles, roñosos y tomados, cinco vieldos, 
dos palas, tres horquillas, tenazas y asado- 
res, y una buena porción de garrotes. To- 
das estas armas se destribuyeron entre los 
hombres. Las mugeres llenaron sus delan- 
tales de piedras para cooperar á la terrible 
pelea. 

El guarda campestre fue nombrado ge- 
neralísimo de todo el ejército. El alcalde 
ee encargó de intimar al diablo que dejase 
el país, y el maestro de escuela de arengar- 
le, sise obstinaba en permanecer. Cuando 
estuvieron tomadas todas estas disposicio- 
nes y cada uno ocupaba su puesto, ya em- 
pezaba á anochecer. Marchen! gritó el guar- 



(*85) 

<k blandiendo , una gruesa cachiporra. 
Toda la tropaentonces se puso en márch¿* 
con el mayor silencio para que el diabl 
cogido -de improviso no pudiese hacer al- 
guna de las suyas. De cuando en cuando 
hacian alto para tomar aliento porque to- 
dos los corazones pal pitaban con violencia y 
no habia alli individuo que no tragase la 
saliva con dificultad. Sin duda habria mu- 
chos desertores antes de dar la batalla, sino 
fuera por el miedo de encontrarse cara á 
cara con el diablo durante la noche. Se 
apretaban, se estrujaban unos á otros, y en- 
tre la obscuridad aquella tropa comprimi- 
da , parecia un animal con mas de dos- 
cientos pies y cabezas. Algunos se dejaron 
por alli el sombrero y los zapatos sin atre- 
verse á salir de las filas para recogerlos. En 
fin , después de muchos temores é incerti- 
d timbres ocurrió la mayor de todas. Era el 
caso que habían llegado á la casa del tio Ge- 
rónimo que estaba durmiendo con toda su 
familia y al revolver de la esquina de la 
casa del guindo con el diablo encima se 
iba á presentar á vista del ejército. Adelan- 
tóse el guarda en calidad de generalísi- 
mo á reconocer el terreno acompañado de 
los cuatro armados con los roñosos fusiles 



(i 86) 
Ya había ligado sil mismísimo ángulo de la 
pared, mas no se atrevía á dar la. vuelta de 
miedo de encontrarse con una gran boca 
flamígera que le tragase como una lanteja. 
Para animarse se pellizco el brazo dsrecho 
con la mano izquierda , luego el izquierdo 
con la mano derecha; mordióse la lengua 
hasta que uno de sus soldados que estaba 
impaciente por concluir, le dio un punta- 
pié por detrás que le hizo andar bien hacia 
delante. Entonces el bueno del guarda quie- 
ras que uo quieras tuvo que ver al diablo 
y gt ico como un desesperado con los pelos 
erizados. Apunten"... fuego"... Entonces se 
oyó un ruido que hizo tran, trin, íraf 9 
truf\ y era los cuatro fusiles que acababan 
de disparar. Al oir esta esplosion de la van- 
guardia todo el cuerpo de ejercito avanzó 
tropezandose, confundiéndose y cayéndolos 
unos sobre los otros. El alcalde celebrado 
por su elocuencia se adelantó y dijo: "sa- 
tanás, espíritu de las tinieblas, en nombre 
de la ley te mando que te retires. y> iba á 
continuar, mas fué interrumpido por el 
rio Gerónimo, que habiéndole despertado 
el tran^ trin , traf^ truf de los fusiles, di- 
jo, sentándose en la cama con gorro de 
dormir. ¿Qué bulla anda en mi jardín? 



¿ Qué significa esto, añadió saltando en ca- 
misa y poniéndose las chanclas ? Queréis 
dejarme dormir, dijo asomándole á la ven* 
tana. — Acabamos de matar al diablo, res- 
pondieron los de abajo. --¿Qué diablo?- 
El que estaba comiendo muestras guindas. - 
Al oir esto el tío Gerónimo echóse á reir de 
tal modo que cayó á la larga de pura risa. 
A poco rato bajó con nn candil en la ma- 
no y les enseñó el diablo que habían deja- 
do caer con los tiros al pie del árbol. Ved 
aqui bobos Jes dijo, ved aquí lo que os 
causó tanto miedo. Era un figurón ó pelele 
lleno de paja y desfigurado con trapos ne- 
gror y encarnados, con su cara y brazos 
correspondientes, que el lio Guillermo ha- 
bía puesto en lo alto de su guindo para es- 
pantar á los pájaros. 

He aquí lo que las dos viejas habían 
tenido por el diablo, y lo que habia espar- 
cido e! terror en toda la aldea Tales son 
todas las fantasmas del mundo; sueños, ilu- 
siones y desvarios. 

A pesar de esta evidencia, todavía h*i- 
bo algunos buenos paletos que quedaron 
persuadidos de que habian visto al mismis* 
mo diablo , v asi lo hicieron creer en todo 
el contorno. Hay necios incorregibles para 



los que dos y dos no son cuatro, y á los que 
se hace creer que es de dia á media noche, 
y que hay estrellas á mediodía, compade» 
cedlos , hijos inios , sin que os parezcáis á 
ellos en ningún tiempo. Ño os dejéis arras- 
trar de /as voces que oigáis por mas gran- 
de que sea el número de sus propagadores 
acerca de seres que no pueden existir sino 
en cabezas acaloradas y que dan sus sueños 
por realidades. De unos á otros va pasando 
sin reflexión alguna lo que han oido á sus 
antepasados, y lo siguen sin otra causa mas 
que la de que lo dijeron. Vosotros ^queri- 
dos niños, jamas deis asenso á lo que os re- 
fieran de semejantes ficciones sino procu^ 
rar descubrir su origen como se ha dicho 
he hice para saber la causa de que prove- 
nia la creencia del diablo del guindo , la 
tradición en esta materia nunca pasa de ser 
un cuento, 




EL ÁRABE Y EL PERSA. 

ANÉCDOTA ORIENTAL, 



Los rayos del sol caían perpendicula- 
res, el arenoso desierto reflejaba como un 
espejo ardiente, todos los fuegos de este 
rey de los irópicos y ningún ser viviente 
representaba á aquella hora de medio dia 
en la superficie de la llanura resplande- 
ciente. 

Dos viajeros, un árabe y un persa hi- 
cieron alto bajo la triste sombra de unas 
miserables acacias. " Hermano, dijo el per- 
sa , he aqui que nuestros fieles caballos 
han muerto de fatiga; nuestros víveres van 
á concluirse, y el odre que tu llevas, últi- 
ma esperanza de mis secos labios está pa- 
ra agotarse." ¿A donde está la palmera cu- 
yos sabrosos frutos anunciabas á mi apeti- 
to? ¿ A donde se halla la famosa fuente cu- 
yas aguas me habías prometido? 

El árabe levantó sus ojos y sus manos 
b1 cielo: "Alá es grande, respondió, la pal- 
mera ha fenecido esta primavera, y el Si- 
moun ha secado la fuente," El persa no 
lanzó siquiera una queja, mas dejó caer su 



(.19*) 

cabeza fobre el pecho, y lágrimas amargas 
corrieron por sus mejillas. 

"Hermano; dijo el árabe, el verdade- 
ro creyente no debe agoviarse con el peso 
de la desgracia, y es pecar delante del Se- 
nor el abandonar la esperanza. Dos jorna- 
das nos separan apenas de las tiendas de 
Chasae! y cuando 'la pálida luna de Phin- 
gary, se presente en el horizonte continua- 
remos nuestra ruta bajo la protección de 
Alá.» 

Cosumieron el resto de sus provisiones 
en una sola comida y continuaron su ca- 
mino de noche ; mas la ausencia del sol 
no alivió sus padecimientos; porque sofo- 
cantes vapores se elevaban de la tierra y las 
estrellas se veían ocultas por encapotadas 
nubes. Caminaron por fin hasta la mitad 
del día siguiente, que el árabe se detuvo 
desanimado porque el persa sin poder ir 
mas lejos se habia dejado caer de fatiga. 

El persa se enderezó dolorosatoente. 
"Oh! exclamó tristemente, una gota de 
agua! ¡una gota de agua! Si el odre esta 
vacío yo vey á morirme aquí. — Apenas tu 
boca ó la mia podrá esprimir la humedad 
necesaria para llegar al campo de Chasael, 
ademas, si disfrutamos de este tríate recurro 



(*9 f ) 

no es inútil y perecemos Jos dos... cC Tu sa- 
bes qne el odre me pertenece. >; 

El persa se revolcó dando gemidos so- 
bre la arena abrasadora oh ! yo daria la par- 
te que me corresponde en el paraíso por 
un poco de agua de Bendimir! Oh! ¿por 
qué he abandonado yo mi palacio de Ghi- 
raz y mis jardines en los que el aire es tan 
fresco á la sombra de los naranjos? ¡ Mi Du- 
vilde que me esperaba por la fiesta de -la* 
rosas! ¡ ya no la volveré á ver, ni á mis hi- 
jos ni á mis queridos hijos! ¡Oh bárbaro, 
tu eres ei que me condenas á esta muerte 
horrorosa ! 

Amigo , pongo por testigo al profeta 
que sacrificaría gustoso mi vida por salvar 
la tuya; mas yo también tengo muger her- 
mosa; jóvenes y risueños hijos en las coli- 
nas de Hilas y me dirían un dia al pasar ei 
puente del juicio: padre ¿por qué nos has 
abandonado? 

¡ Asi tu dejarás espirar á tu huésped á 
quien podías socorrer! ¡Tú huésped que 
ha bebido en tu copa y dormido en tu tien- 
da! Hasta ahora se decía. 6w EI árabe tiene 
la mano abierta y el corazón fiel derrama- 
rá su sangre por su huésped; su pueblo es 
generoso entre todos los del mundo. y> Ya 



no se dirá esto de hoy en adelante: la glo- 
ria de Ismael ya feneció. 

El ismaelita meditó profundamente, y 
luego repitió con voz grave y enfática: "El 
árabe tiene la mano abierta y el corazón 
fiel..*' Alargóel odre a su compañero, y en- 
volviendo su cabeza con su capa se tendió 
en la arena. 

El persa bebió y salió del desierto ; el 
árabe murió 9 mas habia salvado la gloria 
de su patria , y su nombre sagrado fue tras- 
mitido de generación en generaeían como 
Ja herencia mas preciosa de los hijos de su 
tribu. 




HIGIENE, 

ARTICULO 5 o . 

Secreciones y Escrecioncs. 



Se entiende por estas dos palabras la ac- 
ción , por medio de la que la naturaleza 
elabora y espeje fuera del cuerpo; las ma- 
terias y humores perjudiciales. 

Las secreciones y escreciones son las 
funciones mas indispensables al goce de una 
perfecta salud , pues siempre que alguna de 
ellas se perturba cesa la armonía entre 
los movimientos, y las acciones y entre los 
diversos focos de sensibilidad , y es lo que 
constituye la enfermedad* Los órganos que 
las egercen están dotados cada uno de una 
propiedad particular, esto es, un modo de 
sentir que les es propio, en virtud del cual 
solo admiten materias análogas á su gusto. 
y rehusan todo lo que les repugna, mas 
cuando se vicia la sensibilidad de estos ór- 
ganos y desempeñan mal sus funciones las 
materias que debían espelerse, se retienen, 
se altera la masa de la sangre y de los hu-; 
mores , depravan mas y mas la acción. 



('94) 

pervierten enteramente el orden de los mo- 
vimientos, y á veces hacen tiro á un órga- 
no, le irritan , cuya irritación se comuni- 
ca simpáticamente á otros órganos, dando 
de este modo origen a varios males. 

Las escreciones escesivas son efecto del 
aumento vicioso de fuerzas en los órganos 
eseretorios , y á veces será producto de una 
causa morbosa; y ellas mismas son siem- 
pre por poco que duren causas de enfer- 
medades. Para conservar la salud se nece- 
sita que las secreciones y escreciones se ha* 
gan con libertad y que no escedan de tos 
justos limites. 

La sangre, es un fluido recrementicio 
y el depósito ó reservorio de todas las sus» 
tandas animales, de todos los humores y 
de todos los sólidos, la gelatina, la albumi- 
na, el gluten y la parte fibrosa de la carne 
se hallan disueltas en la sangre. 

La saliva es un humor segregado en la 
boca por las glándulas salivales. 

La análisis química da en la salía ge- 
latina , carbonate amoniacal y fóefato de 
cal. La saliva por su cualidad jabonosa y 
disolvente es mil á la digestión 5 y por Jo 
mismo no se debe escupir con mucha fre- 
cuencia. Losqu:» pierden mucha saliva bien 



escupiendo ó bien fumando, pierden el ape- 
tito, la animaüzacion y asimilación se ha- 
cen con dificultad, los alimentos como que 
se digieren mal , no reparan las fuerzas y 
los sugetos se enflaquecen. 

El moco de las narices y de los bron- 
quios consta de gelatina, de agua, de sosa, 
de fosfate de cal y de fosfate de sosa ; se 
espesa con el contacto del aire por razón 
del oxigeno que en él se fija. La mucosi- 
dad de que está barnizado el canal alimen- 
ticio, vejiga de la orina, uretra, 8tc, es de 
la misma naturaleza, su secreción modera- 
da tiene en perfecto equilibrio estas par- 
tes, su esceso es ya dañoso. 

Nada mas perjudicial que la supresión 
de las evacuaciones intestinales. El espas- 
mo habitual de los intestinos producido 
por la constipación se comunica á las vis- 
ceras abdominales, retardan su acción, y 
á veces hasta la cabeza misma entra á pa- 
decer, produciendo pesadez y dolor en ella, 
vértigos , desvelos, y otras varias afeccio- 
nes no menos incómodas. 

La frecuencia de deposiciones, y la 
prontitud de evacuarse, anuncian que se 
hacen mal las digestiones, y que está su- 
mamente debilitado el sistema ; para con- 



(i 9 6) 

servar la salud es preciso que ni el vientre 
esté muy estriñido ni ande tampoco muy 
suelto, un medio entre estos dos estreñios 
es lo que mas conviene, ei cual depende 
en gran parte 1 del régimen, del sueño y del 
ejercicio. Los que se entregan habitual- 
■ mente y con esceso á los placeres de la me- 
sa dijiercn nía! ; y asi no es de estrañar que 
ande su vientre mas suelto ele lo que con- 
viene. Los que comen poco y duermen mu* 
cho ó viven poltronamente y en la holga* 
zaneria , por lo común andan siempre es- 
triñidos. 

Los medios que hay mas eficaces para 
que el vientre se mueva debidamente to- 
cios los dias,son levantarse temprano y 
hacer ejercicio á campo raso. El ealor de 
la cama, y la situación orizonta! producen 
irregularidades en las evacuaciones ventra- 
les. El uso frecuente de lavativas y pur- 
gantes en caso de estreñimiento tiene el in- 
conveniente de que acostumbrándose á di- 
chos medios, la naturaleza pierde su ac- 
ción , debilitan á los intestinos y pertur- 
ban las digestiones. Los que naturalmente 
son -estriñidos no deben cargarse de ropa, 
evitando el uso de las sustancias ardientes 
y astringentes. 



La demasiada soltura de vientre pende 
Jas mas veces de que las fuerzas se dirigen 
liácia* lo interior ; en cuyo caso se emplea- 
rán los medios que son propios para diri- 
girlas hacia la circunferencia; como son» el 
ejercicio moderarlo, los baños tibios, las 
fricciones, conservar los pies calientes, y 
usar de una túnica de franela inmediata á 
la cutis. 

El defecto ó esceso de la secreción ó es- 
crecion de las orinas, origina muchas en- 
fermedades. Su escrecion, que es una espe- 
cie de íegía animal , e- indispensable para 
conservar la salud, si se detiene por mu- 
cho tiempo en la veg'ga , esta se dilata y 
vienen dolores en eí hipogastrio y lomos, 
pierde su resorte, y aveces se inflama y se 
gangrena, y por lo mismo queridos niños, 
jamas debéis aguantar por mucho tiempo 
la gana de orinar. La retención ó supresión 
de la orina produce grandes incomodida- 
des, ansiedades , sed, náuseas, vómitos, es- 
calofríos, fiebre, delirios, convulsiones; le- 
targos , apoplegías, y últimamente la muer- 
te; y todas las demás evacuaciones, con/o 
la saliva, el sudor* transpiración &c; ad- 
quieren en este caso el sabor y el olor pro* 
pió de la orina. 



(i 9 8) 

Me estremezco, hijos míos, al consi- 
derar á cuántos males espone la retención 
de orina, y mucho mas al ver con- Ja in- 
diferencia con que niegan algunos de los 
encargados de la educación de la juventud 
la licencia que Jes piden para su escrecion; 
insistid, hijos -mios, en couseguirla antes 
de esponeros á los males que os puede 
acarrear, que yo por mi parte os aconsejo 
que ayudéis su secreción y escrecion por 
medio del egercicio , que no estéis mucho 
tiempo en cama y sobre todo que esta no 
sea demasiadamente blanda y mullida. 

La escesiva escrecion de la orina cau- 
sa también enfermedades. Por medio de la 
transpiración se descarta la naturaleza de 
ciertos principios que pecando en canti- 
dad , llegarían á ser dañosos, y efectúa 
también por este medio la animal izacion 
de los humores descarbonizándolos. No se 
debe confundir el sudor con el humor 
perspirable, pues auuque una y otra es- 
crecion se hace por el mismo lugar se di- 
ferencian sin embargo en muchos puntos. 
La escrecion del sudor es siempre efecto de 
un estado violento, arrastra consigo gran 
cantidad de moléculas nutritivas, debilita 
1A cuerpo quitándole fuerzas y peso* Mas 



099) 

]a transpiración por ei contrario, arrastra 

consigo gran cantidad de materias escrr- 
menticias. que se asemejan en parte á la 
orina £ aumenta las fuerzas; pone mas lige- 
ro el cuerpo y favorece la animaiizacion, 

Para obtener una suave transpiración 
es preciso hacer egercieio al aire libre. De 
dia se traspira mas que de noche , y al 
acabarse la digestión mas que en ningún 
otro tiempo, porque entonces los humores 
se dirigen hacia la circunferencia, en vir- 
tud de dirigirse hacia ella la acción gene- 
ral ; pues el cutis se dilata , se esponja y 
se pone encarnado, lo que prueba que su 
acción se aumenta igualmente que la de los 
demás órganos secretarios. 

Las paciones tienen mucha influencia 
en la transpiración, pues vemos que se au- 
menta ó se disminuye, según que aquellas 
son gratas ó ingratas. Las primeras dirigen 
las fuerzas á la circunferencia, y las segun- 
das las concentran en lo interior. Ninguna 
cosa hay que se oponga mas á la transpi- 
ración que la vida sedentaria, las variacio- 
nes de la atmósfera y el frió húmedo. Guan- 
do la transpiracon es escesiva, el cuerpo se 
debilita en sumo grado: y si se disminuye 
ó suprime produce varias enfermedades que 



fsoo) 
afectan con particularidad á las membra- 
nas mucosas, por la afinidad que tiene el 
humor perspirabie con el de dichas mem- 
branas. Lo dicho acerca de la transpira- 
ción^ debe igualmente aplicarse al sudor, 
cuyo esceso ó defecto es muy perjudicial; y 
sobre todo cuando se suprime siendo críti- 
co ó periódico. Las fricciones secas, el uso 
habitual de los baños tan saludables en ge- 
neral, contribuyen á entretener la transpi- 
ración y fortificar el cuerpo. Es muy útil 
á la salud .mudarse á menudo y bañarse 
una vez por semana en agua caliente, cui- 
dando que pasen al menos cinco horas des- 
pués de comer. Solo se debe estar una ho- 
ra á lo mas en el agua caliente, y un cuar- 
to de hora en el agua corriente ó de man 

Hay otra secreción mas preciosa toda- 
vía que la que acabamos de indicar, por- 
que su pérdida produce daños terribles en 
lo físico y en lo moral , y de ella se siguen 
el enflaquecimiento, la consumpcion dor- 
sal y la muerte, 

Gada época de la \'ida tiene sus place- 
res, mas los de Venus no convienen á to- 
das edades. Las personas débiles y de pe- 
cho delicado y oprimido, y predispuestas 
á las afecciones de dicha cavidad , deben 



(*oi) 

usar de este placer con tanta mas modera- 
ción cuanto es su propensión á el. 

La primavera es la estación mas favo- 
rable y el estío la mas perjudicial, la ma- 
ñana preferible á la noche, en que el cuer- 
po fatigado del trabajo de todo el dia ne- 
cesita de mas descanso. 

La Venus solitaria es aun mas perjudi- 
cial , pues arruina en breve los mejores 
temperamentos, y produce terribles males 
que acaban con la vida. Queridos niños, 
los placeres solitarios > son tan injuriosos 
á la naturaleza, como vergonzosos al pu- 
dor. El virtuoso y sensible no puede sct 
por si solo feliz, sino que necesita hacer 
á otra persona partícipe de sus placeres; 
el verdadero placer, y del que es capaz de 
disfrutar el hombre de bien , es aquel que 
no causa remordimientos en su conciencia, 
de los que está llena la Venus solitaria, 
pues cada acto va marcado con el sello de 
un homicidio. 

La edad , las fuerzas y el temperamen- 
to, son las cosas que se deben consultar pa- 
ra hacer uso de la Venus , pues si se em- 
pieza á usar desde muy joven y sin que 
haya adquirido el cuerpo el debido incre- 
mento , acarrea un sin número ele males. 



(aoa) 
El uso del vino", café y licores fuertes, 
contribuye á escitar á dichos placeres, y 
por consiguiente á acelerar la ruina final» 
mente, si se quieren prolongar los goces es 
preciso usarlos con moderación. El canci- 
ller Bacon decia con mucha verdad " que 
los desordenes de la juventud son conjura- 
ciones contra la vejez* >} 




te 



EDUCACIÓN PRIMARIA- 



De tiempo en tiempo se hará repetirá 
los discípulos lo que hayan aprendido , y 
asi no lo olvidarán, consolidando de esta 
manera su ciencia, pues que no se puede 
decir la hay de la que se olvida. Se debe 
exigir que reciten bien y noque sean siem- 
pre declamadores , pero sin dejarlos pasar 
falta ninguna en la espresion y en el tono* 

Este precepto es importante , porque 
aun en muchas clases de retórica se en- 
cuentran alumnos que carecen de un reci- 
tado natural y regular. 

La imaginación es entre todas la facul- 
tades del hombre la que egerce sobre él, 
mayor influencia, y asi pide mucha aten- 
ción de parte del maestro encargado de di- 
rigir su desarrollo. Se evitan sus estravíos 
haciendo analizar ideas , examinando su 
moralidad y consultando sin cesar la ver- 
dad y la utilidad. Se despierta la imagina- 
ción incitando á los discípulos á describir 
los objetos que han visto, contádolos con 
sus mas vivos colores y acostumbrándolos 
á inventar por si mismos algunas historie- 



(204) 

tas. Mas téngase cuidado de no exaltar su 
imaginación con relaciones fantásticas y de» 
masiado romancescas, y con descripciones 
exageradas ó desnudas de verdad , pues les 
pueden, resultar graves inconvenientes. 







EDUCACIÓN DEL CORAZÓN. 



El maestro debe cuidar míicho del des- 

/ 

arrollo y dirección del juicio de sus discí- 
pulos. Para cultivarle les presentará las co- 
sas en su verdadero punto de vista , evitará 
las reticencias, prevendrá los errores, y 
fortificará en su corazón con egemplos bis* 
toncos el amor á la verdad y el horror á 
la mentira. Les acostumbrará á someterse 
á las inspiraciones de su conciencia ó lo que 
es lo mismo su recto juicio á despecho de 
la sensualidad y de los dornas pretendidos 
intereses contrarios* 

Les hará ver palpablemente que el cti« 
tendimiendo no se engaña admitiendo la 
existencia de una causa primera de las co- 
fas , de un moderador del universo, de un 
legislador del género humano. Les mostra- 
rá en todas partes el dedo de Dios, padre 
de las luces y manantial de toda perfecti- 
bilidad. 



- ^3" 



EDUCACIÓN MORAL. 



El hombre se ve dominado por movi- 
mientos y apetitos sensuales ., que pudiendo 
colocarle al nivel del bruto, necesitan de un 
correctivo poderoso, de una vigilancia ac- 
tiva y una dirección fuerte y sostenida. Es- 
te correctivo, esta vigilancia, esta dirección 
es loque se llama educación moral de la 
especie humana. 

Habiendo el hombre nacido libre , la 
violencia puede hacer legales sus acciones, 
mas no puede determinar la voluntad ín- 
tima y producir la convicción , pues este 
efecto solo es debido á la persuasión. 

El preceptor acostumbrará á sus discí- 
pulos á caminar por la senda de la recti- 
tud , de la justicia y de la honradez. Para 
conseguirlo se verá precisado alguna vez á 
usar de su autoridad , mas en lo posible que 
se dirija á la persuasión sino quiere hacer 
ele su discípulo, una máquina ó un mal- 
vado. Se domina la voluntad , es decir, se 
hace al hombre mora! por la razón, espo- 
niéndole las ventajas de una conducta con- 
forme á las reglas que se le dan, y conven- 
ciéndole de que obrando en sentido opues- 



to se priva ele la estimación cíe si mismo y 
de los demás. 

Se domina la voluntad por la coneiefi- 
cia, y por las ideas religiosas , por el res- 
pecto que inspiran los maestros, y por los 
castigos, y recompensas. 

El preceptor para asegurar el éxito d$ 
la educación moral . se ocupará principal- 
mente de los sucesos ordinarios de la vida 
en los que los niños puedan intervenir. Los 
enseñará á respetar los derechos de otro, á 
reconocer la dignidad humana y á amar I 
los hombres. 

Es preciso preservarlos también de la 
incredulidad, aunque la credulidad debe 
ser bien dirigida por no caer en la supers- 
tición, ni hacer brotar en sus corazones los 
funestos principios del fanatismo. 




EL JOVEN ESPAÑOL. 

Suceso histórico de la guerra de la inde- 
pendencia* 



¿Sabéis lo que es la patria, hijos mies t 
Es el país en donde habéis recibido con el 
dia los primeros besos de una madre: don- 
de cada uno tiene sus padres y todo lo que 
nías ama ; donde cuando habláis todos os 
entienden, y si pedis panos lo dan. Porque 
habéis de saber queridos que hay bien cer- 
ca de España , países en los que no hablan 
vuestro idioma que no os comprenderían 
si pidieseis pan , y que se reirían de vues- 
tro lenguaje como vosotros os habréis ral 
vez reído de algún estra.ngero porque no 
le entendíais. Mas nunca os riáis de un es- 
trangero que harto infeliz es él ya por es- 
tar en tierra estrafia. ¡Cuánto se sufre en 
ella! (i) Esto no os debe admirar ¡habéis 

(i) El vizconde de Chateaubriand en su Aben- 
cerrage dice: 

¡Oh, que dulce es acordarse 
De su patria y recrearse 
En ios años que pasaron 
Y que cual sueño volaron 
De la infancia í 



(20 9 ) 

sentido tanto el separaros del logar donde 
habéis sido criados ó del lado de vuestros 
buenos padres! Pues» bien ,se esperimenta 
en grande por la patria lo que vosotros ha- 
béis padecido por ei campo que fue testi- 
go de vuestros primeros juegos. Ademas, 
el amor de la patria es una cosa que se 
siente mejor que se espiica; y es muy se- 
mejante al que tenéis á vuestra madre; 
porque la patria es madre también ¿ una 
madre que os alimenta y que también ali- 
menta á vuestra madre. 

Amad mucho á vuestro país, y cuan-* 
do seáis mayores que podáis maneje runa 
espada ó un fusil, defencledle como defen- 
deríais á vuestro padre si unos malvados 
quisiesen asesinarle. Haced por él lo que 
vuestro compatriota ,. cuya historia os voy 
á contar, hizo por su padre Ambrosio. 

Ambrosio habia desplegado en la guer- 
ra de la independencia de 1809 un valor 
y energía propios del carácter español, (1) 



(1) Esperamos ver publicada ai fin una com- 
posición de un íntimo amigo nuestro, titulada: 
" Sentimientos que me inspiró el cuadro del año 
del hambre, escritos sobre los cimientos que re- 
cuerdan las víctimas del a de Mayo." 



frío) 

Se le acusa de haber sublevado á Men- 
da contra los franceses que la ocupaban 
militarmente , en su consecuencia envia- 
ron un destacamento en su busca. Llegó 
este de noche á la casa en que habitaba el 
valiente habiéndola cercado el oficial que 
la mandaba llamó á la puerta muy recio. 
Ambrosio se había escondido, porque hay 
momentos en los que la resistencia es una 
ridicula temeridad. Solo y sin armas, nada 
podía contra tantos enemigos, y por esto 
era de su deber conservarse para dias mas 
favorables y servir entonces á la patria, 
que no quiere que se vierta la sangre sin 
fruto. 

El oficial viendo que no le respondían 
llamó nuevamente con ruidoso estrépito. 
Entonces una muger gritó desde adentro. 
"¿ A quién buscáis?— A Ambrosio. — Am- 
brosio no está aquí, tal vez habrá muerto, 

yo no sé lo que es de él Vamos que 

venga con nosotros que nos hemos esíra- 
viado y queremos que nos guie Sino es- 
tá aquí, 'jz De todos modos abrid la puerta 
y nos daréis hs sefjas que necesitamos. >} 

La pobre muger ni abria la puerta ni 
respondía. El oficial escuchando creyó oír- 
Ja llorar. Entonces temiendo perder el tiem. 



po en forzar la puerta hizo que le subiesen 
á una gran claraboya que había abierta, y 
con espada en mano para rechazar los pri- 
meros golpes que pudieran dirigirle, saltó 
al medio de una pieza en la que reinaba la 
mas profunda oscuridad. Siguiéronle dos ó 
tres soldados que encendieron un mal can- 
dil y abrieron á sus camaradas. El oficial 
encontró sentada en el suelo en un rincón 
del cuarto , una muger como de treinta 
años que daba de mamar á una criatura. 
Procuró tranquilizarla y la volvió á hacer 
varias preguntas, todas inútiles, pues per- 
sistía en decir que ignoraba el paradero de 
su marido. "Nos han quitado todo cuanto 
temarnos eselamaba; mi Ambrosio no está 
aquí para trabajar y me muero de ham- 
bre" y al concluir estas palabras echó de 
nuevo á llorar: durante esta escena los sol- 
dados andaban registrando todo, y uno vio 
á un niño como de cinco á seis años que 
estaba acurrucado entre la chimenea y un 
grande armario, y asiéndole de la oreja, 
bien que sin hacerle mal le llevó á donde 
estaba el gefe diciendo: "Aqui tenemos 
quien nos ayudará á descubrir el delin- 
cuente." 

El niño, sorprendido y asustado estaba 

3 



(aia) 

de pie derecho delante del oficial levantan- 
do algnnas veces los ojos hacia él , y otras 
volviéndolos hacia su madre. "El oficial le 
tomó una mano, le acarició y le preguntó 

con suavidad." ¿Está aquí tu padre? 

No, señor. ¿Sabes dónde está? Yo no lo 
sé ¿Cuando ha salido? — Ya hace mu- 
cho tiempo ¿Sí, mas, me han dicho que 

habia vuelto? — No señor ¿Y si tu pa- 
dre no está, quién es el que os mantiene? 
Tu madre está mala y no puede comprar 
pan. _ Llora y se lo dan. -- Escucha niño, 
te han mandado que no dijeras donde está 
tu padre porque creen que le vamos á ha- 
cer daño , pero no es verdad. Ves este peso 
duro, tómale y dime donde está tu padre 
para darle también á él dinero, pues no 
venimos á prenderle sino á que nos guie al 
camino real. 

El niño sin cogerlo nada contestaba. 
El oficial le enseñó el reloj prometiendo 
qne se le daria si le llevaba donde estaba 
su padre. Siempre la misma firmeza y el 
mismo silencio, en fin, no pudiendo ha- 
cerle caer en la tentación le agarró violen- 
tamente de un brazo y apretándole con la 
espada al corazón le amenazó pasarle de 
parte á parte sino descubría su padre. El 



(ai3) 

niño pálido , trémulo y desfallecido miró 
á su madre como implorando su socorro, 
mas no profirió una palabra , ni una que- 
ja , y fue imposible arrancarle su secreto. 

Él oficial le soltó vivamente conmovido 
y aplaudiendo en su interior Ja conducta 
del muchacho cuando le vio lanzar un gri- 
to lastimoso y prorrumpir en lágrimas 
amargas. Era porque uno de los soldados 
habia derribado un gran rollo de tela que 
habia bajo de un telar, y le estaba desa- 
rollando y pinchándole con la bayoneta. 
Dentro de este paquete se encontró al po- 
bre Ambrosio que apenas respiraba. Su hi- 
jo corrió á él juntas las manos, del modo 
mas espresivo y gritando. "¡Padre de mi 
alma !... ¡ padree de mi corazón ! hasta que 
los sollozos sofocaron su voz, Ambrosio le 
estrechó tiernamente entre sus brazos 9 y 
volviéndose hacia la muger la dijo: ¡á 
Dios!... y echó á andar entre los soldados. 
Esta vez el oficial no tuvo que encargar la 
humanidad ásu tropa aquellos mismos que 
se habían mostrado sin piedad dos dias an- 
tes estaban enternecidos con el dolor y va- 
lor de un pobre muchacho y asi no mal- 
trataron á su padre en todo el camino. 

Ya lo veis queridos niños, la. piedad fl» 



(ai 4 ) 

lia] , el amor á los padres, es una cosa fan 
bella que desarma hasta á los hombres nías 
insensibles. Seguid el ejemplo de vuestro 
compatriota $ si amáis bien á vuestro pa- 
dre, amareis bien á vuestra patria. Un buen 
hijo es siempre un buen ciudadano. 



««SJ*^ 5 ^' 




VB ian i m u miiÉJto 



biografía. 



Helena. Emperatriz de Ábisima, mu- 
ger del emperador Beda-Mariam que mu- 
rió en 1475 , dejando á su viuda por go- 
bernadora del reino. Esta princesa célebre 
por su prudencia y su piedad, tuvo por 
largo tiempo las riendas del gobierno; jun- 
tó inmensas riquezas y adquirió los territo- 
rios fértiles de Goiam. Empleaba gran par- 
te de sus rentas en obras de caridad, en 
fundar establecimientos de instrucción y de 
beneficencia , edificar iglesias y otros mo- 
numentos magníficos. Tuvo el disgusto de 
ver su imperio atacado por lo esterior, por 
los mahometanos , y turbada la paz de su 
regencia por partidos y facciones interio- 
res; por lo que se vio precisada á solicitar 
la intervención del rey de Portugal por una 
solemne embajada en 1 5 19. Favoreció mu- 
cho á los portugueses, los que á pesar de 
esto, todavía tardaron algunos años en es- 
tablecerse en Abisinia. 



MBa-v 



POESÍA' 



FÁBULA. 



El hombre y el árbol. 



Levantando el campesino 
Con brazo intrépido el hacha, 
El amenazado roble 
Le dirige estas palabras : 
Detente, inhumano, ¿olvidas 
Con cuánto placer descansas 
Bajo mi benigna sombra 
Por las siestas abrasadas? 
¿ No sabes que á su recinto 
Vienen las lindas zagalas , 
Ora á decir sus amores, 
Ora á tejer Sus guirnaldas ? 
¿Quién , si mi tronco destruyes , 
Dará abrigo á la calandria , 
Cuando en el mayo florido 
Venga á cantar á mis ramas ? 
Es cierto, el villano dice; 
Pero la cuenta mas clara 
Es que llenaré la bolsa 
Cuando te venda en la plaza. 
Dijo , y el hierro homicida 



(j22 7 ) 

En el duro leño clava , 
Mientras compasivas gimen 
Las ninfas y las driadas. 
Es vergonzoso decirlo; 
Pero la familia humana 
Llega á perder la cabeza 
Cuando de interés se trata. 
Por él la inocente virgen , 
Cubierta de pena amarga , 
Con el hombre que aborrece 
Temblando llega á las aras. 
Por él en la oscura noche , 
La fiera traición levanta 
Su puñal, atroz sonríe, 
Y el sangriento golpe lanza. 
El remordimiento grita 
Tal vez , v triste amenaza ; 
Pero á la voz imperiosa 
Del interés 9 todo calla. 



UTILIDAD DEL ESTUDIO 

DE LA ASTRONOMÍAS 

Felices anime quibus hec cógnoscere primts 
Iii^ue domo superas scandere cura fait.. 

O* id. Fas l, Lib, i . 

Cuan venturos fueron los primeros 
Que el orden penetraron de estas cosas 
Subiendo á la región de los luceros. 

Asi como es impropio 9 según nuestras 
costumbres, el que una muger se emplee 
con cálculos, medidas y observaciones en 
determinar el curso de los astros , averi- 
guar su distancia y fijar su tamaño , no es 
menos indecoroso el que sea tan ruda é ig- 
norante, que entienda como los siameses 
y los antiguos peruanos que los eclipses son 
unas enfermedades del sol ó da la luna; 
que los cometas no tienen mas destino que 
anunciar sucesos infaustos,' que las estrellas 
están clavadas inmóvilmente en una bóve- 
da sólida é impenetrable de esmalte azul, 
sin mas oficio que recrear por la noche 
nuestra vista , con otros errores de esta na- 
turaleza. Unas preocupaciones tan groseras 
no son menos vituperables en una muger que 
en un hombre , y no pocas veces los que 



(* f 9) 

las lian adoptado han sido juguete de su 

credulidad é ignorancia. En el tercero y úl- 
timo viage que hizo á las indias occidenta- 
les su célebre descubridor Cristóbal Colon, 
se vio precisado á varar en la costa de la 
Jamaica , para mantenerse en aquella isla 
hasta que el cielo le deparase algún medio 
para salir de ella. Los naturales al princi* 
pió suministraban á los españoles cuantos 
víveres necesitaban ; pero temiendo luego 
que con motivo de tanto consumo llegasen 
á apurarse las producciones de la tierra en 
términos de verse ellos reducidos á perecer 
de hambre desistieron de llevar víveres á 
los navios encallados, poniendo con esto á 
los españoles en el mayor apuro , de que 
solo pudieron sacarlos los conocimientos 
astronómicos de Colon y la torpeza de los 
isleños. Sabia el almirante que á los tres dias 
Labia de haber un eclipse de luna , y apro- 
vechándose de este conocimiento convocó 
á los priucipales de la isla, a quienes dijo; 
que irritado el ser Supremo al ver que se 
negaban á asistir con víveres á sus adora* 
clores , habia resuelto castigarlos con infi- 
nitas calamidades, y que para que no du- 
dasen de la verdad de su aserción verian 
por la noche salir la luna enojada y de co - 



(a 2 o) 

lor de sangre. Mofáronse al pronto de la 
profecía los isleños, pero cuando al salir la 
luna vieron los efectos del eclipse , como 
ignoraban enteramente la causa que le ori- 
ginaba , corrieron á los navios cargados de 
víveres , y pidiendo á Co>on con gemidos 
y lágrimas que se empeñase con su Dios 
para que suspendiese el castigo con que los 
amenazaba , ofrecieron que continuarían 
llevando bastimentos como lo habian he- 
cho antes. Aparentó Colon acceder á su3 
instancias , y asi que principió á aclarar, 
les aseguró que ya Dios estaba aplacado co- 
mo lo indicaba el color de la luna. Agrá* 
dccidos los indios cumplieron fielmente su 
promesa , y los españoles riéndose de su 
ignorancia se aprovecharon de ella par evi- 
tar su esterminio. 

Esto no es decir que todos hayan de 
ser astrónomos consumados, pero sí que es 
necesario tener aquellas noticias de astro- 
nomía que basten para despreciar las vu!-* 
garidades y estar libre de ridiculas preocu* 
paciones, en este supuesto tocaremos una 
que otra vez algunos puntos de esta y otras 
ciencias con la sencillez y amenidad que 
corresponde á este papel ; por lo cual cree- 
mos que no desagradará ahora el que de- 



( 32,1 ) 

mos una leve y sucinta ¡dea de ellas* 

La astronomía ó la ciencia de los astros 
tiene por objeto examinar sus movimien- 
tos , distancias y tamaños. Es una de las 
partes mas útiles de la filosofía, ya con res- 
pecto á la agricultura, para distinguir las 
estaciones propias, para cultivar la tierra, 
ya con respecto al comercio para elegir el 
tiempo oportuno de los viages y dirigir la 
navegación, ya con respecto á la guerra} 
para emprender con acierto asi en el mar 
como en la tierra las grandes espediciones, 
ya con respecto á la política y á la religión, 
tanto para fijar los dias destinados al tra- 
bajo y los festivos cuanto para arreglar el 
calendario civil y eclesiástico. En fin, la 
astronomía se aplica á todas aquellas nece- 
sidades que tienen relación con el conoci- 
miento del tiempo, y demás de estas utili- 
dades es en cuanto á las materias físicas el 
objeto mas noble y digno de la aplicación 
del entendimiento humano. 

La mayor parte de los escritores atri- 
buye su origen á los caldeos, quienes coa 
motivo de dedicarse á la vida pastoril tu- 
vieron ocasión da examinar los movimien- 
tos de los astros, y fueron los primeros 
que determinaron el giro sucesivo de las 



(ana) 

estaciones. Esta ciencia es la base de la cro- 
nología (i), de la geografía , de la gnomo- 
nica y de la navegación. 

Todos los cuerpos celestes guardan en- 
tre sí cierta orden ó disposición de que te- 
nemos algunas probabilidades que casi to- 
can en evidencia, y su examen y coordi- 
nación es lo que llamamos sistema. 

Pocos filósofos ha habido, especialmen- 
te en la antigüedad , que no hayan esta- 
blecido el suyo , pero los principales son 
tres, que han tomado el nombre de sus 
autores, á saber: el de Ptolomeo , el de 
Copernico y el de Ficho Brache, de los 
cuales daremos en otra ocasión una breve 
noticia igualmente que de sus inventores. 

No hay estudio que mas dé una idea 
de la grandeza del Criador que la astrono- 
mía. Cualquiera que pare la consideración 
en esa innumerable cantidad de estrellas 
mayores y mas resplandecientes que el sol 

■i ' ■ ' ' — — *■ '■ » ii ' iiii i,, . j mi i i. i r i i. n — —» 

(a) La cronología es la ciencia que enseña á 
computar los tiempos y á fijar las épocas; la gno- 
niórüca la que trata de los reiójes de sol ; y la geo- 
grafía la que trata de la descripción genera! de la 
tierra. Por mas que se escandalicen los sabios se 
que muchos de mis lectoros me agradecerán esta 
iiota. 



(am3) 

que nos alumbra , en su asombroso tama- 
ño, en sus movimientos y leyes invaria- 
bles, en la distancia infinita que hay de 
unas á otras, y en el espacio inmenso que 
ocupan, es forzoso que confundido y ano- 
nadado esclame. Tu solo gran Dios eres 
capaz de comprehender tu grandeza. 




LAS FRESAS Y LAS GROSELLAS. 



Anatalío había oído decir á su padre 
que los niños no saben nada.de lo que pue- 
de convenirles, y que toda su sabiduría 
consiste en seguir los consejos de las per- 
sonas mayores de edad. Mas no habia que- 
rido comprender esta lección ó tal vez la 
habia olvidado. Habian partido entre su 
hermano Próspero y él un cuadrito del jar- 
din para que cada uno tuviese en propie- 
dad cierta porción de terreno en la que 
pudiesen plantar todo lo que quisiesen, 

Próspero acordándose de la instrucción 
de su padre , fue á buscar al jardinero y 
le dijo: 44 Amigo Rufino, te ruego me di- 
gas qué es lo que yo debo plantar en mi 
jardín y cómo lo he de hacer. >y "Anatalio 
se encojia de hombros al ver la docilidad 
de su hermano , y cuando el jardinero le 
preguntó si queria que le enseñase algún? 
cosa , respondió muy satisfecho. ¿" Le pa- 
rece á V. que yo nesesito lecciones de na- 
die?" En seguida fue á coger flores y las 
plantó por el tallo en la tierra. El jardine- 
ro le dejó hacer todo cuanto cjuiso. 

Al otro dia por la mañana Anataíio 



(2*5) 

vio que todas sus flores se habían marchi- 
tado. Plantó otras que al otro dia le suce- 
dió otro tanto. Disgustado de esta manio- 
bra cesó de trabajar y el terreno no tardó 
en cubrirse de cardos y de ortigas. 

Hacia el fin de la primavera vio en el 
pedazo que cultivaba su hermano algunas 
cosillas encarnadas; se acercó y vio que 
eran fresas, del gusto mas esquisito: jAh! 
esclamó, ¡si yo tuviera unas asi en mi jar- 
din ! Poco tiempo después reparó unos gra- 
nillos colorados que pendían en racimos 
entré las hojas, se acercó y vio que eran 
apetitosas grosellas. ¡Ah esclamó segunda 
vez, si yo tuviera unas asi en mi jardín! 

Come como si fuesen tuyas, le dijo sü 
hermano, y el jardinero añadió. "En vues- 
tra mano ha estado el tener otra fruta igual 
á esta , y asi no despreciéis en lo sucesi- 
vo los consejos de las personas espeí ¡men- 
tadas." 




EDUCACIÓN DEL BELLO SEXO. 

ARTICULO 6.° 

Gramática y literatura. 



No hace mucho tiempo que la mayor 
parte de las jóvenes, aun las de un naci- 
miento distinguido, se educaban en la mas 
completa ignoransia de los principios de 
nuestra rica y magestuosa lengua y de los 
elementos de otros ramos del saber , útiles 
y propios para formar su entendimiento. 
En el dia se ha caido en otro estremo , y 
bajo pretesto de desarrollar sus facultades 
entorpecidas , se trata de enseñárselo todo 
y aun iniciarles en los mas profundos mis- 
terios de la naturaleza. Ha habido sabios 
benévolos que deseando obtener cierta ce- 
lebridad entre las damas, han despojado á 
las ciencias elevadas de su aridez para po- 
nerlas al alcance de las jóvenes, y ha habi- 
do también maestros ¡complacientes que se 
han tomado el trabajo de formar cursos de 
estudios espresamente para las mismas. Hay 
un justo medio éntrela ignorancia y la eru- 
dición , entre una enseñanza muy superfi- 



cial y una enseñanza muy profunda. Sin 
procurar que las jóvenes sean sabias , con- 
tentémonos con que sean instruidas. No ol- 
videmos jamas que la naturaleza las des- 
tina á hacer la felicidad de la sociedad do- 
méstica, para que de aqui provenga la de 
la sociedad general. Enhorabuena que los 
hombres sean oradores, químicos, astróno- 
mos, &.; pero á las mugeres basta con que 
después de la ciencia de la religión sepan 
escribir y hablar su lengua correctamente, 
no equivocarse al efectuar las primeras 
operaciones aritméticas. Respecto á la li- 
teratura, bueno es que tengan algunas no- 
ciones , especialmente en el estilo episto- 
lar; mas evítese el entrar en pormenores 
sobre las sutilezas de figuras del lenguaje y 
multitud de clases de versificaciones. De- 
masiado poseerán el arte de persuadir si 
son dulces y virtuosas, porque nada hay 
mas elocuente que la virtud. Mas esto no 
impide que se dediquen á la lectura de los 
autores clásicos de nuestra nación , tanto 
en prosa como en verso, á cuya lectura 
quisiera que hubiese mas afición en el be- 
llo sexo qué la que tienen á las novelas. 

En cuanto á la historia nadie duda que 
debe hacer una parte muy estensa de la 

4 



( 2a8 J 

educación de las jóvenes No se habla aqui 
de la Historia Sagrada , cuyo conocimiento 
es -indispensable á todos los cristianos que 
aman su religión y quieren hacerla amar; 
sino de la historia profana, de la que las 
mugeres bien educadas deben haber reci- 
bido una tintura suficiente para saber las 
principales épocas y los hechos mas impor- 
tantes, y sucesos que referidos á sus hijos 
pueden fortificar los principios de moral 
que ellas mismas han recibido. 

De esta y utilidad del estudio de la his- 
toria nace la del estudio de la geografía que 
es su llave principal. Si las jóvenes no han 
de ser profundas geógrafas, nadie puede al 
menos dispensarlas de adquirir ciertas no- 
ciones relativas al globo que habitamos y 
á sus diferentes partes. En efecto \ la des- 
cripción de la tierra es de un uso tan fre- 
cuente en la conversación y en la lectura, 
que ignorarla es esponerse óá un ridícu- 
lo desprecio ó á no entender palabra de 
cuanto se lea , bien por afición ó por nece- 
sidad. ¿ Cómo una joven podrá hablar bien 
de la España , sino conoce sus límites , ni 
el número de sus provincias, ni las ciuda- 
des principales, ni la distancia de los lu- 
gares? ¿Una muger que ignora estas cosa* 



no colocará hacia el Norte lo qne está ha- 
cia el Mediodía, y al Oriente lo que está 
al Occidente? ¿No colocará en una misma 
lineadlos Alpes y los Pirineos? ¿No hará 
correr hacia un mismo lado al Ebro y al 
Duero? 

Por estas sencillas razones , la geografía 
debe ser una parte muy esencial de la edu- 
cación de las jóvenes. Para esto, no se debe 
sujetar la enseñanza tan servilmente á los 
métodos ordinarios que no se cambie na- 
da, absolutamente nada. Asi se debe ins- 
truir á las jóvenes de las principales divi- 
siones del globo que habitamos , los límites 
de los reinos y las provincias y las capita- 
les de los imperios , pero de un modo que 
no se las desanimase y se evite todo cuanto 
haya de árido en este estudio, (i) Por esta 
razón, la parte astronómica de la geografía 
debe reservarse para lo último , cuando ios 
conocimientos preliminares de la geografía 



(i.) Véase el mímero 6? de ln Colección, to- 
mo 2?, y el i o del tomo 3? 



(a3o) 

hayan puesto su cabeza en disposición de 
entender las descripciones de Ja esfera y 
el uso de los círculos que la componen. 

En el número próximo se hablará de 
las bellas artes con relación á la educaeion 
de esta xlase¡tan"precio$a'de á la sociedad. 




ÍMM® 



jSfltó-. 



SS^SSasra^ 



GEOGRAFÍA. 



f El padre. Eugenio, tu distes princi- 
pio en la lección anterior de los conoci- 
mientos que teníais de la Escocia , y hoy 
quiero que hagas lo mismo con los relati- 
vos á la Irlanda.. 

Eugenio. Papá, con muchísimo gusto, 
deseo complacer á V. y agradar á mis hei> 
mauitos, que con tanta docilidad me ce- 
den la preferencia, y para satisfacer los de* 
seos de iodos digo: Que la Irlanda, ó sea la 
antigua Hibernia, forma una isla situada 
al Oeste de la Inglaterra, entre los 5i.° 20. 1 
y 55.° 20.' lat. Norte y i.° 33.' y 6.° 38 
longitud Oeste. La bañan al Este el canal 
del Norte que la separa de la Escocia , el 
mar de Irlanda que está entre ella y la In- 
glaterra , y el canal de san Jorge, que se 
prolonga entre sus costas y el principado 
de Gales, al Norte , al Sur y al Oeste, la 
circuye el Occéano atlántico. Su estension 
de N. N. E. á S. S. O. entre los cabos Cleac 
y Malin , es algo mas de 80 leguas y su ma- 
yor anchura de E. á O. entre los promon- 
torios Howth-head y Seynehead, de 5 j| le- 
guas. (4 fichas) 



El padre. Isabel, ¿ qué número de 
puertos, ensenadas y fondeaderos se cuen- 
tan en Irlanda? 

Isabel. Ciento treinta , los que son can- 
sa que se haga tan fácil y cómodamente la 
navegación en las costas de esta isla, y al-* 
gunos ele ellos se los puede corhparar con 
los mas vastos y herniosos de Europa, en- 
tre ellos 14. son capaces para poder recibir 
navios de línea , y de este numero son : Ban* 
try, Belíast, Gurlingford, Cork, Diogles, 
Slígo , &c. El puerto ó mas bien bahía de 
Bantry es una de las mas dilatadas y segu- 
ras del mundo; las irias grandes armadas 
pueden estacionar entre la costa y la isla 
nombrada Beard-island situada en esta ba- 
hía. La ensenada de Cork es singular por 
su profundidad , toda la marina de Ingla- 
terra pudiera fondear en ella teniendo los 
buques un seguro abrigo detrás de las tres 
pequeñas islas. El puerto Swil y, en el con- 
dado de Donegal , tiene asimismo sufi- 
ciente capacidad para la mayor escuadra. 
(4 fichas) 

El padre. Alejandro , ¿ con que la na- 
vegación por las costas de Irlanda es tan 
segura ? 

Alejandro. Si señor, con poca escep- 



(*33) 

cion estas costa» son en lo general seguras, 
y pueden aproximarse á ellas los buques 
sin mucho peligro, pues aunque hay algu- 
nos escollos puede navegarse sin gran mie- 
do. Sin embargo, se encuentran muchos 
bancos de arena y algunas rocas entre el 
puerto de Dublin y las islas Sattee ; ia cos- 
ta comprendida entre Coulinhead y I3 pun- 
ta de Buinaha , está erizada de escollos y 
en ella es arriesgada la navegación , duran- 
te un temporal ; pero de todos modos re- 
sulta que las tres cuartas partes casi de las 
costas de Irlanda son completamente segu- 
ras. (4 fichas) 

El padre. Eugenia, ¿ qué hay que no- 
tar en el suelo de Irlanda? 

Eugenio. Que al Norte y al Sur es muy 
montuoso, pantanoso en lo interior , no 
obstante de atravesarla cadenas de colinas. 
También se encuentran muchos lagos , so- 
bre todo en las montuosas provincias de 
Connanght y de Ulster, en la primera es- 
tan Conn , Mask, Corrib, Alien , &c. En la 
de Ulster se ve el gran lago de Eme que 
consiste en dos lagos unidos por un estre- 
cho, el lago Neagh que comunica por me- 
dio de canales con el canal del Norte y q1 
mar de Irlanda, y con el mar Atlántico por 



(»34) 

el rio Bann; y los lagos Strangfore, Willy 
y Foyle. En los confines de Gonnauoht y 
de Leinster están Jos de Derg y Ree que 
atraviesa el rio Shannon, y comunica con 
otros lagos mas pequeños. En el Munster 
se admira el lago Killerney, celebrado por 
sus hermosos puntos de vista. (4 fichas) 

El padre. Enrique, ¿me podrás tu de- 
cir cuántas leguas cuadradas tiene la su- 
perficie de Irlanda? 

Enrique. Si señor, tiene 3,o5o en una 
estension de 165 leguas de largo y 60 de 
ancho. 

¿ Y qué clima esperimentan en esta isla? 

El mas húmedo y el mas insalubre de 
toda la Gran Bretaña , aunque mas tem- 
plado que el de Inglaterra, pues aun en las 
mismas montañas, exceptuando algunos pi- 
cos de grande elevación, no dura la nieve 
muchos dias. Preténdese que desde algu- 
nos siglos á esta parte es mas benigna la 
temperatura. El suelo de Irlanda es en ge- 
neral bueno y feraz, fuera de los dilatados 
terrenos pantanosos que se encuentran en 
ella. El principal alimento de los irlande- 
ses es en lo general la patata; tanto que es 
famosa esta isla por el cultivo de este tu- 
bérculo, y desiguada por I03 ingleses con 



(a35) 

el nombre cíe land of patatoes: pais de 
las patatas , los labradores las comen todo 
el año agregándoles la leche, de modo que 
una lechería es parte indispensable de. 
un edificio rural por reducido que sea 
(5 fichas) 

El padre. Eugenio, ¿ di me algo de la 
industria de Irlanda? 

Eugenio. Los tejidos de hilo de la Ir- 
landa tienen tantn nombradla que se pue- 
de decir que es uno de los puntos del glo- 
bo que surte con mas telas al general con- 
sumo; su industria data desde el reinado 
de Garlos I.°, en cuya época se hallaba de 
virrey de la isla el conde Strafford , el cual 
haciendo traer de Holanda simiente de li- 
no y diestros operarios de Francia , que cul- 
tivando esta planta y la elavoracion de te- 
las dieron tal incremento á estas que asom- 
bran los estados de su esportacion ; ño han 
prosperado tanto las fábricas de algodón, 
aunque no obstante se han casi duplicado 
desde el principio de este siglo. Las fábri- 
cas de tejidos de seda declinan en lugar de 
aumentar, si ha de juzgarse por las impor- 
taciones de seda: i,5oo telares para tejerla 
poco mas ó menos hay en Irlanda , que 
consumen según los últimos 6 años 64,55o 



(^36) 
libras de seda ; y en su elavoracion se ocu- 
pan 39 á q$ individuos. La fabricación de 
telas de lana, lejos de ser estimulada, se 
ha procurado contrariar por el gobierno 
inglés , que pretende eximir á los fabrican- 
tes de sus dominios de la emulación de los 
irlandeses y reducirlos á las manufacturas 
de lienzo. Hay pocas fábricas para forjar 
metales, pocas fundiciones; creyéndose que 
el motivo sea la escasez de combustible. 
Hay fábricas de vidrio , pero no labran es- 
pejos ni cristal ; cuatro de ellas hay en Du- 
blin , dos en Belfast 9 dos en Cork, una en 
Waterford, y una en Londonderry: poseen 
muchísimas fábricas de aguardiente que se 
estrae de la cebada y otras semillas; sobre 
las cuales tiene el gobierno impuesta una 
contribución. En las grandes poblaciones 
hay inumerables cervecerías.,- y ]$ importa- 
ción de barriles de cerveza ingleses está re- 
ducida al presente á muy pocos centena- 
res, regulándose el consumo de cebada en 
las fábricas de esta isla á 36i,3oi- fanegas. 
La sal les viene del estrangero, y la In- 
glaterra por si sola la provee de un millón 
á. millón y medio de fanegas cada año. Los 
Irlandeses salan para esportar considerables 
cantidades de carne de buey y cerdo. La 



exportan en toneles para América , y en 
cambio de la cual traen leña. En el conda- 
do de Cork hay dilatados saladeros por ser 
el puerto principal por donde se esporta 
este artículo. Los jamones los salan en Li~ 
merick , Clomnel 9 y Vaterford , en donde 
los embarcan para Londres, y asi á este 
punto como á otros varios de Inglaterra lle- 
van también macho ganado vacuno.. Tam- 
bién esporta granos que solo á Inglaterra 
sube anualmente á 1,603,39 1 cuarters. 

La mejora que han esperimentado los 
•pastos de Irlanda mantiene tanto ganado 
mayor que esporta parte también para las 
colonias. Ademas de la gran cantidad de le- 
che para el habitual consumo se emplea 
mucha parte para hacer manteca, que es 
otro de los principales artículos de espor- 
tacion. El ganado lanar constituye una de 
las riquezas de la isla; la casta del ganado 
irlandés es conocida generalmente por sus 
piernas cortas , gran vientre y blancura de 
lá lana. Los caballos de Irlanda son vigoro- 
sos y de talla mediana , y en muchos con- 
dados en que hay dilatados prados son de 
pelo negro. En las campiñas se crian mu- 
chas cabras y cerdos. 

En tiempo de Cromvrel! fue estirpada 



(238) 
la raza de los lobos que inundaban el pais, 
y en el dia está estinguida también la cas- 
ta de lebreles irlandeses que tanto contri- 
buyó á destruir á aquellos. Esta hermosa 
casta se conocia por su alta talla y color 
blanco. 

En Irlanda no existen muchos délos 
animales del continente , tales como ser- 
pientes , topos , sapos, escuerzos; pero es 
muy común la volatería y abundan las aves 
acuáticas. La pesca abunda tanto en las eos* 
tas de Irlanda que ha hecho decir á 5ir 
Villiam que poseían una mina en el agtíá. 
Sus muchas bahías, embocaderos de rios de 
estas costas atraen los arenques , congrios, 
y bacalaos; sin citar los peces de agua dul- 
ce que se pescan en los rios y lagos. Según 
una relación hecha al parlamento se ocupan 
en las pescas de Irlanda 49*448 individuos. 
(10 fichas) 

El padre. Alejandro , ¿cómo se sub- 
divide la Irlanda? 

Alejandro. En cuatro provincias, que 
son : el Ulsíer al norte , el Leinste al este^ 
el Munstez al mediodía y el Connanght al 
oeste. Estas provincias se gubdividen en 32 
condados: cuyos nombres y estension eu 
acres de aque! país son ; 



( a3 9) 

Condados» Es tensión en acres de Cabezas de territorio» 

Irlanda. 

Connaught. 

Galway ......... 989,950 Galway. 

Seitriun a 55-95o Carriek. 

Mayo. . . • 790,600. . • Bailinrobe. 

Roscommon 346, 150. • Roscommon. 

SUgo. . . . . H7> l S° Sligo. 

Leinster. 

Carlow . . . . 137,050 Carlow. 

Dublin 142,050, . . . . Dublin. 

Kildare. • 236,750. • • • , . Naas. 

Kilkenney 3° 535°* • • Kilkenney. 

KingVCounty ó Con- 
dado del Rey. .... 282,900. . Philipstowu. 

Longford 134,150. . • Lougsford. 

Lonth. . . . , 110,750. . . . Duldalk. 

Meath. . . 327,900. Trim. 

Qeen's-County ó Con- 
dado de la Reina. . 235,300. Marybordugh. 

Vest-Meath. ...... 331,550. . . Mulüngar. 

Vexford. 342,900. . . . Vexford, 

Vicklow. ........ 3 ir, 600. ... Vicklow. 

Munster. 

Clare. .......... 476,000. ..... Eunis. 

Couk. .......... 1.048,800 Cork. 

Kerrey. ........: 647 650 , Tralee. 

Limerick 386,750. , . , Limenck. 

Tipperary . 554,950] . . . . Clonmel. 

Vaterford. . . . : . . . 362,800. . . Vaterford. 



Ulster* 

Antrim ...... 387,100- Antrim* 

Armagh 181,450, .... Armagh. 

Cavan. , . 301,000 Cavan. 

Donegal , . . . 679,550. ... . Donegal. 

Down. .......... 348,5S°-' • • • • • Down. 

Fermanagh ....... 283,450. . . Enniskillen. 

Londonderry. . . . . , 318,500.. Londonderry*. 

Monaghau, . . . . . . . 179,600. , . Monaghau. 

Tyrone , . . . . 4635^00. . • . . Omagh. 

Estos estados se subdivideu en baro- 
nías , qóe según su estension tienen uno 
ó mas gobernadores que dependen del Lord 
lugar teniente , en el día son setenta. El 
sistema judicial de Irlanda es semejante al 
de Inglaterra. En primavera y estío los 
jueces - de los tribunales ordinarios visitan 
todos los condados,, para cuyo efecto es- 
tá dividida la Irlanda en sris circuitos. 
(8 fichas) 

El padre. Eugenio, ¿cuándo se reunió 
la Irlanda á la Gran Bretaña ? 

Eugenio. El año de 1801 , pues aun- 
que su sumisión se verificó en 1 17a por 
Enrique II.? rey de Inglaterra», tuvo su par* 
•lamento separado hasta el año dé 1800, y 
en ei año siguiente fue sometido al de la 
Gran Bretaña { i ficha) 



(a 4 i) 

Él padre. Isabel , ¿ en qué estado se ha- 
lla la instrucción en Irlanda? 

Isabel. Para la primera instrucción se 
han, establecido millares de escuelas nuevas 
en toda la isla, cuyo núnlero asciende á 
u,823, de las cuales en la provincia de 
Ulster, hay 3,449: en la de Leinster, 3,492: 
en la de Munster, 3,359, Y ?$&§ en ' a 
de Connaught, Mas de 2000 sostenidas por 
las sociedades de beneficencia, y se calcula 
en 56o,ooo el número de niños que las fre« 
cuentan, entre los que se cuentan 420,000 
católicos . 93,000 anglicanos, y 44,000 
presbiterianos. Hay una universidad esta- 
blecida en el colegio de la Trinidad de Du- 
blin; en donde reside también la academia 
real Irlandesa, que publica la compilación 
de sus memorias, y transaciones, y otras 
muchas ciudades grandes de las provincias 
tienen también sus academias y sociedades 
literarias. Mas sin embargo de estar en el 
dia tan diseminados los medios de instruc- 
ción en todo el territorio de la isla, aun 
reina njucha ignorancia , particularmente 
en el campo. (3 fichas) 

El padre' Enrique, ¿qué idioma se 
habla generalmente en Irlanda? 

Enrique. El vulgo habla el antiguo gaé- 



licó, que era también en otro tiempo idio- 
ma muy generalizado en Inglaterra, pero 
en el dia corrompida y mezclada en el pais 
de Gales y en Escocia , donde se conserva 
mejor es en Irlanda, (2 fichas) 

El padre. Eugenio, ¿cuál es la religión 
dominante de la Irlanda? 

Eugenio. La católica , y esta servi- 
da por cuatro arzobispados y veinte y dos 
obispados sufragáneos distribuidos de este 
modo. El arzobispado de Armagh, que se 
titula primado del reino, y cuyos sn traga», 
ueos son los obispos de Meath , Derry , Hit- 
more; Afdagh , Clogher, Raplide, Doron- 
•Connor y Dromore. El arzobispado de Du- 
bün capital de la isla, y de cuya metrópo- 
li son/ sufragáneas las iglesias de Cnery, 
Terns, y Hildare. El arzobispado de Gashc!, 
de que dependen los obispados, Hillaloe, 
Cork , Limerik , Cloyne-Ron , Valsford, 
Lismore y Kirry. Y de la metropolitana de 
Tiraus , penden las episcopales de Glonfert, 
Elphin , Kissala, Achoury , Kilmadragh, 
Kilfenora y Varen, cuyos ministros se sos- 
tienen á espensas de los 5. ^00,000 católi- 
cos que babi tan la isla , subiendo las ren- 
tas á 26,400,000 reales, con la que sostie- 
nen un clero de 2,378 individuos. (4 fichas) 



(H3) 

El padre. Enrique . ¿ cuáles son las 
principales ciudades de Irlanda? 

Enrique, En Ulster pasan por princi- 
pales Londonderry , ciudad nueva , hermo- 
sa y fuerte , y Belfasi con muchas fábricas. 
En Lcimter , Dublin capital de la isla , ciu* 
dad considerable con 196,733 habitantes, 
con buenos edificios, y célebre por su un i* 
\ersidad sobre el Ligffey , y Drogheda pla- 
za fuerte. En el Munster , Cork puerto de 
mar, Limeñk sobre el Shannon, esta ciu- 
dad y la de Cork son las mejores después 
de Dublin , y Vaterford puerto bien defen-* 
dido, con mucho comercio en ganados. Ett 
el Connanght, Galoway hermosa ciudad, 
con pesquerías de salmones, y Roscom- 
nión. 

Los rios principales de la Irlanda son; 
el Suive, el Barrew, Shannon y el Bayne, 
en cuyas márgenes consiguió el rey Gui- 
llermo III en 1690 una gran victoria con-* 
tra Jacobo II. ( 4 fichas) 

El padre, Eugenio , ¿ qué población 
cuentan lo? ingleses 9 en las posesiones que 
reconocen I9 dominación de esta potencia ea 
los cinco mundos ? 

Eugenio. Papá los iré enumerando por 
el orden siguiente; 

6 



fM4) 

La isla de Heligoland^ 
en la embocadura del 

J-M03. • ••«••••• 22Qq 

Gibrdltar sobre el es- s m , 

p* I trecho de su nombre, 
& J en la costa de España. 12,000 \ 

g\La isla de Malta ai > l ^ ol ^°° 

fc jsur de la Turquía. . 96,300 

Las islas Jónicas, . • 2,27,000 

El reino de Hanowzv 

enclavado en la Alt-* 

( mania. ...,.,,, 1.463,700/ 

. , Isla de Ceylan. , . . 830,000 ^ 

S { Bengala , 76.367,000 > 103.597,000 

^ % Madras , . 26.400,000 ' 

/El Cap. ....... i29,6oo\ 

Sierra Leona. .... 13,000] 

gj (isla Mauricia ó de ' 239,200 

^ /Francia. ....... 90,000! 

islas del Almirante. 6,000/ 

(América del Norte. 1*033,140 

5 \Guayanay Hopparo. 128.000 

S < \ 1,882,821 

g \ Antillas , Lucayas y 

(Honduras, ••♦.♦, 721,683 

5 ) Van.Diemen y Nueva Gales. . . í 42,000 

mtmmmmtmmtesmmmmmm 
I07,j6a.223 



CONTINUACIÓN A LA BIOGRAFÍA 

DE LOS CIEGOS CELEBRES EN LAS CIENCIAS. 



Nicolás Saunderson nació en 1682 en 
la provincia de York : nombrar á este ilus» 
tre ciego, es cqsí tener que hacer su histo- 
ria como lo ha publicado ha cerca de un 
siglo, la fama de sus talentos estraordma- 
ríos. Estudió con aprovechamiento las hu~ 
inanidades, y fue guiado por su propio 
gusto á las matemáticas viéndose obligado, 
por la mediocridad de su fortuna , á dar 
lecciones públicas, que eran muy concur- 
ridas; hablaba á sos discípulos como si fue- 
sen ciegos, y se deja conocer que obrando 
de esta manera debía tener sobre ellos graa 
ventaja. Explicó las obras de Newton acer- 
ca de la luz y los colores. Mas adelante da- 
remos una idea de lo que hay mas natural 

en aquellas demostraciones que parecen 
milagrosas.. 

Habiendo renunciado "Withorr so cáte- 
dra de profesor de matemáticas en la uni- 
versidad de Cambridge,, fue nombrado pa- 
ra sucedería Saunderson en 17H * y en 
esta época fue cuando dio á luz sus eterncn* 
tos de álgebra > obra estraorduiariay ííena 



(a 4 6) 

de demostraciones singulares <¡ que un 
hombre de vista, no hubiera quizá encon- 
trado. 

Inventó una aritmética palpable, y 
una tableta con agugeros, en la cual co- 
locando clavijas ó alfileres de diversos grue- 
sos que tenia n valores diferentes según ei 
lugar que ocupaban, hacia con facilidad 
las operaciones mas complicadas. 

Creo que recibirán con gusto mis lec- 
tores las figuras de estas tabletas y en su 
obsequio daremos la descripción según la 
que hace de ellas Mr. William Inchlif, el 
discípulo, amigo y sucesor de Saurderson^ 
en la obra que publicó «n Dublin en 
1747(1). 

Su tablita para calcular es delgada y 
lisa y tiene poco mas de un pie cuadrado; 
está engastada en un pequeño marco cu- 
yos bordes sobresalen á la plancha y con- 
tienen un gran número de líneas paralelas 
en igual número formando ángulos rectos 
con las primeras. Los bordes de la plancha 



(1) The Ufe and cárter of doct. Nicholas Saim- 
derson late Lucasian -profesor of tbe mathemstfck 
ín the pniversid of Camferige; by his disciple and 
friend Villíam Inclif, 



; (H7) 

tieqen muescas a la distancia como de dos 

pulgadas una de otra , y á cada ranura 
pertenecen cinco de las paralelas de que 
acabamos de hablar, y cada pulgada cua- 
drada está dividida en cien- cuadros peque- 
ños. En cada punto de intersección está 
pasada la plancha por un pequeño aguge- 
rito destinado á recibir una clavija, me- 
dio de que se valia para espresar sus nú- 
meros. Empleaba dos géneros de clavijas ó 
alfileres de diferentes tamaños, ó al menos 
su cabeza era diferente 9 que se distinguía 
fácilmente por el tacto , y tenia en dos ca- 
jas siempre á la mano, una gran cantidad 
de estas clavijas con las puntas cortadas. 

Veamos ahora el uso que hacia de sus 
alfileres ó clavijas y de la plancha. Para es- 
te efecto, observaremos desde luego que 
cada carácter numérico tiene en la tableta 
su cuadrado particular compuesto de otros 
cuatro cuadritos pequeños y contiguos des* 
criptos ya arriba, y que dejan por lo mis- 
mo un pequeño intervalo entre cada ca- 
rácter, y este es diferente según la diferen- 
cia de magnitud ó de situación de una ó 
de dos clavijas de que siempre está com- 
puesto. He aquí el sistema de que se valia 
Saunderson : una clavija grande en el cen- 



i, 1 , (248) 

tro del cuadro (cuyo único lugar es este) 
significa un cero, por lo que yo le desig-* 
.na&écon este nombre; y su principal Fun-* 
cion consiste en conservar el orden y la 
distancia entre los caracteres y las lineas* 
Este cero siempre presente escepto en el 
solo caso en que se trate de marcar la unU 
dad que está espresada por la substitución 
de un alfiler ó pequeña clavija en lugar 
de la grande que está en el centro. 

Si es menester espresar dos el cero de^ 
be volverse á su lugar, y la clavija pe- 
queña colocarse precisamente en la parte 
superior. Para espresar tres debe estar el 
cero en su piyno contrario, y la clavija 
pequeña fijarla en el ángulo superior de la 
derecha; para expresar cuatro desciende la 
clavija pequeña y sigue inmediatamente al 
cero, y para denotar cinco desciende esta 
clavija hasta el ángulo inferior de la dere- 
cha: para decir seis debe ser la clavija di- 
cha bajo del cero, y para espreear siete el 
lugar que debe ocupar es el ángulo infe- 
rior de la izquierda, para ocho sube al ni- 
vel del cero; en fin para espresar nueve 
ocupa el ángulo superior de la izquierda. 

Por esta ingeniosa invención pueden 
conocerse sin trabajo los diez caracteres nu- 



(249) \ 
méritos , por el solo medio del tacto. Pe- 
ro para que el lector se forme una idea mas 
distinta de estos caracteres bastara que di- 
rija su Vista á la lámina adjunta ^Vease lá- 
mina i *% figuras 1. a y 2. a 

Las clavijas grandes ó ceros , que están 
siempre en los centros de los pequeños cua- 
dros, y generalmente en iguales distancias 
una de otra le servían de guias para guar- 
dar su línea, para fijar los límites de cada 
carácter é impedir las equivocaciones que 
pudiera tener. Como son suficientes tres pa- 
ralelas perpendiculares para un solo carác- 
ter, tampoco hay necesidad mas que de 
otras tres paralelas orizontales para otra lí- 
nea, y asi de las demás sin peligro de con- 
fundirlas. 

De esta manera podía tener á la vez en 
su plancha algunas líneas de caracreres una 
sobre la otra, y dividir por consiguiente 
con facilidad un numero de otro. Por últi- 
mo fijaba y quitaba de todas parles sus cla- 
vijas con una velocidad inconcebible. 

Los modelos de esta aritmética, redu- 
cidos á números vulgares , consisten en 
tablas aritméticas, que tenia calculadas y 
guardadas para su propio uso. Pero no po- 
demos adivinar el fin que erí ella se pro- 



( 2 5o) 

ponía porque según parece tienen algu- 
na semejanza con las de los senos natura- 
les, de las secantes y de las tangentes, y 
consisten en cuatro piezas de una madera 
sólida con la figura de paralelipipedos rec- 
tángulos de cerca de once pulgadas de lon- 
gitud sobre cinco y media de latiud, y & 
veces mas de media pulgada de grueso. Los 
dos lados opuestos de cada parálelipipedo 
están divididos en pequeños cuadros preci- 
samente como la tableta descripta arriba 
pero no tienen agugeros mas que en los 
parages necesarios para asegurar en ellos las 
clavijas. Cada cara contiene nueve tablas 
pequeñas aritméticas ¿ cada una compuesta 
de diez números, y cada número de cinco 
caracteres. (Mas adelante se verá en su arit- 
mética palpable). 

La figura número 3.° es el modelo de 
una adición , cuyos números están repre- 
sentados en el lado derecho; la misma 
plancha se hacia si era menester geometría 
y le servia para demostrar las propiedades 
de las figuras rectilíneas, Situaba cada cla- 
vija ó alfiler en los puntos angulares ro- 
deándola con una hebra de seda, y hacia 
aparentes todas las figuras que quería for- 
mar, como se denota en la figura núm. 4*® 



(a5r) 

Por medio ele las referidas tablas cal- 4 * 
culan los ciegos con la misma facilidad y 
exactitud que los que^ tienen vista. 

Saunderson tenia el tacto tan perfecto 
que con solo pasar la mano por cualquier 
cuerpo distinguía y manifestaba con una 
exactitud admirable las mas pequeñas desi- 
gualdades de las superficies, y en Jos mue- 
bles mas bien trabajados el menor defecto 
en el pulimento. El fue el que en el mo- 
netario de la universidad de Cambrid que 
distinguió las verdaderas monedas romanas 
antiguas de las falsas. La menor vicisitud 
de la atmósfera se bacía sensible para él: 
asi es que asistiendo un dia á las observa- 
ciones astronómicas notaba por la alteración 
de los rayos del sol en su cara cuando pa- 
saba una nube entre el disco de aquel astro 
y es circunstancia tanto mas estraordinaria 
cuanto no solamente estaba privado de la 
vista, sino que carecía también de los mis- 
mos ojos; perdiendo estos y aquella en las 
horrorosas viruelas que padeció al año de 
su vida. 

El oido le tenia tan delicado como el 
tacto, distinguía exactamente todos los to- 
nos musicales, y!a flauta á cuyo instrumen- 
to se dedicó en su juventud la tocaba tam- 



bien que si hubiera querido seguir esta pro- 
fesión le habrían buscado con las mismas 
diligencias como músico que como mate- 
mático. En íin^ todos los que le conocieron 
aseguran que introducido en una habita- 
cioft juzgaba de su esténsion con tanta pre- 
cisión que aunque se pasease por ella no se 
equivocaba en la distancia de las paredes ni 
aun en líneas. 

Para concluir con las noticias de un 
hombre dotado de cualidades sobresalientes 
diremos que sus costumbres no coi respon- 
dían á sus talentos con quien no se herma- 
nan bien algunos estravíos vergonzosos 
aunque no falten diculpadores. Murió 
en Cambridge en 1789 de edad de 56 
años. 

Sir Henry Hoyes, Escoces, que vivía á 
últimos del siglo 18, profesó la filosofía neW- 
toniana con admiración , era un sabio quí* 
mico, esce lente matemático y buen músico. 
El doctor Blackloch , de Ebmburgo, 
ciego de nacimiento es considerado en In- 
glaterra como uno de los mejores poe- 
tas. 

Mr. Pfeffel , de Colmar, perdió la vista 
siendo muy joven á consecuencia de una of- 
talmía violenta y ha compuesto algunas poe- 



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(253) 

siasde mucho gusto (i) particularmente fá- 
bulas, de las cuales hay algunas traducidas 
en francés por Mr. Degeiando. Fue cen- 
se joro privado del Margrave de Badén. Es- 
tableció en Colmar una escuela militaren 
la que se admitían los jóvenes de las fami- 
lias mas distinguidas. El príncipe de Eisem- 
burg y el de Schwartzemherg que estudia- 
ron en ella se glorian de haber tenido por 
ministro á este sabio ciego. Mr. Htilman 
pensionista en el dia en el hospicio de los 
trescientos en Paris fue también discípulo 
suyo y uno de los que le hacen mas honor 
Mr. Pfeffel murió en Colmar su patria en 
1809. 



\ 



(1) Seis volúmenes en 8?, Colmar 9 1 791 



MOSAICO. 



En 1088 Roberto II, octavo tinque de 
Normandía, tenia sitiado, en el monte san 
Miguel á su hermano Enrique, que le ha- 
bía despojado de la corona de Inglaterra 
y de su ducado de Normandía* Gomo á 
este principe le faltase el agua se la envió 
á pedir á su hermano Roberto , el que le 
envió ademas del agua que pedia un tonel 
devino, y respondió Guillermo el Rojo: 
"que se burlaba de su generosidad con un 
enemigo. aa ¿Y qué por que mi herpiano 
sfc haya portado mal conmigo debo yo de- 
sear que se muera de sed ? se obstinaría 
tal vez antes de rendirse. En lo sucesivo 
puedo necesitar un hermano, y si pierdo 
este, ¿dónde le iré á encontrar? He aquí 
el lenguaje de la naturaleza , el acento de 
un buen corazón y un bello egcmplo pro- 
puesto á todos Jas hermanos. 



as amamos por el bien que hacemos 
que por el que recibimos, siendo esta la 
principal causa, segua- algunos, de que los 



(*55) 

padres amen mas á los hijos que los hijos 
á los padres. 

No lejof de las venas de Naphta (com- 
bustible natural) que se encuentra abun- 
dantemente en las provincias meridionales 
del Caucaso , la naturaleza ha colocado uno 
desús fenómenos mas raros que es el fue* 
go perpetuo , ó como otros dicen el fuego 
indiano, porque los indios de la secta de 
Brama vienen á adorarle. El gas combus~ 
tibie está esparcido por toda la llanura, y 
basta aproximar fuego para inflamarle. Se 
elevan continuamente cuatro enormes co- 
lumnas de gas hidrógeno inflamado, que 
hacen veces de un faro en medio del Asia^ 



Naipes. Los inventó en 1892 un pin- 
tor llamado Jaquemin Griugonneur , para 
divertir á Carlos VI durante una enferme- 
dud mental que padecía. 



Cartas geométricas. Strabon las atri- 
buye á Anaximandro de Mileto; otros ha- 
cen subir la invención á Sesostris rey de 
Egipto. 



(256) 

El amor propio es el mayor de todos 
los aduladores, y mas industrioso que el 
hombre mas hábil del mundo. 



Carteles y anuncios. Los alemanes fue* 
ron los primeros que pusieron en noticia 
del público por medio de papeles impresos 
los bienes de venta ? avisos, nacimientos^ 
muertes; &;e. 



Las pasiones suelen hacer un lpco del 
hombre mas hábil , y hacen hombres há- 
biles á los mas locos. 



Bayonetas, Esta arma trae su nombre 
de la ciudad de Bayona , donde se inventó. 
El primer regimiento que hizo uso de ella 
fue el titulado regimiento Real Artillería en 
tiempo de Luis XIV. 



Hay en el corazón humano una gene- 
ración perpetua de pasiones y de modo que 
la ruina de una es casi siempre el estable- 
cimiento de otra» 



Relojes de música. Losjflamencos in- 
ventaron los relojes de campanillas de mú- 
sica. El primer reloj de estos se opea 
Alost en 1487. 

Campanas. Kircher atribuye la inven- 
clon á ios egipcios, que hacian uso de ellas 
para la celebración de las íiestas de Osiris. 
Los sacerdotes de Proserpina , £la muger 
de Pluton entre los paganos) convocaban 
al pueblo á los sacrificios á son de campa- 
na. Los sacerdotes de Cibeles se servian 
también de ellas en sus misterios. Se cree 
que fue el papa Sabiniano el que introdu- 
jo su uso en la iglesia cristiana. Lo que hay 
de cierto es, que pasaron de Italia á Fran- 
cia en 55o , en tiempo de Ghildeberto y 
Gotario I hijo de Cío vis. 

Molinos. El usó de los molinos es an- 
tiquísimo en Egipto, porque ya se habla 
de piedras de moiino en los libros de Job 
y de Moisés. Estos primeros molinos se mo- 
vían á brazo, 

■I III I ■ I Ji—11 u ^ m 

Molinos de agua* Ya se usaban en Ro- 
ma en el reinado de Augusto, mas se ig- 
nora la época precisa de su invención. Ya 



(258) 

eran conocidos en Francia en el^reinado 
de Glovis en~ Si i ; porque la ley sálica pu- 
blicada en aquella época hace mencioa 
de ellos. 



Molinos de viento. El uso de estos mo- 
linos nos ha venido de Oriente, y fue in- 
troducido a la vuelta de las cruzadas hacia 
el año de 1 04.0. 



*■* 



Nuestro amor propio sufre mejor la 
condenación de nuestras opiniones que la 
de nuestros gustos, 

tmmmmmmmmmmmmmmm 

Plumas de escribir. Hasta el quinto si- 
glo no se empezaron á usar las plumas de 
ganso para escribir. Todavía es mas mo- 
derno el uso de las plumas de cisne 5 de 
cuerbo , de hierro y de cobre. Los instru- 
mentos de que se servían antes para escri- 
bir eran el estilo , la caña y el puntero. 



Por cuidado que se tenga de ocultar las 
pasiones bajo las apariencias de piedad y 
de honor siempre se divisan al través de 
estos velos; 



Discurso de apertura y anacreóntica de conctu- 
. sion , pronunciados en 27 de abril de 1 834 , ert 
las casas consistoriales de la M* N. y Mí Z* 
ciudad de León , por dos niños de la escuela 
del maestro don Vicente Nieto Picado \ en los 
exámenes públicos que con distribución de pre- 
. mios, se verificaron en celebridad del cumple* 
años de S. M. la Reina Gobernadora , á quien 
los dedica el referido profesor. Fueron presi- 
didos por la real Junta de Inspección de Es- 
cuelas de esta provincia , con asistencia de 
Iqs señores gobernadores del obispado y demás 
autoridades convidadas al efecto. 

Discurso pronunciado por don Fernando 
Pastor del Castillo de edad de siete años. 

SEÑORES. 

Al principiarse este grandioso acto que 
vais a presenciar: acto de aprecio y de pla- 
cer para la humanidad benéFica: acto que 
hace mns célebre el cumple años de nuestra 
Reina Gobernadora á ia que la niñez es- 
pañola entonará incensaritemente himnos 
de gratitud y de ventura: acto que en- 
noblecen infinito las auroridadés que ]¿ 
presiden, las condecoradas personas que 
le honran y el grande é ilustrado concursó 
que lo embellece, permitidme dirigir mi 
débil voz á mis caros condiscípulos que 
siempre aplicados y látenosos comiéñzah 

6 



(a6c) 
á marchar con planta firme y resuelta por 
la gloriosa senda de la ilustración. Al tiem- 
po que van á presentaros las pruebas de 
sus progresos en la carrera de la educación 
primaria, en los diferentes ramos que ésta 
comprende, haciendo demostrables los in- 
fatigables desvelos de nuestro amado maes* 
tro en la lectura , escritura* aritmética, 
lengua castellana, en diversas é intere- 
santes nociones, y sobre todo én el co- 
nocimiento de loa sólidos é incontras- 
tables principios dé nuestra santa Re- 
ligión, toda paz, toda dulzura y manse- 
dumbre dadme licencia para que los feli- 
cite al verlos dirigirse gozosos hacia el 
augusto templo de las ciencias, convenci- 
dos como están que es vituperable el es- 
pañol que en este tiempo que felizmente 
alcanzamos en el reinado de nuestra So- 
berana Doña Isabel II en los dias de la 
ilustración y del saber, rehuye adquirir 
al menos los primeros elementos de 1^ 
educación primaria. 

Sí, señores, es vituperable, es una 
carga pesada al estado, es un hombre que 
fio coresponde por su parte á los bene? 
6cios que la dispensa la sociedad que le 
proteje y le defiende. Bien penetrados 



estáis por cierto 5 que la ignorancia crea 
la holgazanería, la holgazanería el crimen, 
y el crimen trae en pos de si, la deshon- 
rosa muerte. Pero ¡cuan diferentes son los 
efectos de la ilustración ¡ ¡Cuantos bienes 
no proporciona á la patria el desarro- 
llo de las facultades intelectuales de sus 
individuos ¡ Icuanta riqueza , cuanta pros- 
peridad no derraman en las naciones la 
aplicación al trabajo y la moderación de 
costumbres, resultados infalibles de la 
adquisición de conocimientos! Todo es vi* 
da, todo es acción, todo es movimiento 
en los pueblos, cuyos habitantes poseen 
las útiles nociones que ofrece la educación 
pública. Buenos hijos, tiernos esposos y 
padres amantes, hacen renacer la dicha 
fn el seno de sus familias; y de las sumas 
de estas felicidades, resulta la general de 
la nación que los sustenta y encuentra en 
cada uno de sus ciudadanos un hombre 
religioso sin fanatismo ni supertieion , mi 
moderado por interés , y un constante 
productor por utilidad propia. 

Escusese enhorabuena la ignorancia con 
los tiérripos en que humilladas las luces 
tremolaba el error la fatal bandera que 
eonducia sus victoriosas huestes. Escúsese 



(*6a) 
si ge quiere con los siglos de tinieblas, 
eo los que se hacia gala de ignorar los 
primeros rudimentos de Ja enseñanza ;es^ 
cúsese también si puede con el porfiado 
obscurantismo que casi en nuestros di^ 
ha pretendido estender en nuestra m%> 
tria su adusto y sombrío imperiq; pero 
después que ilumina el solio español 
lina naciente aurora , después que . una 
benéfica Reina Gobernadora nos señal?, 
Ja senda de la ilustración; después que 
sus puros labios desterraron para siem- 
pre la ignorancia como principio omi- 
noso de los capitales vicios que destru- 
yen los imperios, y como creadora de 
las divisiones de los partidos y de la garra- 
lidad con que se afectan como virtudes 
los efectos mas abominables; después que 
los hombres amantes de su pais y de la 
.humanidad, ofrecen sus fatigas y desvelos 
en favor de la educación publica; des- 
pués que el benemérito lirerato don José 
Mariano Vallejo ha hecho nacer ma^ 
nantial de bienes con su método analítico 
para ensañar á leer con el que en muy 
corto tiempo y sin grandes gastos se pro- 
porcionan incalculables ventajas á todas 
las clases del estado; es vituperable 5 lo 



(*63) 

repito f es una carga pesada á la nación, 
es un hombre ingrato á los beneficios que 
de la misma recibe, el español que se 
jiiegue á ilustrarse y adquirir útiles y pro* 
vechosos conocimientos. 

No* caiga, amados condiscípulos míos, 
no caiga sobre nosotros inculpación tan 
justa. Redoblemos nuestro afán y nuestra 
aplicación por inunciones, para que un 
día Seamos españoles religiosos , morigera- 
dos y útiles al estado que nos , protege, 
y llevemos con nuestro trabajo la felici- 
dad la paz á nuestras familias. Entre tan- 
to, bendigamos incesantemente á nuestras 
familias nuestra candida é inocente Rei- 
na^ y su augusta madre gobernadora. 
I Que su reinado sea el reinado de la 
prosperidad y de la ventura, y á vista 
del trono se llenen de horror y confusión 
sus enemigos! Tributemos rendidas gra- 
cias á la real Junta de Inspección de es- 
cuelas, á las celosas autoridades que nos 
gobiernan y con particular encarecimien- 
to á los dignos maestros que nos enseñan- 
y cuya afanosa fatiga por nuestros ade- 
lantamientos los hace acredores á nuestra 
eterna gratitud. Dije. 



ANACREÓNTICA 

PRONUNCIADA POR DON DÁMASO MERINO 
mSo de cinco anos de edad 



En la obscura caberna 
del fiero error vencido, 
boy tan solo se escuchan 
sollozos y gemidos. 

La vendada ignorancia 
exhala alli suspiros, 
y alli su suerte llora 
el necio fanatismo. 

La criminal holganza 
lamenta su destino, 
y en hierros aherrojados 
claman los torpes vicios. 

Claman y entre tormentos 
repiten confundidos; 
ya en León para siempre 
nuestro imperio perdmíos 

Un plantel delicado 
de mil amables niños 
crece ufano y pomposo 
floreciente y altivo. 



(*65) 

De educación primaria 
puro riego y continuo 
hoy le cubre de flores 
luego de fruto opimo. 

La ilustración sonrie 
al ver sus enemigos 
desechos y para sienpre, 
para siempre abatidos, 

Entorno de ella vuelan 
los placeres sencillos 5 
las gracias , la abundancia * 
la paz y el regocija 

Y celebrando todos 
el triunfa conseguido 
á Isabel y á Cristina 
entonan dulces imnos. 

Decid también vosotros 
caros amigos mios, 
que tan amables Reinas 
vivan mil luengos siglos. 

Que bajo su reinado 
y bajo sus auspicios 
á la niuez leonesa 
se le abre ya camino * 
del saber y las ciencias % 
y allá en el alto olimpo, 
nuestros progresos canten 
y alaben nuestro juicio. Canté. 



LITERATURA. 



Hosalíay Remigio ó la unión lograda 
por la constancia. Nóvela político-moral 
publicada en i8¿6 por don Diego Go- 
nesa. 

En este escrito se ventilan cuestiones 
de la época, bajo el pretesto disimulado de 
referir lo que sucedió á dos familias bene- 
méritas, cada una en su clase. Se describen 
en él con energia las intrigas de la corte y 
se censura vivamente la conducta de los 
que debiendo ser defensores del feyno, 
centinelas de la ley, y atalayas del orden se 
convierten en viles instrumentos de la opre- 
sión general del mérito y de las virtudes; 
en el padre de Rosaba se presenta el decba. 
do de un magistrado recto, ciudadano inte- 
gro, buen padre y esposo fiel amigo, y en fin 
de un subdito preparado á arrostrar toda 
suerte de peligros por su rey y por su patria. 
Rosaba, Remigio y lasdemas persona?, de que 
se habla son lo que conviene al objeto que el 
autorse propuso. Contienesaíudables precep- 
tos de educación y acerca del modo de prote- 
ger á los desgraciados. Uhimamentee} escri- 
tor satiriza con tanta valentía é independencia 



los abusos, las injusticias y las crueldades 
de los enemigos del país, corno elogia las 
buenas prendas de los verdaderos españo- 
les, con especialidad de los que tanto han 
padecido en las Américas. Esta novela es, 
sino nos equivocamos un breve compendio 
en que con la restricción indispensable, se 
dibuja el cuadro del tiempo en que se es- 
cribió ; y ¡ojalá se hubiese retocado como 
convenia, descargándole de tal cual pesa- 
dez , confusión é inexactitud que se 
nota en alguna de sus partes! También 
fuera de desear que del lenguage desapa- 
reciesen varios arcaismos que le afean , y 
por cierto que es lastima que una composi- 
ción en que se hallan tan buenas cosas, ado- 
lezca de faltas fáciles de corregir. 



EDUCACIÓN. 



Vemos con singular placer, que van 
sucediendose rápidamente las mejoras de 
¡que es susceptible la educación de la ju- 
ventud ; con Jas acertadas providencias 
del gobierno y principalmente con el es* 
tablecimiento de colegios y casas de edu- 
cación, al nivel de lo que exigen nuestras 
necesidades sociales en .este particular. En- 
tre este número debe contarse la casa de 
educación titulada de Santa Cristina que 
ha establecido con real aprobación , el 
presbítero don Enrique Alvaro Molina, en 
la calle de santa Isabel casa de Ja cadena. 
Tenemos la mayor satisfacción en reco- 
mendar este establecimiento, al ver que 
está formado bajo un plan muy análogo á 
lo que la Minerva tiene indicado sobre 
educación de la juventud. Primeras letras, 
latinidad, retórica, poética, matemáticas, 
lengua francesa y dibujo, contitnyen sus 
clases; procurando sobretodo, hermanar 
el estudio y amor de la religión y de la 
patria, con los deberes sociales por medio 
de una educación doméstica y religiosa. 

El director que á un celo decidido por 



(269) 

los progresos de la educación 9 reúne la es- 
periencia y observaciones hechas en pais 
estrangero, no ha omitido medio de hacer 
acreedor su establecimiento á la confianza 
de los padres de familia y personas encar-, 
gadas de la educación. La mas activa vigilan- 
cia se empleará en el régimen interior del 
colegio, hasta en los juegos y recreaciones 
que se les permitan, aseo y abundancia en 
las comidas y una elegante asistencia en to- 
dos los ramos. Los precios que deberán pa- 
garse anticipadamente son los siguientes; 
los pupilos internos nueve reales diarios, 
los medios pupilos cinco y los estemos cua- 
renta reales mensuales. Mas cornea la, vigi- 
lancia del director se estiende mas allá de 
la esfera del colegio , ha establecido ayos 
que traigan los alumnos desde su casa al 
establecimiento y vice versa pagando los 
padres á quienes esto acomode diez reales 
mensuales con lo que tendrán la mas com- 
pleta seguridad de sus hijos y evitarán los 
peligros de la distracción. Proporciona ade- 
mas el establecimiento otras ventajas que 
justamente apreciadas del público no duv 
damos reportarán al director el premio de 
sus tareas. 



(2 7 C) 

REALES ORDENES. 

En real orden comunicada á la ins- 
pección general de instrucción pública del 
reino con fecha la de abril último por el 
Excelentísimo Señor ministro del interior 
Se dice entre otras cosas lo que sigue: 

^S. M. la reina gobernadora se ha dig- 
nado resolver que se recomiende á todas 
las casas de enseñanza primaria el arte de 
escribir la letra bastarda española compues- 
to por Don Francisco Iturzáeta, juntamen- 
te con la colección de muestras ampliada. 

Ministerio de lo interiot.z—Á] Señor Pre- 
sidente de la Inspección general de instruc- 
ción pública digo con esta fecha lo que 
sigue. 

f> S. M. la Reina Gobernadora se ha 
dignado resolver que se recomiende á los 
maestros de primeras letras y directores de 
casas de pensión del reino la lectura en sus 
establecimientos de la obra titulada Minerva 
de la juventud, que publica en esta corte 
el licenciado Don Juan Manuel Balles- 
teros.* 

De real orden lo traslado á V. para su 
inteligencia y satisfacción. Dios guarde á V. 
muchos años. Madrid 1 8 de Junio de 1 83^ — 
Mostoso 



LA REAL ARMERÍA, 



El Padre. Llegó al fin , hijos míos, 
deseado día destinado á ocuparnos de los 
recuerdos que escitan las glorias de nues- 
tra patria. Vosotros que os ocupáis á mi 
lado en recorrer y examinar todo lo que 
hay grande y sublime en püéátrá capital: 
vosotros que sois españoles y que abrigáis 
en vuestros tiernos corazones et entusias- 
mo que produce et haber nacido err tan 
privilegiado pais, duya historia habéis leW 
do, no podíais menos de venir á mi lado 
á contemplar los objetos que encierra la 
Real Armería , monumento grandioso de 
nuestra historia. Tal vez? olvidaremos mien- 
tras estemos en este recinto, los pesares 
que nos oprimen por nuestra actual situa- 
ción, trasportándonos con la imaginación 
é aquellos tiempos felítesV á aquellas épo- 
cas que debieron ser eternas en las que el 
mundo todo estaba lleno del nombre es- 
pañol y su pabellón tremolaba en cuantos 
paises baña ei Océano. . . . * 

Eo este recinto teneb simétricamente 

i 



(a 7 2) 

colocada y perfectamente conservada una 
numerosa colección 'dé armas de diversas 
clases, gustos y tamaños desde las primeras 
y mas toscas que se inventaron, basta las mas 
acabadas que se conocen : porque este es- 
tablecimiento, no solo es recuerdo de nues- 
tras glorias, sino testimonio constante de 
los progresos sucesivos de las artes. De tan- 
ta multitud de armas, todavía faltan muchas 
que fueron estraidas para armar" á los pa- 
triotas de Madrid, cuando se presentaron 
]os franceses mandados por Napoleón de- 
Jante de esta capital á principios de diciem- 
bre de 1808. De modo que sirvieron para 
pelear y rechazar á I03 franceses , las mis- 
mas armas que habían servido para pelear 
con los moros y expelerlos del territorio es- 
pañol- Oh! cuánta variedad de espadas, lan- 
zas, escudos, sillas y armaduras se ofrece 
á nuestra vista! Salud, ó ilustres restos de 
los Rodrigos, Fernandos, Conches y Gon- 
zalos, vosotros si fenecisteis, y pagando el 
tributo á que esta sujeta la fragilidad hu- 
mana, fue instantánea vuestra existencia 
sobre la tierra; mas vuestro nombre en ei 
que están cifrados el honor y el valor, re- 
cordado por las ilustres prendas que tene- 
mos á Ja vista, sobrevivirá á los imperios 



y durara tanto como el país que habéis in- 
mortal izado, 

Muchas reflexiones $e agolpan á mi es- 
píritu al contemplar este vasto almacén 
donde están depositadas las glorias españo- 
las de muchos' siglos, que se presentan 
ahora á mi imaginación ; mas sigamos ade- 
lante y examinando en lo posible cada cosa 
en particular, os daré una breve idea de 
las preciosidades que encierra este recinto. 
Aqui veis primeramente la caja del primer 
coche que se presentó en Madrid, pertene- 
ciente á la reina doña Juana esposa de don 
Felipe I el Hermoso. El gusto de los ador- 
nos de la caja se resiente del que dominaba 
en aquella época y del estilo que empezaba 
á introducir B-rruguete de cuyo artista son 
las esculturas que la adoruan. Esta otra 
magnífica carroza de hierro que veis , fue 
regalada al señor Don Fernando VII por 
el señorío de Vizcaya y fue construida en 
veinte y siete dias bajo la dirección de 
don Pedro Na verán. Su forma es coma 
de una falúa, y está adornada con dife- 
rentes relieves, entre los que se distin- 
guen las armas reales que bay en la 
proa y los leones que hay á los lados de los 
asientos* 



z 



>?4) 

Alejandro. Diga V papá, subió ct rey 
en la carroza? 

El Padre. Si, hijo mió: hizo en ella su 
entrada publica en Bilbao juntamente con 
su esposa Doña Maria Josefa Amalia en el 
viage que hicieron por las provincias en el 
año de 1828. Esta litera que veisaqui jun* 
ta mente con aquella silla de manos, pertene- 
cieron al emperador Garlos V ósea el I de 
España, De tan modestos muebles se servia 
aquel que dejó al mundo lleno de su poder y 
de sus victorias. Hermanaba la grandeza de 
su persona, con la mas estrema sencillez y po- 
co fausto de los muebles de su uso, y mas 
adelante os enseñaré en prueba de esto f 
cuatro platos de hoja de lata pertenecien- 
tes á la bajilla del mismo emperador. Aqui 
tenéis esta armadura de la prudente y va- 
lerosa Reina Doña Isabel la Católica cuya 
cifra se ve calada en la visera del morrión. 

Enrique. Con que es decir, que iba la 
Reina á la guerra vestida coa esa arma* 
dura? 

El Padre. Si querido: acompañaba á 
$u esposo Fernanda en todas sus empresas 
y aun se puede decir que ella era la que le 
sugeria los grandes designios e inventaba 
los i&edios de ejecución de aquellas proezas 



tjue inmortalizaron su reinado * entre ella» 
la conquista de Granada en la que se halló 
esta heroica Reina. En aquel escudo que 
hay alli colgado veis representada la toma 
de dicha ciudad y ahi podéis reconocer 
también á la Reina entre los héroes de la 
conquista/Esta ilustre Reina que reunía los 
talentos de la guerra á las virtudes domés- 
ticas y de la paz, hizo conocer á la nación 
tinos tiempos felices que todos los españo- 
les tenemos fundadas esperanzas de ver re- 
novados en el reinado de la Segunda Isabel 
que hoy ocupa el trono, no por medio de 
las glorias bélicas de la primera , sino por 
una dulce paz, á cuyo abrigo se pueda 
proseguir y completar nuestra prosperidad 
nacional. Estas otras cuatro armaduras que 
veis son todas de Don Felipe I , y aquellas 
otras cuatro que hay sobre caballetes son 
de generales y guerreros del tiempo de don 
Felipe II, y aquel famoso escudo fomano, 
que veis alli colgado es de cuero y en el es» 
ta grabada Ja famosa batalla de Constanti- 
no con Majencio, 

Eugenio. ¿Y toda esta multitud de si- 
llas de montar que forman cuadros en me- 
dio del salón? 

El Padre. Todo ese jnego de sillas de 



tan vanada forma y adornos son las que 
sirvieron en otro tiempo en las funciones 
de justas y parejas: en aquellos estantes del 
frente veréis luego otra colección de espa- 
das usadas también en estas funciones, en 
las que tanto se lucia el valor é intrepidez 
de nuestros antiguos caballeros. Aquellos 
del centro son cañones de diferentes cali~ 
bres y entre ellos es digno de notarse este 
mosquete de artillería montado ya sobre su 
cureña y construido en 1 565 por Cristóbal 
Freisleba en Pvicla de Aragón, y aquel ca- 
non que esta en el medio hecho en MadiidL 
Todas estas armaduras que hay á este lado 
son del emperador Carlos V , mas aqui se 
halla una en la que debéis fijar vuestra 
atención. Esta perteneció al heroico defen- 
sor de Tarifa Don Alonso Pérez de Guz- 
man el Bueno, que sacrificó su primogéni- 
to en las aras de la parria arrojando su pro- 
pia espada desde la muralla con notable 
entereza, para qup asesinasen á su hijo, 
antes que consentir en lo que repugnaba á 
eu honor y patriotismo. Estas otras arma- 
duras de tan admirable labor son de Feli- 
pe II , y aquellas otras de su abuelo Feli- 
pe J el hermoso. ■/; 

Enrique. Esta armadura que hay aqui 



(>?7) ' . ■ _. 
st que es fuerte y pesada; sin duela el 

que se la puso fue hombre robusto y de 

valor. 

El Padre. Fue nada menos que el es- 
forzarlo Don Juan de Austria, hijo natural 
del emperador Carlos V, y el que humilló 
el poder otomano venciendo sus medias lu- 
nas en la batalla naval de Lepanto. De tan 
eélebre victoria ya os hablaré después 
cuando veáis los trofeos cogidos en ella; abo* 
ra quiero solo que veáis aquel sencillo es- 
cudo que está alli colgado y fue regalado 
por el sumo pontífice á Don Juan como en 
prenda de la victoria; este escudo tenia an- 
tes en el centro un crucifijo dé plata que 
ha sido quitado ;< y tanto el escudo como la 
armadura, son los mismos que llevó Don 
Juan el dia del combate Esta otra soberbia 
armadura que veis sobre su caballo, el que 
también esta vestido con su armadura cor- 
respondiente, os representa al emperador 
Carlos V conforme fue á la espedieion de 
Túnez, y ademas de ios recuerdos histórico* 
que tiene, os da una idea de la perfección 
de las artes de nuestro pais en aquella épo- 
ca. Lns otras armadoras que hay 'también 
á caballo son de su hijo Felipe II. 

£u genio* líe notado que hay muchas 



( 2 7 8 ) 
cosas en la -Armería de Felipe II ópertene* 
cien tes á su época. 

El Padre, Eso consiste en que fue en 
tiempo de ese rey cuando se estableció la 
Armería 9 trayendo algunos objetos de Va- 
Iladolid en el año de 1565, y siendo cons- 
truido este edificio por Gaspar de Ja Vega 
arquitecto de aquel monarca, en cuyo rei- 
nado se verificaron muchas obras de esta 
clase por la protección que dispensaba á 
Jas artes y afición que tenia a ellas. Vamos 
phora i ver en estos escaparates diferentes 
armas y monturas regaladas á nuestros mo- 
narcas en diversas ocasiones. Aquí se halla 
el regalo que hicieron los moros á Carlos III: 
€\ que envió el general Morillo de la Amé- 
rica: una primorosa guarnición de caballo 
regalada por el marques de Camarasa : do$ 
pistolas regaladas al Rey Don Fernando VII 
por el emperador Napoleón, Primorosas es» 
copetas de caza de los reyes Carlos III, Car- 
los IV é infantes/Dos escudos regalados á 
Felipe II, por los duques de Saboya y por 
ultimo, arcos, flechas y otras armas de ame» 
ricanos, primeros despojos obtenidos por 
Hernán-Cortes. 

Alejandro. Papá venga V. aqui á ver 
¿sta espada tan particular* 



(*79) 

El Padre. Es una espada que se bailó 

petrificada en él rio Tajo , y cuyo origen 
;*e cree sea del tiempo de los Godos; mas 
dejad eso, niños, y venid á contemplar 
&Qn respetuosa admiración esta primorosa 
efigie y armadura del Santo Rey Don Fer- 
«arado III de Castilla , monarca admirable 
por su piedad y valor, por los que obtuvo 
la conquista de los reinos de Córdoba, 
Murcia, Jaén y Sevilla que reuniéndolos 
al de León que heredó de.su padre, solo 
dejó á los moros, de quienes fue terror, el 
reino de Granada, y aun este queda mío 
tributario. Ademas de tan sublime gloria, 
mereció por sus virtudes numerarse en el 
catálogo de Jos santos. Vamos ahora á ver 

Km 

el escaparate de las espadas, entre lasque 
se hallan algunas que hicieron rendir la 
vida á numerosos enemigos de la patria, 
manejadas por los robustos brazos de Ber- 
nardo del Carpió, García de Paredes, Her- 
nán Cortes, El Cid , Alvar- Fañez su sobri- 
no; el Gran Capitán y otros hombres cé- 
lebres ; en casi todas están grabados los 
nombres con que mas las embellecían. La 
del Cid , por exemplo, se distingue por el 
grabado que tiene en la hoja de Tizona, y 
asi de las demás. 



Eugenio ¿A quién perteneció esta es- 
pada que hay aqui tan bonita y coa vaK 
na azul? 

EL Padre. Esa es la espacia ríe la he-' 
roinade quien ya os he hablado, Doña Isa- 
bel la Católica También se hallaba entre 
estas espada? la que tuvo que rendir el rey 
de Francia Francisco I cuando fué hecho 
prisionero en la batalla de Pavía. Dicha 
espada hubo que entregársela á Mnrat 
cuando Ja pedia protegido por cuarenta 
mil bayonetas en la época de la invasioa 
Francesa , y en aquellos estantes se veiaa 
en otro tiempo las águilas imperiales que 
tanta sangre costó á los españoles su aba- 
timiento en la guerra de la independen- 
cia, y que S. M. Fernando VII se las 
entregó al duque de Angulema, restituyén- 
donos en cambio las banderas que habéis 
Visto en el templo de Atocha que nos ha- 
bían cojido en la misma campaña. Aqui 
se halla también la lanza del Rey D Pe- 
dro llamado el cruel , y las antiguas ma- 
zas de anuas. 

Eugenio. ¿Y esta es maza de armas 
también? 

El Padre. No hijo, que es el bastón 
ó insignia de generalísimo que llevaba Alí- 



(¿8 1) 

bajá en la batalla de Lepanto; ahí tenéis 
los collares con punzas de hierro de que 
usaban para atormentar á los cautivos ? y 
asi mismo gumías, cimitarras y sables co- 
gidos en tan célebre batalla. 

Alejandro. ¿Y aquella bota que* hay 
allí colgada^ a quién perteneció? 

EL Padre. Aquella enorme bota-, y 
la armadura que hay inmediata , pertene- 
cieron al duque Federico de S ajenia , ven- 
cido juntamente con el Lantgrave de Hes- 
ee y hecho prisionero por las armas de 
Caries V. en las guerras contra los lutera- 
nos de Alemania. Esta otra armadura que 
veis es mas preciosa para nosotros que la 
primera; esta es del Arzobispo de Toledo 
D. Fray Francisco Jiménez de Cisneros, 
gobernador de los reinos de España du- 
rante la ausencia del príncipe D.Catlos. Es- 
te prelado de singular celo, valor, y eru* 
dicion hizo célebre su gobierno con la con- 
quista de Oran y Mazalqnivir , la funda- 
ción de la universidad de Aléala, la pro- 
tección que dispensó á las letras y otras ha- 
zañas. Aquella otra armadura que hay á 
caballo es la del Rey D. Felipe III; allí 
veréis laque regató Luis XIV á Felipe V, 
y también se conservan armaduras del tiem- 



{282) 

po de los romanos y de mas ó menos an* 
tiguedad. 

Enrique. Vamos ahora á ver aquella 
armadura que hay á caballo con aquel 
morrión tan particular; que tengo deseo 
fíe saber de quien es. 

El Padre, Esperad niños; no paséis 
tan de prisa sin examinar esta sencilla ar- 
madura del conquistador del imperio Me- 
jicano: del valeroso Hernán Cortes. Aquel 
héroe cuyas hazañas superaron cuantos es- 
fuerzos militares conservaba la historia , y 
que poniendo á sus soldados en la dura 
precisión de vencer ó morir , hizo aque- 
llas distinguidas proezas que han sido la 
admiración y envidia de los siglos venide- 
ros. La armadura que tanto llama la aten- 
ción de Enrique por la forma ele la cela- 
da, y la otra que hace juego con ella, per- 
tenecieron al último rey moro de Granada 
Boabdii ¿ llamado el Rey Chico, y no se 
puede verlas sin recordar los acontecimien- 
tos de su reinado, y las disensiones y por- 
fías de las tribus moriscas que aceleraron 
la eaida de su trono. 

Alejandro. Todavía se queda Eugenio 
alli parado, mirándola armadura de Hernán 
Corté*. 



(283) 

El Padre. Dejadle: en eso podéis re- 
conocer cual es el mágico poder de la glo- 
ria. Antes pasaba indiferente,. sin que aque» 
Has armas llamasen su atención; pero le 
han dicho que son de Hernán Cortes y po- 
seído de la idea de tan sublime varón, fija 
en ellas sus miradas y aun le parece que las 
agita la sombra del héroe. Estas dos arma- 
duras, son del Rey D Juan II de Castilla^ 
y tal vez alguna de ellas llevaria puesta en 
la famosa batalla de la Higuera^ en la que 
se debió hi victoria a sii persona y esfuerzo, 
haciendo volver á la carga nuestras desor- 
denadas legiones que hicieron gran niatan- 
ía en los moros. ¿Deseabais ver la armadu- 
ra de Gonzalo de Córdoba? pues aqui te- 
neis tres de aquel célebre varón , que des- 
pués de haber contribuido con su invicto 
brazo á destruir los restos del poder Ma- 
hometano en España , pasa á Italia donde 
mereció por sus hazañas el renombre de 
Gran Capitán. Ya leeréis en la historia sus 
proezas, y veréis al mismo tiempo lo mal 
recompensados que han sido este y otro* 
hombres célebres. 

Eugenio. ¡Qué particular es este trage 
que hay aquí de redecilla de alambre! 

El Padre, Esa viene á ser una arma- 



(284) 
dura de redecilla, que á pesar de ofrecer 
bastante defensa por la consistencia y te-^ 
jido de los alambres, no embaraza ni es- 
torva los movimientos porque se ciñe mas 
al cuerpo que las otras armaduras. Esta 
que veis 5 perteneció á Alfonso I de Ña- 
póles* 

Ahora es preciso que veáis esta arma- 
dura del famoso Rodrigo' Diaz de Vivar ,á 
quien sus mismos enemigos dieron el nom- 
bre de Cid Campeador porque se les mos- 
tró in vencible en repelidas batallas cam- 
pales. Allí tenéis una bonita armadura ro- 
mana ; y en estos armarios varios regalos 
hechos á nuestros monarcas; entre tilos 
se di-ringuen muchas encopetas con embu- 
tidos de coral, marfil, concha , turque- 
sas, &c. Alíi trages de la india oriental, 
regalados á Felipe II por el emperador 
de la China , y aquí sillas de montar, chi- 
nas y moriscas. En este último estante 
quiero que veáis el trage completo del ge- 
nefalismo de la armada turquesa en el gol- 
fo de Lepanto* Trage que tuvo que ren- 
dir con la vida el soberbio Bajá al vale- 
roso B. Juan de Austria quien decidió ía 
victoria con la embestida y abordage de 
la capitana enemiga en que iba el geqeraL 



(*85) 

Este trofeo , con Jos que ya habéis visto, 
y con las banderas que hay colgadas del te- 
cho, forman parte de los despojos cogidos 
en tan célebre victoria. 

Eugenio. Papá; ¿no fué en esta batalla 
donde quedó manco nuestro Cervantes? 

El Padre. Si , hijo mió : mas solo de 
la mano izquierda t pues la derecha estaba 
reservada á mas alto destino. En dicha ba- 
talla quedaron libres veinte mil cristianos 
cautivos que los turcos traían puestos al 
remo. 

Ea niños , echad una ojeada de despe- 
dida sobre esa multitud de lanzas, alabar- 
das, hachas, mazas y venablos, sobre esa, 
colección de puñales, sables, cimitarras 
dagas > gumías, sobre esa variedad de pe- 
tos, espaldares, brazaletes y piezas sueltas 
de armadura que adornan las paredes del 
salón , y tenéis completo el cuadro de lo 
contenido en este recinto. 

Alejandro. ¡Qué vista tan magnífica 
ofrece iodo el conjunto de la sala con tan« 
ta diveisidad de armas y tanta variedad de 
trages y objetos! 

Eugenio. Como que aquí están recojí- 
das todas las curiosidades y todo lo que hay 
digno de conservarse en nuestra historia» 



(286) 
El Padre Aunque es verdad que la Reaf 
Armería contiene cosas muy dignas de me- 
mona, todavía parece que queda algo que- 
desear y que podía estar mudiomasennque* 
cid a sif hubiera habido mas esmero en recojer 
y conservar las piezas dignas de ello, pues 
ninguna nación puede tener tina suntuosa 
armería mejor que la España. Esta ha sido 
siempre H teatro de la ambición y contien- 
das de diversos monarcas y en su suelo clá- 
sico se han ventilado las grandes cuestionen 
que han dividido al mundo. No cabe duda 
de qne pudiera estar mas enriquecida la Ar- 
mería de una naeinn que sometió* el orgu- 
llo Cartaginés, que fae el terror delí impe- 
rio Romano , y que en el espacio 4 de ocho 
siglos no* hubo nuevfr sol: que no j vinieso 
á alumbrar nuevas victorias y nuevos des- 
pojos cojidos á los africanos en lid tan* con- 
tinuada. Lat patria de aquéllos valentísimos 
soldados que asombraron á ambos¿ mandos 
con Ja fama* de sus conquistas y la gloria 
de sus victorias, y en las que se han con* 
centrado todas las virtudes morales mili- 
tares y políticas % por las que supo mar- 
chitar los laureles que adornabais las sie- 
nes del primer capitán de nuestro siglo. 
s ya que las vicisitudes y trastornos do 



(a8 7 ) 

los tiempos han impedido que se conserva- 
se mayor numero , contentémonos al me- 
nos con poseer prendas de nuestros mas 
valientes soldados , heroicos caudillos y es- 
clarecidos príncipes. Contemplémoslas con 
patriótico entusiasmo , felicitándonos al 
ver reunidas en un mismo local las ar- 
mas de aquellos ínclitos varones que en 
diferentes épocas y en diferentes circuns- 
tancias concurrieron con sus ingeuios y 
sus brazos , como hijos todos de una madre 
patria á elevarla á la cumbre excelsa del 
poder y de la gloria. 

F. F- Villabrillc. 




MORAL. 

Consejos útiles a todos los lbctomí. 



Sobriedad. No comas hasta el espeso 
de sobrecargarte y hacerte incapaz de apli- 
cación , im beba» basta que se te trastorne 
la cabeza y debilite la razón ,. pues pende 
de ello tu salud, tu honor y tu fortuna* 
compara al sobrio con el intemperante: 
aqueí siempre apto para pensar, este siem- 
pre sonando en engullir; aquel siempre 
dueño de sus potencias, este entorpecida 
ó privado de sus sentidos. 

Silencio* No digas más que lo que pue« 
da ser útil á tí ó a los demás; evita las con- 
versaciones frivolas 6 que sirven de pábu- 
lo á la murmuración. 

Orden. Que todas tus cosas tengan su 
sitio destinado, y tus ocupaciones su tiem- 
po señalado ; el orden es una riqueza» 

Resolución. Ejecuta sin falta lo que 
has resuelto hacer; el que no es resuelto 
en sus operaciones no alcanza nada. 

Economía. No hagas gasto ninguno 
•in que &ea por tu provecho ó el de los de* 



mas; es decir no gastes nada Inútilmente* 

Aplicación. No piérdase! tiempo, siem- 
pre te has de ocupar en cosa utif y absten- 
te de lo que no lo sea; ocupaos bien hijo» 
irnos y acordaos siempre que la ociosidad 
es un verdadero crimen ó pecado contra 
naturaleza, como funesto y fecundo origen 
de males y vicios. 

Sinceridad* No te valgas de disculpas 
perjudiciales; tus pensamientos han de ser 
inocentes? y justo* y conforme á ellos seatt 
iíua palabras. 

Buena fe. Cumple tu palabra y no en* 
gañes por nada de este mundo, que se di- 
ga de vosotros hijos mios lo que de Esci- 
pión Emiliano, á saber que en su vida, ni 
hizo, ni dijo, ni pensó cosa que no fuese 
laudable* 

fusticia* No perjudiques á nadie, ya: 
sea haciéndole daño , 6 dejando de hacer el 
bien á que estás obligado por tu deber de 
hombre, sabed que el justo goza en su in- 
terior una calma inalterable ; y en medio 
de $us infortunios se acoge tranquilo al se- 
no de la inocencia. 

Limpieza. No sufras ninguna porque- 
ría en tu cuerpo* en tus vestidos y ea tu 
casa. 



( a ?° ) 

' Moderación. Evita los estremos , guar* 
date de ofenderte al instante de las faltas 
de otro y tanto como crees tener motivo* 

Tranquilidad. No te turbes por baga- 
telas ni por accidentes ordinarios ó inevi- 
tables sin saber resistir á los ataques de la 
desgracia; tras de tiempo tiempo llega. 

Castidad. El esceso en los placeres te 
embrutecería, te privaría de tus facultades 
y perjudicaría á tu reposo y consideración. 

Humildad. La humildad aumenta el 
talento. El orgullo es el patrimonio de los 
necios y los hace insoportables al resto de 
los hombres. 

Humanidad. Eres hombre y nada da 
lo que interesa á los demás hombres pué- 
de serte indiferente: de la humanidad pro- 
vienen muchas virtudes, como beneficen- 
cia indulgencia, perdón de las injurias y 
otras. 

Discreccion. La naturaleza nos ha da- 
do una sola boca y dos orejas para enseñar- 
nos que debemos escuchar mas que hablar, 
terrible lección para los charlatanes. . 

Amistad. La amistad se parece por su 
desinterés al amor maternal , las penas que 
nos cansa son otros tantos lazos que nos 
unen á ella. La amistad también tiene sus 



tíctimas , pues un español murió en el mo 
dio de La-Cha peí le, abrazando el cadáver 
de un amigo suyo ; y Horacio solo vivió 9 
dias después de muerto Mecenas. 

Riqueza. La mas ligera pena acibara la 
felicidad de los ricos , y la mas ligera dicha 
consuela á los desgraciados 

Ambición. El ambicioso se hace escla- 
yo de todas las personas cuyo amparo soli- 
cita; no tiene amigos sino un enemigo cruel 
que es el mismo» 

Vida. Vive para tus semejantes para 
que vivan para ti, el que hace bien no te* 
me la muerte* 

Espíritu de partido. Es una locura de 
muchos hombres para provecho de algu* 
n@s, Nosotros no tenemos mas que un inte* 
res que consultar, que es el de la patria; 
ni mas guia que seguir que la de la virtud. 

Pasiones. Las pasiones son la voz del 
cuerpo y es menester resistirlas ; mas la 
conciencia es la voz del alma y es preciso 
escucharla puesto que es á la vez la regla, 
él testigo, el acusador, el juez y recompen- 
sa de nuestras acciones* 

Calumnia. Perjudica mas al que se ha- 
ce culpable que no al que va dirigida. Se 
cesa de dar f é á las palabras de aquel é 



quien se había creído hasta entonces, al 
ver que vitupera la conducta de un hom- 
bre de bien. 

Buen empleo de la pida* La pena y 
él placer pasan como una sombra. jLa vida 
es alguna cosa solo por el bien que hace* 
unos durante ella. 

Beneficencia. Ayudándonos mutua- 
mente se hará mas ligero el peso de la 
desgracia. El bien que hagamos á nuestros 
semejante* será un alivio de nuestros pade- 
cimientos, y deberemos estenderla aun áque* 
líos que nos hayan causado algún mal: la 
venganza noble es la que nos lleva á ha- 
cer un bien á aquellos de quienes cenemos 
motivos de quejarnos, y esta conducta es 
muy propia para mudar el corazón de un 
enemigo. 

Malignidad,, Las agudezas son desa- 
gradables cuando van acompañadas de ma* 
Iignidad. Reir del mal que han hecho á 
etiopes hacerse cómplice de esta mala acción. 

Costumbres. Una mala costumbre no 
puede hacerse buena por mucho trempo 
qne haya estado entronizada. Todo al con*» 
trario a se hace mas ridicula mas tiránica^ 
y mas insoportable. 

Instrucción. Todos los vicios provie~ 



ncn de la ignorancia; es el mayor de los 
males. 

Tiempo. El que sabe bien emplearle* 
ha hallado el camino de la viril id. 

Vida futura. |Ohj que consuelo para 
«1 hombre virtuoso el esperar una vida 
futura. Aunque la inmortalidad del alma 
no fuese mas que juna opinión piobable, 
siempre sería apetecida por los puros y 
rectos corazones, y mirada por el buen 
cristiano como un fin dichoso. 

Avaricia, jEI uso de los bienes y no su 
posesión, es lo que nos hace felices \ el que 
es rico y no sabe usar de sus riquezas se 
parece al asno agoyiado con el peso del 
oro, 

Prudencia, Adquiérase Ja suficiente 
para discernir lo bueno de lo malo, y la 
firmeza necesaria para perseverar en la ad- 
hesión al bien y la aversión al nial. 

Vanidad. Es una vanidad muy ridi- 
cula el afectar ser maestro en todas las co- 
sas y alabarse á cada momento de lo que 
se cree haber hecho bien. La humildad y 
la modestia son virtudes que siempre se 
deben tener presentes. 



(*94) 

HIGIENE. 

vm las pasiohhs. 



Toda sensación está acompañada del 
dolor ó del placer. El dolor y el placer 
son pues los elementos generadores dé to- 
das las pasiones, las cuales pueden reducir- 
se á dos amor y odio. El placer no es sino 
momentáneo, y es tanto mayor ó menor, 
cuanto es mayor ó menor su intensidad; to- 
do lo que obra de un modo suave en lo* 
sentidos produce el placer, al paso que sí 
se afectan violentamente se escita el dolor. 
El placer tiene varios grados, según que 
es mas ó menos viva la sensación. 

Cuanto mayor es el placer tanto mas 
siente el alma verse privada de él, y lie aqui 
el origen del temor, el cual viene por lo 
común acompañado de la esperanza, y á 
esta falta se sigue la tristeza; pero si el 
hombre no ve en lo futuro sino una serie 
de desgracias sin término, su tristeza pa- 
sa á desesperación, odiando su existencia. 
El amor de sí mismo hace que el hom- 
bre recorra sin cesar los objetos que pue- 



cien aumentar su felicidad, y de aquí nace 
la curiosidad. La inconstancia sugiere los 
deseos de variar á cada paso de sensacio- 
nes agradables, y satisfecha su cuiiosidad 
con su placer uuevo , se ejercita en él la 
admiración, la ¿Él) se convierte en entu- 
siasmo en los hombres de talento y es co- 
mo se admiran las grandes almas. No su- 
cede lo mismo á las almas flébiles, las cua- 
les envidian en los demás tos bienes que 
fio poseen. La pasión de la envidia es, hi- 
jos mios, el a/ote mas terrible de la, socie- 
dad, es el cáncer del honor. Huid , queri- 
dos niños, de tan asquerosa enfermedad 
del alma. Sin embarco, las pasiones son 
tan necesarias á la vida, como las mismas 
sensaciones y por eso decia Jiive^a!, que 
el corazón del hombre tiene horror al va- 
cio, mas su abuso es únicamente el que se 
debe vituperar. Las funciones del cuerpo 
no pueden ejercerse convenientemente sin 
que el epigastrio reciba y envié libremente 
la acción, lo que ejecutan las alecciones del 
alma pues impiden la concentración de 
fuerzas, y favorecen su libre circulación, 
bajo cuyo respecto son absolutamente úti- 
les á la vida. Todo lp dicho acerca de la 
utilidad de las afecciones del alma 6e debe 



¿ ( 2 96) 

cnetnder de las que son moderadas. Asi 
pues,, queridos niños, en la moderación ha* 
llamos por ultimo rebultado, que guardán- 
dola en todo, asegura la salud y longevi- 
dad del cuerpo, del espíritu y del cora- 
zón, ó Jo que es Jo mismo, ella m el prin- 
cipio y fuente de la vida, de la ciencia, de 
la virtud y de Ja felicidad, j Ved pues, hi- 
jos mios, el beneficio é interés que logra- 
mos en ser bnenosj 

JLas mismas pasiones en su origen pue~ 
den, con Ja eukura, contribuir para con- 
seguirlo: sus propios terriblea efectos nos 
exhortan á contenerlas; sin estos, hasta loa 
que parecían inocentes ocasionan graves 
danos. La alegría inmoderada , cuando no 
mate corno á Fonguet, preso hacía muchos 
meses por orden de Luis XI Y. al noticiar- 
le m libertad ; al papa León X, al oir las 
desgracias sucedidas en Francia; á Chilon y 
JMgoras de R bodas al abrazar á sus hijos 
Vencedores, ya Sófocles al presentarle un 
cetro que él no esperaba, y á la sobrina dfc 
Lejbnstz al coger llenos de oro los cofres 
«e su áo: ^ i ) á lo menos altera la transpi- 

, ■<» «. ' m i n,i..ij..!,_jjj. u . ., , , . . i i ...... f i n i mu. 1 1 n i i, ,.,i...i.i... . n i. . »■ i ■■' * 

(i) Otro caso igual 4 los que vienen propues- 
tos y mas reciente, prueba de lo que es capaz uní 
alegría escesiva é inesperada* 



í a 97) . f . t 

í-acion, según Santario; quita el sueno, el 
apetito y Jas fuerzas. ¿Qué seria de Jas 
otras, hijos mías? El amor desgraciado can- 
ia desabrimientos, que Ileyan jfrecuejoie^ 



El año de 1816 Lord Exmout entró victorioso 
¿n Argel en la mañana del 28 de agosto, y resca- 
tó todjQS los esclavos .cristianos que allí había y eji 
sus alrededores , y enire ellos i¿eo de los que ha- 
feian cogido á Jos Koubals los argelinos en la 
guerra que tuvo en el año anterior el Dey de Ar- 
gel con el Ósixian de la montaña Félix, ¿entre Oran 
y Argel,, doad^ los tenían trabajando* Eiiíre los 
rescatados habla pifo de ¿ion, llamado Estevan 9 
que había sido esclavo 15 años, llega una larde 4 
casa de su$ padres en compañía de Pedro José Bu* 
tnont , .encuentra en ella á su madre y una herma- 
na, pide de cenar para los dos sin darse á cono- 
cer, cenan y despees jse descubra ; una violenta 
impresión se apodera de su jnadre, cae en el sue- 
lo,, la hermana corre á dar cuenta del suceso á su 
padre que estaba en el cafe. jSstevan se apresura 
é dar socorro 4 su pobre madre, los criados gri* 
tan, Dumont llora con ellos, el padre viene cor- 
riendo con su hija; pero Madama Estevan ya no 
existe, jiña escesiva alegría hizo que la sangre la 
sofocase. 

En el mes de setiembre de 1833 una muger 
pobre de Viltoianxe (Francia), que acababa de 
heredar &5QQ0 francos* se volvió loca de alegría 
y se ahorcó. Posteriormente otm muger cayó muer- 
la al saber le habia caido un premio grande en 1* 
lotería* 



(a 9 8) 
mente á la melancolía. Los zelos y la en- 
vidia acarrean la consunción, dolor de ca- 
beza y delirio. El orgullo afecta el cerebro 
y produce locura. El despecho y ,el odio 
atraen las convulsiones, flujos de sangre y 
aun fiebres malignas. La cólera apüga la 
razón, perrmba la vista y el habla, da tem- 
blores, sofocación, cólicos y otros males. 
En los enfados, el hombre mas juicioso se 
parece á un imbécil, dice Zimmermann. 
Para abochornarlos y corregirlos, Sócrates 
y Lavater. proponen dar un espejo á Jos ira- 
cundos, á quienes Séneca llama abiertamen- 
te locos. Evitemos* hijos mios, para siem- 
pre esos crueles movimientos que nos per- 
judican y degradan: queridos niños, es im- 
posible destruirlos; pero es preciso mode- 
rarlos. El hombre sin pasiones no seria 
mas que un autómata. El hombre dado á 
ellas es menos que un bruto: el hombre 
superior á ellas es el verdadero filósofo. 
Adquiriendo, hijos mios, él señorío sobre 
nuestros primeros ímpetus ó agitaciones 
morales, resultan virtudes del deseo -y de la 
aversión; pues solo se busca lo bueno y se 
repudia lo malo. Entonces 'la envidia re- 
fregada pasa á noble emulación. La des- 
confianza se trasforma en prudente caute- 



(299) 

la 5 la ambición reprimida queda en espe- 
ranza modesta. Los zelos honrados estimu- 
lan á contraer nuevos méritos, la fogosi- 
dad no pasa de viveza; la inquietud se con- 
vierte en calma, el disgusto en serenidad 
y la venganza en indulgencia. Les movi- 
mientos tumultuarios de un amor violento, 
se arreglarán al compás de la moderación? 
y la concupiscencia ardorosa cede su lugar 
á la dulce emoción de un cariño apacible 
y sosegado, á las caricias de una fina amis- 
tad, al atractivo de una fiel benevolencia. 
De este modo, hijos mios, os repito, libres 
dé la tiranía de las pasiones, seréis dulces, 
tranquilos, amables, honestos, generosos, 
obrareis siempre con madura reflexión, coa 
equidad y con justicia. 

He procurado haceros ver los daños 
que resultan del abuso de las pasiones, veo 
que no es tan fácil precaverlos como cono- 
cerlos, una educación bien dirigida es el 
único dique que puede contener sus cau- 
sas, y conviene habituarse desde niño á 
reprimirse y no dejarse llevar de ellas, bien 
persuadidos que á poco que nos abando- 
nemos llegan á ser en breve tiranos crue- 
les que destruyen la salud, destrozando 
sus víctimas; pero las pasiones que mas 



(3oo ) 

^tormentan, mis queridos niños f y fcuyt$ 
germen no está en nuestra mano destruir, 
fon ef miedo y el temor. Uno y otra ha 
ocasionado muchas veces una muerte re- 
pentina* Marcelo Donato refivre, que uti 
muchacho murió de repente por hal er vis* 
lo junto á él y en medio de un campo; 
lina persona v< stida de mgro aí amanecer. 
Oíros tunebos ejemplos de este género prue- 
ban ío peligroso- que es hacer miedo á los 
niños. Jamas deis oídos á las personas que 
os hablen de brujas, fantasmas, diablos y 
de otras cosas semejantes para causaros míe* 
do, pues sus impresiones duran toda la vi- 
da, quitan al alma su vigor y energía, y 
pueden ser causa de muchos niales; Fara 
quitarse el miedo y disminuir ía disposi- 
ción á tenerle, no hay cosa como sacu- 
dirse defc yugo de las preocupaciones, re- 
flexionaorfo seriamente sobre los objetos 
que le producen, y cuidar atentamente no 
ser el juguete de aquellas como hemos vis* 
to lo fueron los de la akíea con efc diablo 
del guindo, y los de la ciudad marítima 
de LcmgoLin con sus espíritus malignos, 
yo os aseguro, hijos míos, no perder la 
ocasión en que, por media de instructivas 
historietas, consiga destruir todas aquellas 



(3oi> 

|>reocupacíones que os hiciera o el juguete 
de ilusiones fantásticas; del miedo y del 
temoi nace la tristeza. Nada mas peligroso 
¡que los afectos tristes del alma. Muchos sa- 
bios médicos opinan que producen casi la 
mitad de los maíesyqne afligen á la especie 
humana. En la tristeza y la pena el epi- 
gastrio se oprime dolorosamente, lo que 
hace la respiración difícil y hace suspi- 
rar, disminuye las secreciones y sobre todo 
la transpiración. 

La pena se suele cambiar muchas ve-» 
tes en una melancolía continua, que altera 
el estado del alma, destruyela constitu- 
ción del individuo, y ocasiona la ruina to- 
tal de la salud. Para combatir la pena re- 
currase á u fi recreo honesto y moderado, 
á las distracciones y placeres inocentes, y 
sobre todo á la música de fa que os hablo 
hoy mismo artísticamente y como media 
higiénico* 

Mi objeto, hijos míos, es haceros feli- 
ces; para conseguirlo quiero persuadiros, 
que el esceso en las pasiones es un vicio, 
y en los placeres una enfermedad. Gozar 
de las comodidades y de las diversiones de 
la vida, sin buscarlas con an-ia y fatiga, 
dirigiendo según la razón los movimiento* 



(3oa) 

de la naturaleza, sacrificándolos favores 
de la fortuna y de los honores por las deli- 
cias de la libertad,- viviendo entre su fa- 
milia y amigos, es en lo que consiste lo 
feliz de esta vida. Quizá oiréis agitar la an- 
tigua cuestión de si es mejor ser sensible ó 
indiferente; pero yo siempre os diré que 
la indiferencia hace al hombre incapaz de 
gozar de las dulzuras, de la ternura y de 
la amistad, paralizando su corazón y recha- 
zando toda pasión. La sensibilidad por el 
contrario; hace que se sientan vivamente 
todas las facciones, dando entrada á las mas 
dulces impresiones, obligándonos á tomar 
parte en los males de nuestros semejantes. 
El insensible no conoce los placeres, y su 
helado corazón jamas se presta á las deli- 
cias del amor, y careciendo de deseos y 
de sentimientos es casi un autómata; pe- 
ro el que tiene electrizada su alma con el 
sentimiento, encuentra su felicidad en cuan- 
to le rodea; interesándose en la suerte de 
sus semejantes, siendo para el la humani- 
dad un vínculo sagrado que le llena de 
delicias y placeres, partiendo sus bienes y 
«us gustos con el desgraciado y con el ami» 
go. El hombre sensible conoce la vida y 
disfruta de ella deliciosamente , mas el 



(3o3) 

insensible , nacido bajo nn centro sinies-* 
tro ^h i conoce los puros é inocentes goce» 
del alma, ni su corazón forrado en baque- 
ta, da entrada á las dulces impresiones* 
iii se ha entregado jamas á los placeres 
y á las gracias siendo su vida el sueño de 
la naturaleza. 




« • 

EDUCACIÓN DEL BELLO SEXGk 

ARTICULO OCTAVa 

BELLAS ARTES* 



El dibujo es mas útil á las jóvenet 
que lo que se cree común mente. ¿Qué ar* 
te hay en efecto que sea mas capaz cíe fi- 
jar y rectificar su modo <le ver y • acostum- 
brar sus manos á trazar con regularidad Id 
que competa á sus quehaceres ? No hay ar* 
te que las acostumbie mejor á la observa- 
ción de los objetos que la naturaleza ofre- 
ce á su vista. ¡Qué 'le cosas se escapan á 
los que le ignoran! {Cuántas cosas llaman 
la atención de los que le cuhivan! Utvvia* 
gero que no sabe dibuar, ó no para la 
atención en nada, ó no espeiimonta mas 
que impresiones pasageras : ¡mas que goces 
y placeres disfruta la vista y el alma de 
aquel cuya mano sabe manejar un lápiz! 
Todo le interesa; las menores cosas tienen 
para él ocultos atractivos, y aun los ros- 
tros mas comunes le muestran facciones y 
particularidades que no ha observado en 



(5o5) 

jos mas peregrinos, Como el dibujo de £k 
gura es mas difiíil que el de paisaje* las 
jóvenes no se del>en dedicar á él* ó si se 
dedican que sea después de haberse ejer- 
citado muy bien en el segundo. Se debe 
páájr desde los primeros principios basta 
las reglas mas difíciles. Cuando las discí- 
pulos hayan aprendido á dibujar festones, 
bordados y flores bien separadas bien agru« 
padas* pasarán al paisage sirviéndose de su 
lapicero para dibujar vistas, perspectivas, 
árboles * casitas rústicas* puentes* rios* &c* 
A estas ocupaciones solo deben dedicar- 
te las que manifiesten mas disposiciones,, 
lo mismo que se debe observar respecto de 
la música vocal é instrumental Sin dete- 
nernos en los efectos de la música en nues- 
tros templos* en los ejércitos y en los es- 
pectácn os, ¿qué ventajas no procura á una 
joven este bello arte? Para juzgar de ello 
basta comparar la voz de una jólren que 
no ha aprendido eí arte del sonido con f a 
que ha recibido algunos principios* (qué 
diferencia! y no solamente se nota cuando 
canta que una joven ignora los principios 
de la música por eí desagrado de los que 
Ja escuchan, sino también cuando habla; 
pues por la «flexibilidad del -órgano- de 



(3o6) 

la voz, siempre se espresa en un mismo 
tbnó. ¡Pero de qué excelentes cualidades 
*e baila dotada la voz de una joven acos- 
tumbrada á modular sus sonidos por las re- 
glas de la armonía! Dulce y flexible, encan- 
ta el oído y el corazón: á pesar de la varie- 
dad de sus inflexiones, ya que se eleve ó 
ya baje , sabe evitar las bruscas transicio- 
nes que chocan á los oídos menos delica- 
dos. Enemiga de toda afectación nunca tras- 
pasa los límites prescritos por la naturale- 
za. La flexibilidad del órgano de la voz f 
no es la única ventaja que produce el ar- 
te de la armonía. ¿Qué cosa hay mas á 
propósito para alejar de una joven un pe- 
ligroso fastidio ó una ociosidad funesta? 
Cuando llegan estos casos, se recurre á un 
instrumento con alegría , y después de ha- 
ber estado un rato al piano ó con la gui- 
tarra, se vuelve alegremente á las ocupa- 
ciones mas serias y á los estudios que es- 
taban ya casi olvidados. No se pretende por 
ésto que las jóvenes deban tener unos co- 
nocimientos músicos capaces de competir 
ton las primas donnas de la ópera : regu- 
lar ejecución en un instrumento con el que 
acompañen exactamente á su voz ; aqui se 
debe terminar su educación música / con 



(3o 7 ) 

tal que los padres no tengan empeño ea 
que pase adelante. 

El baile es un arte tan antiguo como el 
mundo : todas las naciones le han cultiva- 
do con mas ó menos ardor y éxito , y es- 
te arte que se ha hecho profano en el dia f 
hacía parte del culto que se tributaba á la 
Divinidad entre los hebreos y los romanos. 
David bailaba delante del arca, y en Ro- 
ma se ejecutaban danzas en honra del dios 
Marte. Mas nuestro designio no es referir 
su historia y progresos, sino manifestar 
que en el dia el baile es una parte muy 
importante de la educación de ambos sexos, 
y no sin fundamento. Ademas del placer 
que este ejercicio procura á la juventud, 
da á sus miembros mas agilidad, y los acos- 
tumbra á andar con paso firme, noble y 
gracioso. Para convencerse de la realidad 
de estas ventájaselo huy masque estable- 
cer la misma comparación entre dos jóve- 
nes, de las cualeá Ja una sepa bailar y la 
otra ignore los principios de este arte. Li 
primera es dueña de todos sus movimien- 
tos , y todos sus miembros parece que obe- 
decen á una misma regla. La segunda al 
contrario, parece que ignora basta el modo 
xle presentarse , y repugna á los circunstan- 



(3o8) 

tes por sus movimientos ridículos y afecta* 
dos. Aquí se habla del baile en general, 
pues hay algunos que de concierto deben 
proscribirse por la moral y buenas costum- 
bres, á causa de Jos movimientos voluptuo- 
sos de que se componen. El baile de las 
jóvenes debe ser el suficiente para diver- 
tirse en las reuniones de familia y hacer 
un papel que no les perjudique á vista de 
los que piensan que la modestia es el mai 
bello ornamento del sexo. 




(3c 9 ) 



EDUCACIÓN PRIMARIA, 



DE LA EDUCACIÓN INTELECTUAL 



Hay ciertas facultades intelectuales que 
clominan á las demás, es menester animar 
á las primeras y trabajar con celo en forti- 
ficar las menos pronunciadas para asegurar 
el éxito de la instrucción. A esto debfe 
acompañar también el desarrollo de los 
sentidos, del entendimiento y de la razón. 

El mayor obstáculo al desarrollo inte* 
lectual de la juventud , es su inexperiencia 
corapltta al llegará ja escuela. Sus progre- 
sos serian mas rápidos y la obligación del 
maestro menos costosa, si se hubiesen ejer- 
citado suavemente sus facultades desde el 
tegundo año de su vida. 

La intuición (ó acción dé mirar) está 
reconocida hace mucho tiempo corno el 
mejor auxiliar de la instrucción, pues se 
ocupa de las popes 9 los nombres y hs figu* 
Tasu Fija la atención, enseña á ver bien los 
objetos, prepara 3 las 'lecciones del cálcu- 
lo , da aptitud para las artes y oficios* y rec- 



(3ip) 

tífica el discernimiento influyendo en el 
carácter moral* 

Desde que el niño entra en la escuela 
se le acostumbrará á prestar atención 4 los 
discursos del maestro, á decir distintameh* 
te en buen castellano lo que sepa, particu- 
larmente cuando en su casa paterna no 
hayan tenido jnucho cuidado de la pro- 
nunciación. 

Se principia preguntándole acerca de 
todos los objetos presentes, mandándole 
que los cuente ó que los vaya nombrando, 
por ejemplo, las ventanas, los cuadros, los 
bancos , los discípulos &. En otro ejerci- 
cio se pasará á objetos que están fuera de 
Ja escuela pero que se ven qontjnuamea^ 
íe. Mas adelante se le hará fijar la atención 
«obre las partes de que estos objetos se com* 
ponen , y de estas partes se le enseñará á 
rehacer el todo. £sto es lo que se llama 
darle nociones* 

Ya que el discípulo tenga nociones 
será fácil ejercitar su juicio progresivas 
mente, En este caso se le hará compa? 
rar entre sí las nociones adquiridas, prime* 
ro de I045 objetos visibles, después de las 
ideas abstractas, aprendiendo á distinguir 
:§u$ diferentes atribu tos ? notando su analar 



(3n) 

jia 6u semejanza ó diferencia al clasificar la» 

Hecho esto, se pasará al examen de los 
efectos de las causas y de las causas de los 
efectos, cuyo estudio corresponde á la fí- 
sica. Se le esplicarán los términos abstrae^ 
tos de que se usa en la enseñanza , prepa-* 
rándole de esta suerte á encontrar por sí 
mismo el significado de estos términos. 

Para asegurarse de que la inteligencia 
de los discípulos se desarrolla realmen- 
te, procurar interpolar entre las proposi- 
ciones verdaderas algunas falsas que no de* 
jara de notarse. 

Ya qu<* los niños conozcan las partes 
principales del discurso, se les pondrán 
lecciones prácticas acostumbrándolos á se-> 
ñalar los sustantivos á los que se deber» 
unir adjetivos y recíprocamente , se escri* 
birán en el encerado palabras de diversa 
especie para que las clasifiquen. El pre-t 
ceptor mezclará también en sq conversa-* 
cion rasgos históricos , interesantes y dra-* 
máticos de que tanto gustan los niños y 
los instruyen divirtiéndoles. Añadirá tam? 
bien algunas anédoctas morales &, hacién- 
doles pregq utas sobre el mérito de lo quo 
acaban de oir. 

Propondrá proverbios cuyo sentido est 



f3,a) 

plícará en seguida.' Los enigmas con qué 
también se suele ejercitar la capacidad de 
los cliscipidos no son can provechosos. Es 
lüenester acostumbrar á los niños á respon* 
der 3 Jas preguntas que se Jes hagan dé 
un modo que manifieste sus ideas y sus mo* 
tivosde determinación. En este caso un si f 
6 un no, son insuficientes para juzgar de 
•us f nrogresos. 

Sin Ja memoria no hay aplicación ni 
educación. Se debe cuidar mucho de ella 
por esto mismo, sus objetos principales son 
las cosa?, los números , los lugares % y las 
palabras. La memoria tiene estemion 
cuando retiene mucho en poco tiempo, es 
exacta cuando se impresiona hasta de los 
mas mínimos pormenores , y es fiel cuan* 
do retiene largo tiempo» Las cualidades de 
una buena memoria son ser fácil , fieLje* 
naz y pronta y se fortifica pó por medios 
artificiales sino por un frecuente y conti* 
nuado ejercicio: cuanto mas se la descuida 
mas indócil se hace, pero tampoco es bue* 
no recargarla demasiado. 

Se cultiva la memoria de los lugaret 
repitiendo las lecciones de geografía, y re* 
citándolas sin cuaderno y bajo tin orden da» 
da La memoria de los números por nada 



§e perfecciona mejor que con la historia y 
el cálculo de memoria. 

La memoria de las palabras se ejercita 
con frecuentes repeticiones en nn ordeo 
variado sin cesar, y también por medio de 
preguntas y respuestas , fábulas , máxi- 
mas .&. Son conducentes á fortificar Ja me- 
moria de las palabras que aunque meaos 
impórtame no por eso se debe descuidan 




INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA. 



*■*• 



Siendo las vicisitudes de los primeros 
Siglos y el origen de las monarquías un¿> 
de los puntos mas importantes é instructi-* 
vos de la historia, contemplo que no des- 
agradará á mis lectores el ensayo siguiente* 

Desde Adán hasta el diluvio, esto es 
por el espacio de mas de 1600 años, vivie- 
ron los hombres con la mas absoluta in- 
dependencia. Formaba cada familia un pe- 
queño estado cuyo gefe era el padre, el 
cual no conocía otro superior alguno. Co- 
mo esos primeros hombres no tenian toda- 
vía la mayor esperiencia en materias de 
política, vivían sin ambición no estendien- 
do sus deseos a mas que á Jo que alcanza- 
ban los reducidos límites de sus herencias, 
y todas sus riquezas se reducían á algún 
ganado en cuanto bastaba para vestirlos 
y alimentarlos, sin embargo fueron tales 
los*delitos que cometieron, que la justicia 
del Todo-poderoso hizo un grande ejem- 
plar en ellos esterminándolos por medio de 
un diluvio universal. Desde entonces los 
tres hijos de Noé qttc Dios conservó con 



(3,5) 

fru* »uu^ac8 para que volviesen á pobíat 
el mundo repartieron entre ellos la tier- 
ra, y fueron Jos gefes de los diferentes 
pueblos que se derramaron por el Uni- 
verso. Esta puede considerarse como la 
época del^rinci pió de las monarquías, por- 
que Nembrod hombre revoltoso y enemigo 
del descanso no contentándose con su pa- 
trimonio trató de usurpar la tierra de su» 
vecinos, y después de haber invadido sus 
heredades las sometió á Su dominio forman- 
do luego una especie de imperio en Babi- 
lonia. El ejemplo de Nembrod estimuló á 
algunos otros que del mismo modo se hi- 
cieron Reyes, y aquellas armas que los 
hombres habían inventado desde luego pa- 
ra defenderse del furor de las fieras, las 
emplearon después contra ellos mismos. Ni- 
no, hijo de Bel, sentando su trono en Ninive 
ciudad ya célebre y antigua, fundó el famo- 
so imperio de los asirios, duró rSooañog, 
y acabó por último en la afeminación de 
Sardanapalo que se sumergió en la sensua- 
lidad y los vicios. Los primeros que se re- 
velaron contra este JRey fueron los ruedos, 
y los ciernas pueblos de su dominio te des» 
preciaron y redujeron á tal estremidad que 
' l se vio. precisado á quemarse en su mismo 



(3i6) 

palacio con sus mngeres, cómplices en snt 
desordene*. De las tuinas de e¿te grande 
impelía se formaron otros tres remos. Uno 
de los mas florecientes fue el de ios medo** 
Poco después de la ni tuerte de Sardana pa-* 
lo comenzó el segundo imperio de los así- 
ríos cuya capital fue Ñinive y bastante ce-* 
lebre es en la historia sigrai la el de Babilo-» 
Iiiav pues Dios se sirvió Varias veces de tas ar- 
jiiasííe los gentiles para castigar la ídola-? 
tría y denlas delitos de su pueblo, A caz Rey 
de Judá^ estrechado por sus enemigos, im- 
ploró el auxilio -del primer Rey de Asiría 
ó de Niuivter* enseñando de este modo el 
camino de la Jndea á aquellos pueblos* 
quienes varias veces la asolaron concluyen» 
do por con -pistarla.- Siquearon el famoso 
templo de Jerasilen donde hallaron in- 
mensas riquezas y una cantidad asombro? 
$a de vasos de oro y plata destinados al 
cuho divino, llevando cautivos á los judíos 
á Niuive y á B íbilonia,, y Sa Imana z'.ir estera 
minó el reino de Israel. Unos y53 años an-** 
tes de la venida de Je*if~crU(0', Reino j 
Hornillo descendientes de los reyes de Alba 
fundaron la ciudad de Romav capital del 
imperio romano y del universo : Ciro ge- 
neral del ejército de Ciaváres, el mismo 



(3 ■?) 

qne el profeta Daniel llama Darío el me-* 
do, hijo de Mandarle y de Cambines Rey do 
Persia, después de haber conseguida va* 
rias victorias de consideración , unió el rei* 
no de la Persia al de los inedns, se apode- 
ró de rodo el oriente, y fundo el imperio 
mas famoso de cuantos hubo hasta entou* 
ees pii el mundo. No obstante que los me- 
dos eran poderosos antes que Gira juntas© 
las dos monarquías, estaban muy distantes 
de pode r compararse con los Reyes de Ba- 
bilonia que Ciro venció con las tuerzas 
unidas de los medos y los persas. Apenas 
este gran príncipe se vio dueño de tan 
vasta míMiarquíi dejó que los judíos, cau- 
tivos muchos años había, volviesen á Judea 
bajo el mando de Zorababtl, y les peí mi- 
tio reedificar el templo de Jniualen, Al 
cabo de a'guo- tiempo extinguida ya la fa- 
milia de Ciro, ocupó el trono de aquel 
Vasto impeno Darío hijo de ti i laspe, el 
que suponen algunos ser el Asnero deque 
habla la Sagradla escritura en el libro do 
E^er. Durante el reinada fie <ste monarca 
fue cuando se hicieron repúblicas Roma y 
Atenas, La muerte de Lucrecia que violó 
Sexto , hijo de Tarquino el sobervio, eseu 
lando á lo» romanos á la venganza les ins~ 



(3,8) 

ptró la idea de la independencia, con ía 
cual* desterrados para siempre de Roma loa 
reyes * se estableció el gobierno consular. 
Por lo que toca á Atenas , en poco estuvo 
que no la esterminase en los principios de 
su nuevo sistema el poder de los persas. 
Dario con efecto envió nn ejército formida- 
ble contra la Grecia, pero el célebre Mil- 
eíades con solo diez mil hombres lo desba- 
rató completamente en la llanura de Ma- 
ratón. Nuevos esfuerzos hizo Gerges hijo 
de Dario, para vengar el oprobio de se- 
mejante derrota, sin embargo no tuvo me- 
jor éxito su espedicion porque trescientos 
lacedemonios mandados por Leónidas Rey 
de Esparta, detuvieron en el paso de 
Thermópila su ejército compuesto de na 
millón y doscientos mil hombres. Su arma- 
da fue derrotada igualmente cerca de Sala-* 
mina por el gran Temístocles, y él pere- 
ció el mismo año á manos de Artabano ca- 
pitán de su guardia. Entre tanto los mace- 
donios que habían de ser los qué destrui- 
rían el imperio de los persas comenzaban á 
distinguirse bajo las órdenes de Filipd,. 
padre de Alejandro el grande, quien des- 
pués de veinte años de continuas victorias, 
consiguió .por fin hacerse -dueño de toda la 



P>9) 

Grecia mediante la batalla del Chersoneso 
cu que venció á los atenienses y sus aliados^ 
y donde Alejandro, que entonces sola 
tenia diez y odios años hizo prodigios. 
Con tantas prosperidades formó Filipo el 
designio de abatir el poder de los per- 
.gas, y para este fin se hizo nombrar ca- 
pitán general de todas las tropas de la 
Grecia ; pero antes de que llevase á efec- 
to su empresa le asesinó Pausanias en un 
banquete. Alejandro que no tenia menos 
valor, ni menos ambición que su padre, se 
puso al frente de sus rnacedonios y de otros 
griegos que se le agregaron , acometió á 
Darío Rey de Persia, le derrotó en tres 
batallas campales, y después de haber pene* 
trado con sus armas victoriosas basta la Ju* 
dea, vinoá morir á Babilonia en la flor de 
su edad y en medio de sus triunfos. Este es 
en resumen el orden sucesivo que han teni- 
do las monarquías, y cuates han 9Ído los ira* 
perios mas célebres, comenzando poco des- 
pués del diluvio. Los asirios, los medos, lo» 
persas, los griegos y los romanos se hicieron 
temibles sucesivamente por la grandeza de 
su poder, asi que la ambición de algunos 
de eiios íes inspiró la idea de elevarse sobre 
los «lema* ? de su tetarlas* 

4 



(3ao ) 



DE LA PAZ Y DE LA UNION, 



Irevanfa al cielo el aclamar sonor» 
lo* paz donosa y sin mancilla , puro 
Vivaz «destello de la eterna lumbre. 

Don Diego Cortesa en m canto á la pat„ 

Queridos jóvenes ; dedicado con toda 
el ahinco de que es capaz rai paternal co- 
razón á dirigir vuestras tiernas almas por 
el camino de la rectitud , voy á presenta- 
ros aqui dos escritos de paz y de unión, 
por abundar entrambos de máximas eter- 
nas de justicia. Sea el primero un apostro- 
fe á la paz, impreso á fines del siglo últi- 
mo , el cual dice así: 

Paz amable! paz dulce y deliciosa! en 
tu frente resplandece la alegría de los mor- 
tales. Á tu vista se prosterna el furor y se 
ensalza la piedad. Tu ocupas tranquilamen* 
te el corazón del hombre y le llenas de 
lina suave complacencia. Tú estás rodearla 
de un sin número de adoradores que conti- 
nuamente esparcen olorosos perfumes á tu 
deidad , pronunciando los nombres mas 
agradables de humanidad , reposo, gusto y 
regocijo. No caminas cual -la guerra san* 



(3a i ) 

guiñaría con la estrepitosa música de sus 
feroces secuaces , sino con las aclamaciones 
y vivas de ternura. No ofreces á los ojos 
deslumhrados la pompa de tus tiendas de 
campaña* las falanges, los penachos, las 
garzotas flotantes .... Al contrario , la senci*- 
llez de la cabana, los inocentes festejos de 
los pueblos ¿ las aclamaciones de los niños, 
y la amistosai reunión de todas las nacio- 
nes es el único objeto de tus benéficas ideas. 
Yo veo en ti la amable tranquilidad que 
deja á los padres gozar de los mas sinceros 
afectos de su prole , y á íos hombres todos 
comunicarse por medio del comercio * los 
bienes que la naturaleza y el clima de sus 
terrenos les ha dado con esclusion de los 
otros, manteniendo entre ellos la mas es- 
trecha sociedad. No adornas á tus partida- 
rios con el acero esíermínador ^ ni 'abruma* 
sus pechos con las pesadas planchas de hier- 
ro , que los ponga á cubierta de íos tiros 
de sus enemigos; antes sí, inspirando segu- 
ridad en el trato recíproco de los hombres* 
haces que la vasta extensión de este inun- 
da sea para ellos *un albergue común , en 
donde cada cual encuentre el mas cómodo 
hospeda ge. & 

En cuanto á. la i\£*ío« deseo que apren- 



dais bien cíe memoria los siguientes verso* 
del canto que sobre el asunto escribió é 
imprimió D. Diego Conesa en i8¿o. 

Cortando el hilo adverso de los hadot 
y eseedieudo el suceso á la esperanza» 
la angélica Cristina . en suave brillo 
de Oriámbar pintando al suelo Ibero t 
alza de unión la generosa frente. 

De la unión que colora en claros vísoi 
dp. gualda y de carmín la amiga mano* 
del Itis nuevo que á la España ahora 
pace riente en el sagrado Empíreo»' 
y en nudos liga fáciles al orbe, 
tolo en los brazos de la unión dichoso. 

La ley se cumple, las pasiones ceden» 
y el áureo siglo de Saturno y Rbea 
torna á la España en su mayor desdicha* 
Abriendo al bien el agitado j>ecKo 
remite el hombre el ceño desabrido , 
y al hombre alivia en prospero semblante» 



Asi acabaron los horribles inanes 
que á estragos nunca vistos causa dieran, 
causas en fin de mal y desventura. 

Así acabaron , ¡Célica Cristina! 
y la unión y k lealtad armóaica » \ / 



P»3) 

qne la tfaicion en la virtud oprime » 
fué la eterna. ambición del pecho mió* 
y la enseña inefable del acierto. 



La mente viva apresurando al tiempo 
su curso leve, en sublimado trono 
mira del campo la esmaltada Diosa 
(la sien ceñida de granadas raieses) 
de cuya frente la abundancia llueve 
vida á las plantas y en las flores vida* 

Ya corre sin peligro derramado 
un divago apacible el adaí mentó, 
pastando el verde prado qne agradece 
y recompensa con visible usura 
del noble bruto la amistad estrecha* 

Las inocentes aves y pintadas 
sobre copados árboles frondosos 
por tanto bien á su Hacedor honornn 
en almo gozo y en placer cumplido. 

Y de aito ejemplo las preciadas sombr 
de Carlos , de Felipes y Fernandos 
vuelan en torno de Isabel hermosa 
k quien el aura del amor sustente 
y los humos del favor mentido. 

Al brillante poder y soberano 
culto se presta , á ia bondad afecto» 
afecto divinal que , cual fa patria » 



(3H) 

á sola una la opinión redujo. 

Nació ya Ja Salad , y el turbio llanto 
torna en placer y celestial delicia. 
¡Oh que puro consgelo, y suspirado 
el aliña rnia en su presencia siente! 
¿Nos distes la salpd, o Dios bondoso? 
de tus piedades con eternos himnos, 
celebre el mundo la memoria dulce. 

Todo Isabel, te aplauda, y fiel tributo 
todo te rinda de obediencia justa # 

hasta do piora antipoda remoto. 



> V 




,%* 



(5*5) 



DE LA MÚSICA. 



El pintor Theon.su po aprovecharse déla 
Virtud de la música pues teniendo que expo- 
ner al publico un cuadro que representaba á 
tin soldadoen el acto de acometer al enemigo 
enardeció primero los ánimos de los espec- 
tadores con la música marcial , y cuando 
los creyó bastante conmovidos descubrió su 
pintura y la admiraron todos. Esto nos in- 
duce á traducir y publicar el siguiente tro- 
zo de una carta sobre la música que se ha- 
lla impresa en cierta obra francesa de co- 
nocido mérito. Dice, pues asi: 

La música , este arte delicioso que los 
sabios de la antigüedad miraban como el 
mayor regalo que los dioses hubieron he- 
cho á los miserables humanos, fué siempre 
la pasión de las bellas almas, y al mismo 
tiempo el objeto del examen y de las me- 
ditaciones de los filósofos. Yo me adelanto 
aun á sentar que de todos los asuntos, «íe 
es quiza «obre el que mas se han ejercitadlo 
los hombres; por un lado la mayor parte <ie 
los artistas no le han mirado mas quQWSf' 
mo un negocio de instinto y de hábil 



(3*6) 

no *e ban elevado sobre «vi parte gramati- 
cal, de Ja que solo nos ban trazado Ion 
elementos; y por el otro, los filósofos se 
ban ocupado tuncamente de sus relaciones, 
de sus combinaciones , de sus misterios, en 
mía palabra, de su parte científica. Yo sin 
penetrar en una teoría , cuyos secretos no 
creo posible profundizar , be pensado que 
se pedia mirar la música bajo un punto 
de vista mas ventajoso. Se ban limitado á 
enseñamos á amontonar sonidos, á crde- 
nar consonancias , y á conocer los movi- 
mientos y las medidas sin hacernos obser- 
var las diferentes energías, sin indicarnos 
las formas particulares á que la música de- 
be sus imágenes, sus pasiones y su poesía, 
sin ilustrarnos en fin sobre el uso que de- 
bemos hacer de estas formas para encami- 
narlas con mas seguridad a) efecto que nos 
proponemos. Tenemos sobre la agricultura, 
sobre la pintura, sobre la poesía y sobre la 
elocuencia tratados analíticos llenos de 
preceptos y de exemplos ; y la música, la 
mas conocida de todas las bellas artes y 
que obra mas imperiosamente sobre nnes- 
tras almas, es la única á quien nadie ha 
hecho todavía esta especie de homenage 
Como sus objetos de imitación son en ge** 



(3*7) 

toeral infinitamente mas multiplicados, m fi- 
cho menos constantes y menos sensibles 
que los de las otras artes ; y posee mas que 
ninguna el privilegio de agradar , aun 
cuando no llene su objeto; es preciso con- 
venir en que su análisis debe llegar á ser 
cstremada mente delicado. Por otra parte, 
el admirable abuso que hacen muchos ar- 
iistas, que no se sirven de ella mas que 
para adornar los caprichos de su imagina- 
ción ^ de tal modo ha enredado los rasgos 
y confundido los caracteres, que no se hu- 
biera creído fuese posible llegar á aclarar- 
les. Esto es loque trataré de hacer. Mi prin- 
cipal objeto es ofrecer á los músicos una 
retórica de música, digo mi principal oh* 
jeto, porque trataré difusamente de la mú- 
sica de los antiguos . y de todo lo que tie- 
ne relación con ella. No puedo menos de 
confesar que á su estudio y al de la poesía, 
es a quien debo la idea de mi obra y loa 
mejores mediosde egecutarla, tratándose de 
h* bellas artes ¿se podrá nunca consultar 
á los antiguos sin provecho? E* verdad 
que mas bien por el camino del buen gus- 
to y del sentimiento que por el penoso de 
Ja discusión es por donde se llega á com- 
prenderlos , pues parece que estos grande» 



(328) 

hombres no quieren ser conocidos sino del 
modo que ellos mismos han conocido la 
bella naturaleza. No imiro pues la música 
mas que «como uñarte imitativo, y busco é 
indico los medios de que se sirve para ha- 
cer su imitación. Afín de proceder con el 
mayor método que me sea posible en la 
carta que tengo el honor de escribiros , des- 
compondré la música y examinaré separa- 
damente sus partes principales, que son la 
rima 5 la melodía y la armonía. Ño creáis, 
Señor, que adopto esta división para el 
cuerpo de mi obra ; no es su naturaleza tal 
que puedan someterse todas sus partes á 
principios generales y aun he creído des- 
pués de muchas reflexiones que no podia 
tratarla con buen éxito sino dividiéndola 
en capítulos, á ejemplo de las institucio- 
nes oratorias de Quintiliano. 

Los antiguos miraban la rima como la 
parte principal de la música. No es este el 
lugar de ofreceros las diferentes significa- 
ciones que los autores, tanto de la antigüe- 
dad como de la edad media, han dado á 
este término ; desde que sabemos á no po- 
derlo dudar, que la música de los antiguos 
estaba rigurosamente sujeta á la cantidad, 
ya no nos queda que reflexionar mas que 



(3*9) 
«obre el mecanismo de su poesía para de- 
terminar y fijar la importante y verdadera 
ceixergía de esta palabra : y esto es en lo que 
yo he puesto todo mi cuidado. Todo el mun- 
do sabe que en Ja combinación de las síla- 
bas bretes y largas , consiste el artificio mas 
feliz y mas esquisito de la versificación 
griega y latina ; y que las palabras propias 
para entrar en la medida afectada á cada 
especie de verso ,, fueron llamadas pies y 
números según estaban compuestas de mas 
ó menqs \sitabas. Jjos gramáticos^ los retóri* 
eos, los filósofos mismos y Jos poetas han 
observado Jas diversas propiedades de estos 
pies y de estos números *, y aun que una 
pronunciaron exacta sea bastante para ha- 
cernos sentir toda la virtud de los caracte- 
res que les han agregado, he creído dar 
una idea todavía mas viva y mas precisa 
transportándolos á la música , de modo que 
el valor de cada palabra corresponda exac* 
tamente al de cada sílaba ; de esta opera- 
ción tan sencilla he visto salir el efecto mas 
sensible y maravilloso del mundo.. El* Tro- 
queo dicen los antiguos gramáticos, es un 
pie ligero, sin fuerza y sin nobleza, y en 
Aristóteles leemos qne cuando reducida á 
ancoro de lugareños, la tragedia estaba 



(33o) 

Hena solo <Je cantos y danzas rusticas, em 
pleaba el verso tetrámetro que no se cora* 
pone mas que de troqueos ; así es que un 51 
ferie de troqueos rae ha dado á conocer el 
movimiento de todas nuestras gabotas, de 
la mayor «paite de nuestras contradanzas y 
de nuestras zarzuelas. La grandeza y la 
dignidad del espondeo; que Platón consa- 
gra á Jos cantos religiosos , me ha traido á 
la memoria el preludio y el acompañamien- 
to del Juravit dominas de Lalande, y la 
entrada de su exurgat deas trozo cuyos mas 
esqtúsiros diseños no podian igualar á la 
sublime y magestuosa sencillez. Valerio Ma* 
ximo (i) nos enseña que tocando el ana~ 
pesto los instrumentos de guerra disponían 
á los lacedemonios al combate ; y por la 
vehemencia é impetuosidad de este pie rea* 
nimó Tirteo su valor, que perdidas reíte- 



«■ 



(i) Valer. Max. L. a? c. 6. Se que Aulo Gelie 
refiere, según Tucidides; que la música militar d@ 
los espartanos era magestuosa, tranquila, hecha me- 
nos para escitar el valor que para templar el ar- 
dor y reglar la marcha de los soldados; pero esto 
no sirve mas que para probar el efecto que debie- 
ron producir en ellos los sonidos impetuosos y re- 
doblados del píe de que se valió Tirteo para rea* 
-«hnar §u valor- 



(3Si) 

radas habían enteramente apagado. Nues~ 
tros artistas le emplean aun to<!os los dias 
en los cantos belicosos , y M. Ramean sin 
haber fijado jamas su atención en el pa«age 
de Valerio Máximo, corno me lo ha con* 
fesadoel mismo, hace herir continuamente 
el anapesto por la sinfonía que anuncia el 
canto sublime y vigoroso de Tuteo. El Yanz* 
bo es vivo* egeeutivo y lleno de fuego; y 
este es con efecto el pie que predomina ea 
los sugetos ardientes y apasionados. Lo 
mismo sucede con todos los demás pies que 
he notado: por todas paites he visto con los 
artistas y los amadores ilustrados á quienes 
he dado ejemplos de esta verdad la confor* 
midad de las observaciones de los antiguos 
con la naturaleza , y de mis ejemplos coa 
sus observaciones. 

Debo haceros presente, señor , que Ja¡ 
ley quesuetaba á los músicos á la cantidad^ 
no los encadenábanle tal modo que jamas 
pudiesen separarse de ella, Quimiliano of> 
serva que la relación de la larga á la breve 
es doble; y (pie sucede que una larga cor* 
responde ya á dos breves y aun mas, ya 
algunas veces á breve y media solarneme. 
En seguida añade que hay monosílabos mu* 
ciio mas lewtos y mae tardíos les unoe que 



(33 2 ) 

los otros f y dar por ejemplo estas palabras* 
stant tristes , donde , como se ve % el mono- 
silabo stant exige nna pronunciación mu- 
cho mas lenta y durable que en estas stant 
acics: se lee también en el mismo autor que 
hay sílabas largas * mas largas, y breves, 
mas breves ías unas que las otras ; pallen- 
tés por ejemplo , y dwini son igualmente 
compuestas de tres largas ¿quien no conoce, 
sin embargo , que la primera palbbra mar- 
cha con mucha mas lentitud que la según* 
da? En esta marcha mas ó menos lenta, 
mas ó menos rápida de ló$ mismos pies, es 
donde he hallado la causa principal- de la 
estrema variedad y de la frecuente irregu- 
laridad déla rima de la música antigua. 
No podía yo hacer conocer á nuestros mú- 
sicos todos* los recursos que la rima sumi- 
nistra para la imitación , ní recordar con re- 
sultado los movimientos que los antiguos 
empleaban de aquellos de que nos ¿ servi- 
mos hoy sin arrollar esta parte de su mú- 
sica , y me halló tanto mas adherido á ello, 
cuanto que no tenemos nada de satisfacto- 
rio con respecto á este ptrntcr, y que M. Bo- 
tette á pesar de su sagacidad y vasta eru- 
diccion, ha caído el mismo en los yerros 
mas considerables. No me olvidaré de hk+ 



* ( 333) 

cer observar que todas las especies de me- 
didas tienen su energía separada y que rio 
se puede reducirlas, es decir componerlas 
ó simplificarlas sin alterarla espresion; co- 
sas cuyas razones trataré de penetrar, pero 
de las queme aplicaré aun mas á presentar 
ejemplos; pues la mayor parte de estas sen- 
saciones se deben colocar en el número de 
aquellas percepciones sordas que esperi- 
mentamos sin conocerlas y sin poder apre- 
ciarlas. La música dice M. Leibnitz , no es 
bajo muchas consideraciones sino un cáleij- 
lp obscuro y secreto que el alma hace sin 
advertirlo. 

v De lo que acabo, señor, de esponeros 
resulta que los antiguos no cargaron nun- 
ca de muchos sonidos la misma sílaba y que 
las probaciones no tuvieron lugar entre 
ellos. Nosotros, al contrario, nos aprove- 
chamos de tal modo de la libertad que nos 
deja la prosodia demasiado ignorada de 
nuestras lenguas, que á fuerza de romper y 
destrozar nuestros sonidos , debilitamos de 
dia en dia la parte, sin disputa, mas nervio» 
sade la espresion musical. Hago pues sentirá 
nuestros músicos, lo importan te que les seria 
conocer el mecanismo de sus lenguas , y 
sobre todo el reflexionar sobre la energía 



efe los pies de que está compuesta cada paw 
labra; espongo las ventajas considerable» 
que resultarían de este estudio, y que por 
medio de la elección y de la juiciosa mez- 
cla de estos pies y de estos -número»,- deci- 
dirían ellos la espresion casi siempre vaga,. 
y machas veces defectuosa de su sinfonía. 
Ti ataré de escitar su emulación, mostrán- 
doles el grado de perfección á que podrían 
elevar nuestra lengua , pues la de los grie- 
gos, que por su belleza mereció ser mirada 
como la obra de los músicos. Por lo demas f 
no he querido escluir todas las prolacion.es- 
pues proviniendo algunas veces de lo§ sen~ 
tímieutos de las. imágenes no hay duda que 
entonces son una gran belleza : tendré cui- 
dado hasta de notar ios parajes en donde 
ellas suplen de una m añera ventajosa y aun 
superior á una de las mayores riquezas de 
la lengua griega, cjuiero decir el moma to- 
pe del que Quintil iauo se queja , no es bas- 
tante susceptible la latina , y de que la 
nuestra no nos suministra sino muy poco* 
ejemplos. 

Los antiguos conocían bien el poder 
de la música , tanto , que los legisladores 
introdugeron preceptos de este arte en los 
co Jigos que dieron á las nacioue», asabas^' 



(335) 

la música en las funciones religiosas, en 
los festines y en Jos combates. Después de 
genero, este arte, cuyo objeto no había 
mas que el de celebrar á los dioses y á los 
héroes, y el de suavizar las costumbres, 
haciendo los actores que sirviese para ex- 
citar las liviandades mas vergonzosa?. 

La música tiene mucha influencia eti 
la economía animal , de la que se 
han valido los médicos desde la mas remo- 
ta antigüedad. 4 Ulives se la prescribieron 
para Curarle de una llaga que le habia he- 
cho un ja valí. Á Alberto duque de Batie- 
ra , para aliviarle del dolor de la gota; lo 
que conseguía por medio de la música 
dulce y continuada. La música de baile 
tiene la ventaja de disminuir el cansan- 
cio. Lorris advierte , y con razón , que to- 
do movimiento puede continuarse por mu- 
cho tiempo con tal que vaya acompañado 
de fíimas pues se ven muchos jóvenes que 
cansándose al mas ligero egercicio, pasan 
.bailando noches enteras al son ele los 
instrumentos sin sentir apenas cansancio. 
El Mariscal de Saxe observó que las tro- 
pas se cansaban mucho menos cuando mar- 
chaban al son de la caja que cuando iban 
en silencio* 



(336) 

En las pasiones y afecciones nerviosas 
tiene mucho influjo la música ; se la divi- 
de en excitante y calmante, y una y otra 
tienen mucha influencia en lo moral. Chi- 
ron con la guitarra hacia que Aquiles de- 
pusiese su cólera, y lo mismo hacian lo» 
antiguos lacedemonios, que procuraban di- 
siparla con sus dulces flautas antes de en- 
trar en la pelea, Saúl se curaba de su me- 
lancolía con la arpa de David. Asclepiades 
miraba á la música como el remedio mas 
"eficaz en los delirios furiosos, y Areteo la 
recomienda en la melancolia religiosa. 

Si la música calma las pasiones , tam- 
bién las escita. Un músiqo, dice Platón, en- 
seña cuales son los sonidos capaces de ex- 
citar la audacia y la modestia , la bajeza 
del alma y la magnanimidad, &e. Uno de 
los ejemplos mas notables que nos ha de- 
jado la antigüedad acerca del poder de la 
música para animar las pasiones , es el de 
Alejandro, á quien poclia Timoteo enfu- 
recer y calmar repentinamente con solo 
mudar de estilo. La historia moderna ha- 
bla de Erie el bueno, Rey de Dinamarca, 
á quien con toda su corte entristeció, ale- 
gró y enfureció un músico* De Amura- 
tes IV, que viniendo de acabar de matar á 



«us hermanos fue de tal modo templado 
por un músico, que también estaba conde- 
nado á morir, que hizo saltar las lágrimas 
á este emperador bárbaro libertándose asi 
él y sus amigos de la muerte. 

En el día no obra la música los pro- 
digios que éntrelos antiguos; sin duda 
era mas espresiva y melodiosa que la nues- 
tra en sus cuatro estilos principales. Su ar- 
monía era seguramente mas Ümitiada, pues 
no entraban en su composición asuntos di- 
versos, y ésta es precisamente la causa de 
que su música fuese mas propia que la 
nuestra para inspirar y calmar Jas pasio- 
nes, por cuanto !a impresión que hacia se 
debía mas bien á la melodía que á la ar- 
monía compuesta de cantos diversos, los 
cuales hacen que pierda parte de su efec- 
to el canto principal, en vez de que la ar- 
monía de un solo canto, aunque bajo de 
diversos tonos, como bajo el de octava, de 
tercera, de quinta, sexta , siendo menos 
gratos, hablan mas al corazón. 

Aunque la música moderna no influya 
tanto en tomarlo como la antigua, es capaz 
sin embargo, de producir, efectos medici- 
nales r pues consta para la observación que 
ha sido útil en varias afecciones. Pomme 



(338) 

lia empleado , con suceso , el violln pan 
calmar accesos violentos histéricos que pa- 
decía una joven. De todos los hechos que 
vienen referidos y de otros muchos que 
pudiera citar,, que omito por no molesta- 
ros mis queridos niños, resulta que la mú- 
sica obra en el sistema nervioso, y que sus 
impresiones son demasiado decididas para 
que dudemos de su influencia en la salud 
y en el alivio de varias afecciones ner- 
viosas. 

Los antiguos hacían entrar la música 
en el plan de educación de la juventud; 
con ella perfeccionaban el oido, conserva- 
ban ó restablecían la tranquilidad del alma 
y desterraban el mal humor , el cual es pa- 
ra el hombre un mal igual al dolor: es una 
habilidad agradable, y un manantial de 
placeres para cuantos la cultivan^ amable ju- 
ventud vuestra edad necesita de diversiones, 
la música es la mas recomendable para sua* 
vizar las costumbres. 




*# 



(33 9 ) 

BIOGRAFÍA. 



CHIXjOK, 



Chilon floreció en Lacedemonia hacia la 
olimpiada 5a. Era un hombre de espíritu 
firme y resuelto que estaba tan tranquilo 
en la adversidad como en la prosperidad. Vi- 
Via retirado sin ambición y creia que era 
tiempo muy mal empleado el que se pasa- 
ba en largos viages. Su vida era un modelo 
de perfecta virtud y practicaba sinceramen- 
te todo lo que decia. Su silencio y su gran 
moderación le han hecho admirar de todo 
el mundo. Arreglaba su vida por esta má- 
xima saya.Que en todas cosas espreciso cor- 
rer lentamente. En la olimpiada 55 fué 
hecho Eforo, dignidad en Lacedemonia que 
contrabalanceaba la autoridad real. Su her- 
mano envidioso le manifestó su resenti- 
miento y Chilon le respondió fríamente: 
Me han elejido por juzgarme mas digno que 
tú, para sufrir la violencia que me hacen 
sacándome de mi retiro y esclavizándome con 
los negocios. Chilon después de haber exami* 
nado la situación y territorio de la Isla d* 
Cuerea exclamó delante d^ todos; Ojala qu* 



(34°) 

esta isla"no existiese ó que la hubiesen cu- 
bierto las olas del mar asi que apareció por 
que preveo que será Ja ruina de Lacedemo- 
nia y no se engañó por que á poco tiempo 
fué conquistada por los Atenienses que se 
sirvieron de ella para asolar el país: Perian- 
dro hizo todo lo posible para atraerle á Go- 
rinto para que le ayudase con sus consejos 
y poder continuar en la tiranía mas Chilori 
le respondió : 

Queréis meterme en el tumulto de laa 
guerras y desterrarme de mi pais como si 
esto pudiera poneros en seguridad : sabed' 
que no hay cosa mas transitoria que la gran- 
deza de los Reyes y se puede llamar feliz 
el tirano que consigue morir en su lecho. 
Chilon consumido de vejez murió en Pisa 
de alegria al abrazar á su hijo que habia 
salido vencedor en los juegos olímpicos. Los 
lacedemonios le erigieron estatua después 
de su muerte. 

MÁXIMAS DE CHILON. 



Chilon era muy lacónico en sus discur- 
sos y su modo de hablar ha pasado por pro* 
ver vio; decía: 



Que el amenazar á otro era debilidad 

dé muger. 

Que hay tres cosas difíciles, guardar un 
secreto, perdonar las injurias y emplear bien 
el tiempo. 

> Que la mayor sabiduría consiste en re- 
frenar la lengua , especialmente en on festiu. 

Que se deben visitar los amigos masen 
k desgracia que en la prosperidad. 

Que valía mas perder que ganar injus- 
tamente. 

Que el hombre de valor debe ser apre- 
ciable y hacerse respetar antes que temer. 

Que la mejor política de un estado con- 
siste en enseñar á sus ciudadanos á gober- 
narse bien en particular. 

Que el oro y la plata se probaba coa 
una piedra de toque 9 mas el corazón del 
hombre no tiene otra prueba que la plata 
y el oro. 

Que se debe uno casar con una mu- 
ger honrada y no arruinarse con los gastos 
de boda. 



(3 4 a) 

IL MUERTO VIVO O LA APARICIÓN. 



E! miedo es ingenioso y hace ver gran- 
des fantasmas; se dice que se ha visto lo 
que se ha creicío ver : Ja historia volan- 
do de boca en boca, se va desfigurando, y 
cuanto mas absurda es , mas placerse tiene 
en adoptarla, en especial los débiles y su- 
persticiosos. ¡Cuántas, fábulas ha hecho 
llegar hasta nosotros la ignorancia y la ere** 
duiidad! 

Vordac en sus memorias cuenta que ha* 
hiendo llegado áTíasencia ciudad de Italia 
fue á alojarse en una posada cuyo dueño 
había perdido á su madre la noche ante- 
rior. Este hombre habiendo enviado á ut| 
criado á buscar una cosa al cuarto de la 
difunta le vio venir fuera de sí, gritan- 
do que habia visto á su ama que habla 
vuelto del otro mundo y estaba acostada 
cn.su cama. Otro criado haciendo de va-* 
liente fue allá y confirmó la misma cosa. 
Eí amo de casa fue también allá acompa-» 
liado de una criada y á po,eo rato bajó di- 
ciendo á . todos los de la posada "Si se* 
¿ores mi pobre madre Estela na Hane U 



(343) . 

he visto yo, roas no he tenido valor par* 

hablarla. 

Vordac toma una luz é invitó á un cele» 
jiástico que se hallaba en la posada á que 
le siguiese, á lo que accedió con tal que él 
fuese delante. Todos cuantos habia en la 
casa quisieron ser de la es pedición y fue- 
ron detras de ellos. Entraron en la pieza y 
corriendo las cortinas del lecho vieron a 
Tina vieja muy negra y arrugada que hacia 
gestos ridículos arropada perfectamente coa 
las ropas de la cama. 

Dijeron al amo de casa que se acerca* 
sea ver si era su madre y respondió que 
8t lo era, y los criados todos lo afirmaron.. 
Vordac dijo entonces al eclesiástico: ''vo* 
que sois sacerdote acercaos y conjurad al 
maligno espíritu. El sacerdote entonces se 
acercó é hizo algunas preguntas á la muer- 
ta , echándola agua bendita á la cara. El 
maligno espíritu al sentirse mojado, salió 
precipitadamente de debajo de las mantas 
y saltó á la cara del padre cura. Enton- 
ces todos echaron precipitadamente á cor- 
rer solo Vordac socorriendo al cura que 
peleaba con el maligno espíritu le dejó 
caer la papalina y entonces vieron que era 
una mona. 



(344) 

En efecto aquella mona que tenían en 
la casa habia observado muchas veces los 
movimientos de la difunta y aprovechan- 
do la ocasión se habia puesto su papalina y 
se habia acurrucado en Ja cama en los mis- 
mos términos que lo hacia la madre del 
posadero. 

Talesson en el mundo todas las historias 
de duendes, fantasmas &c. y el desenlace vie- 
ne á ser el mismo. Si se redujesen todas 
las cosas á su justo yalor , las muge-res, -los 
niños, y aun algunos hombres se verían 
exentos de los temores pueriles que consu- 
men la mitad de su vida. 

Hijos míos, jamas deis oidos á cuentos 
fantásticos, brugerias y duendes, estas pa- 
parruchas os harían tímidos , pusilánimes 
y cobardes; ofuscarían vuestro entendimien- 
to esclavizando para siempre vuestra razón 
y voluntad. Tan deplorable estado os pon- 
dría incapaces de consultará la razón y 
dando facií entrada á cuanto os dicen con- 
cibirais las ideas mas torcidas y erróneas 
aun de las cosas mas sagradas* Queridos ni- 
ños, minea me cansaré de repetir que el 
mayor de todos los bienes es la instrucción, 
que esta en el sentir de Synerio, es la fuen- 
te de la virtud de donde nace la felicidad. 



No lo dudéis hijos mios, tocios los vicios se 
fundan en errores, y en opiniones falsas; v por 
esto según el acertado juicio, y la autori- 
dad de los sabios, son indispensables la ló- 
gica y la crítica para el establecimiento de 
la recta moral. "No hay mas que un bien 
dijo Sócrates, y esta es la ciencia; y no frías 
que un mal, y este es la ignorancia. Eor 
la ignorancia hay menos virtud , porque 
ésta no es otra cosa que una razón mas cla- 
ra y cultivada que enseña los daños de la 
inmoralidad y de los vicios. Por esto el sa- 
bio Hume sienta que la ciencia y la civi- 
lización están estrechamente unidas con la 
virtud y la humanidad ; siendo el antídoto 
de los errores, de los vicios y de toda clase 
de desórdenes. 




( 34* ) 



EDUCACIÓN DE SORDO-MÜDOS. 



Eugenio. Papá, el segundo dia que 
nos habló V. de la educación de sordo- 
mudos, nos dijo que en España se les en- 
señaba á leer, escribir, uso de la voz, gra- 
mática del idioma &c. ¿Cuándo nos dice V* 
cómo se les enseña á hablar? 

El Padre. Hijo mió, hasta ahora no ha 
sido tiempo; los mismos deseos que vosotros 
manifestáis me han indicado varios padres 
de los desgraciados sordo-mudps y muchos 
maestros de primera educación que uno» 
y otros ansian el método de poner en co- 
municación con los demás hombres á tan- 
tos infelices que la naturaleza condenó á 
vivir aislados si el arte no suplía su de- 
fecto. 

Alejandro. Pues bien Papá, no es ya 
tiempo que vayan ordenando gramatical- 
mente e! pequeño diccionario de nom- 
bres sueltos que se han proporcionado? 

El Podre. Si , hijo mió , pero antes 
quiero que aprendan el uso de la vo^ 



\ 



(347) 

j qne conozcan el alfabeto manual , va- 
liéndome para ello del que perfeccionó 
nuestro muy digno y desgraciado com- 
patriota el Señor Don Tibureio Hernán- 
dez , antiguo maestro director del Real 
colegio de sordo-mudos de esta Corte, y 
el que á continuación sigue que me ha 
parecido añadir para que por su me- 
dio , conozcan nuestras abreviaturas mas 
usuales y facilitarles el otro trabajo que 
les ha de poner mas pronto en comunica- 
ción con los de sentidos espéditos. 

Alejandro. Papá, pues que, en sa- 
biendo los alfabetos que tiene V. aqut, 
no esta ya bastante instruido para enten- 
der y hacerse entender de los demás? 

El Padre. No, querido niño, el sor- 
do-mudo no está totalmente en actitud de 
entrar en la sociedad sino cuando ha apren- 
dido á manifestarse de viva voz, ya leer 
la palabra en el movimiento de los labios: 
entonces solo es cuando se puede decir, que 
su educación esta concluida. Cuando su ins- 
trucción le haya puesto al nivel de los co- 
nocimientos que se pueden adquirir por la 
lectura, no será ni sordo ni mudo para 
cualquiera que sepa leer ó escribir; mas des- 
graciadamente la escritura ofrece un medio 



(■348 ) 

de comunicación demasiado lento é inco* 
modo para la conversación, y que al mis- 
mo tiempo no puede ponerse en uso en 
las clases interiores de la sociedad donde 
van á parar el mayor número de sordo- 
mudos, y donde frecuentemente no se sabe 
leer y casi jamas escribir bastante correcta- 
mente para hacerse entender por estos 
desgraciados. 

Penetrado de esta verdad no me con- 
tento con manifestarles desde esta lección 
el alfabeto manual únicamente, sino que les 
enseño el labiuL El primero es conocido de 
muy pocos. El segundo es común á cuantos 
hablan , y por lo mismo desde el principio 
quiero que se ponga el mayor cuidado pa* 
ra que el niño tome bien las posturas de 
la lengua, los dientes y los labios para la 
formación del ruido ó el sonido de cada 
signo ó letra. Les bago interesar en el cono- 
cimiento de que la boca que con él habla, 
dice tales y cuales letras, de cuya reunión 
resultan estas y las otras palabras cuyo sig- 
nificado ha de entender. Para lo primero 
no es necesario que tengan nociones gene- 
rales del idioma, mas para lo segundo eran 
de necesidad y por lo mismo he dejado pa- 
sar el espacio que requerían Jas ideas gene- 



tales que tienen , con intención de hacer si 
multáneo el conocimiento de los dos alfa- 
betos manual y labial 5 y aprovechar en 
lo sucesivo todas las ocasiones que se nos 
presenten para tan ventajoso fin. 

Los sordo-mudos, aun mas curiosos que 
tí resto de los demás hombres desean saber 
lo que se dice sobre todo, cuando suponen 
que se habla de ellos ó de alguna cosa que 
les interesa: en estas ocasiones, sus ojoscla* 
Vados (permítaseme esta espresion) en los 
labios de el que habla le hacen dueño de lo 
que dice, sino tiene la precaución desús* 
traerse á su vista. Guando el asunto no les 
llama tanto la atención debe suplir la falta 
de cuidado el que hable, esforzando cuanto 
le sea posible las impresiones que se le quie* 
ran hacer mas sensibles., abriendo bastante 
la boca para dejarle percibir los diferentes 
movimientos de la lengua, dando una espe- 
cie de pausa entre las silabas de la palabra 
que se le quiere hacer escribirla fin de que 
las pueda distinguir la una de la otra. 

Es cierto que todos los que hablan cotí 
los sordo-mudos no toman todas las precau- 
ciones de que trato, y de esto resulta que 
no sean ten claramente entendidos; pero es 
suficiente las mas veces que perciba algu* 



(35o) | 

úas de una palabra, y aunque diga de una 
frase para que adivine la restante á la ma- 
nera de loque nos sucede cuando chapur- 
ramos un idioma extranjero, ó queremos sa- 
ber lo que dice un manuscrito antiguo, cu- 
yos caracteres desfigurados á nuestra vista, 
y llenos de abreviaturas parecen ininteli- 
gibles* averiguando el contesto de uno y 
otro con solo oir algunas palabras de aquel 
y conocer algunos signos de este, Y en este 
caso ¿no suplimos de corrido las letras que 
faltan por el hábito de Jeer? El taquígrafo 
economiza el tiempo de escribir siguiendo 
la voz por medio de los signos abreviados, 
¿Luego no convieite con ligereza su clavo 
en la usual de nuestros alfabetos pronun- 
ciando como si tuviera delante nuestros sig- 
nos comunes? Y el sordo-mudo á quien la 
necesidad estimula ¿no se hará con la in- 
teligencia y el hábito á una taquigrafía de 
gesticulaciones ¿ Si, no lo dudemos. Los 
sordo-mndos tienen un estímulo del que no 
6e desentenderán : la conservación de este 
es el resorte de su aprovechamiento, que 
injoneado por la necesidad de hacerse en- 
tender, y entender á los sujetos entre quie- 
nes han de vivir facilitará mucho la posi- 
bilidad de manejar un idioma que ya tienen 



(35 1) 

bosquejado y que afortunadamente ' ten-^o 
el gusto de verlo comprobado en los jóve- 
nes sordo-mndos que frecuentan mi casa. 

Pero para llegar á este estado es preci- 
so pasar por el lento, penoso y árido tra- 
bajo de irles enseñando letra por letra la 
pronunciación y postura de mano, hacién- 
doles proferir antes de todo algunos sonidos 
á fin deque en lo sucesivo, pueda distinguir 
el efecto que produce el sonido del que re- 
sulta de la sola salida del aire. Esta dife- 
rencia es fácil de percibir por el delicado 
tacto de estos desgraciados , pues siendo la 
voz un sonido que resulta de las vibraciones 
que esperimenta el aire al atravesar la glo- 
tis, sabiendo ademas que los sonidos que pro* 
ducen la laringe del hombre, son propias 
á su organización, la aplicación de la ma^ 
no del discípulo á las ternillas delgadas y 
elásticas, que forman este cilindro cartilagi- 
noso, le hacen conocer no solo la diferencia 
de vibración que se busca, sino que pasa 
á medir las diferentes modificaciones de 
que es susceptible la voz, en las constriccio* 
nes y relajaciones de la laringe. 

Penetrado el maestro, que él lo esta del 

mecanismo de los sonidos, se traza en el 

encerado la letra a designándosela coa 1¿l$ 

6 



(35a) 

cuatro figuras comunes, qne puede presen* 
tarse á su vista, es decir, mayúscula ele im- 
prenta, y minúscula ele la misma clase, nía* 
y úsenla y minúscula de mano; y esto* cua- 
tro caracteres, qne todos ellos afectan dbtin* 
ta figura, se le hace entender que no tie- 
nen mas que un solo valor, asi en la 
postura de la mano, como en la pton ini- 
ciación. 

La imitación perfecta de los caracteres 
y el conocimiento de correspondencia que 
estos signos tienen con el alfabeto manual, 
les es fácil adquirir, mas no les es tanto el 
acertar con el sonido ó ruido de ellos por 
el defecto del oído. Para ocurrir a esta fal- 
ta se sienta el maestro de cara á la luz, y 
el discípulo de espaldas á ella, en propor- 
ción de que este vea la postura de la 1< ngua, 
los dientes y los labios de aquel; y de este 
modo ve que para la espresion de esta le* 
tra a tiene necesidad de abrir suficiente- 
mente la boca, dejar estendida naturalmen- 
te ia lengua, y quietos los dientes y labios. 
Cuando ya los tenga bien puestos se prin- 
cipia el sonido por veces y despacio, mi* 
irá mióse mutuamente discípulo y maestro. 
Esta letra no ofrece la mayor dificultad; pe- 
ro ti coa las disposiciones que el ha visto dar 



(353) 

í los órganos, y que ha sabido imitar con 
alguna propiedad, no acertase aun á darla* 
el sonido , >e hará entrar el dedo pequeño 
del niño eri la boca del maestro hasta la se- 
gunda articulación, y en este estado se pro- 
nuncia con fuerza y muchas veces dicha le- 
tra , y sé hace observar que la lengua que- 
da tranquila, qué no se eleva para idear á su 
dt<lo, que el sonido salé como por mi canal 
y en línea recta. Luego que acierta , se le 
hace repetir este sonido muchas veces. 

A la letra aprendida sigue le é qué se 
escribe del mismo modo que se dijo éu la 
primera vdad, y para su espresionf se abre 
ja boca* no tanto como para la a, la lengua 
se engruesa y eleva uu poco hacia el pa- 
ladar^ los labios aígó retirados hacia den- 
tro. Un quejido gtitiíi al hecho con las dos 
acciones de inspirar fueitey espirar^ riatü* 
raímente enseñan al mudo el sonido dtí 
esta íí'tra. 

En las demás vocales sé observa el mis-^ 
íno mecanismo, cuidando siempre (en casa 
que la vista del niño no pueda alcanzar' la 
postura de la leiígüa) que su dedo entré en 
la boca del maestro á fin dé medir con exac* 
titud la elevación q depresión de dicho 
órganos 

í 



(35 4 ) 

Si con las vocales conocen todos los so- 
nidos que tiene el Wnguage hablado en sus 
diferentes modificaciones , en las conso- 
nantes adquieren el de todos los ruidos in- 
determinados. 

Las consonantes ó sonantes con vocal 
se les enseña con su propio y único valor; 
se marca en el encerado la letra b con los 
cuatro caracteres (operación que se repite 
en todas las letras hasta la conclusión del 
alfabeto) el maestro toma la misma pos- 
tura que observó para enseñarles las voca- 
les , y el mudo ve que uniendo los labios 
y separándoles suavemente, dejando salir 
al mismo tiempo una miajita de aire, que- 
da formado el valor aislado de esta letra 
lap y m tienen una grande afinidad con 
esta letra, el desprendimiento repentino 
que ejecutan los labios al separarse forman 
el ruido de la p : el movitniento medio que 
ejecutan estos entre la espresion de la p 
y el de la b es el que sirve para marcar 
laPm. Todas estas diferencias son analiza- 
das por el mudo, aplicando el dorso de la 
mano á los labios del maestro. 

Las labiales y dentales , como se pueden 
sujetar á la vista y tactos son mas fáciles de 
percibir. Las nasales las conocen aplican- 



(355) 

do las hiemas de los dedos índices á las alas 
déla nariz del maestro. Las guturales, to- 
mando una bocanada de agua y haciendo 
gárgaras siempre de cara á la luz y el niño 
de espaldas á ella, al mismo tiempo que 
este comprime un poco con sus dedos pul- 
gar é índice la parte superior de la laringe; 
repetidas en esta postura las gárgaras , se 
hace que el mudo tome agua en su boca, 
y lleve los dedos que tenia aplicados á ia 
garganta del maestro, en él mismo para ge 
de la suya, se le indica qué haga las mis- 
mas gárgaras , que conocerá, si están bien 
imitadas, por la vibración mas órnenos 
arreglada á la que su tacto acaba de obser- 
var. Repetidas de este modo por algún rato, 
se arroja el agua y se hacen en seco, vol- 
viendo á poner los dedos el niño en la la* 
ringe del director, y los dé la otra mano 
en la suya, á fin de medir las vibraciones 
de ambas á un mismo tiempo. 

Entre todas las letras del alfabeto nin- 
guna hay que ofrezca mas dificultad que la 
r, cuyo conocimiento hizo decir al Cilantro- 
pico médico Conrado Animan : "sola lite* 
ra r potestati mece nonsubjacet.» 

Esta dificultad y sus diversas pronun- 
ciaciones exijen un silabario particular para 



(336) 

la posesión de esta letra. La vista perspW 
caz de estos desgraciados y la finura de su 
tacto, unido a la paciencia del maestro j 
niño, logran vencer dificultada alpaiecer 
insuperables, 




F 




( «í ) 

MOSAICO 

Del tiempo. 

El tiempo no es un capital, porque nada 
cuesta; peí o es el elemento necesario pa„ 
fia la formación de las rentas : no puede 
adquirirle esta disposición de! hombre co- 
mo el aire que respira; no puede aumen- 
tarle, pero si conservarse. El tiempo es pía* 
ta dijo Fraukiin, 



mmmmmmmmmmmmm 



Para destruir los insectos que hiy den~ 
tro de las legumbres secas no hay mas que 
lavarlas en agua fresca poco tiempo des- 
pués de la core ha \ secarlas al sol. De este 
modo ios insectos formados salen ? y los que 
no Jo están no coliguen ¿icaharae da 
lormar. 



La elección de marido entre loe farfaros 
calmucos se verifica á la carrera, hk ) J '-ea 
monta primero á caballo en ira ge coi^pe- 
tente y se aleja al galope Su pretendiente 
sigue tras de elb y §i consigue alcáUZttlt 



(358) 

se la trae á su tienda y se casa con ella. Mas 
sucede á veces que la muger no quiere al 
que la persigue: y entonces no se deja co- 
ger. El doctor Clarke que ha presenciado 
est^s carreras asegura que no se ha visto 
egemplo de que una muger £e haya dejado al- 
canzar por el que la desagradaba. 



Uu autor antiguo ha diého: "si se su- 
piera cuanto cuesta el dejar de ser virtuoso* 
fe verían pocos malvados sobre la tierra* 



Un perro de caza de Carlos IV > rey de 
Francia persiguiendo á un venado, se 
metió en un charco de agua hirbiendo. Dio 
tales ahulüdos que acudieron todos los ca- 
zadores y asi se descubrieron las aguas ter- 
nales de Coresbad. 



El famoso mecánico ingles JBraithwaite el 
el inventor de una máquina de vapor con- 
tra incendios por encargo del ministro del 
interior de Prusia, esta máquina sorpren- 
dente lanza por hora veinte mil pies cubico» 



(35 9 ) 

t 

de agua hasta una altura cíe jaopies. Mien- 
tras enganchan los caballos y llega la má- 
quina al lugar del incendio ya se ha for- 
mado el vapor y puede empezar á trabajar. 



En el departamento de Pui~de-Dóme* 
Francia , se vé una roca de lava porfirica 
con prismas y superficies paralelas y uno 
dt? estos separado de la masa total, se pa- 
rece enteramente á un capuchino arropado 
coa su capucha. 



Hará como unos i 5 años que e) Cólera 
morbo se. declaró por la primera vez en Ja 
ciii Jad marítima de Langoun, en la que 
ocasionó espantosos estragos. Vínoles á la 
idea á sus habitantes que algunos malignos 
espiritus se habían dejado caer en la ciudad, 
corrian las calles, se introducían en las 
casas, y se divertían en destruir á los ve- 
cinos» Resolvióse por consecuencia, obli- 
garlos á que tomasen las de Villadiego es- 
pantándolos, y para e!io forjaron el plan 
de armar entre todos una infernal cencer- 
rada, Asi que se hubo dado la señal de la 



(36o) 

batalla contra los genios diabólicos , cada 
habitante provisto de sartenes, cacerolas, 
tenazas y otros obetos de igual especie em- 
pezaron á cencerrear y produgeiou según 
es Facjf pensarlo, un ruido insoportable, y 
tan disonante, que producía espanto y con- 
fusión en tolos los .ámbitos, de la ciudad. 
Repitieron la eseenp durante tres noches 
consecutivas; pero ni por-**a*.- Xos espíri- 
íus malignos se mantuvieron en «u* trece ; 
se estacionaron en la población y dotante 
muchos nieses continuaren* cercenándola 
muy á su sabor y reduciéndola á una $ni- 
tad por lo fiienos. Son pites ¡¿mi i les la* cen- 
cerradas contra el colera- inot lo» Ojala no 
sean los repetidos exemplos que inserto de 
los runchos tríales que canean las preocupa- 
ciones, hijas ludas de la masería ignorancia. 




5f 



(36i) 

LAS VACACIONES. 



Como la Minerva se ocupa de tolo 
aquello que puede iuteresac á la clase de 
lectores á quienes está dedicada, no ha per- 
dido ocasión en lo que va transcurrido des- 
de sn publicación de dirigirles Ja palabra 
en cuantas épocas podían serles útiles sus 
consejo*. Asi es que después de haberles 
animado al abrirse los estudio* sostuvo $u 
ardor en el curso de estos y luego los acogí* 
paño en los exámenes y los felicitó cuando 
consiguieron triunfos y coronas. En Ja ac- 
tualidad muchos de nuestros lectores dejan 
las tareas ordinarias del año y unos des- 
cansan en el seno de sus familias y otros se 
ausentan de ellas para disfrutar de las de- 
licias del campo. Es preciso pues amones- 
tarles a fin de que eviten la disipación y la 
pereza. 

Los discípulos que hayan oído procla- 
mar sus nombres como dignos de premio 
en presencia de las asarfibleas numeíosas, 
cuidado con que desmientan las bellas es- 
peranzas que todos habrán formado de 
ellos. Cuidado con dejarse adelantar d* 



(36 a ) 

aquellos que han quedado sin premio y sin 
darse á conocer. No por obtener un pre- 
mio se adquiere seguridad para otros en lo 
sucesivo , antes al contrario se ha visto re- 
petidas veces quedarse po&treros los que 
poco antes Hablan sido los primeros en es- 
ta ó aquella clase. Se debe contar mas en el 
propio trabajo que en las disposiciones. En 
cuanto á los que no hayan merecido dis- 
tinciones , que no desalienten por eso , sino 
que esta sea la razón que les haga aplicar- 
se mas daño próximo venidero. Unos y 
otros deben mostrarse animados de nuevo 
celo ya sea para no olvidar lo qne han 
aprendido, ya para aprender lo que con- 
venga enseñarles. La antorcha del saber 
necesita pábulo continuo para no extin- 
guirse y el entendimiento humano es se- 
me jante a un campo que si permanece mu- 
cho tiempo sin cultivo, al puntóse cubre 
ele maleza y ofrece grandes obstáculos á los 
esfuerzos del labrador. Pronto se olvida lo 
que se ha aprendido si afloja el trabajo y el 
estudio durante las vacaciones. Si se sus*- 
pende el método diario de ocupaciones, una 
disipación insuperable presidirá únicamen- 
te el uso del tiempo. Si por el contrario se 
sujetan a ua orden de vida aunque no sea 



(363) 

tan rijiclo como durante el estudio, no so- 
lo oo atrasarán, sino que le emprenderán 
tle nuevo alentados y dispuesto* , á seguir 
ásus padres, preceptores y á la Minerva ea 
una carrera progresiva de adelantamientos* 











(36 4 ) 



LITERATURA. 



«Ufa 



El amor á H especié humana 4 »ín perjuicio ám 
otra ninguna y éori ventója de todas, ha sido núes» 
tra divisa, hijos mios; y corno de necesidad maña- 
na seréis hombres 4 áabed qué nuestros semejantes, 
cuando son felices u opulentos (que no es lo mi*mr») 
suelen tratar á sus heñíanos con cierto desden , que 
se opone di arrietraíméme á las instrucciones y do- 
cumentos que procuró daros. Acaba dé publicarse 
un folleto tituhdo: Refrtnas qué necesitan las 
prácticas judiciales ^ lis cárceles y la mendici- 
dad: desearía oá ocupaseis en su lectura y vues- 
tros padres V tutores / los magistrados y sus de- 
pendientes y aun el gobierno misino. No gira so- 
bre doctrinas nuevas, ni teorías peregrinad ó irn- 
practicables* Cuando se decanta con ponderación, 
110 sé sí diga esceso , acerca de materias pueriles, 
la de enjuiciar con precisión y método, la conser- 
vación de la dignidad del hombre en los asilos del 
horror, del crimen unas veces y otras de la per* 
«eeucion y en la estincion de las polillas políticas, 
o/iosos, intrigantes, tramposos y estafadores , pa- 
rece que Valían la pena de tomarse en considera- 
ción. Asi lo ha hecho el autor de este folleto* cuya 
doctrina es sana , la utilidad completa, la experien- 
cia máxima , el tino y tacto Superfino, y todo dig- 
no de la mayor atención , como urgente y abun- 
dante de idea* superiores y practicables cómoda- 
Hieute. Niños míos, mas vale mala paz que discu- 
Uutt guerra: si» embargo mucha* veces no* e* ia~ 



(365) 

áispensabte el arrostrarla. ¡Qué consuelo entoneea 
saber que los juecei ót\ campo están obligados ba- 
jo su responsabilidad á emplear formulas equitati- 
vas! L* virtud no siempre vive exenta de Li incul- 
pación fraudulenta y de la calumn'n, pero? que 
bálsamo consolador humedece el cerebro augustia- 
do del que conoce en el trato que mnvece la pro- 
tección de las leyes de su pais eu los dos dictado* 
de acusado ó reo. Últimamente cuando se quiere 
tirar una línea entre los miserables v los picaros* 
la ra¿on natural, ii religión, la sociedad, lis le- 
yes emanadas de ella y to ias las conveniencias mu- 
tuas están diciendo, exigiendo imperiosamente quie- 
nes sean dignos de nuestra misericordia y amparo, 
y quienes objeto justo de nuestro desprecio, e\ecra- 
cion y abandono y de que caig^ sobre ellos \<t cu- 
chilla de la ley. El autor lo dice y con placer lo 
repetimos* Miseria sucurrere disco* 

Véndese este folleto d cuatro reales en la librt* 
rí# de Sujo, calle de Carretas. 



(366) 
ÍNDICE. 

»B LOS ARTÍCULOS CONTENIDOS EN EL TOMO TERCERO. 



pag. 



El Real Gabinete Tipográfico del 

Retiro, . . . . . , *........ . 3 

Secretos útiles. Pintara en el cris- 
tal. * 19 

División de los tres reinos de la 

naturaleza 22 

Higiene : del ejercicio, .,.,.... 3i 

Destierro é industria. .......... 38 

Moral: de la piedad filial. ...... 44 

Anécdota al mismo asunto 47 

Un crimen castiga otro crimen.. . . 49 

Cuidado de los enfermos . . 5i 

Instrucción pública. «... 55 

Geografía de la Gran Bretaña. ... 64 
Educación de sordos mudos : de los 

artículos. 87 

Biografía de los ciegos . . 91 

Mosaico. ..,...♦ , . 71 

La cotorra. 80 

.La loca de Luxemburgo. . jcS 

La jóveu bnuriina. ... * 1 13 



(36 7 ) 

Noticia de una sordo muda-ciega.. 119 

Higiene: sueño y vigilia. . . , * . . . raí 

Moral: del amor fraternal. . • « . 127 

Pagar el mal con el bien. ...... i33 

Biografía. . . * . i36 

Educación del bello sexo; artículo 

quinto. i38 

Educación primaria : artículo cuarto, j 4a 

Historia natural de la rosa. ..... 147 

Apólogo de id. . ....... i55 

Geografía de Escocia. ... ..... 157 

Educación de sordo-mudos. « . . . . 167 

Mosaico. ..... . . ¿ ...... < '\nA 

Pintura del mes de mayo. . , . ... 179 

El guindo de la aldea. ........ 179 

El Árabe y. el Persa. ...... . ... 189 

Higiene : secreciones y excreciones. 1 93 

Educación primaria. . . v . . . . . , , so3 

El jpven español. . . , . . , 208 

Helena de Abbinia. 2 1 5 

fábula ; el hombre y el árbol. . . • , 216 
Utilidad del estudio de la astrono- 
mía. . . ■♦,,,.•. 218 

Las fresas y las grosellas , 224 

Educación del bello sexo. ....,, 326 

Geografía de Irlanda. . , . , . ... . 2 3i 

Biografía de los ciegos. ........ , 24S 

Mosaico. .,,,... %%l 



(368) 

Discurso y anacreóntica. ..... . # 2 5q 

Rosalía y Remigio: análisis. . . ¡ ¡ g a £6 

Educación y reales ordenes a 6g 

La real armería. ....... m a « f 

Moral: consejos útiles á todos los 

lectores. . • ••■•.... 288 

Higiene: de las pasiones, ....... aq/L 

Educación d-el bello sexo. Articulo 

octavo. Bellas artes, t ( ... . , ¡¡ 3 0+ 
Educación primaria. De la educa* 

cion intelectual- ......... ^ 3o8 

Introducción á la historia. . 3¡¿ 

De la paz y de la unión. . . . ... . / 3 2 o 

De la música, . . ■ • • ¿ ..*...-.. . 3 2 5 

Biografía. Ghiloo. ............ 33^ 

Máximas de este ......... % . iv §aq 

El muerto vivo , ó la aparición. \¿ . 34a 

Educación de sordo mudos. . . . . % 346 

Mosaico- . . . . . . ............. 357 

Las vacaciones. ,,.>.* . . . ..... 36 1 

Literatura. .... . ...... . . ...... 36^ 



Continua la lista de tos Sres. suscritores á la 
Minerva de la juventud* 



ALICANTE, 

*-\ Juan Ortega. 

D. Rafael Suarez del Villar. 

D. Vicente Alusiñana. 

D. Rafael Blanquez. 

D. Juan Seriña. 

D. José Sala Boronat. 

BADAJOZ. 

D. José Nesi. 

D. Francisco Puente. 

D. Gabriel Blz&zquez Prieto. 

D. Manuel González. 

D. Pedro Orriz. 

D. José Flores. 

D. Francisco Marco Martínez. 

D.José Elizondo, Secretario de la gobernación civil 

D. José Barriga. 

D* Andrés Conde. 

Doña Petra Melendez. 

D. José Aparicio. 

D. Juan Toribio. 

D. Joaquín Laguna. 

D. Isidro Santos García. 

D. Victoriano Parra. 

Dí Manuel María Salvador. 

D. Francisco Navarro. 

D. Tose García. 

CORUÑA. 
D. Domingo Sequeiros. 



(5 7 o) 



D. José Érandaríz. 

D. José Lozano. 

D. Simón Pedrosa. 

D. Narciso Gómez. 

D. Telesforo Frade. 

D. Baltasar Amigo. 

í). José Puga. 

D. Venancio Avella. 

D. Pedro María Duran. 

D. José Zavala. 

Sr. conde de Taboada. 

D. Isidoro Gómez. 

D. Agustín Rioja. 

Señora viuda de Agar. 

Doña María del Socorro de la Sierra, 

D. Ramón Cirera. 

D. Simón Sanz. 

D. Pascual Arza. 

D. Domingo Antonio Narcira» 

Sr. cura de Sorrizo. 

D. Diego Moreno. 

D. Feliz María Freiré. 

D. José Taboada. 

D. Juan Manuel Prado» 

D. Román Mufiiz. 

D. Antonio José Rodríguez» 

D. Francisco Salgado. 

D» Juan San Martin. 

D» Juan de Dios Acevedo. 

GRANADA. 

D. Joaquín Fernando Fernandez, 
D. José Señan y Fernandez. 
D» Luis María Sal azar. 
D» Joaquín Maldonado y Metida* 
D. José Vázquez. 



t>. Vicente Gómez, ' 

D. Manuel Rodríguez Díaz* 

D. Celedonio Bada. 

D. Farncisco de Paula Ruiz. 

D. Andrés Montes. 

Doña Rosario Bernai Terrova* 

D. Bernardo Zavala. 

D. Mariano Negrete. 

D* Francisco Subiza. 

D. Gabriel García. 

D. Juan Manuel Llórente* 

D. Nicolás de Roda. 

D. Francisco Montenegro. 

D. Manuel González. 

Sres. Macdonneli Oconnor y compañía, 

D. Miguel Jiménez Urbina* 

D. Gervasio Hostenck. ,- 

LÉRIDA* 

t). José Leonor. 

D. Francisco Ayllon. 

D. Antonio Espinosa de los Monteros, oficial de 

cuenta y razón de artillería. 
D. Salvador Báges. x 
D. Antonio Bergua. 
D. Juan Sanz Abogado. 
D. José Pinol. 
D. Francisco Biscarri 
D. Lorenzo Capell* 
D. Cayetano Rogé* 
D. Bruno Galicia, 

D.Manuel Muñoz, profesor de primera educación* 
D* Cayetano Ibars de Oriol, maestrante de la real 

de Zaragoza. 
D. Tomas Coll y Malats, 
D. Ramón Alemany. 



(37*) 

LUGO. 

D. José Pardo. 

D. Manuel Lauro» 

D. Manuel Jiménez Ramírez. 

D. Manuel Patricio Seijo. 

D. José Antonio Rivas. 

D. José García Viniegra. 

D. Pedro Luaces. 

D. Buenaventura Miguel Plá. 

D. Juan Antonio Pérez. 

SANTIAGO. 

1). Joaquín María Patino. 

D. Santiago Aguiar y Mella. 

D. Matias Andrés Vázquez. 

D. Juan Joaquín Araujo. 

D. José Bitini 

Doctor D. Pedro Fernandez Barreiro. 

D. Ramón Villanueva. 

D. José Pou. 

D. Fermin Rodríguez. 

D. Felipe Montero. 

D. Ramón Losada. 

D. Francisco Javier Ayensa. 

D. Benito de Arce y Sotelo. 

D. Juan Vasadre. 

D. Juan Viñas. 

D. Sebastian José Suarez. 

D. Manuel Miguez. 

D. Agustín Rodríguez. 

D. Rafael Manteca. 

D. Juan Francisco Rodríguez Ocampo. 

D. Lorenzo Leiro Mourin. 

D. Francisco Tames Evia. 



(3 7 3) 

El P. Fr. Cándido Hermida. 
D. Benigno María Cid. 
D. José Seijas Prado. 
D. Matías Ignacio Acosta. 
D. Gabriel Carrete. 

TOLEDO, 

D. Manuel Jesús Rioja. 

D. Elias Cuadrado. 

D. Antonio Pastor. 

D. Paulino Rodero. 

D. Paulino de la Bodega* 

D. Bernardo García. 

D. Antonio García. 

D. Celestino Jiménez. 

D. Juan Pedro Sanz. 

D. Francisco Borja. 

D. Víctor Vordanova. 

D. Tomas Isunza. 

D. Francisco Montealegre. 

D. Miguel S. Román. 

D. Valentín Menendez. 

D. Gabriel de Torres. 

D. Francisco Cardona. 

D. Cristóbal Moreno. 

D. Manuel Salavera. 

D. Antonio Cabello y Orellana. 

D. Antonio Veneras y Ceballos. 

D. Bernardo Díaz Malo. 

TORTOSA. 

D. Gregorio José López. 

D. Joaquín María Huerta. 

D. Ramón Pamplona. 

!>• X. M. (Se continuará.) 



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